EL DESPERTAR DEL DRAGÓN EL INICIO DEL LEGAGO - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 El Lago Cristalino
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8: El Lago Cristalino 8: El Lago Cristalino Capítulo 9: El Lago Cristalino Mientras Kasel y su grupo trabajaba en la purificación del Bosque de los Susurros, Eira, Lira, el hada y Mara —que se había unido a ellos después del Río de las Lágrimas— se dirigían hacia el Lago Cristalino, al este de la montaña.
El camino hasta allí atravesaba valles cubiertos de flores silvestres y praderas donde los animales habían huido por la corrupción.
“Antes la vida aquí era abundante”, dijo Mara, mirando el suelo con tristeza.
“La magia del lago alimentaba todo este territorio, pero desde que la oscuridad llegó, las aguas se han vuelto turbias y los seres que habitan en ellas están atrapados”.
Al llegar al lago, encontraron un espectáculo preocupante: sus aguas, que deberían ser transparentes como cristal, estaban oscuras y viscosas.
En la orilla, estructuras de piedra tallada —construidas por los antepasados del gnomo— estaban desmoronándose, y los símbolos de protección que las cubrían estaban borrados por la corrupción.
El hada revoloteó sobre las aguas y regresó rápidamente.
“La corrupción viene del fondo del lago —hay algo allí que la está alimentando.
Además, siento la presencia de los Guardianes de la Oscuridad, están esperándonos”.
Eira se acercó a la orilla y tocó el agua con la mano.
El amuleto de su abuela brilló, y ella vio una visión: el lago en su esplendor original, con seres acuáticos llamados los “Naiades” que cuidaban sus profundidades.
También vio cómo un miembro de los Guardianes de la Oscuridad había lanzado un objeto maldito al fondo, contaminando toda la fuente de magia.
“Tenemos que bajar al fondo”, dijo Eira, mirando a sus compañeras.
“La única forma de purificar el lago es recuperar ese objeto y destruirlo”.
Lira sacó un par de jarros mágicos que su abuela le había dado.
“Estos nos permitirán respirar bajo el agua y protegernos de la corrupción.
Pero debemos ser rápidos —el poder del objeto es fuerte”.
Mientras se preparaban para sumergirse, una figura apareció en la orilla opuesta: Kael, el comandante de Naga, acompañado por varios Guardianes de la Oscuridad.
“Creí que encontraríamos aquí a la Elegida”, dijo con voz fría.
“El Lago Cristalino será tu tumba”.
Lira se colocó en posición defensiva.
“Yo me quedo aquí para detenerlos.
Eira, ve —tú eres la única que puede purificar el agua desde dentro”.
Mara se unió a Lira.
“Yo también me quedo.
Juntas podremos mantenerlos alejados el tiempo suficiente”.
Eira y el hada se sumergieron en el lago.
A medida que descendían, la oscuridad aumentaba, pero el amuleto iluminaba el camino.
Al llegar al fondo, encontraron una cueva oculta donde brillaba un objeto negro con destellos rojos: la “Piedra de la Corrupción”.
Alrededor de ella, los restos de las Naiades flotaban en un torbellino de energía oscura.
Eira cerró los ojos y comenzó a cantar una melodía que su abuela le había enseñado —una canción de curación que resonaba con la magia del amuleto.
La luz dorada de su poder envolvió la piedra, y la corrupción comenzó a disiparse poco a poco.
Mientras tanto, en la superficie, Lira y Mara luchaban contra Kael y sus hombres.
Lira disparaba flechas con precisión, mientras Mara usaba su conocimiento de las hierbas para crear nieblas que confundían a los enemigos.
Kael era fuerte, pero las dos mujeres trabajaban en perfecta coordinación, logrando mantenerlo a raya.
Cuando Eira logró extraer la Piedra de la Corrupción del fondo, el lago comenzó a brillar con una luz azul clara.
Las aguas se volvieron transparentes nuevamente, y las Naiades despertaron, rodeando a Eira para agradecerla.
Con la ayuda del hada, destruyeron la piedra en un estallido de luz pura.
En la superficie, la corrupción que daba fuerza a los Guardianes de la Oscuridad desapareció.
Kael, viendo que había perdido la ventaja, retrocedió.
“Esta batalla no ha terminado”, dijo antes de desaparecer entre los árboles.
Las Naiades aparecieron en la orilla y entregaron a Eira un cetro de cristal.
“Este cetro te permitirá controlar y purificar el agua en cualquier parte de Long Quốc”, explicó su líder.
“También te ayudará a comunicarte con los demás puntos de poder cuando llegue el momento de unir todas las fuerzas”.
Mientras el grupo descansaba en la orilla, el lago reflejaba el cielo de un azul brillante.
Eira miró hacia la distancia, donde se alzaba la silueta de la Ciudad de las Estrellas.
“Es hora de prepararnos para el próximo paso”, dijo.
“Mientras tanto, debemos enviar un mensaje a Kasel y a nuestros otros amigos —los Guardianes de la Oscuridad no descansarán, y pronto tendremos que unirnos todos”.
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