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EL DESPERTAR DEL DRAGÓN EL INICIO DEL LEGAGO - Capítulo 51

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  3. Capítulo 51 - 51 La Escuela de las Fuerzas Unidas
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51: La Escuela de las Fuerzas Unidas 51: La Escuela de las Fuerzas Unidas Capítulo 54: La Escuela de las Fuerzas Unidas Un año después de que el Rencor del Pasado fuera purificado, la academia de magia de Long Quốc había crecido hasta convertirse en la Escuela de las Fuerzas Unidas —un lugar donde jóvenes de todos los reinos venían a aprender no solo sobre las fuerzas elementales, sino también sobre el valor de la unión, el respeto y la compasión.

El edificio principal se alzaba en la ladera de la Montaña del Amanecer, con ventanas de cristal que reflejaban los colores del valle y jardines donde plantas de todas las regiones crecían en armonía.

En su entrada principal, una inscripción tallada en piedra recordaba el lema de la escuela: “La fuerza está en la diversidad, la paz en la unión”.

Elara —ahora una mujer madura con el pelo plateado como las nubes al amanecer, y directora de la institución— recorrió los pasillos por la mañana antes del inicio de las clases.

En cada aula, veía a estudiantes de diferentes orígenes trabajando juntos: jóvenes del Reino del Cielo practicaban control del aire junto a aldeanos de la superficie; seres del Reino Submarino enseñaban a leer las corrientes del agua a estudiantes del Desierto de las Sombras; y los Hijos de la Tierra Profunda compartían sus conocimientos sobre las plantas con quienes venían de las montañas heladas de Frosthold.

Entre los nuevos estudiantes destacaba un grupo de cuatro jóvenes que habían sido ayudados por el consejo de guardianes en diferentes momentos: – Luna: Una niña de catorce años del Lago Cristalino, con ojos de color azul profundo y la capacidad de hablar con las aguas y ver lo que guardan en sus profundidades.

Había sido encontrada hace dos años, atrapada en una burbuja de tristeza después de que la oscuridad consumiera su aldea natal.

– Sol: Un chico de quince años del Desierto de las Sombras, de piel tostada y ojos brillantes como el fuego.

Podía controlar el fuego sagrado y tenía la habilidad de ver la luz incluso en los lugares más oscuros.

Había crecido solo, creyendo que su magia era una maldición hasta que Bren lo encontró y lo llevó a la academia.

– Viento: Un joven nómada de dieciséis años, alto y delgado, con el pelo que parecía moverse incluso cuando no había aire.

Podía sentir las corrientes de aire y usar la claridad mental para guiar sus pasos y los de los demás.

Había llegado al reino huyendo de una tribu que creía que su don era una amenaza.

– Tierra: Una joven de trece años de la aldea de Arden, con manos fuertes y ojos de color verde oscuro.

Tenía el poder de hacer que las plantas crecieran incluso en los lugares más áridos, y podía sentir las emociones de la naturaleza que la rodeaba.

Había sido descubierta cuando hizo florecer un campo de trigo en medio de una sequía.

Ese día marcaba el inicio del nuevo año escolar, y toda la escuela se reunió en la gran sala de actos.

Elara subió al estrado y miró a la multitud de rostros jóvenes que la miraban con esperanza: “Ustedes han venido aquí de diferentes rincones, con historias diferentes y dones únicos.

Algunos de ustedes han conocido la oscuridad, otros solo la luz.

Pero aquí aprenderán que ambos son parte del mismo equilibrio —que no hay fuerza sin debilidad, no hay luz sin sombra, no hay vida sin muerte”.

Ella extendió su mano hacia el jardín que se veía desde las ventanas: “Cada planta en ese jardín necesita tierra, agua, sol y aire para crecer.

Si falta alguna de estas fuerzas, no podrá desarrollarse completamente.

Así es también con nosotros —cada uno aporta algo esencial al todo que formamos”.

Mientras hablaba, sintió una vibración en el suelo.

Al principio fue suave, pero poco a poco se hizo más fuerte.

Las ventanas comenzaron a temblar, y en el aire se sintió un olor a humo y soledad.

Desde las profundidades del jardín central, una niebla oscura comenzó a ascender, cubriendo las plantas y haciendo que su brillo se desvaneciera.

“¡Qué está pasando!”, gritó una estudiante, mientras las luces de la sala comenzaron a parpadear.

Elara se puso de pie con calma, aunque su mano se acercó al amuleto que llevaba en el cuello: “Es el Eco de la Soledad —una fuerza que se alimenta del aislamiento y el miedo.

Ha sentido que aquí hay muchos jóvenes que han conocido la soledad, y busca aprovecharse de ello”.

Sol se levantó de su asiento, y entre sus dedos comenzó a bailar una pequeña llama de fuego sagrado: “¡No permitiré que la soledad consuma lo que hemos construido!

El fuego puede calentar incluso los corazones más fríos”.

Los demás estudiantes se unieron a él.

Luna se colocó junto a Sol, y el agua que llevaba en un cuenco comenzó a brillar con luz azul: “El agua une distancias y lleva mensajes de esperanza.

No dejaremos que nadie se sienta solo”.

Viento se levantó y cerró los ojos, extendiendo sus manos hacia el techo: “El aire lleva la voz de todos los seres.

Si hablamos juntos, nadie podrá ignorarnos”.

Tierra se acercó a la puerta, y con sus manos tocó el suelo: “La tierra nos da raíces y nos une a todos los que han venido antes que nosotros.

No estamos solos —somos parte de algo más grande”.

Elara sonrió con orgullo mientras los cuatro jóvenes formaban un círculo en el centro de la sala.

Sus poderes se unieron, creando una luz que se extendió por toda la escuela y llegó hasta el jardín.

La niebla oscura comenzó a temblar, y en su interior aparecieron rostros de seres que habían sido olvidados por el tiempo —antiguos estudiantes, maestros y guardianes que habían luchado contra la soledad en su momento.

“¡Ustedes no están solos!”, gritó Tierra, y la tierra del jardín comenzó a moverse, haciendo que flores de colores brillaran a través de la niebla.

“Cada uno de ustedes forma parte de la historia de esta escuela, de Long Quốc.

Siempre tendrán un lugar aquí”.

Uno por uno, los seres oscuros comenzaron a tomar forma, sus ojos llenos de lágrimas de alivio.

“Gracias”, susurró una de ellas —una mujer que había sido maestra en la escuela hace muchos años.

“Pensé que había sido olvidada, que mi labor no había importado.

Pero ahora veo que todo lo que hice ayudó a construir lo que tenemos hoy”.

La niebla desapareció completamente, y el sol brilló con más intensidad que nunca sobre la escuela.

Los seres que habían sido liberados del Eco de la Soledad decidieron quedarse en la institución —algunos como maestros, otros como guardianes, todos dispuestos a ayudar a los jóvenes a encontrar su camino y nunca más sentir soledad.

Esa tarde, la escuela celebró una comida en el jardín, donde antiguos y nuevos estudiantes compartieron historias y risas.

Luna se acercó a Elara con los ojos brillantes: “Maestra, ahora entiendo lo que querías decirnos.

No necesitamos tener miedo de nuestras diferencias —eso es lo que nos hace fuertes”.

Elara abrazó a la niña, mirando hacia el horizonte donde las montañas se alzaban como guardianes eternos: “Exactamente, Luna.

Y esta escuela será siempre un lugar donde todos puedan encontrar su hogar, su familia y su propósito”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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