El despertar de selene - Capítulo 86
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- Capítulo 86 - 86 capítulo 86El juego del poder
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86: capítulo 86:El juego del poder 86: capítulo 86:El juego del poder Inmediatamente, Selene recordó que la Madre Sultana, el sultán Maidebran y las concubinas favoritas se encontraban en los aposentos donde solían reunirse todas.
Una idea brillante cruzó por su mente: anunciar la llegada de nuevas esclavas directamente ante Maidebran, para ponerla en una posición incómoda.
Se dirigió corriendo hacia los aposentos y, al entrar, se inclinó con respeto ante su hermano, el sultán, y luego habló con suavidad, dirigiéndose también a su madre: —Madre, querida, tengo muy buenas noticias.
La Madre Sultana sonrió, inclinando la cabeza con cariño y expectación: —Hija mía, cuéntanos cuáles son esas buenas noticias.Selene se sentó elegantemente, acomodando su vestido con un gesto de gracia calculada, y comenzó a hablar: —Bueno… me han informado que van a llegar nuevas esclavas, unas diez —dijo, midiendo cada palabra—.
Y me preguntaba si podríamos organizar una fiesta para que bailen ante mi hermano.
Dirigió su mirada al sultán con un brillo calculador: —¿Tú qué dices, Su Majestad?
El sultán asintió, complacido: —Parece una excelente idea.
Me alegra que nuevas esclavas lleguen al palacio.
Un silencio pesado llenó la sala.
Mahidevran la miró con sorpresa y rabia contenida, mientras Selene se recostaba ligeramente en su asiento, satisfecha.
Su plan empezaba a tomar forma, y cada movimiento estaba diseñado para demostrar quién tenía el verdadero poder en aquel palacio.Los días siguientes fueron de gran expectación.
Selene se aseguró de que todo estuviera preparado: las habitaciones acondicionadas, los pasillos limpios y las criadas listas para atender a las nuevas esclavas.
Finalmente, el gran día llegó.
Diez jóvenes esclavas, cuidadosamente elegidas por Firial, entraron al palacio bajo estricta vigilancia de los guardias.
Cada una de ellas estaba vestida con telas ligeras y colores brillantes, diseñadas para resaltar su belleza y gracia.
Sus miradas curiosas se mezclaban con nerviosismo mientras avanzaban por los salones, conscientes de que cada paso era observado por ojos poderosos.Selene se colocó estratégicamente cerca del sultán, quien observaba con interés cada movimiento de las recién llegadas.
Mahidevran permanecía a un lado, su rostro una máscara de enfado contenido, incapaz de disimular la tensión que le provocaba la presencia de aquellas jóvenes.
—Que comiencen —ordenó Selene con voz firme pero dulce—.
Que bailen ante mi hermano, y que cada gesto refleje su gracia y obediencia.
Las esclavas comenzaron a danzar, moviéndose con sincronía y elegancia.
La música suave llenaba el salón, y cada giro, cada paso, parecía calculado para capturar la atención del sultán.
Selene observaba detenidamente, buscando la más hermosa, la más encantadora, la que podría eclipsar a Mahidevran y ganarse el favor de su hermano.Finalmente, una de las jóvenes destacó sobre las demás.
Su porte elegante, su mirada firme y la seguridad en sus movimientos cautivaron de inmediato al sultán.
Selene sonrió con satisfacción; su plan estaba funcionando a la perfección.
Mahidevran, por su parte, no podía ocultar su indignación.
Cada aplauso, cada gesto de admiración hacia la nueva esclava era un recordatorio de que su posición podía estar siendo desafiada.
Selene se inclinó levemente hacia el sultán y susurró: —Su Majestad, creo que esta joven merece su atención… El sultán asintió, intrigado, mientras Mahidevran fruncía el ceño, comprendiendo que Selene estaba jugando su juego con maestría.
En ese instante, la batalla por el poder dentro del palacio comenzaba de nuevo, silenciosa, elegante y peligrosa.
una llamó inmediatamente la atención de Selene y del sultán.
Tenía un porte elegante y seguro, cabello oscuro que caía en suaves ondas sobre sus hombros, y ojos brillantes que reflejaban inteligencia y curiosidad.
Su presencia llenaba la sala, como si todo el espacio girara a su alrededor.
El sultán Mustafa se acercó, estudiando a la joven con una mirada evaluadora.
Con un gesto amable, la invitó a sentarse cerca de él, sobre un cojín lujoso colocado a un lado de su trono.
La chica se inclinó respetuosamente antes de acomodarse, manteniendo la dignidad en cada movimiento.
Selene, observando la escena con satisfacción, notó cómo la joven capturaba la atención del sultán.
Cada gesto, cada palabra medida, parecía encantarlo sin esfuerzo.
Mahidevran, por otro lado, fruncía el ceño, consciente de que Selene había logrado un movimiento maestro: la chica no solo era hermosa, sino que también tenía la gracia y la inteligencia para destacarse en el palacio.
La sala se llenó de un silencio expectante, mientras la joven comenzaba a demostrar su habilidad para bailar y moverse con elegancia, cautivando tanto a las concubinas como al propio sultán.
Selene supo en ese instante que su plan estaba funcionando: la atención del sultán estaba completamente dirigida hacia la recién llegada, y Mahidevran empezaba a sentirse desplazada.Mahidevran permanecía de pie, con los brazos cruzados y la mirada dura.
Cada sonrisa, cada gesto de atención que el sultán dirigía a la joven la irritaba más.
No podía soportar que alguien más llamara la atención de su esposo y pusiera en evidencia su propia influencia menguante.
Selene, sentada a cierta distancia, observaba con calma, evaluando cada reacción de Mahidevran.
Sabía que debía actuar con sutileza: un movimiento en falso y todo su plan podría desmoronarse.La joven esclava comenzó a danzar suavemente, sus movimientos armoniosos y medidos, llenando el salón con gracia y elegancia.
Cada giro, cada inclinación, parecía diseñado para captar la mirada del sultán sin esfuerzo.
Mustafa no pudo evitar inclinarse ligeramente hacia ella, observando cada detalle con atención y curiosidad.Selene sonrió apenas, satisfecha.
Su plan no solo estaba funcionando, sino que además Mahidevran estaba perdiendo terreno sin poder hacer nada.
Con un ligero gesto de la mano, indicó a Firial que siguiera supervisando a la joven, asegurándose de que nada interfiriera con la atención del sultán.
Mahidevran finalmente habló, su voz teñida de veneno: —No creas que esto cambiará nada, Selene.
Nadie desplaza a al padre de mi hijo.
Selene giró la cabeza hacia ella, su mirada afilada y fría: —Tal vez no —respondió con calma—, pero hoy has visto cómo alguien más puede atraer la atención de tu esposo.
Y mañana, esa atención podría volverse más fuerte.
El sultán, aún observando a la joven, frunció levemente el ceño al escuchar la conversación, pero no apartó la mirada de la recién llegada.
La tensión en la sala era palpable: Mahidevran sentía cómo su poder se deslizaba entre los dedos, mientras Selene, con cada gesto calculado, reforzaba su influencia en el palacio.
En ese momento, Selene supo que el juego apenas comenzaba, y que la llegada de la joven esclava sería solo el primer paso para demostrar quién realmente tenía el control.
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