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El despertar de selene - Capítulo 91

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  4. Capítulo 91 - 91 capítulo 91Viaje al pasado
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91: capítulo 91:Viaje al pasado 91: capítulo 91:Viaje al pasado La celebración había terminado, y el palacio volvía poco a poco al silencio.

Selen salió al patio buscando aire fresco.

El cielo estaba cubierto de estrellas, y la luna bañaba los jardines en un resplandor plateado.

Caminaba lentamente, dejando que la brisa moviera la tela azul de su vestido, cuando algo extraño llamó su atención.

En los arbustos, junto a la fuente, había un resplandor.

Una luz débil, como si algo respirara en la oscuridad.

Selen frunció el ceño y se acercó con cautela.

Las ramas parecían moverse solas, agitadas por una fuerza invisible.

De pronto, el aire se abrió frente a ella.

Allí estaba: un portal luminoso, exactamente igual al que la había tragado meses atrás, el mismo que la arrastró desde su mundo hasta este pasado.Su respiración se entrecortó.

Dentro del resplandor podía ver los pasillos de piedra, las lámparas mágicas flotando, los estandartes ondeando en la penumbra.

—¡Noctem…!

—exclamó en un susurro, con los ojos muy abiertos.

Era su escuela mágica, intacta, como si nada hubiera cambiado.

Podía escuchar incluso las voces lejanas de los estudiantes, el eco de los pasos, el tañido de la campana nocturna que marcaba las horas de estudio prohibidas.

El corazón le golpeaba en el pecho.

Ese era el lugar donde todo había comenzado, el sitio desde el cual había caído y despertado en este mundo de sultanes y palacios.Selen estiró la mano hacia el resplandor.

La superficie del portal era líquida, cálida, palpitante, como si la invitara a cruzar.

Un escalofrío recorrió su piel: ¿sería posible regresar?

¿O acaso estaba destinado a recordarle que su destino no pertenecía del todo a este tiempo?

La brisa nocturna susurró entre las ramas, y por un instante sintió que dos mundos se reclamaban a la vez: su vida como Sultana… y su vida como estudiante de Noctem.

Selen intentó entrar, y de repente algo la impulsó hacia adelante; salió volando sin control y cayó justo en el patio de la escuela.

Aturdida, se incorporó lentamente y comenzó a caminar con pasos apresurados, buscando entre la multitud a Franco, Elías y Bárbara.

Cuando los vio, sus corazones se detuvieron por un instante.

Selen corrió hacia ellos, y los tres la miraron sorprendidos, con un dejo de miedo en sus rostros.

—Selen… ¿no habías desaparecido?

—preguntó Elías, con la voz cargada de incredulidad.

Selen murmuró, más para sí misma que para los demás: —¿Entonces desaparecí aquí…?

Bárbara frunció el ceño, confundida y preocupada: —¿Dónde estuviste todo este tiempo?—Si, ¿dónde estuviste?

Te extrañamos —dijo Franco, con una mezcla de preocupación y alivio.

—Yo igual… —respondió Selen, bajando un poco la mirada—.

No creerán si les digo dónde estuve.

Elías frunció el ceño, curioso—: —¿En dónde, Selen?

¡Dinos!

Selen suspiró profundamente, sintiendo el peso de la verdad—: —Viajé… al pasado.

Los tres quedaron en silencio, mirando a Selen con los ojos abiertos y llenos de incredulidad, intentando asimilar lo que acababan de escuchar.

Bárbara frunció el ceño, completamente confundida: —O… okay, ¿qué?

¿Eso es suficiente para ser no humanos?

¿Y ahora que… viajaste al pasado?

Selen los miró, con un brillo en los ojos, tratando de que comprendieran: —Lo que pasa es que tuve… dos vidas.

Una es esta… y la otra… fui una sultana.

Los tres quedaron boquiabiertos.

Franco parpadeó varias veces, mientras Elías se frotaba la cabeza intentando entender.

Bárbara simplemente se quedó mirando a Selen, sin saber qué decir, atrapada entre la incredulidad y la fascinaciónpoco más: —Con razón… la corona.

Pero igual… ¿llegaste allí con magia?

Selen negó con la cabeza: —No… sólo caí en un hoyo y terminé viajando al Imperio Otomano.

Franco la miró, incrédulo: —¿Quieres decir que… fuiste una sultana?

—Así es —confirmó Selen—.

No había forma de salir… el destino quiso que viajara para cambiar el pasado.

Los tres amigos quedaron en silencio, procesando lo imposible.

Cada palabra de Selen desafiaba todo lo que creían posible, y aun así, algo en su mirada les decía que hablaba con total sinceridad.Bárbara dio un paso adelante, con los ojos brillando de emoción: —¡Wow!

Yo no me conformo con ser vampiro… ¡quiero ir contigo al pasado!

Elías frunció el ceño, preocupado: —No, Bárbara… puede ser riesgoso, aunque suena increíble.

Franco intervino, serio pero curioso: —Y… ¿tienes que volver?

Selen asintió con determinación: —Sí… debo cumplir mi objetivo.

Los tres amigos la miraron, mezcla de admiración y preocupación en sus rostros.

Sabían que lo que Selen decía no era un simple juego; su viaje tenía consecuencias, y ellos estaban a punto de involucrarse en algo que desafiaba todo lo que conocían.Selen sonrió y dijo: —Pueden ir conmigo.

Bárbara, puedes ser mi dama… y Elías y Franco pueden ser mis guardias hasta que cumpla mi objetivo.

Elías saltó de emoción: —¡Wow!

¡Si vamos!

¡Qué emoción!

Bárbara lo miró con reproche, cruzando los brazos: —¿En serio, Elías?

Hace un rato no querías ir… y ahora sí porque nos vamos al tiro.

Franco se rió, disfrutando la situación, mientras Selen los miraba con una mezcla de ternura y determinación.

Sabía que con ellos a su lado, aunque todo fuera peligroso, su misión tenía una oportunidad de éxito.Franco, Elías y Bárbara siguieron a Selen a través de un laberinto cubierto de flores del Jardín Prohibido.

Los pétalos brillaban con una luz suave y etérea, y cada paso parecía transportar a los cuatro a un lugar fuera del tiempo.

—Esto… es impresionante —susurró Bárbara, mientras tocaba delicadamente una flor que desprendía un aroma extraño, dulce y embriagador.

Elías miraba alrededor con los ojos muy abiertos, intentando no perder a Selen de vista entre la maraña de senderos florecidos: —No puedo creer que algo así exista… Franco, más atento a la misión, frunció el ceño: —Mantengámonos juntos.

No quiero perdernos antes de llegar al objetivo.Selen avanzaba con confianza, como si conociera cada curva y cada encrucijada del laberinto.

Sus amigos apenas podían seguirle el ritmo, pero la emoción y la adrenalina los mantenían alerta.

Las flores se movían ligeramente, como si respiraran, y de vez en cuando un destello de luz indicaba que el camino correcto se acercaba.

—Casi llegamos —dijo Selen, sin voltear—.

Solo confíen en mí.

A medida que avanzaban, un aroma más intenso y misterioso comenzó a envolverlos, y el murmullo de hojas y pétalos parecía susurrar secretos de tiempos pasados.

El laberinto no era solo un obstáculo; era un guardián del pasado, probando su determinación antes de permitirles llegar al destino de Selen.Selen se detuvo frente a un hoyo enorme, oscuro como la noche.

—Por ahí pasaré y viajaré… vamos a caer por aquí —dijo, señalando el borde.

Bárbara frunció el ceño y tapó un poco la nariz: —¡Qué asco…!

Pero ya que tú vas primero… Elías la empujó suavemente, sonriendo con picardía: —¡Vamos, Bárbara, no te hagas!

Si Selen va, nosotros también.

Franco suspiró, ajustándose la capa y mirando el abismo: —Bueno… supongo que no hay otra opción.Selen dio un paso al borde, y sus amigos la observaron, conteniendo la respiración.

El aire parecía vibrar alrededor del hoyo, y un extraño resplandor en su fondo los hizo sentir que estaban a punto de cruzar a otro tiempo.

—Listos… —dijo Selen—.

Al seguirme, todo será diferente.

Con un último vistazo a sus amigos, Selen saltó, y uno tras otro, Franco, Elías y Bárbara se lanzaron tras ella, dejando que la oscuridad los envolviera mientras viajaban hacia el pasado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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