El despertar de selene - Capítulo 78
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78: capítulo 78:Entre dos mundos?
78: capítulo 78:Entre dos mundos?
Luego de recuperarse, Selene se dirigió al patio.
No era un patio cualquiera como el de cualquier colegio; aquel lugar tenía algo especial, una magia latente en el aire.
Los estudiantes solían reunirse allí para hacer trucos, practicar hechizos sencillos y jugar con encantamientos, como si el espacio entero respirara ilusión.
Pero, entre toda esa energía vibrante, Selene notó algo más.
Había una zona prohibida, un rincón al que ningún estudiante se atrevía a acercarse.
Se decía que era un bosque oculto, lleno de plantas que nadie debía tocar.
Movida por su espíritu aventurero, Selene se deslizó hasta ese límite y, aprovechando que nadie la observaba, entró en el misterioso lugar.
Lo que encontró la dejó maravillada.
Todo estaba cubierto de flores blancas y rosadas, que parecían brillar bajo una luz propia.
En medio, un círculo perfecto de rosas se alzaba como un santuario secreto.
Había arbustos altos, árboles que dejaban caer sus ramas como cortinas, un pequeño lago cristalino y, colgando de una rama gruesa, un columpio que se mecía suavemente con el viento.
Selene no comprendía por qué un lugar tan hermoso estaba prohibido.
Nada parecía peligroso… hasta que algo llamó su atención.
Desde un arbusto cercano, algo se movió.
Entre las raíces había un pequeño agujero en la tierra, apenas visible, pero lo suficiente para despertar su curiosidad.
Con el corazón acelerado, Selene cruzó el lago y se acercó al arbusto, dispuesta a descubrir qué misterio se ocultaba en aquel rincón del jardín prohibido.De pronto, Selene tropezó con unas ramas que sobresalían de un árbol.
Intentó sostenerse, pero perdió el equilibrio y cayó directamente dentro del agujero.
El suelo desapareció bajo sus pies.
El túnel no era estrecho, sino amplio, casi infinito.
Mientras descendía, Selene gritó; su voz rebotaba contra las paredes de tierra húmeda.
Rodaba, se revolcaba, giraba como si estuviera atrapada en una corriente sin fin.
La sensación era vertiginosa, como si el mundo entero hubiera cambiado de forma.
Finalmente, tras lo que le pareció una eternidad, el agujero terminó.
Selene cayó suavemente sobre un césped mullido.
Se incorporó con dificultad, sacudiéndose la tierra del vestido, y al alzar la mirada quedó completamente asombrada.Ya no estaba en el jardín prohibido.
Ante sus ojos se extendía un paisaje diferente: un pequeño jardín con flores nuevas que nunca había visto, y más allá, a lo lejos, un majestuoso castillo se alzaba contra el horizonte.
Los muros de piedra parecían brillar bajo el sol y, a sus puertas, se distinguían caballos encadenados y guardias armados que vigilaban con severidad.
Selene parpadeó, incrédula.
¿Qué era aquel lugar?
¿Cómo podía existir un castillo escondido al final de un simple agujero en la tierra?
El aire olía distinto, más fresco, más antiguo, como si perteneciera a otra época.
Y ella, en medio de la confusión, entendió que había cruzado a un mundo al que nadie más parecía tener acceso.
Confusa, Selene bajó la mirada hacia su ropa… y se quedó sin aliento.
Ya no vestía con la sencilla tela de campesina con la que había caído al agujero.
Ahora llevaba un vestido largo, pesado, hecho de telas finas que parecían salidas de otra época.
Era de seda y terciopelo, bordado con hilos dorados que brillaban bajo la luz del sol.
Cada movimiento hacía que la falda ondeara como si escondiera un secreto.
—¿Qué… qué es esto?
—susurró, acariciando la tela con incredulidad.
No entendía nada.
Un instante antes estaba vestida de manera sencilla, y ahora parecía una dama de la corte, quizá incluso alguien de sangre real.
Con cierta inquietud, llevó la mano a su cabeza para comprobar si la caída le había dejado algún golpe.
Pero lo que encontró no fue una herida.
Sus dedos rozaron algo frío, rígido y puntiagudo.
Al principio pensó que eran ramas enredadas en su cabello… hasta que palpó con cuidado y comprendió la verdad.
Era una corona.
Selene dio un paso hacia atrás, tambaleándose.
La sensación de aquel objeto sobre su cabeza la llenó de desconcierto y miedo.
¿Por qué llevaba una corona?
¿Por qué había cambiado su ropa como si, de repente, hubiera dejado de ser quien era?
La brisa agitó su vestido y, a lo lejos, los guardias del castillo parecían moverse, como si hubieran notado algo.Selene estaba tan confundida que apenas podía ordenar sus pensamientos.
A lo lejos, distinguió a una mujer que caminaba con rapidez hacia ella.
Llevaba un vestido de la misma época, aunque mucho más sencillo que el suyo.
No tenía corona, pero la tela era similar, como si ambas pertenecieran a un mismo entorno.
Cuando la mujer estuvo lo bastante cerca, se inclinó profundamente ante Selene.
—Sultana, me alegro de haberla encontrado —dijo con reverencia.
Selene se quedó helada.
—¿Sultana?
—repitió en su mente—.
¿Pero qué significa eso?Ella no sabía nada de historia, ni de títulos, ni de reinos lejanos.
Apenas recordaba que hacía unos minutos estaba en un colegio, en un patio lleno de estudiantes.
Ahora… ¿era alguien más?
Intentando no mostrar el desconcierto que la ahogaba, decidió fingir lo mejor que pudo.
—¿Sí?
—respondió con voz vacilante.
La mujer la miró con respeto, luego volvió a inclinar la cabeza.
—La Madre Sultana quiere verla en el palacio de inmediato.
Por favor, acompáñeme.
Se inclinó una vez más, bajando la cabeza con sumisión, y luego se puso de pie para guiarla.Selene tragó saliva.
No entendía nada.
¿Qué era una Sultana?
¿Quién era esa “Madre Sultana”?
¿Y por qué todos actuaban como si ella perteneciera a este lugar?
—Está bien… vamos —dijo al fin, sin saber qué otra cosa contestar.
La mujer comenzó a andar en dirección al castillo, y Selene la siguió con pasos inseguros.
A cada metro que avanzaba, más irreal le parecía todo aquello.
Un silencio extraño la envolvía.
Un instante antes estaba en un colegio, con su uniforme, rodeada de estudiantes y magia inocente.
Ahora caminaba hacia un palacio imponente, vestida como una reina y llamada con un título que no comprendía.
“¿Qué me está pasando?”, pensó, mientras las puertas del castillo se alzaban cada vez más cerca.
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