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El despertar de selene - Capítulo 97

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  4. Capítulo 97 - 97 capítulo 97La llegada inesperada
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97: capítulo 97:La llegada inesperada 97: capítulo 97:La llegada inesperada Todos disfrutaban de la música en paz; las concubinas danzaban frente al Sultán y a la Valide Sultan, quienes compartían la cena con serenidad.

Mahidevrán, aunque incómoda y ajena a la alegría, no lograba disimular su disgusto.

Selene, en cambio, sonreía satisfecha al saber que Leila esperaba un hijo del Sultán.

De pronto, la gran puerta se abrió de golpe.

La música cesó de inmediato y las concubinas detuvieron su baile.

Un guardia entró inclinando la cabeza con respeto ante el Sultán y la Valide.

—Sultán… el príncipe Mehmet.

El Sultán, sorprendido, abrió los labios con nerviosismo.

—¿Qué dices?

¿Mi hermano?

¿Cómo es posible?

Eso es imposible… —murmuró sin comprender lo que sucedía.El gran salón quedó en silencio.

Todos los presentes contenían la respiración, aguardando lo inimaginable.

La puerta volvió a abrirse con estrépito y, con paso firme y arrogante, entró el príncipe Mehmet.

Sus ojos verdes brillaban con un destello desafiante y su cabello rubio caía en ondas rebeldes, resaltando aún más su porte altivo.

A su lado avanzaba una mujer de presencia imponente.

Su larga cabellera negra, suelta y brillante, contrastaba con la delicada corona que llevaba en la frente.

Sus ojos verdes, profundos y orgullosos, parecían atravesar a cualquiera que se atreviera a sostenerles la mirada.

La fuerza de su ego se percibía en cada movimiento: erguida, segura, avanzaba como si aquel salón le perteneciera.

Los guardias retrocedieron con recelo y las concubinas se inclinaron sin saber si debían hacerlo por respeto o por miedo.—Hermano… —dijo el Sultán, apenas susurrando.

Mehmet sonrió con altivez y, sin inclinarse, avanzó hasta el centro del salón, dejando que el eco de sus pasos pesara más que cualquier música.

—¡Qué sorpresa!

—dijo el Sultán con el ceño fruncido—.

Hace tantos años que te fuiste del palacio para marcharte a otro continente… ¿Qué haces aquí?

Mehmet sonrió con altivez.

—Hermano mío… mi travesía por el Nuevo Continente ya terminó.

He venido a verlos hoy, ahora que tendrás tu primer hijo.

Ya que, bueno… el primero que esperabas con tu esposa Mahidevrán no prosperó.

Un murmullo recorrió la sala como un relámpago.

El Sultán guardó silencio, mientras Mahidevrán apretaba los puños con furia.

Entonces Selene, erguida y con una voz clara que cortó el aire, preguntó: —¿Y quién es la mujer que te acompaña?

Mehmet se volvió hacia ella, la miró fijamente con sus ojos verdes y sonrió con cierta ironía.—Hermana mía… qué gusto verte.

Esta mujer de la que hablas es Victoria, mi esposa.

El silencio se quebró con un jadeo ahogado de la Valide Sultan.

Se levantó de su asiento, incrédula.

—¡¿Tu esposa?!

—exclamó, con rabia contenida—.

¿Cómo pudiste casarte sin mi permiso?

¡Soy tu madre!

Nunca nos escribiste, nunca nos dijiste dónde estabas… ¡y ahora regresas trayendo a esta mujer coronada como si fuera dueña de nuestro palacio!

Victoria dio un paso adelante.

Su corona relució con altivez bajo las luces del salón y sus ojos verdes se clavaron, primero en Selene, luego en la Valide.

—Tal vez no me conozcan aún… pero pronto aprenderán a respetarme.

El aire se volvió denso, cargado de tensiónSelene, en sus pensamientos, sentía un extraño conflicto.

No podía reconocer del todo al príncipe Mehmet; en esta realidad, era su hermano, pero todo se sentía diferente, como si vinieran de otro mundo.

No podía mostrar duda ni confusión frente a todos.

Respiró hondo y, con voz serena, dijo a su madre: —Calma, madre… déjalos.

Sí, mi hermano está casado ahora, y es porque se unió a una mujer de bien.

Miró directamente a Victoria, que mantenía la cabeza erguida y los ojos verdes brillando con orgullo.

—¿No es así, Victoria?

—preguntó Selene con suavidad, pero firmeza.

Victoria sonrió con altivez y respondió con convicción: —Así es.

Ahora soy la esposa de un príncipe… y algún día, sultana..El salón quedó en un silencio tenso; todos contenían la respiración, midiendo cada palabra y gesto, mientras Selene observaba cuidadosamente cada reacción, sin revelar la confusión que la consumía por dentro.Selene fijó su mirada en Victoria, sonriendo con frialdad: —No, mientras mi hermano esté vivo, no serás sultana.

Solo eres una esposa más, de tantas que puede tener un príncipe.

Victoria la miró en silencio, sin pronunciar palabra.

Su rostro reflejaba sorpresa y desconcierto; no sabía cómo responder ante la autoridad implícita en la voz de Selene.

Mehmet permaneció callado, observando la escena con interés.

Luego, sus ojos verdes se posaron en Leila, que estaba al lado del Sultán.

Con un gesto pensativo y una sonrisa apenas perceptible, dijo: —Esa muchacha… tan bella… ¿quién es?

El Sultán frunció el ceño y respondió con voz firme: —Esta es Leila, mi esposa… la que engendrará mi hijo, por si no lo sabías, Mehmet.El príncipe se permitió una sonrisa cargada de ironía y un leve dejo de arrogancia: —Qué lástima, hermano… una muchacha tan bella.

Quizás podría haber sido mía… pero ahora, es tuya.

Un silencio incómodo invadió el salón.

Mahidevrán apretó los labios, Selene entrecerró los ojos, y Victoria, aunque sorprendida, enderezó la espalda, decidida a no mostrar debilidad ante la audacia de Mehmet.Victoria respiró hondo y, con voz firme, se adelantó un paso, su corona brillando bajo las luces del salón.

—Puede que sea tu hermano, Sultán —dijo, mirando al Sultán con respeto—, pero yo no soy una simple esposa cualquiera.

Soy Victoria, esposa del príncipe Mehmet, y algún día, cuando sea mi turno, seré sultana.

Selene ladeó la cabeza, evaluándola con cautela.

En su mente sabía que la mujer frente a ella tenía un ego fuerte y no se dejaría intimidar, pero también comprendía que ahora era su deber proteger la paz del palacio.

Fingiendo serenidad, Selene respondió suavemente: —Como dije antes, mientras mi hermano esté vivo, nadie aquí puede arrebatarle su lugar.

Pero respeto tu posición como esposa… por ahora.

Mehmet, divertido por la tensión que se respiraba, se recostó ligeramente, cruzando los brazos, y dijo con un dejo burlón:—Veo que la corte se ha vuelto más interesante desde que llegué.

Esto será mucho más divertido de lo que imaginaba.

Victoria no apartó la mirada.

Sus ojos verdes brillaban con determinación, y aunque el desafío de Selene y la ironía de Mehmet intentaban desequilibrarla, su orgullo no flaqueaba.

El salón entero parecía contener la respiración, anticipando la chispa que podría encender la guerra de voluntades entre estas tres fuerzas poderosas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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