El Despertar del Estratega - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 La Ciudad de los Magos y la Puerta Trasera
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16: Capítulo 16: La Ciudad de los Magos y la Puerta Trasera 16: Capítulo 16: La Ciudad de los Magos y la Puerta Trasera [Ubicación: Arcanópolis – Puerta Sur][5 días después de salir del desierto] La caravana se detuvo.
Frente a Leo, Arcanópolis se alzaba como un desafío a la gravedad.
No era una ciudad amurallada normal.
Era un complejo de torres de piedra blanca y mármol que se elevaban en espiral hacia el cielo.
En el centro, la Torre del Archimago flotaba literalmente sobre el suelo, sostenida por cadenas masivas de hierro y glifos mágicos de color púrpura que zumbaban con energía.
Leo, sentado en el pescante del carromato, analizó la infraestructura.
—Barrera de Maná activa sobre la ciudad —murmuró, sintiendo la presión estática en su piel—.
Nivel de seguridad: Alto.
Escáneres de identidad en la puerta.
El mercader de la caravana, un hombre llamado Borin, se inclinó hacia Leo.
—Señor Leo…
estamos en la entrada.
Los guardias pedirán identificación.
Si ven sus…
eh…
“trofeos” (señaló los sacos con partes de escorpión), le pedirán una Licencia de Cazador de Gremio.
Si no la tiene, confiscarán el 90% como “impuesto de seguridad”.
Leo asintió.
—Impuestos abusivos.
Típico de una oligarquía mágica.
No tengo licencia, Borin.
¿Dónde puedo vender esto sin pasar por la aduana oficial?
Borin bajó la voz, mirando a los lados.
—Hay…
un lugar.
El Distrito de la Ceniza.
Es la zona baja, cerca de los desagües de alquimia.
Busque una tienda llamada “El Crisol Roto”.
Pregunte por Garek.
Pero tenga cuidado, señor.
Garek es una víbora.
Leo sonrió.
—Las víboras se comen.
Gracias, Borin.
Leo saltó del carro antes de llegar al control de guardia.
Usando su capa de camuflaje y su Agilidad 60, se mezcló con un grupo de peregrinos pobres que entraban por una puerta lateral menor, ocultando su aura mágica.
El Distrito de la Ceniza Arcanópolis era hermosa arriba, pero podrida abajo.
El Distrito de la Ceniza era un laberinto de callejones estrechos cubiertos de smog verde: los residuos tóxicos de los experimentos de los magos de las torres altas caían aquí.
Leo caminaba con su saco al hombro.
Su Inteligencia 90 analizaba cada sombra.
«Tres carteristas detectados a las seis en punto.
Nivel 2.
Amenaza nula.
Un observador en el tejado.
Nivel 5.
Asesino del gremio local.
Me está siguiendo.» Leo giró en una esquina ciega.
El asesino saltó tras él, daga en mano, esperando sorprender a un turista perdido.
Se encontró con el vacío.
—¿Buscas algo?
—dijo una voz detrás de él.
El asesino giró, pero una mano invisible (Mano de Mago) ya le había agarrado la garganta, levantándolo medio metro del suelo contra la pared de ladrillo.
Leo apareció, con su cara oculta bajo la capucha.
—La tienda de Garek.
¿Dónde está?
—preguntó Leo, apretando ligeramente la garra telequinética.
El asesino, pataleando y poniéndose azul, señaló hacia un edificio de piedra negra con una puerta de hierro reforzado al final de la calle.
—Gracias.
Duerme.
Leo aplicó presión en la arteria carótida.
El asesino se desmayó en dos segundos.
Leo lo dejó caer y caminó hacia el edificio negro.
El Crisol Roto La entrada no tenía letrero, solo un símbolo alquímico de “Plomo” grabado en la puerta.
Leo llamó: tres golpes rápidos, uno lento.
Una ventanilla se abrió.
Unos ojos amarillentos lo miraron.
—Contraseña.
—No tengo contraseña —dijo Leo con calma—.
Tengo mercancía de Rango 2.
Jade del Desierto.
Hubo un silencio.
Los ojos se abrieron más.
La mercancía de Rango 2 era extremadamente rara.
—Espera.
Se escucharon cerrojos pesados moviéndose.
La puerta se abrió.
El interior olía a incienso y metal oxidado.
Era una casa de empeño glorificada, llena de estantes con objetos malditos, armas ilegales y frascos con órganos extraños.
Al fondo, sentado detrás de un mostrador protegido por un cristal mágico, estaba Garek.
Era un hombre pálido, con implantes mecánicos en un ojo y en el brazo derecho.
—Jade del Desierto…
—dijo Garek, su voz sonando metálica—.
Muéstralo.
Si me haces perder el tiempo con basura de lagarto, mis golems te sacarán la basura a ti.
Garek chasqueó los dedos mecánicos.
De las sombras salieron dos Golems de Carne (Rango 1 Alto).
Bestias hechas de partes de cadáveres cosidas y animadas con magia negra.
Leo no se inmutó.
Puso el saco en el mostrador.
Abrió la boca del saco y sacó una sola pieza: El Aguijón del Escorpión Emperador.
El aguijón, de un metro de largo, brillaba con un verde tóxico y palpitante.
La magia residual en él hizo que los detectores de Garek pitaran como locos.
Garek se levantó de golpe.
Su ojo mecánico hizo zoom.
—Por los dioses oscuros…
—susurró—.
Es auténtico.
Y fresco.
El núcleo de veneno está intacto.
Garek miró a Leo.
Ya no veía a un vagabundo.
Veía una mina de oro.
Y, como todo criminal codicioso, comenzó a calcular no cuánto pagar, sino cómo no pagar.
—Es…
aceptable —dijo Garek, recuperando la compostura—.
Pero el mercado está saturado.
Te daré 50 monedas de oro por todo el saco.
El precio real de mercado era de al menos 2,000 monedas.
Leo suspiró.
—Borin tenía razón.
Eres una víbora.
—¿Disculpa?
—Garek sonrió, y su mano se movió hacia un botón de alarma bajo el mostrador—.
¿Estás rechazando mi generosa oferta en mi propio territorio?
—No estoy rechazando la oferta —dijo Leo, y sus ojos azules brillaron—.
Estoy rechazando tu supervivencia.
El aire en la tienda cambió.
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