EL DESPERTAR DEL DRAGÓN EL INICIO DEL LEGAGO - Capítulo 42
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42: El Reino Subterráneo 42: El Reino Subterráneo Capítulo 44: El Reino Subterráneo La expedición descendió por uno de los pasadizos que se habían abierto cerca del Bosque de los Susurros.
El camino era estrecho y oscuro, pero las flores que Elara había encontrado emitían una luz suave que iluminaba el camino.
A medida que descendían, notaron que la magia del aire era diferente —más densa, más conectada con la tierra misma.
Después de horas de caminata, llegaron a un vasto cañón subterráneo donde ríos de lava cristalizada brillaban con luz de colores.
En el centro, una ciudad de piedra tallada se alzaba como un tesoro escondido, con torres que llegaban hasta el techo de la cueva, donde cristales gigantes capturaban la luz de la superficie.
Pero algo estaba mal.
Las calles de la ciudad estaban vacías, y en las paredes aparecían las mismas marcas espirales que habían visto durante la llegada del Vacío.
Gaia se detuvo, con la mano sobre su corazón: “Siento la contaminación.
La Cora está en el templo central —tenemos que llegar allí antes de que sea demasiado tarde”.
Al acercarse al templo, encontraron a los restos de otros Hijos de la Tierra Profunda, convertidos en sombras que vagaban sin rumbo.
Bren se adelantó, extendiendo sus manos hacia la tierra: “La fuerza de la tierra puede purificar lo contaminado”.
Su colgante brilló con luz verde, y una ola de energía se extendió por la plaza, haciendo que las sombras se detuvieran un instante.
“Ellos no son enemigos”, dijo Elara, acercándose a una de las sombras.
“Son nuestros hermanos, atrapados por la oscuridad”.
Con la ayuda de Gaia, comenzó a cantar una canción ancestral que los Hijos de la Tierra Profunda usaban para comunicarse con la tierra.
La melodía resonó por el cañón, y poco a poco, las sombras comenzaron a recuperar su forma de piedra y cristal.
Llegaron al templo central, donde una fuente de luz dorada brillaba en el centro —la Cora de Long Quốc.
Pero alrededor de ella, una sustancia negra como el hollín se extendía por las paredes, absorbiendo la magia de la fuente.
En la entrada del templo, una figura oscura se alzaba con una sonrisa malévola.
“Soy Nexus, el elegido del Vacío”, dijo la figura, quitándose su capa para revelar un rostro que parecía estar hecho de sombras y estrellas.
“Mientras la Cora sea contaminada, el Vacío finalmente consumirá todo lo creado.
Y esta vez, no habrá memoria que lo detenga”.
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