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El despertar de selene - Capítulo 82

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  4. Capítulo 82 - 82 capítulo 82La Sultana Selen
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82: capítulo 82:La Sultana Selen 82: capítulo 82:La Sultana Selen Selen se dirigió al harén y, al ver a Ibrahim, se acercó con paso firme.

—Ibrahim, ¿dónde está Mahidevran?

—preguntó.

—Sultana, creo que está en sus aposentos —respondió él.

Selen, con curiosidad y determinación, agregó: —Quiero que la investigues.

Sé que es esposa de mi hermano, pero no podemos descartar a nadie.

¿Entendiste?

Salió minutos después, justo antes de que se escuchara el grito que interrumpió la celebración.

—Ve, investiga y tráeme noticias —ordenó Selen con firmeza.

Ibrahim se inclinó respetuosamente: —Como ordene, Sultana.

Mientras Ibrahim se alejaba, Selen reflexionaba.

Aunque no sabía mucho de aquel mundo y no pertenecía a esta época, algo dentro de ella le decía que Mahidevran podría estar involucrada.

Ya había admitido envenenar a una concubina; ¿por qué no podría haber ido más allá?

Selen no podía permitirse descartar ninguna posibilidad.

Cada detalle, cada acción, cada silencio podía ser la clave para descubrir la verdad.Selen avanzó entre los pasillos silenciosos del harén, observando con atención cada puerta, cada sombra, cada movimiento de las concubinas que se cruzaban con ella.

Nadie la notaba demasiado; a pesar de ser una figura extraña en aquel tiempo, su porte y seguridad imponían un respeto silencioso.

Recordó lo que había aprendido sobre la historia del Imperio Otomano: celos, poder y venganzas entre mujeres no eran raros, y cualquier descuido podía costarle la vida a alguien.

Con eso en mente, comenzó a observar detalles que otros habrían pasado por alto: un vestuario manchado, una cortina desordenada, un aroma extraño que se desprendía de una habitación.

Al acercarse a la puerta de Mahidevran, notó algo que la hizo detenerse: la cerradura estaba intacta, pero la alfombra frente a la puerta estaba ligeramente desplazada, como si alguien hubiera entrado apresuradamente.

Selen frunció el ceño.

Eso coincidía con la actitud nerviosa que Mahidevran había mostrado antes de que ocurriera el incidente.

Decidió continuar su recorrido.

En cada habitación, hacía pequeñas anotaciones en su mente: quién estaba cerca, qué podría haber visto o escuchado, y qué acciones parecían sospechosas.

No necesitaba pruebas definitivas todavía; solo estaba construyendo el rompecabezas, hilando posibilidades y descartando imposibles.Mientras observaba a las concubinas, notó que algunas intercambiaban miradas rápidas y discretas, como si temieran que alguien las descubriera.

Selen comprendió que la verdad no solo residía en los hechos visibles, sino también en las emociones, los temores y los secretos que cada una escondía.

Sabía que descubrir al culpable requeriría paciencia, inteligencia y estrategia.

Y estaba decidida a conseguirlo, aunque eso significara enfrentarse a Mahidevran, a las intrigas del harén y a todo lo que aquel mundo podía poner en su contra.

3 días después, Ibrahim informó a la Madre Sultana y al Sultán que no se había encontrado a la culpable.

Selen dio una mirada discreta y se dirigió a la Madre Sultana: —No tengo la menor duda de que alguien de aquí mató a aquella mujer, madre.

Si me permites, quiero retirarme a mis aposentos.

La Madre Sultana la observó y asintió: —Como digas, hija, ve.

Al salir, Mehmet la tomó suavemente del brazo y la condujo hacia una habitación que era de su propiedad.

Una vez dentro, le dijo en voz baja: —Yo sé quién fue.

Selen, intrigada, preguntó: —¿Quién?

Mehmet bajó la voz, con un gesto serio: —No puedo decirte un nombre.

Pero tú y yo sabemos de quién se trata.

Ella no ha cometido un solo crimen… ha cometido varios.

Todo por celos y venganza, y siempre por el Sultán.

Selen lo miró, comprendiendo que el peligro era más grande de lo que había imaginado.

La intriga y la traición en el palacio no solo amenazaban la paz del harén, sino también la vida de quienes se cruzaban en su camino.—Pero sería casi imposible culparla —dijo Mehmet con un suspiro—.

Mahidevran es la esposa de nuestro hermano y lleva un hijo en su vientre.

No habría manera de acusarla sin que todo el harén y el Sultán mismo se levantaran en su defensa.

Selen frunció el ceño, reflexionando.

Sabía que la posición de Mahidevran le daba una impunidad casi absoluta, pero eso no eliminaba la posibilidad de que fuera la responsable de los crímenes cometidos.

El hecho de que tuviera un hijo del Sultán complicaba cualquier intento de justicia, pero también hacía que el desafío fuera aún más peligroso y fascinante.

—Entonces tendremos que ser cuidadosos —dijo Selen en voz baja—.

No podemos dejar que cometa más maldades, pero tampoco podemos actuar a la ligera.Mehmet asintió, consciente de la delicadeza de la situación.

Entre secretos, celos y venganzas, el harén era un laberinto de peligros y oportunidades.

Selen lo entendía mejor que nadie: cada paso debía ser calculado, cada palabra medida, porque un solo error podía costarle la vida.—Ahora prepárate, hermana —dijo a Selen con una ligera sonrisa—.

Algunos egipcios vendrán acá.

La noticia despertó curiosidad en Selen.

No era un peligro, sino una oportunidad: los visitantes traían telas finas y exóticas, y su llegada podía traer novedades y comercio al palacio.

—Vienen a mostrar telas —agregó, explicando la situación—.

Será interesante ver qué traen y cómo reaccionan aquí.

Selen respiró hondo, consciente de que aunque no representaban un peligro, cualquier movimiento dentro del harén debía observarse con atención.

Cada visitante era también una oportunidad para aprender, descubrir alianzas y, quizás, reunir información que pudiera ser útil en el futuro.Con determinación, se dirigió a sus aposentos, repasando mentalmente todo lo que sabía: los celos de Mahidevran, la posición del Sultán y los secretos que rondaban el harén, mientras se preparaba para recibir a los egipcios y observarlos con atención.Selen se retiró a sus aposentos para prepararse.

Se colocó un vestido largo de un azul profundo, con detalles dorados bordados que recorrían el centro y el escote, realzando su figura con elegancia.

Las mangas, semitransparentes y amplias, caían con suavidad, dando un aire majestuoso y solemne a su porte.

Sobre su cabeza, acomodó una delicada corona dorada, sencilla pero elegante, que complementaba el vestido sin opacarlo.

Su cabello, recogido en un moño pulcro, dejaba ver su rostro sereno pero decidido, reflejando la autoridad que comenzaba a imponer incluso entre quienes la conocían ppreguntó a firial, una de sus sirvientas de confianza, se inclinó discretamente y le preguntó:—Sultana, ¿qué te parece este vestido y la corona?

Selen la miró con una sonrisa ligera y dijo: —¿Y tú qué opinas?

Filial, con respeto y admiración, respondió: —Sultana, es muy hermoso.

Resalta su porte y la hace ver aún más imponente.

Selen asintió, satisfecha.

Sabía que cada detalle contaba; la forma en que se presentaba no solo reflejaba su gusto, sino también su autoridad y presencia ante todos los que estaban en el palacio.

Con esa seguridad, se preparó para enfrentar lo que el día le deparara en el harén y ante los visitantes que pronto llegarían.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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