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El despertar de selene - Capítulo 93

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  4. Capítulo 93 - 93 capítulo 93victoria de astucia
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93: capítulo 93:victoria de astucia 93: capítulo 93:victoria de astucia Entre los pasillos del harem, Leila apareció apresuradamente, dirigiéndose directamente hacia Selene.

Se inclinó con rapidez y respeto: —Sultana, debo hablar con usted.

Es una noticia importante.

Selene intercambió una mirada rápida con Franco, Elías y Bárbara antes de guiar a Leila hacia un lugar más privado.

—Cuéntame, querida —dijo con calma, aunque su curiosidad brillaba en los ojos.

Leila, visiblemente emocionada, apenas pudo contenerse: —¡Creo que estoy embarazada, sultana!

Selene sonrió, sorprendida.

—¿De verdad?

¿Y por qué lo crees?

Leila también sonrió, con un brillo de esperanza:—Bueno… durante todas estas noches que estuve con el sultán, he sentido mareos y síntomas extraños.

Así que podría ser que ahora haya un bebé en mi vientre.

Selene, manteniendo la calma pero con alegría en su mirada, respondió: —Felicidades, querida.

Para no dejar dudas, ve a la doctora.

Yo te acompañaré y ahí me dirás si estás realmente embarazada o no.

—¡Gracias, sultana!

—exclamó Leila, emocionada—.

Si resultara estar embarazada, podríamos derrotar fácilmente a Mahidevran.

Selene sonrió con un toque de complicidad: —Ve, entonces.

Adelante.

Leila corrió hacia la doctora, dejando tras de sí una estela de entusiasmo y esperanza, mientras Selene observaba con una mezcla de satisfacción y planificación estratégica.Selene caminó rápidamente junto a Leila, adentrándose en los pasillos decorados del harem hasta llegar a la pequeña habitación donde la doctora la esperaba.

Leila entró primero, con los ojos brillantes de nervios y emoción.

—Sultana —dijo Leila, girándose hacia Selene—, ¿cree que… realmente pueda ser?

Selene le ofreció una sonrisa tranquila y alentadora, tomando la mano de Leila por un instante.

—Vamos a salir de dudas, querida.

La doctora los recibió con un gesto profesional y asintió ante la presencia de Selene.

—Muy bien, sigan las indicaciones —dijo—.Tras unos minutos que parecieron eternos, la doctora finalmente habló, su tono calmado pero con un brillo de alegría: —Sultana Selene… Leila está embarazada.

Leila no pudo contener un grito de felicidad y se abrazó a Selene.

—¡Es cierto!

¡Lo sabía!

¡Gracias a Dios!

Selene sonrió, pero detrás de su alegría había un destello de astucia: —Esto cambiará muchas cosas, Leila.

Ahora tenemos un plan mucho más fuerte para enfrentar a Mahidevran.

Leila, aún emocionada, se apartó un poco y miró a Selene con gratitud y determinación: —Haré todo lo que sea necesario, sultana, para que su plan funcione.Selene asintió con firmeza, dejando que la emoción del momento se mezclara con la estrategia que ya comenzaba a formarse en su mente.

El embarazo de Leila no era solo una noticia feliz: era una ventaja decisiva en los juegos de poder del palacio.

Selene acompañó a Leila hasta la salida de la consulta, asegurándose de que la joven estuviera tranquila y comprendiera la importancia de la noticia.

Una vez a solas en un salón privado del harem, Selene se giró hacia Franco, Elías y Bárbara, su mirada firme y decidida.

—Escuchen bien —dijo—.

Lo que acaba de confirmar la doctora nos da una ventaja que podemos usar a nuestro favor.

El embarazo de Leila cambiará por completo la dinámica del harem y de la corte.

Bárbara la miró con ojos brillantes: —¿Pero cómo podemos usarlo para enfrentar a Mahidevran?Selene tomó aire y comenzó a trazar su estrategia, señalando con delicadeza algunos de los rincones del harem y los puntos clave del palacio: —Primero, Leila debe mantener su embarazo en secreto hasta que sea el momento adecuado.

Eso hará que Mahidevran se sienta confiada, sin sospechar que su posición podría ser amenazada.

—Segundo, debemos ganarnos la simpatía de las concubinas y sirvientas más cercanas al sultán.

Si ellas nos apoyan, podremos aislar a Mahidevran y debilitar su influencia.

—Tercero, debemos observar cada movimiento suyo.

Su arrogancia y confianza serán sus peores enemigos si sabemos cuándo atacarla con información y estrategias precisas.

Elías arqueó una ceja, intrigado: —Suena complicado… pero me gusta.

Franco, más serio, añadió: —Hay que tener cuidado.

Aquí cada acción tiene consecuencias, y una sola mala decisión podría volverse en nuestra contra.

Selene sonrió levemente, confiada: —Lo sé.

Pero cada paso que demos estará calculado.

Leila nos ha dado la clave para cambiar este pasado, y no la desaprovecharemos.

Ahora debemos preparar todo: alianzas, apariencias y, sobre todo, paciencia.

Bárbara, emocionada, preguntó: —¿Por dónde empezamos?

Selene dio un paso adelante, con la corona brillando bajo la luz del salón: —Primero, asegurémonos de que Leila esté bien cuidada y segura.

Luego, empezaremos a mover nuestras piezas dentro del harem.

Cada mirada, cada gesto, cada palabra contará.

Y créanme… Mahidevran no sabrá qué la golpeó.Con esa resolución, los cuatro comenzaron a organizar los primeros pasos de su intrincada estrategia, conscientes de que el juego de poder en el palacio apenas comenzaba.

Selene caminaba con paso firme por el harem, su vestido ondeando detrás de ella y la corona brillando bajo la luz de los candelabros.

Mahidevran estaba allí, en un salón principal, rodeada de algunas concubinas que la miraban con admiración y respeto.

Al ver a Selene, su rostro se tornó rígido y desafiante.

—Selene —dijo Mahidevran, con voz fría y cortante—.

Parece que tienes grandes ambiciones, ¿no es así?

Crees que puedes jugar aquí como si todo te perteneciera.

Selene sonrió, con calma y confianza, sin perder un instante la mirada fija en Mahidevran.

—Ambiciones, Mahidevran, solo tengo claridad de propósito —respondió con firmeza—.

Y este lugar, como todos saben, requiere más que títulos y arrogancia para gobernarlo correctamente.Las concubinas alrededor contuvieron el aliento, notando la tensión que crecía en el aire.

—¿Propósito?

—replicó Mahidevran, levantando un poco la voz—.

¿Crees que con tu astucia puedes simplemente deshacer lo que yo he construido?

Selene dio un paso adelante, su voz serena pero cargada de autoridad: —No deshacer, sino mejorar.

Lo que has hecho ha servido para enseñarnos lo que no debemos repetir.

Yo no temo al pasado, Mahidevran.

Y créeme… he aprendido de los errores de aquellos que vinieron antes.

Mahidevran frunció el ceño, pero Selene continuó, esta vez mostrando un brillo calculador en la mirada: —Además, conozco tus debilidades.

Tu orgullo y tu confianza en que siempre tendrás la última palabra te hacen predecible.

Y como todos aquí saben, predecible significa vencible.Las concubinas murmuraron entre ellas, inclinándose ligeramente hacia Selene, impresionadas por su seguridad.

Mahidevran, sintiendo cómo su autoridad se desmoronaba, intentó recuperar el control: —¡Cuidado con tus palabras!

Este palacio es mío mientras yo decida.

—Sí, Mahidevran —dijo Selene con una sonrisa fría pero elegante—.

Pero aquí todos jugamos según las reglas del sultán y de la historia que debemos escribir.

Y ahora, esas reglas dicen que el respeto y la obediencia no se ganan con miedo… sino con inteligencia y estrategia.

Un silencio tenso llenó la sala.

Las concubinas comenzaron a inclinarse con más respeto hacia Selene, y Mahidevran, aunque furiosa, comprendió que había perdido esta batalla sin que se hubiera pronunciado un solo acto violento.Selene se giró ligeramente hacia las demás, con la seguridad de una verdadera estratega: —Recuerden esto: el poder no se toma con fuerza, sino con astucia.

Y mientras yo esté aquí, el harem tendrá orden, equilibrio… y la oportunidad de un cambio real.

Murmullos de aprobación llenaron la sala mientras Mahidevran se retiraba, derrotada y humillada silenciosamente, dejando a Selene como la nueva figura de autoridad y respeto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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