El despertar de selene - Capítulo 89
- Inicio
- Todas las novelas
- El despertar de selene
- Capítulo 89 - 89 capítulo 89Lecciones de la Sultana Selen
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
89: capítulo 89:Lecciones de la Sultana Selen 89: capítulo 89:Lecciones de la Sultana Selen De pronto, el sultán irrumpió en la habitación, con paso firme y mirada serena.
Maidevran, al verlo, exclamó con esperanza: —¡Majestad!
¡Qué bueno que ha venido!
Pensé que no podría verlo… Pero el sultán no respondió como ella esperaba.
Con voz calmada, casi distante, dijo: —Querida Maidevran… ¡ay, querida!
—sus palabras sonaban suaves, pero vacías de afecto—.
No se acercó a ella, no la abrazó ni le dio un beso.
Simplemente pronunció esas palabras y luego, con un gesto decidido, le tomó la mano y añadió: —¡Vamos!
Es nuestra nocheLeyla, desde un rincón, observaba satisfecha, una sonrisa ligera dibujada en su rostro.
Sabía que el sultán estaba cada vez más cercano a ella, mientras Maidevran quedaba relegada y vulnerable.
Pero Maidevran, consumida por la frustración y los celos, gritó con voz desgarrada: —¡No!
¡Ella se ha robado a mi marido!
¡A mí!
¡Amor!
¿Cómo puede ser esto?
La madre Sultana , firme y calculadora, se acercó y le habló con autoridad: —Maidevran, debes aprender a comportarte.
Si el sultán desea estar con Leyla, así será.
Él tiene el poder aquí, y tú no puedes cambiarlo.
No habrá reclamos, ni reproches.
Compréndelo y acéptalo.El eco de sus palabras resonó en la habitación, dejando claro quién tenía ahora el control.
La tensión, la intriga y los celos palaciegos alcanzaban su punto más alto, mientras Leyla sonreía discretamente, consciente de que su posición ante el sultán se consolidaba.Esa noche, Selene y Leyla permanecieron discretamente cerca del sultán, observando cómo su mirada se posaba con admiración sobre la joven favorita.
Cada gesto, cada palabra de Leyla parecía capturar completamente su atención.
Selene sonreía con satisfacción; su plan estaba funcionando a la perfección.
Maidevran, por su parte, permanecía aislada en un rincón de la habitación, con los ojos llenos de lágrimas y el corazón consumido por los celos.
Cada sonrisa que el sultán dirigía a Leyla, cada ligera inclinación de su cuerpo hacia ella, hacía que la frustración de Maidevran creciera.
Su poder dentro del palacio se desvanecía ante la evidencia de que ahora alguien más había conquistado el favor del sultán.Selene se inclinó hacia Leyla con voz baja y tranquilizadora: —Recuerda, cada movimiento que hagas, cada palabra que digas, debe recordarle al sultán que tú eres única.
No solo por belleza, sino por inteligencia, gracia y presencia.
Leyla asintió, consciente de la importancia de cada gesto.
Su entrenamiento no solo consistía en atraer la atención del sultán, sino en mantenerla, asegurándose de que nadie pudiera desplazarla.
Mientras tanto, Maidevran observaba desde lejos, sin poder intervenir, atrapada en su impotencia.
Su enojo se mezclaba con miedo; sabía que cada día que pasaba, su posición se debilitaba, mientras Selene y Leyla consolidaban su influencia en el palacio.Selene, satisfecha, murmuró para sí misma: —Paciencia… todo se está moviendo como debe.
Maidevran aprenderá, tarde o temprano, que el poder aquí no lo da el título, sino la estrategia y la astucia.
La noche avanzó, y con cada hora, Leyla se acercaba más al corazón del sultán, mientras Maidevran veía cómo su dominio se desvanecía lentamente, atrapada entre la desesperación y la impotencia.
El juego de poder dentro del palacio apenas comenzaba, y Selene sabía que cada pequeño paso contaba.Esa noche, el sultán entró en la habitación con paso seguro, pero sus ojos nunca se posaron en Maidevran.
En cambio, se dirigieron directamente hacia Leyla, recorriéndola con una mirada cargada de admiración y afecto.
Maidevran, paralizada, alzó la voz con desesperación: —¡Majestad!
—gritó, intentando llamar su atención—.
¡Mírame!
¡No ignores mi presencia!
Pero el sultán no se inmutó.
Sin siquiera mirarla, tomó la mano de Leyla y dijo con voz suave pero firme: —Vamos… esta noche será nuestra.
Leyla sonrió levemente, consciente del privilegio que recibía, mientras Maidevran retrocedía, completamente ignorada, con el corazón latiendo acelerado por la humillación.
Selene, con su habitual calma, se acercó a Maidevran y dijo con autoridad: —Escucha bien, Maidevran.
Si el sultán desea estar con Leyla, así será.
Él tiene el poder, y tú no puedes cambiarlo.
Este comportamiento tuyo no será tolerado.
Mahidevran bajó la cabeza, derrotada, mientras lágrimas corrían por su rostro.
No había manera de recuperar la atención del sultán; él estaba completamente absorto en Leyla, y Selene sonreía, satisfecha de que su plan avanzaba sin contratiempos.
Cada gesto de Leyla, cada palabra cuidadosamente medida, consolidaba su posición ante el sultán.
Maidevran, por su parte, estaba atrapada en su impotencia, mientras el juego de poder en el palacio se inclinaba definitivamente hacia Selene y su protegida.Al día siguiente, Selene llevó a Leyla a un pequeño salón privado dentro del palacio.
La luz de las lámparas de aceite iluminaba la estancia con un resplandor cálido, y el ambiente estaba cargado de tensión y estrategia.
—Hoy, Leyla, vamos a perfeccionar tu presencia ante el sultán —dijo Selene, con voz firme pero amable—.
Cada gesto, cada movimiento, debe recordarle que eres única.
Él no mira a Maidevran, y eso es nuestra ventaja.
Debes asegurarte de que nunca vuelva a hacerlo.
Leyla asintió, concentrada.
Selene comenzó a corregir cada postura, cada inclinación de cabeza, cada movimiento de manos.
—Mira —dijo Selene—.
Cuando camines hacia él, no es solo tu cuerpo lo que cuenta, sino la seguridad que transmites.
Mantén la mirada firme, pero cálida.
Haz que sienta que no hay nadie más en la sala, solo tú.Luego le enseñó a mover sus pies con delicadeza, a girar suavemente, y a usar su voz con tonos sutiles que transmitieran confianza y gracia.
—Ahora —continuó Selene—, cuando hables con él, no digas demasiado.
Cada palabra debe ser medida, como si fuera un regalo.
Déjalo desear más.
Eso hará que te busque, que dependa de ti.
Mientras Leyla practicaba, Selene observaba con una sonrisa satisfecha: cada vez estaba más cerca de conquistar completamente al sultán.
Sabía que Mahidevran la miraba desde la distancia, con el corazón lleno de celos, incapaz de intervenir.
Cada lágrima y cada gesto de frustración de Maid—Recuerda —susurró Selene—, el poder aquí no se da por título o posición, sino por estrategia y habilidad.
Tú estás aprendiendo eso, y muy pronto nadie podrá ignorarte.
Leyla respiró hondo, consciente de la responsabilidad que cargaba.
Cada gesto aprendido esa noche la acercaba más al sultán, y cada error que Maidevran cometía la hundía más en la desesperación.
Selene sabía que la próxima vez que el sultán entrara en una habitación, no habría dudas sobre quién capturaría su atención.eran reforzaban la posición de Leyla.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com