El despertar de selene - Capítulo 84
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- Capítulo 84 - 84 capítulo 84Reflejos y autoridad
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84: capítulo 84:Reflejos y autoridad 84: capítulo 84:Reflejos y autoridad —¿Crees que una chica puede viajar al pasado?
—preguntó Selene.
Ibrahim, curioso, respondió: —Su Majestad… es decir, sería imposible.
—Quizás no del todo —replicó ella con calma—.
Solo con fe se puede llegar al pasado que uno desea.
Ibrahim, confundido, bajó la mirada.
—Sultana, no entiendo de qué habla… Sin embargo, no creo que sea posible retroceder en el tiempo.
—Déjalo así —dijo Selene con un misterioso brillo en los ojos—.
Algún día lo comprenderás.
Con esas palabras, Selene se dio media vuelta y se alejó rumbo al palacio, mientras en su mente regresaban los recuerdos de aquellos viajes al pasado y de ese mundo fantástico que la seguía llamando.Mientras contemplaba el reflejo de la galaxia en el lago, Selene notó cómo un pequeño rostro comenzaba a formarse en la superficie.
Curiosa, se acercó, vestida con un traje que contrastaba con los pastos que la rodeaban.
Al inclinarse sobre el agua, el rostro se hizo más claro: era Yuni.
—¿Yuni… eres tú?
—susurró Selene.
El agua titiló y respondió con una voz tenue pero familiar: —Sí, Selene.
Soy yo… pero ahora, en el agua.
Selene soltó una ligera risa, aunque enseguida contestó con firmeza: —Yuni, ¿acaso no entiendes lo que está pasando?
Estoy aquí, en una pequeña ciudad… ¡un sultanato!
¿Puedes creerlo?
Yo estaba en Lunaris, y luego caí por un agujero… y ahora estoy aquí, en el pasado.
Puede sonar como una mentira, o como un conjuro, pero no losé… no entiendo cómo llegué hasta aquí.Selene se quedó inmóvil frente al reflejo en el agua.
La voz de Yuni surgió suave, como si brotara de la propia superficie: —Tienes que calmarte, Selene.
Mira, te voy a explicar todo con lujo y detalle.
Selene escuchaba atentamente, sus ojos fijos en el rostro de Yuni que se formaba en el lago.
—Lo que pasa —continuó Yuni— es que viajaste al pasado porque el pasado te necesitaba, ¿sabes?
Tú, en el pasado, tuviste dos vidas.
Esta es tu primera vida como sultana, y tu segunda vida, la reencarnación, fue cuando llegaste como bruja a este mundo.
Por eso estás viviendo dos vidas.
El pasado te necesitaba.
Selene parpadeó, intentando asimilarlo.—Entonces… tú fuiste una sultana, Selene —dijo Yuni—.
Y básicamente, en las dos vidas que tuviste, siempre te llamaste Selene.
El agua brillaba con un fulgor extraño, reflejando no solo el rostro de Yuni, sino la sensación de un destino que trascendía el tiempo mismo.Selene preguntó, con el corazón acelerado: —¿Qué quieres decir con eso?
Esto es imposible… Yo nunca creí en la reencarnación, excepto en ser una bruja, porque lo era.
Ahora he perdido mis poderes en este pasado.
Yuni respondió con calma: —No del todo.
Cuando fuiste sultana y luego tuviste otra vida… por eso te mataron a temprana edad.
Porque eras diferente, no eras humana.
Por eso reencarnaste en una bruja.
Tienes que averiguarlo por ti misma.
Selene, cada vez más curiosa y confundida, formuló otra pregunta: —Espera… ¿y cómo salgo de este mundo?
¿No voy a quedarme todo el año hasta que muera?
¿O sí?Yuni replicó: —No, claramente no.
Pero hasta que resuelvas este conflicto y se haga justicia.
Porque tú moriste injustamente.
Tienes que cambiar este orden.
¿Sí me entiendes?
Selene asintió, aún pensativa: —Está bien… ¿y tú qué haces aquí?
¿Y por qué estás en el agua?
Yuni sonrió con un brillo extraño: —¿Cómo lo sabes?
Soy una demonia, un ángel, un viajero del tiempo… soy de todo.
Y los dioses me han enviado para guiarte.
Ahora me convertí en agua.
No en un gato, aunque preferiría ser un gato.
En fin, debo volver a mis tiempos en la galaxia con mis dioses.
Nos vemos, Selene.
Con esas palabras, Yuni se hundió en el agua, y el lago quedó en silencio, sin rastro de su presencia.Selene seguía confundida, pero aun así se dirigió hacia el palacio.
Al entrar, se dirigió al harén.
Raramente las sultanas lo visitaban; el lugar estaba destinado únicamente a las concubinas y esclavas.
Al abrir la puerta, Selene escuchó a una de las concubinas hablando a espaldas de las demás, sin percatarse de su presencia: —Este sultán… —decía con un susurro cargado de desdén— Selene tiene algo extraño, y ni siquiera lo creen, chicas.
Es simplemente insoportable.
Por algo el sultán la quiere tanto… sólo porque es su hermana.
Así que niñita, apóyate, que nunca conseguirá marido, ¡y eso es lo más extraño de todo!Selene se quedó quieta, observando y escuchando, sintiendo cómo las palabras, llenas de envidia y secretos, reverberaban en aquel lugar silencioso.
La concubina, entre risas, se dio la vuelta y se encontró con Selen.
Al instante, un silencio pesado cayó sobre todo el harén.
Las otras concubinas, temblorosas, retrocedieron unos pasos, conteniendo la respiración.
Incluso la mujer que había osado hablar se inclinó, temblando, al notar la mirada gélida de Selen.
Selen avanzó con paso firme, cada movimiento irradiando autoridad, y dijo con voz fría y cortante: —Discúlpate.
¿Quién eres tú?
No tienes derecho a hablar a mis espaldas.
No eres más que propiedad de Sultán .
No te atrevas a hablar de mí de nuevo.El aire parecía tensarse a su alrededor.
Las paredes del harén parecían encoger, como si el lugar mismo reconociera su poder.
La concubina permaneció inclinada, incapaz de levantar la mirada, mientras el eco de la voz de Selen retumbaba en la estancia y hacía que hasta las más osadas sintieran un escalofrío.La concubina, todavía inclinada, temblaba bajo la mirada de Selen.
Un silencio absoluto envolvió la sala; incluso las demás concubinas contuvieron la respiración, temiendo el siguiente movimiento.
Selen se acercó más, su rostro serio y sus ojos brillando con una autoridad indiscutible.
—Te lo diré una vez más —dijo con voz gélida—: no tienes derecho a hablar de mí.
Antes de que la mujer pudiera reaccionar, Selen levantó la mano y le propinó una cachetada sonora que resonó en todo el harén.
La concubina se tambaleó, sorprendida, llevándose la mano al rostro mientras un leve hilo de furia y miedo cruzaba sus ojos.
—Que esto te sirva de lección —dijo Selen, con firmeza—.
Nunca más vuelvas a hablar de mí a mis espaldas.Las otras concubinas permanecieron inmóviles, algunas con los ojos muy abiertos, comprendiendo que la autoridad de Selen no era algo que se pusiera a prueba.
El harén quedó en silencio absoluto, solo roto por el leve suspiro de la mujer golpeada.
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