EL DESPERTAR DEL DRAGÓN EL INICIO DEL LEGAGO - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 La Prueba del Aire
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22: La Prueba del Aire 22: La Prueba del Aire Capítulo 24: La Prueba del Aire Al amanecer, el grupo se dirigió a las cumbres de las montañas blancas que rodeaban el Valle de los Primeros Nacidos.
El camino era escarpado y empinado, y el aire se hacía más delgado a medida que ascendían.
Rian caminaba al frente, con una expresión seria pero determinada.
“La prueba del Aire requiere que alcances la cima más alta, donde el viento es más fuerte”, explicó Aria, que los acompañaba junto a otros dos Guardianes del Origen con alas de dragón.
“Allí encontrarás un pedestal de piedra con una brújula de viento —tu tarea es hacer que apunte hacia todos los rincones de Long Quốc al mismo tiempo, demostrando que puedes mantener la claridad mental para ver el panorama completo del reino”.
Cuando finalmente alcanzaron la cima, Rian se quedó sin aliento —no solo por el esfuerzo del ascenso, sino por la vista.
Desde allí, se podía ver todo el Valle de los Primeros Nacidos, el Lago Cristalino a lo lejos, el Bosque de los Susurros como un mar de verde oscuro y la Ciudad de las Estrellas brillando como un diamante en las tierras altas.
El viento soplaba con fuerza, haciendo que sus ropas se agitaran y que fuera difícil mantenerse en pie.
En el centro de la cima, había un pedestal de piedra gris con una brújula de metal dorado en su centro.
Sus agujas giraban sin cesar, empujadas por el viento.
Rian se acercó y colocó sus manos sobre la brújula, cerrando los ojos.
Comenzó a respirar profundamente, permitiendo que el viento lo envolviera.
Recordó sus días como mercenario, cómo el caos le había hecho perder la dirección, cómo había tomado caminos equivocados por no ver el panorama completo.
Luego recordó el día en que había conocido a Eira y su grupo, cómo su forma de ver el mundo le había abierto los ojos.
Mientras respiraba, comenzó a sentir los vientos de todo Long Quốc: el viento cálido del Desierto de las Sombras que llevaba el aroma de la arena y las hierbas silvestres, el viento fresco del Bosque de los Susurros que susurraba historias de los árboles, el viento suave del Lago Cristalino que llevaba la canción de las Naiades, el viento fuerte de la Ciudad de las Estrellas que protegía los secretos del templo.
Rian abrió los ojos y concentró toda su energía en la brújula.
En lugar de intentar detener las agujas, las guió con su mente y su conexión con el aire, haciendo que giraran en diferentes direcciones al mismo tiempo —cada aguja apuntando hacia un rincón diferente del reino, pero todas trabajando en armonía.
El metal de la brújula comenzó a brillar con una luz plateada, y el viento alrededor de la cima se calmó por un instante, como si el propio aire estuviera admirando lo que había logrado.
Aria se acercó con una sonrisa amplia.
“Has pasado la prueba del Aire”, dijo.
“Has entendido que la claridad mental no significa tener un solo camino —significa poder ver todos los caminos y elegir el que mejor sirva al reino”.
Le entregó un colgante de metal plateado con forma de ala de pájaro —el símbolo de la fuerza del Aire.
Mientras descendían de la cima, el grupo encontró a un joven Guardian del Origen llamado Kael —no el comandante de Naga, sino un descendiente de los Primeros Nacidos— que parecía preocupado.
“He sentido una perturbación en la magia del valle”, dijo con voz temblorosa.
“Algo está moviéndose en las cavernas del norte, algo que no debería estar allí”.
Aria se tensó.
“Las cavernas del norte son el hogar de la prueba del Fuego.
Si hay una perturbación allí, significa que algo está intentando interrumpir la renovación de la magia”.
Lyra se adelantó.
“Yo me ofrezco para la prueba del Fuego”, dijo.
“Soy descendiente de los dragones, los guardianes del fuego.
Sé que puedo enfrentarme a cualquier cosa que esté en esas cavernas”.
Aria asintió con preocupación, pero también con confianza.
“La prueba del Fuego evaluará tu valentía y tu determinación”, dijo.
“Pero ahora parece que también tendrás que demostrar tu capacidad para proteger el valle de cualquier amenaza que se acerque.
Nos prepararemos para partir al día siguiente”.
Esa noche, los Guardianes del Origen se reunieron en consejo.
Aria explicó que las cavernas del norte habían sido selladas siglos atrás para contener una fuerza de la oscuridad que los Primeros Nacidos no habían podido destruir, solo encerrar.
“Si el sello se ha roto, significa que alguien o algo está intentando usar esa fuerza para impedir la renovación de la magia”, dijo.
El grupo pasó la noche preparándose: Kasel afiló su espada y revisó su armadura, Eira preparó pociones de curación con hierbas del valle, Finn estudiaba los mapas de las cavernas y Bren se aseguró de que todos tuvieran provisiones suficientes para el viaje.
Rian se quedó vigilando la entrada del valle, usando su conexión con el aire para detectar cualquier movimiento extraño.
Mientras el sol se ponía sobre las montañas, pintando el cielo de tonos rojos y naranjas, Lyra se quedó sola en el altar central, mirando la piedra runica que brillaba con una luz suave.
Sabía que la prueba del Fuego sería la más difícil de todas, pero también sabía que su linaje de dragones le daba la fuerza necesaria para enfrentarla.
Mientras las llamas del atardecer se reflejaban en sus ojos de color ámbar, Lyra preparaba su corazón y su mente para lo que vendría.
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