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El despertar de selene - Capítulo 70

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  4. Capítulo 70 - 70 capítulo 70Un mundo que no me entiende
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70: capítulo 70:Un mundo que no me entiende 70: capítulo 70:Un mundo que no me entiende Selene llegó a su casa cargando un montón de bolsas que tintineaban con cada paso.

Había sacado todo el dinero que le habían pasado por llevar a las niñas a modelar y lo había invertido en compras que reflejaban su nuevo estilo de vida: ropa de diseñador, zapatos brillantes, accesorios llamativos y pequeños lujos que antes solo podía soñar.

Al entrar, su mamá la miró con los ojos abiertos de par en par, incapaz de disimular la sorpresa.

—¡Selene!

—exclamó—.

¿De dónde sacaste todo esto?

Selene dejó las bolsas en el suelo, con un gesto de satisfacción.

—Un pequeño trabajito, mamá —dijo con una sonrisa tranquila—.

Nada del otro mundo.

Héctor, que estaba sentado en el sillón y hojeando unos papeles, frunció el ceño al ver el despliegue de lujo.

Su mirada se volvió intensa, casi fulminante.

—¿Todo esto?

—preguntó con voz seria—.

Quiero una explicación ahora mismo.

Selene suspiró, divertida ante la reacción de Héctor, y comenzó a mostrarle cada prenda y cada accesorio, disfrutando del efecto que causaban en su familia.

—Mira, papá, mamá —dijo—, todo esto es fruto de un poco de ingenio y de aprovechar las oportunidades que se me presentan.

No es nada ilegal, solo… efectivo.

Su mamá todavía no podía creerlo y Héctor permanecía serio, intentando procesar cómo Selene había pasado de ser una niña común a vivir rodeada de tanto lujo en tan poco tiempo.

—Hija, yo a ti no te he dado nada de dinero para que te vayas a comprar todas esas cosas —dijo con voz grave—.

Además, tú no puedes trabajar, eres menor de edad.

Dime, ¿qué crees que estabas haciendo?

Seguro una cosa ilegal, porque todo ese dinero vale más de un millón.

Todo ese dinero que te compraste, esas marcas lujosas… eso no está tan barato.

Selene tragó saliva, algo nerviosa, pero intentó mantener la calma.

—Ah… mira, papá —empezó—, yo… bueno, estoy trabajando, sí, lo siento… como empleada para limpiar.

Eso, si eso es lo que querían saber… pues eso.

Y pues ahorré, y listo, me comprétodas mis cosas.

María, que estaba observando desde un costado, negó con la cabeza, incrédula.

—No, imposible —dijo—.

Con solo limpiar, al menos te pagan 600.

Y esos que compraste son más de dos millones.

El silencio llenó la sala.

Héctor cruzó los brazos, con el ceño fruncido, mientras Selene miraba sus pies, tratando de calcular cómo podría explicar todo sin meterse en problemas.

La tensión era palpable; el lujo que ella había adquirido se había convertido en un desafío frente a la autoridad de sus padres.

Selene dejó caer las bolsas en el suelo, haciendo que algunas joyas tintinearan al chocar.

Su mamá y Héctor la miraban con una mezcla de sorpresa y preocupación que llenaba la sala.

—No usaste hechizos para obtener más dinero, ¿verdad?

—preguntó su mamá, con la voz temblorosa, como si temiera una respuesta negativa.

Selene negó con rapidez, un poco nerviosa, pero sincera.

—No, mamá, yo no sé nada de eso.

Por más que quieras que sea la mejor bruja como tú, no sé de esos hechizos.

—Se encogió de hombros, tratando de que su explicación sonara convincente—.

Papá lo confirma, ¿verdad, papá?

Héctor la observó con seriedad, cruzando los brazos.

Su mirada no dejaba lugar a dudas; la situación era grave.

—Mira —dijo finalmente—, que sea la última vez que te venimos a llevar así con tanto lujo.

Porque si vuelves a aparecer con este despliegue la próxima vez, no solo te vamos a castigar.

Vamos a averiguar qué está pasando.

Selene aún estaba recogiendo algunas de las bolsas de compras cuando Madea la miró con seriedad.

—Bueno, está bien, te creemos —dijo Madea con suavidad—, pero tenemos que darte una noticia: nos vamos a mudar.

—¿Qué?

¡No!

¿Por qué?

—exclamó Selene, el corazón latiéndole con fuerza—.

Es decir… ¿a dónde?

—Lo sé, hija —intervino su papá, intentando mantener la calma—.

Sabemos que es muy complicado para ti ahora, pero tenemos que mudarnos.

Ahora.

Ya.

Maia, que había estado en la cocina escuchando todo, se acercó con el ceño fruncido y las manos en la cintura.

—¡Pero qué es esto!

—exclamó—.

¿Se van a ir así nomás?

¡Selene, no puedes dejar tu vida aquí!

Tienes tus cosas, tus amigos, tu mundo… y ahora vienen a decirnos que nos mudamos a una ciudad de… ¿qué?

¿Brujas?—selen, cálmate —dijo Madea suavemente—.

Esta vez no es una ciudad de humanos.

Es una escuela de hechizos, una ciudad donde hay brujas como nosotros.

Hemos vivido entre humanos durante años, pero descubrimos un lugar donde existen todos los seres mágicos.

Tenemos que mudarnos allí.

—¡No, mamá!

—gritó Selene—.

Yo ya me siento como una humana.

Tengo toda mi vida aquí, mis amigos… Por favor, déjame quedarme.

Héctor suspiró profundamente, cruzando los brazos, mientras Maia miraba a Selene con una mezcla de preocupación y frustración.

—Selene —dijo con voz firme—, entendemos lo que sientes, pero esta es nuestra decisión como familia.

Nos vamos juntos, y tendrás que adaptarte.

No hay otra opción.El corazón de Selene se encogió.

Miró las bolsas de lujo, sus zapatos nuevos, sus amigos… y sintió que todo lo que conocía estaba a punto de desaparecer.Héctor suspiró y cruzó los brazos, mirando a Selene con seriedad.

—Nos mudaremos cuando termines tu ciclo de estudiante —dijo—.

Es decir, en cinco meses más.

Bueno, hija, este lugar es hermoso al que nos vamos a mudar, te va a fascinar.

Selene negó con vehemencia, su frustración brotando de forma inmediata.

—¡No, papá!

—exclamó—.

¡Ustedes no me entienden!

Tienen que mudarse de un lado para otro, para adaptarse, para que los acepten… y al final nunca nos van a aceptar ni en ese mundo como nosotros.

Por favor, entiéndelo.Madea se acercó, intentando calmarla, pero también con el rostro preocupado.

—Es necesario, hija —dijo con voz firme—.

Acá no hay trabajo, no me aceptan, tengo que estudiar nuevamente.

En cambio, en el mundo donde yo me crié, no era necesario nada de eso.

Podemos ser felices allí.

Nos adaptaremos, y no nos cambiaremos nunca jamás de ciudad sin una razón importante.

Selene se quedó en silencio, con el corazón latiéndole con fuerza.

Miró sus bolsas, sus zapatos, todo lo que conocía y amaba… y sintió cómo el miedo y la incertidumbre la envolvían.

El mundo que conocía estaba a punto de desaparecer, y nada de lo que dijera parecía convencer a sus padres.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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