El despertar de selene - Capítulo 71
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71: capítulo 71:Lunaris 71: capítulo 71:Lunaris Selene estaba demasiado deprimida.
Una vez más, los rumores la habían obligado a mudarse a otra ciudad.
Todo por culpa de los humanos, por ese miedo irracional a lo desconocido, por esa manía de señalar a su familia como brujos.
No dijo una sola palabra a sus padres; simplemente subió las escaleras en silencio y se encerró en su cuarto.
El aire se volvió denso allí dentro, como si la tristeza la envolviera en un manto invisible.
Se dejó caer sobre la cama y fijó la mirada en el techo, perdida en pensamientos que le dolían más que cualquier herida física.
¿Qué habría pasado si hubiese nacido humana?
¿Si no cargara con esa marca invisible que la separaba del resto?
¿Su vida sería más fácil, más libre… o simplemente igual de solitaria?
La pregunta retumbaba en su mente como un eco interminable.Se preguntaba cómo sería ese nuevo mundo que la esperaba.
Entre pensamientos y silencios, dejó que el tiempo corriera como arena entre los dedos.
Cinco meses pasaron casi sin que lo notara.
Cuando Selene terminó el año escolar, el calendario ya marcaba noviembre.
El aire era distinto, más frío, y con él llegaba la certeza de que todo estaba por cambiar.
Entendía, aunque le doliera, que ya era hora de mudarse otra vez.
Una nueva ciudad los esperaba, con calles desconocidas, rostros extraños y un futuro incierto.
Y con ese cambio, también le tocaba comenzar de nuevo en otra escuela, como si su vida fuera un libro que alguien obligaba a reescribir cada cierto tiempo.Desde entonces, Selene comenzó a empacar sus maletas en silencio.
La habitación se llenaba con el ruido de las cremalleras y el crujir de la ropa al doblarse, hasta que la voz de Madea, su madre, rompió la quietud.
—Hija, ¿no estás emocionada?
—preguntó con una sonrisa cansada—.
Irás adelante… Allí verás a Franco, a Barba y a Elías, ¿recuerdas?
Tus amigos de aquella ciudad de lujos.
Selene se detuvo en seco, levantando la mirada incrédula.
—¿En serio?
¿Ellos viven allá ahora?
Madea asintió con firmeza, aunque en sus ojos había un dejo de preocupación.
—Sí.
Ahora todos los que no son humanos deben mudarse.
La invasión de humanos es cada vez más fuerte.
No hay empleos, no hay trabajo para nosotros.
Y lo peor… están empezando a sospechar que hay algo maligno en nuestras ciudades.Selene guardó silencio, sintiendo un escalofrío en la espalda.
Madea continuó, bajando un poco la voz: —Por eso decidieron levantar esta nueva ciudad.
En realidad ya existía desde antes, pero apenas tenía habitantes.
Ahora, poco a poco, será nuestro refugio… y tendrá más pobladores como nosotros.
—Mamá, ¿y cómo se llama esa ciudad?
—preguntó Selene, curiosa.
Madea sonrió, con un brillo de misterio en los ojos.
—Oh, hija… se llama Lunaris.
Es una ciudad escondida entre montañas y nieblas, que solo los que no son humanos pueden ver.
Fue levantada con la intención de ser un refugio para nosotros.
Selene abrió los ojos con asombro mientras su madre continuaba.
—Lunaris no se parece a ninguna otra ciudad común.
Sus calles están hechas de adoquines gris azulado que brillan tenuemente bajo la luz de la luna, como si cada piedra guardara un fragmento de magia.
Las casas, con techos puntiagudos y ventanas circulares, parecen crecer junto a los árboles, entrelazándose con la naturaleza que rodea la ciudad.Madea miró a Selene con una sonrisa suave mientras empezaban a preparar las maletas.
—Hija, quiero que sepas algo sobre Lunaris —dijo—.
Allí, nadie viste ropa moderna.
Todos usamos túnicas, capas, vestidos con corsé y botas de cuero, como si viviéramos en la época medieval.
Selene frunció el ceño, intrigada, pero Madea continuó sin darle tiempo a preguntar: —No es por capricho ni por moda.
Hace siglos, los fundadores de Lunaris crearon un hechizo muy poderoso llamado Hechizo del Tiempo Guardián, que mantiene nuestra ciudad oculta de los humanos y nos protege a quienes no somos humanos.
Cada prenda que usamos está imbuida de magia.
Lastúnicas, las capas, los broches… todo tiene un propósito: ayuda a canalizar la energía de la ciudad y protege nuestra existencia frente a los humanos.
—¿Todas las personas deben vestirse así?
—preguntó Selene, curiosa.
—Sí, hija —asintió Madea—.
Es una tradición mágica, y también una forma de supervivencia.
Cada detalle, cada pliegue y cada hebilla tiene un significado, aunque no lo veamos a simple vista.
Aquí, en Lunaris, la magia y la historia caminan juntas.Finalmente, después de revisar que nada quedara olvidado, Madea y Héctor se miraron con un gesto silencioso: era hora de partir.
Selene, todavía sumida en sus pensamientos, observaba cómo sus padres guardaban las últimas maletas en el maletero del auto.
—Todo listo —dijo Héctor, cerrando la puerta del maletero con un golpe firme—.
Vamos, hija.
Es hora de empezar esta nueva etapa.
Madea se acomodó en el asiento del copiloto, mientras Héctor tomaba el volante.
Selene subió al asiento trasero, abrazando su mochila con fuerza.
Un silencio pesado llenó el auto mientras avanzaban por las calles de la ciudad que pronto dejarían atrásEl motor rugió, y pronto se encontraron alejándose de su hogar conocido, de las calles familiares y de las voces que dejaban atrás.
Afuera, el mundo comenzaba a desdibujarse en un paisaje de luces y sombras.
Cada kilómetro que recorrían los acercaba a Lunaris, a un futuro incierto, a una ciudad donde la magia y la historia se entrelazaban, y donde Selene tendría que aprender a encontrar su lugar..
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