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El despertar de selene - Capítulo 87

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  4. Capítulo 87 - 87 capítulo 87La futura favorita
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87: capítulo 87:La futura favorita 87: capítulo 87:La futura favorita Después de la fiesta, cuando la noche cubría el palacio con su manto silencioso, Selene se movió con sigilo.

Nadie debía verla.

Caminó por los pasillos desiertos hasta llegar al primer piso, donde dormían las esclavas recién llegadas; el segundo piso estaba reservado para las concubinas favoritas, donde nadie podía interrumpirla.

Se acercó a la cama de Leyla, la joven que había capturado la atención del sultán durante la celebración.

Con cuidado, la despertó, sus movimientos tan suaves que no produjeron el menor ruido.

—Leyla, necesito hablar contigo sobre algo —dijo Selene con voz baja pero firme.La joven se inclinó ligeramente, con respeto y curiosidad en sus ojos.

—Claro, Sultana.

Dígame, ¿qué sucede?

—Ven conmigo —susurró Selene, tomando la mano de Leyla para guiarla discretamente hacia un rincón apartado.

Allí, fuera de la vista de cualquiera, se inclinó levemente y preguntó con un tono que combinaba autoridad y amabilidad—: —¿Cuál es tu nombre, querida?

—Leyla, su sultana —respondió la joven, con una mezcla de sorpresa y reverencia.

Selene sonrió apenas, satisfecha.

Sabía que estaba comenzando a tejer un plan que cambiaría el equilibrio de poder dentro del palacio.

Esa noche, los secretos y las estrategias empezarían a moverse, y Leyla sería su pieza clave.Selene se inclinó hacia Leyla, su voz apenas un susurro, cargada de autoridad y promesa.

—Sé que buscaste la atención de mi hermano, el sultán —comenzó—.

Por eso vengo a proponerte algo.

Leyla la miró con sorpresa, sin comprender del todo las palabras de la sultana.

—Te prometo que tendrás tu lugar aquí arriba —continuó Selene, con firmeza—.

Tendrás tus propios aposentos, tan cómodos como los míos.

Serás una sultana al igual que yo, pero para eso necesito que conquistes al sultán.

Que seas su favorita, que ninguna otra mujer pueda arrebatarle su atención.

Leyla titubeó, confundida y nerviosa.

—Señorita Sultana… pero su esposa, Mahidevran… ¿no se enojaráSelene arqueó una ceja y su voz adquirió un filo seguro: —No te preocupes por ella.

El sultán puede tener a las mujeres que quiera, pero tú debes ser su favorita.

Más que Mahidevran.

Leyla bajó la cabeza, dubitativa.

—Está bien, Sultana… pero no sé cómo lograr que él me preste atención.

No sé cómo hacer que le guste… Selene la observó con una sonrisa astuta.

—¿Sabes leer o escribir, verdad?

—Sí, Sultana —respondió Leyla, iluminada por la aprobación de su maestra.—Perfecto —dijo Selene, satisfecha—.

Con eso puedes impresionarlo.

Casi ninguna de las esclavas sabe leer ni escribir; Mahidevran apenas domina unas pocas palabras.

Eso será suficiente para destacar.

Podrás crear poemas, cartas, pequeños gestos que capturen su atención.

Lo conquistarás, y lo tendrás a tus pies.

Selene se inclinó un poco más, dejando que sus palabras calaran hondo en Leyla.

—Si además le das un hijo, mucho mejor.

Un niño será la prueba definitiva de su favor.

Y entonces… serás recompensada con lujo y privilegios como nadie más en este palacio.

Confío en ti, Leyla.

Sé que puedes lograrlo.Leyla, emocionada y nerviosa, asintió lentamente.

Por primera vez, comprendió la magnitud de la responsabilidad que Selene le confiaba, y también la promesa de poder y prestigio que estaba a su alcance.Esa misma noche, Selene llevó a Leyla a un pequeño salón apartado, iluminado por la luz cálida de varias lámparas de aceite.

Cada movimiento, cada gesto contaba; la sultana quería que Leyla aprendiera a destacarse sin esfuerzo, como si la gracia fuera algo natural.

—Primero, aprende a moverte con elegancia —dijo Selene, mostrándole cómo inclinar la cabeza, cómo mantener la espalda recta y los hombros relajados—.

El sultán no solo observa lo que dices, sino cómo lo haces.

Cada gesto transmite poder y confianza.

Leyla imitaba cuidadosamente cada movimiento, concentrada y temblorosa, mientras Selene corregía suavemente su postura.—Muy bien, pero recuerda —continuó Selene—, la mirada es lo más importante.

No solo mires al sultán, haz que él sienta que eres la única que puede comprenderlo, que puede capturar su atención.

Cada vez que él fije sus ojos en ti, debe sentir que nadie más existe en esa sala.

Después de practicar la postura y la mirada, Selene le enseñó pequeños detalles: cómo mover las manos con gracia al bailar, cómo colocar los pies sin perder la suavidad, y cómo usar su voz de manera que pareciera delicada, pero llena de firmeza.

—También aprenderás a leer y escribir para él —dijo Selene, con un brillo en los ojos—.

Cartas, poemas, pequeñas notas… muy pocos pueden hacerlo.

Mahidevran ni siquiera sabe leer bien.

Esto te dará ventaja.

Cada palabra que él lea de ti, cada gesto, debe recordarle que tú eres diferente, que tú eres indispensable.Leyla asintió, con el corazón latiendo con fuerza.

Cada instrucción de Selene parecía abrirle un mundo nuevo, un camino hacia poder y reconocimiento dentro del palacio.

—Recuerda —concluyó Selene, inclinándose hacia ella—, todo lo que hagas debe llevar al sultán a notar tu talento y tu gracia.

Haz que te admire, que te busque y que nadie pueda apartarlo de ti.

Si cumples con esto, tu posición será firme, y serás recompensada como ninguna otra.

Mientras Selene se retiraba, Leyla se quedó en el salón, ensayando los movimientos y las posturas que acababa de aprender.

La emoción y la responsabilidad se mezclaban en su pecho; sabía que lo que empezaba esa noche no era solo un entrenamiento, sino un juego de poder que podía cambiar su destino y alterar para siempre el equilibrio dentro del palacio.Al día siguiente, durante la mañana, Mahidevran se encontraba en los jardines del palacio, observando a las esclavas recién llegadas con una mezcla de curiosidad y desdén.

Su mirada se detuvo en Leyla, quien caminaba con paso elegante, recién salida de la instrucción nocturna de Selene.

Algo en la postura de la joven, en la manera en que llevaba la cabeza y movía los brazos, hizo que Mahidevran frunciera el ceño.

Cada gesto parecía cuidadosamente calculado, y no pudo evitar notar la atención que capturaba de las demás concubinas y, más importante, de algunos guardias que pasaban cerca.

—¿Quién le ha enseñado eso?

—murmuró Mahidevran para sí misma, con un hilo de preocupación en la voz.

Sus ojos brillaban con una mezcla de rabia y sospecha—.

Nadie se mueve así sin entrenamiento…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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