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El despertar de selene - Capítulo 95

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  4. Capítulo 95 - 95 capítulo 95La noche de la verdadera Jerarquía
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95: capítulo 95:La noche de la verdadera Jerarquía 95: capítulo 95:La noche de la verdadera Jerarquía Mahidevram, derrotada por la firmeza de Selene y la autoridad del sultán, permaneció en silencio, con los labios apretados y los ojos llenos de resentimiento.

No dijo ni una palabra más, aunque su mirada seguía fija en Leila, cargada de celos y desdén.

Leila, consciente de la observación hostil, respiró hondo y se enderezó, manteniendo la compostura.

Selene permaneció a su lado, como un escudo silencioso, transmitiendo con su presencia que ninguna amenaza podría quebrarla.

El sultán recorrió la sala con la mirada, evaluando a cada uno de los presentes.

Sus ojos se detuvieron en Leila y luego en Selene, mostrando un gesto apenas perceptible de aprobación.

—Bien —dijo finalmente, con voz firme y controlada—.

Ahora que todos entendieron su lugar, podemos continuar con la cena.Las concubinas murmuraron entre ellas, algunas lanzando miradas cargadas de celos, mientras otras se inclinaban respetuosamente.

La Sultana madre observaba en silencio, satisfecha por la manera en que Selene había protegido a Leila y mantenido el orden.

Selene dio un paso atrás, permitiendo que Leila tomara asiento cerca del sultán, su expresión serena y orgullosa.

Mahidevram permaneció callada, consciente de que cualquier palabra imprudente sería un error frente a la autoridad de Selene y de su hermano.

El ambiente seguía cargado de tensión, pero ahora el respeto estaba establecido.

Cada gesto, cada mirada, era un recordatorio del poder del sultán y de la influencia de Selene.

La cena apenas comenzaba, y todos sabían que cada momento sería observado, calculado y recordadoLa mesa estaba servida con platos exquisitos y bandejas de oro, pero el ambiente seguía cargado de tensión.

Mahidevram permanecía callada, con el ceño fruncido y los labios apretados, observando cada movimiento de Leila y de Selene.

Las concubinas favoritas intercambiaban miradas discretas, midiendo la influencia de la recién llegada.

Leila, sentada cerca del sultán, recibió una bandeja de frutas y la examinó con atención antes de elegir cuidadosamente las piezas más frescas.

Su gesto, simple pero elegante, llamó la atención de todos.

—Mi señor —dijo Leila con voz suave pero clara—, algunos de estos frutos parecen más maduros que otros.

Permítanme repartirlos, para que todos podamos disfrutar lo mejor de la mesaEl sultán la miró con una mezcla de sorpresa y aprobación: —Sabia elección —dijo, complacido—.

Hazlo.

Leila repartió las frutas con delicadeza, ofreciendo primero a la Sultana madre y luego a Selene, la hermana del sultán.

Las concubinas favoritas la miraban con celos, mientras Mahidevram apretaba los labios, molesta por no poder interponerse.

Cada gesto de Leila estaba calculado, mostrando cortesía, inteligencia y tacto.

Sin alzar la voz ni desafiar directamente a nadie, había logrado ganarse la atención y respeto de todos, incluso de los que antes la despreciaban.Selene, observando todo desde su lugar, sonrió con satisfacción.

Sabía que Leila estaba demostrando que no era una simple recién llegada, sino alguien capaz de manejar la sutileza y el favor del sultán con gracia y astucia.

El sultán, complacido, dejó que la joven continuara, disfrutando en silencio de cómo su concubina favorita se movía con prudencia y elegancia, estableciendo sin palabras su lugar en la corte.

La cena continuó, pero la dinámica había cambiado: la tensión seguía presente, pero ahora todos reconocían la inteligencia y dignidad de Leila.La cena continuó entre murmullos, miradas medidas y gestos cuidadosamente calculados.

Leila había logrado mantener la atención de todos con su elegancia y tacto, mientras Mahidevram permanecía en silencio, conteniendo su frustración.

El sultán disfrutaba de la velada, complacido de ver cómo el orden y la jerarquía se mantenían sin necesidad de intervenir constantemente.

Finalmente, el sultán se recostó en su asiento y dio la señal para que la cena llegara a su fin.

Los sirvientes retiraron los platos, y poco a poco, los presentes comenzaron a levantarse.

Leila se inclinó respetuosamente ante el sultán y la Sultana madre antes de retirarse discretamente, seguida por las otras concubinas.Selene permaneció en la sala un momento más, asegurándose de que la velada no dejara cabos sueltos.

Mahidevram, con el rostro tenso, se quedó cerca, y la tensión acumulada durante toda la noche estalló: —¡No puedo creer que hayas permitido que esa recién llegada se sentara a tu lado!

—exclamó Mahidevram, con la voz cargada de resentimiento—.

¿Quién se cree para ocupar un lugar de favor delante de todos?

Selene cruzó los brazos, manteniendo la calma pero con la mirada fulminante: —Mahidevram, ya te lo he dicho esta noche.

Leila es una concubina favorita del sultán.

Eso la coloca por encima de tus quejas.

Y si no puedes respetarlo, será tu propia vergüenza la que todos noten.

—¡No me importa!

—gritó Mahidevram, dando un paso hacia ella—.

¡No pienso inclinarme ante una recién llegada!

—Entonces recuerda quién tiene la autoridad aquí —replicó Selene, acercándose con firmeza—.

No soy tu enemiga por capricho, pero no permitiré que humilles a alguien bajo mi protección.

Mahidevram retrocedió, sorprendida por la determinación de Selene, pero sus ojos seguían llenos de furia.

La confrontación terminaba allí de manera temporal, pero ambas sabían que la tensión entre ellas no había hecho más que empezar.

Selene se retiró con paso firme, dejando a Mahidevram con la rabia contenida y la sensación de haber perdido la primera batalla de muchas más por venir.Selene salió de la gran sala con paso firme, pero el ceño le indicaba que todavía llevaba consigo la tensión de la velada.

En un rincón más tranquilo del palacio, se encontraron Bárbara, Elías y Franco esperándola.

Sus miradas se llenaron de curiosidad al verla acercarse.

—Selene, ¿cómo fue la cena?

—preguntó Bárbara, preocupada—.

Te vimos muy seria.

Selene suspiró y se dejó caer en un banco cercano, cruzando los brazos.

—Fue… complicada —comenzó, su voz baja pero firme—.

Mahidevram intentó menospreciar a Leila durante toda la cena.

Solo que esta vez no pude permitirlo.

Leila es una concubina favorita del sultán y merece respeto.

Mahidevram no pudo decir ni una palabra después de que le llamé la atención.Elías frunció el ceño, indignado: —¡Esa Mahidevram siempre causando problemas!

¿Y el sultán no hizo nada?

—Lo hizo —intervino Selene—, pero fue discreto.

Él estaba complacido de ver que yo protegía a Leila y mantenía el orden.

No necesitó intervenir directamente.

La velada terminó con todos reconociendo la posición de Leila y el respeto que merece.

Franco, inclinándose hacia Selene, preguntó con curiosidad: —¿Y cómo reaccionó Leila?

¿Se dejó intimidar?

—Para nada —respondió Selene con una pequeña sonrisa—.

Se mantuvo elegante y cortés, repartiendo incluso los frutos de la mesa con tacto y prudencia.

Logró ganar respeto sin tener que levantar la voz.Bárbara suspiró, impresionada: —Es increíble.

Debe tener nervios de acero para enfrentarse a Mahidevram y mantener la calma delante del sultán.

—Exactamente —dijo Selene—.

Y eso me confirma que no es solo su favoritismo lo que la mantiene cerca del sultán, sino también su inteligencia y astucia.

Mañana, la corte probablemente seguirá murmurando sobre ella.

Pero esta noche quedó claro quién tiene influencia y quién no.

Elías y Franco asintieron, compartiendo la admiración por Leila y la satisfacción por la manera en que Selene manejó la situación.

La conversación continuó entre ellos, mientras Selene sentía un alivio pasajero: había defendido a Leila y mantenido el orden, al menos por esta noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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