El Despertar del Estratega - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 La Máscara de la Mediocridad y el Nido de Víboras
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24: Capítulo 24: La Máscara de la Mediocridad y el Nido de Víboras 24: Capítulo 24: La Máscara de la Mediocridad y el Nido de Víboras [Ubicación: Puertas de la Academia de Alta Magia de Arcanópolis] La Academia era un monumento a la arrogancia.
Muros de mármol blanco de diez metros de altura, puertas de hierro forjado con encantamientos de repulsión y dos estatuas de golems de guardián que escaneaban el alma de quien entraba.
Leo, bajo su identidad de “Aries”, estaba en la fila de aspirantes externos.
A su alrededor había hijos de comerciantes ricos, mercenarios veteranos buscando un retiro cómodo y algunos nobles menores que habían fallado el examen principal.
Todos estaban nerviosos.
Leo estaba tranquilo, pero su mente trabajaba a mil revoluciones.
—Calibración de Aura —ordenó mentalmente.
[Alma del Estratega: Supresión de Maná Activa.] Su núcleo real era un horno nuclear de Rango 2 (Inteligencia 100, Maná 1200).
Si entraba así, las alarmas de la ciudad sonarían, marcándolo como una amenaza de nivel estratégico o un monstruo disfrazado.
Leo visualizó capas de plomo mental envolviendo su núcleo.
Comprimió su aura.
Ocultó su vitalidad monstruosa de 95, simulando la respiración superficial y la postura ligeramente encorvada de un mago estudioso que no hace ejercicio.
—Nivel de Salida Simulado: Rango 1 (Alto).
—Atributo Visible: Inteligencia ~28.
Maná ~200.
Era un nivel respetable.
Lo suficientemente fuerte para ser aceptado sin preguntas, lo suficientemente débil para ser ignorado por los verdaderos monstruos de la Torre.
Llegó su turno en la mesa de registro.
Un escriba con cara de pocos amigos lo miró.
—Nombre y afiliación.
—Aries.
Aventurero Rango C.
Especialidad: Magia Cinética y Fuego.
—La tarifa de examen es de 100 monedas de oro.
No reembolsable si fallas o mueres durante la prueba.
Leo dejó caer una bolsa con las monedas.
El escriba las pesó y asintió, entregándole una ficha de madera con el número 404.
—Arena de Pruebas 3.
No hagas esperar al Instructor.
El Examen de la Mediocridad La Arena 3 era un foso de arena rodeado de gradas donde algunos estudiantes de la Academia (los “internos”, nobles de túnica azul) miraban y se burlaban de los aspirantes externos (túnicas grises o armaduras).
El instructor era una mujer alta, con una túnica roja de Mago de Batalla y una cicatriz que le cruzaba la mejilla.
Instructora Kael.
—Número 404.
Al centro —ladró Kael.
Leo caminó hacia el círculo de invocación.
—Tienes un minuto —dijo Kael, señalando un maniquí de entrenamiento hecho de madera reforzada con hierro—.
Destrúyelo.
Me importa un bledo tu estilo.
Solo quiero ver potencia y control.
Si tardas más de un minuto, lárgate.
Leo asintió.
«Análisis del Objetivo: Maniquí blindado.
Resistencia estimada: Rango 1 Medio.
Un hechizo de Rango 2 lo vaporizaría.
Un hechizo de Rango 1 Bajo solo lo arañaría.» Leo levantó la mano.
Tenía que vender la actuación.
—[Cántico Falso]: “Oh, llamas que duermen en el éter, despertad y golpead…” (Leo no necesitaba cantar, su INT 100 le permitía lanzamiento instantáneo, pero un Mago de Rango 1 necesitaba cantar para concentrarse.
Era parte del disfraz).
Mientras recitaba las palabras vacías, Leo formó una Descarga Térmica, pero la diluyó.
Mezcló el fuego con una gran cantidad de aire innecesario para que pareciera más grande y ruidosa, pero menos densa.
—¡[Lanza de Fuego]!
Disparó el proyectil.
¡BOOM!
El fuego golpeó el maniquí.
Hubo humo, ruido y un destello visual impresionante.
Cuando el humo se disipó, el pecho del maniquí estaba destrozado, la madera quemada y el hierro al rojo vivo.
El muñeco se tambaleó y cayó.
Tiempo: 8 segundos.
En las gradas, algunos estudiantes nobles dejaron de reírse.
—Nada mal para un plebeyo —murmuró uno.
La Instructora Kael anotó en su tabla.
No estaba impresionada, pero estaba satisfecha.
—Potencia: B+.
Velocidad de Cántico: A-.
Control: B.
—Kael miró a Leo—.
Eres un Rango 1 Alto sólido.
¿Dónde aprendiste?
—Autoestudio en la frontera, señora —respondió Leo con humildad—.
Y manuales de segunda mano.
—Se nota.
Tu técnica es bruta, desperdicias maná en el destello visual.
Pero el resultado es efectivo.
—Kael selló su papel—.
Aprobado.
Pasarás al Pabellón de Estudiantes Externos.
Tu acceso a la biblioteca es limitado al Nivel 1 y 2.
Tienes prohibido el acceso a los Laboratorios Superiores y a la Torre del Archimago.
—Entendido.
Leo sonrió por dentro.
«Perfecto.
Me han puesto exactamente donde quería: en la base de la pirámide, donde nadie mira a las hormigas.» El Compañero de Cuarto y la Primera Pista A los estudiantes externos se les asignaban barracones compartidos en el borde del campus.
Era una forma sutil de recordarles que, aunque pagaban, no eran iguales a la nobleza.
Leo entró en su habitación asignada: Habitación 10-B.
Había dos camas.
Una estaba vacía.
En la otra, un joven delgado con gafas gruesas y una túnica llena de manchas de tinta estaba frenéticamente escribiendo en un pergamino.
El chico levantó la vista, asustado.
—¡Ah!
¡No me pegues!
—gritó el chico, cubriéndose la cara—.
¡Ya le pagué la cuota de protección a los de Tercer Año!
Leo se detuvo, con su saco al hombro.
—Tranquilo.
Soy Aries.
Tu nuevo compañero.
Y no cobro protección.
El chico bajó las manos, ajustándose las gafas.
—Oh.
Gracias a los dioses.
Soy Elian.
Estudiante de Alquimia Teórica.
Bueno…
externo.
Leo sintió una punzada de interés.
«Alquimia.» Leo dejó sus cosas en la cama vacía.
—¿Alquimia?
Pensé que eso era solo para los nobles de la Torre.
Elian se rió con amargura.
—Los nobles hacen la “Gran Obra”.
Nosotros, los externos, hacemos el trabajo sucio.
Lavar matraces, triturar hierbas venenosas, limpiar los desechos de las quimeras…
Leo se congeló.
Se giró lentamente hacia Elian.
—¿Desechos de quimeras?
—preguntó Leo, fingiendo curiosidad casual—.
Pensé que la creación de quimeras estaba prohibida por el Edicto Real.
Elian se puso pálido y bajó la voz, mirando a la puerta.
—Shhh.
No digas esa palabra alto.
Oficialmente, no existen.
Pero…
—Elian dudó, pero la necesidad de desahogarse pudo más—.
Mira, yo trabajo en el Disposal Unit (Unidad de Eliminación).
Cada martes y jueves, bajan contenedores sellados del Laboratorio 4.
Huelen a muerte.
Nos hacen tirarlos al sistema de alcantarillado norte.
—¿El Laboratorio 4?
—Leo memorizó el dato—.
¿Dónde está eso?
—En el subsuelo del Edificio de Ciencias.
Pero no puedes acercarte.
Tiene guardias de Rango 2 y puertas con escáner de retina.
Solo los Magister como Valerius (que los dioses tengan en su gloria, dicen que desapareció) tenían acceso.
Leo sonrió internamente.
Tenía el anillo de Valerius.
Tenía su retina (o podía simular su firma de maná).
—Interesante —dijo Leo, recostándose en su cama—.
Suena a trabajo duro, Elian.
Deberías descansar.
—No puedo —gimió Elian—.
Tengo que transcribir estos informes de inventario para mañana o el Profesor Kaelen me expulsará.
Me faltan tres cajas de “Suministros Biológicos” que llegaron de la frontera y no cuadran los números.
Leo cerró los ojos.
Suministros biológicos de la frontera.
Laboratorio 4.
Profesor Kaelen (el nombre estaba en el diario de Valerius).
Había estado en la Academia menos de tres horas y ya tenía el mapa de la conspiración.
Su compañero de cuarto era, sin saberlo, su mejor informante.
—Déjame ver eso —dijo Leo, sentándose—.
Soy bueno con los números.
Quizás pueda ayudarte a terminar rápido.
Elian lo miró como si fuera un ángel.
—¿Lo harías?
Leo tomó los pergaminos.
No lo hacía por caridad.
Lo hacía porque esos pergaminos contenían la lista de víctimas.
Mientras sus ojos (INT 100) escaneaban las listas de “suministros”, Leo cruzó referencias con los nombres de los desaparecidos de Elmsworth.
Lote 204: Varones, edad 10-12.
Origen: Frontera Este.
Estado: Entregado.
Leo apretó el pergamino con fuerza, casi rompiéndolo, pero su cara permaneció impasible.
—Aquí está el error, Elian —dijo Leo, señalando una columna—.
Te faltó llevar el uno.
La infiltración había sido un éxito total.
El lobo estaba dentro del redil, disfrazado de oveja, y estaba a punto de descubrir dónde guardaban el matadero.
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