El despertar de selene - Capítulo 77
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- Capítulo 77 - 77 capítulo 77Precensia oscura
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77: capítulo 77:Precensia oscura 77: capítulo 77:Precensia oscura Los cuatro comenzaron a experimentar una sensación extraña.
El colegio entero se había cubierto de un humo negro y espeso que lo invadía todo.
Cuando miraron a su alrededor, notaron con espanto que ya no había nadie más: todos los estudiantes habían desaparecido.
Solo quedaban ellos.
Movidos por la incertidumbre, comenzaron a investigar de dónde provenía aquel humo.
—¿Sabes por qué ha salido esto?
¿Es normal?
—preguntó Selen a Barbara, intentando ocultar el temblor en su voz.
—No…
nunca me había pasado algo así —respondió ella, inquieta—.
Es extraño.
Tal vez sea un nuevo hechizo…
no lo sé.Antes de que pudieran pensar más, una presencia escalofriante los envolvió.
Era como si el aire mismo hubiera cambiado de densidad, cargado de maldad.
Entonces lo vieron.
Frente a ellos se alzaba una criatura imposible de describir sin sentir un nudo en la garganta.
Tenía cuernos rojizos que parecían arder por dentro, una mirada desgarradora, manchada de sangre, como si alguien lo hubiera rajado hasta casi destruirlo.
Su cuerpo estaba cubierto por un vestido negro amplio, rasgado en la parte superior y empapado de sangre fresca.
Los ojos rojos de aquel ser los perforaban, como si pudiera ver lo más oscuro de sus almas.
El día, que hasta entonces se había mantenido firme y luminoso, empezó a teñirse de sombras.
selen y Barbara quedaron congeladas en el sitio, incapaces de moverse, mientras Franco no pudo evitar sentir cómo el miedo lo dominaba poco a poco.El monstruo inclinó la cabeza hacia ellos, y una voz grave, distorsionada, rompió el silencio: —Ahora es tu turno… para ir conmigo al más allá.
Su sonrisa se abrió de manera antinatural, más allá de lo que un rostro humano podría soportar.
Entre sus labios podridos asomaban dientes destruidos, manchados de sangre, cuadrados y torcidos como si hubiesen sido arrancados y vueltos a colocar con violencia.
La criatura comenzó a avanzar, cada paso resonaba como un eco pesado en el colegio vacío.
Sus ojos rojos se clavaron en Selene, y ella sintió cómo el miedo le oprimía el pecho hasta robarle el aire.Su cuerpo empezó a temblar, incapaz de reaccionar.
La respiración se le volvió corta, desesperada… y de pronto, sus fuerzas la abandonaron.
Selene cayó al suelo, desmayada, mientras el monstruo seguía acercándose con una calma perturbadora.
El cuerpo de Selene yacía en el suelo, frágil e indefenso.
El monstruo inclinó su retorcida silueta hacia ella y extendió una mano huesuda, cubierta de grietas sangrientas, dispuesto a arrastrarla hacia la oscuridad.
—Ella vendrá conmigo… —gruñó, con una voz que parecía surgir desde el fondo del abismo.
Selen soltó un grito ahogado, pero sus piernas no respondieron.
Barbara trató de moverse, pero el terror la mantenía clavada al piso.
Solo Franco, con el corazón latiendo como un tambor enloquecido, encontró el valor suficiente para avanzar un paso.
El miedo lo devoraba, pero la idea de perder a Selene era más fuerte.—¡Aléjate de ella!
—gritó con voz quebrada, aunque cargada de determinación.
El monstruo detuvo su mano, giró lentamente la cabeza hacia él y sonrió, mostrando de nuevo aquellos dientes cuadrados y ensangrentados.
—¿Tú… crees que puedes detenerme?
—susurró, mientras el humo negro a su alrededor se agitaba, como si estuviera vivo.
Franco tragó saliva, temblando.
Sabía que estaba enfrentándose a algo más allá de lo humano, pero dio otro paso adelante, interponiéndose entre el ser y Selene.Elías lo miró fijamente, con los ojos llenos de determinación y sin un atisbo de miedo.
El monstruo los observó, evaluando, y de pronto, chasqueó los dedos.
En un instante, todo desapareció.
El humo negro se disipó como si nunca hubiera existido, los gritos y el silencio absoluto se desvanecieron, y los estudiantes reaparecieron en los pasillos, confundidos y sorprendidos.
El sol, que parecía perdido tras la sombra, brillaba débilmente, iluminando el colegio como si nada hubiera pasado.
Todos quedaron inmóviles, tratando de comprender lo que acababa de suceder.
—¿Qué fue eso?
—preguntó Elías, aún sin poder creerlo.Barbara se acercó a Selene, que todavía yacía débil y pálida, y su voz tembló mientras hablaba: —No lo sé… pero debemos llevarla a la enfermería.
¡Rápido!
Franco y Barbara corrieron a ayudar, rodeando a Selene mientras intentaban entender cómo algo tan aterrador había desaparecido con un simple chasquido.
El aire volvía a ser normal, pero la sensación de que algo más grande y oscuro acechaba seguía latente en cada rincón del colegio.
Barbara y Franco llevaron a Selene con cuidado por los pasillos del colegio, esquivando a los estudiantes que todavía murmuraban confundidos sobre lo que había ocurrido.
Cada paso hacía que Selene se moviera ligeramente, pero seguía inconsciente, pálida y temblorosa.
Al llegar a la enfermería, Barbara la recostó suavemente sobre la camilla, mientras Franco la cubría con una manta.
El silencio del lugar parecía pesado, como si guardara el eco de lo que había pasado afuera.
—Selene… despierta, por favor —susurró Barbara, tomando su mano—.
Necesitamos que estés bien.Pasaron unos segundos eternos, y luego un leve parpadeo.
Los ojos de Selene comenzaron a abrirse lentamente, llenos de confusión y miedo.
—¿Qué… pasó?
—susurró ella, con la voz apenas audible.
Franco se inclinó hacia ella, su rostro preocupado pero aliviado a la vez.
—No lo sabemos del todo, Selene —dijo con firmeza—.
Pero estás a salvo ahora.
Elías… hizo algo.
Todo desapareció.
Selene respiró hondo, intentando recomponerse, mientras Barbara le acariciaba el brazo:—Debes descansar —dijo Barbara—.
Lo que pasó afuera fue… aterrador, pero ya pasó.
Sin embargo, mientras Selene cerraba los ojos para recobrar fuerzas, una sombra de inquietud permanecía en su mirada.
Todos sabían que aquello no había terminado del todo.
Elías miró a Barbara con cierta preocupación y le preguntó: —Barbara, tú que sabes todo… ¿no crees que este lugar está embrujado?
Algunos de mis compañeros han dicho que han visto monstruos horrendos… o incluso monjas que murieron hace muchos siglos.
Barbara frunció el ceño, pensativa, y respondió con voz seria: —También lo creo… pero ¿por qué?
Se supone que esta es una academia protegida por magia.
Ningún espíritu ni alma en pena debería estar vagando por aquí.
Franco, aún con la respiración entrecortada, susurró:—No lo sé… pero antes de venir tuve una pesadilla con esa criatura y una monja.
Era como la monja de la película… pero mucho más rápida, extraña y retorcida.
No sé, chicos, pero algo está mal.
Elías asintió, mirando fijamente hacia el vacío, como si intentara descifrarlo todo.
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