El Despertar del Estratega - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 Capítulo 25 Especial El Camuflaje de la Oveja y la Geometría del Aburrimiento
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25: Capítulo 25 (Especial): El Camuflaje de la Oveja y la Geometría del Aburrimiento 25: Capítulo 25 (Especial): El Camuflaje de la Oveja y la Geometría del Aburrimiento [Ubicación: Academia de Alta Magia – Pabellón de Externos (Barracón 10)] El sol aún no había salido sobre las agujas de Arcanópolis, pero los ojos de Leo ya estaban abiertos.
No hubo transición entre el sueño y la vigilia.
En un segundo estaba dormido, regenerando tejido celular y reservas de Maná; al siguiente, estaba totalmente alerta, con la mirada fija en las vigas de madera oscura del techo del barracón.
Su respiración era lenta, controlada, indetectable.
A dos metros de distancia, en la otra cama, Elian roncaba suavemente, con un hilo de baba cayendo sobre su almohada.
Leo se sentó en la cama.
El colchón era de paja barata, lleno de bultos.
Para un estudiante normal, sería una tortura.
Para Leo, que había dormido sobre la arena vitrificada de las Tierras Baldías con costillas rotas, era un lujo decadente.
Sin embargo, había un problema.
Su cuerpo vibraba.
No era un temblor visible.
Era una frecuencia interna, un zumbido bajo la piel.
Su Núcleo de Jade, asimilado del Emperador Escorpión, generaba una vitalidad monstruosa (VIT 95) que su cuerpo en reposo no sabía cómo gastar.
Y su Lado Lobo, la entidad depredadora fusionada con su alma, estaba inquieta.
«Caza.
Corre.
Mata.» susurró el instinto basal en la parte trasera de su cráneo.
—Silencio —ordenó Leo mentalmente, aplastando el impulso con su Inteligencia de 100.
Se levantó sin hacer ruido.
El suelo de madera crujía, pero Leo ajustaba su peso milimétricamente en tiempo real para pisar en los puntos de apoyo sólidos, moviéndose como un fantasma hacia el pequeño lavabo compartido.
Se miró en el espejo de metal pulido.
Lo que vio fue a un joven de unos once o doce años (su cuerpo había crecido y madurado rápido tras la evolución), de cabello negro un poco largo y ojos azules que, por un segundo, parecieron tener la pupila vertical.
Leo parpadeó, y la pupila volvió a ser redonda.
—Estado: [Aries].
Aventurero Rango D.
Estudiante Externo.
Nivel de amenaza: Bajo.
—Leo ensayó su expresión facial.
Relajó los músculos de la mandíbula.
Bajó ligeramente los hombros para parecer menos marcial.
Entornó los ojos para simular miopía o cansancio.
La máscara estaba puesta.
La Geografía de la Desigualdad A las 07:30 AM, Leo salió del barracón.
Elian seguía durmiendo (llegaría tarde, como siempre).
El campus de la Academia de Alta Magia era una ciudad dentro de la ciudad.
Y, como todo en este reino, estaba diseñado para recordar a la gente su lugar en la cadena alimenticia.
Leo caminó por el sendero de grava destinado a los “Externos”.
A su derecha, separado por un muro bajo de setos mágicos que olían a jazmín y barreras de repulsión, estaba el Campus Interior.
Allí, el suelo no era de grava, sino de mármol blanco.
No había barracones, sino residencias individuales con balcones.
Los estudiantes nobles paseaban con túnicas azules de seda, seguidos a veces por sirvientes o familiares mágicos (búhos, gatos de maná, pequeños elementales).
Leo activó su [Análisis Pasivo].
No necesitaba mirar fijamente; su visión periférica y su percepción de Maná le daban un mapa de calor del entorno.
Objetivo A: Grupo de tres estudiantes nobles.
Nivel promedio: 8.
Maná: 150.
Amenaza: Nula.
Objetivo B: Estatua del Fundador (Gólem Dormido).
Nivel estimado: 30.
Amenaza: Alta.
Objetivo C: Torre del Reloj.
Altura: 80 metros.
Punto de Francotirador Ideal.
Leo suspiró.
Estaba analizando una escuela como si fuera una zona de guerra.
Viejos hábitos.
Siguió el flujo de estudiantes de túnica gris (los plebeyos que pagaban) hacia el Edificio C: Ciencias Básicas y Teoría.
Era un bloque de hormigón y ladrillo, funcional y feo, situado a la sombra de la gran Torre de Alquimia.
—La arquitectura es psicológica —pensó Leo—.
Nos ponen a la sombra de la Torre para que siempre miremos hacia arriba, deseando lo que no podemos tener.
Clase 101: Teoría del Flujo de Maná El aula era un anfiteatro escalonado con capacidad para doscientos estudiantes.
Leo eligió un asiento en la fila media, en el extremo izquierdo.
Ni muy cerca para llamar la atención del profesor, ni muy lejos para parecer desinteresado.
El lugar perfecto para observar todas las salidas.
El profesor entró.
Era un hombre mayor, Profesor Horic, con una túnica marrón y una varita que usaba como puntero.
—Silencio —dijo Horic.
Su voz fue amplificada por un hechizo básico de viento.
La sala calló.
—Bienvenidos a “Fundamentos del Flujo”.
Soy el Profesor Horic.
Muchos de ustedes creen que porque pueden lanzar una bola de fuego, son magos.
Se equivocan.
Son baterías con fugas.
Leo asintió internamente.
«Correcto.» Horic agitó su varita y, en la pizarra negra gigante detrás de él, apareció un diagrama brillante dibujado con tiza mágica.
Era un círculo con tres líneas que lo atravesaban en forma de triángulo.
—Este es el Modelo Trinitario de Vancian —explicó Horic—.
La base de toda la magia moderna.
El Maná entra por el Núcleo (A), se canaliza por las Arterias Espirituales (B) y se expulsa mediante la Palabra de Poder (C).
La eficiencia máxima teórica de este sistema es del 60%.
El resto se pierde como calor corporal.
Los estudiantes tomaron notas frenéticamente.
Leo, sin embargo, frunció el ceño.
Su Inteligencia de 100 (Nivel Genio) miró el diagrama y vio el error en menos de un segundo.
«El ángulo de intersección entre B y C es de 60 grados.
Eso crea turbulencia en el flujo.
Si curvas la arteria espiritual en una espiral áurea (Phi), la resistencia disminuye.
La eficiencia teórica no es 60%.
Con el diseño correcto, es del 98%.» Leo sintió una picazón en los dedos.
Quería levantarse.
Quería ir a la pizarra, borrar ese diagrama obsoleto y reescribir la fórmula de la magia para mostrarles la verdad.
«Están enseñando a usar ábacos a gente que podría usar superordenadores», pensó con frustración.
—¿Alguna pregunta?
—dijo Horic, mirando a la clase con ojos cansados, esperando el silencio habitual.
Leo bajó la mirada a su mesa vacía.
No.
No podía corregirlo.
Si Leo demostraba que conocía una teoría superior a la del profesor, sucedería lo siguiente: Horic se sentiría humillado.
Leo destacaría.
La Torre investigaría de dónde sacó un plebeyo ese conocimiento.
Leo se mordió la lengua.
La mediocridad era su armadura.
—Señor…
¿tú?
El del fondo, el que no está escribiendo.
—Horic señaló a Leo—.
¿Cuál es su nombre?
—Aries, señor.
—Bien, Aries.
Ya que no tomas notas, asumo que lo sabes todo.
Dime, ¿por qué no podemos lanzar dos hechizos de elementos opuestos (Fuego y Agua) simultáneamente desde la misma mano?
La clase se giró para mirar a Leo.
Algunos se rieron por lo bajo, esperando ver al novato tartamudear.
Leo sabía la respuesta real: «Sí se puede.
Solo necesitas aislar los canales de salida con una capa de vacío telequinético para evitar la anulación térmica.
Yo lo hago todo el tiempo en mi forma de Lobo.» Pero no podía decir eso.
Leo adoptó una expresión de duda.
Se rascó la cabeza.
—Eh…
¿porque…
el choque de elementos causaría una retroalimentación en el núcleo del mago, provocando una explosión interna, señor?
—Leo dio la respuesta del libro de texto estándar, la respuesta “segura” y técnicamente incorrecta pero aceptada.
Horic asintió, satisfecho.
—Correcto.
Al menos has leído el capítulo uno.
Siéntate.
Y toma notas.
Leo se sentó.
«Sobrevivido», pensó.
Pero el sabor de fingir ignorancia era amargo.
El Ecosistema del Comedor Al mediodía, la campana sonó.
El comedor de los Externos era un edificio separado, ruidoso y con olor a col hervida.
Leo se sentó solo en una mesa de la esquina con su bandeja: estofado gris, pan duro y agua.
Comió mecánicamente.
Su cuerpo de Vitalidad 95 necesitaba calorías masivas.
Este estofado era insuficiente.
Tendría que cazar en el bosque esta noche o su masa muscular empezaría a consumirse a sí misma.
—¡Hey!
¿Está ocupado?
Leo levantó la vista.
Era Elian, su compañero de cuarto, con la bandeja temblando en sus manos.
—No.
Siéntate —dijo Leo.
Elian se dejó caer, suspirando.
—Horic es un ogro.
Me quitó puntos por escribir con pluma de baja calidad.
Dice que “mancha la pureza del conocimiento”.
¿Puedes creerlo?
Leo miró a Elian.
El chico era débil, nervioso y hablaba demasiado.
Pero era útil.
—Los profesores son así —dijo Leo, rompiendo su pan—.
¿Terminaste el inventario anoche?
—¡Sí!
Gracias a ti.
—Elian bajó la voz, inclinándose—.
Oye, Aries…
noté algo raro en esos números que revisaste.
Los ojos de Leo se agudizaron.
—¿Raro cómo?
—Los suministros del Laboratorio 4…
los que vienen de la frontera.
—Elian miró a los lados—.
En la columna de “Residuos”, el peso de salida es mucho menor que el peso de entrada.
Leo dejó de masticar.
—¿Peso de salida?
—Sí.
Si entran 100 kilos de…
“biomasa” (ya sabes, sujetos de prueba)…
y luego tiran los desechos, debería haber una correlación.
Pero faltan casi el 40% de la masa.
—¿Qué significa eso?
—preguntó Leo, aunque ya tenía una teoría horrible.
—Significa que no lo están tirando todo —susurró Elian, con cara de asco—.
Significa que se están quedando con partes.
O que están alimentando a algo más grande ahí abajo que consume la materia completamente.
Leo asintió lentamente.
—Interesante.
Pero peligroso, Elian.
No hables de esto con nadie más.
Podrían expulsarte.
—Lo sé, lo sé.
Solo…
me da escalofríos.
De repente, el ruido del comedor cesó.
La puerta principal se abrió.
Un grupo de estudiantes con túnicas azules entró.
No deberían estar aquí; tenían su propio comedor de lujo.
Eran cinco.
Liderados por un joven alto, de cabello platino y ojos grises, que caminaba con la seguridad de quien es dueño del edificio.
Leo lo reconoció al instante.
Cian.
El noble al que había asustado en la biblioteca con el hechizo de gravedad.
Cian no estaba solo.
A su lado caminaba una chica con túnica roja (Mago de Fuego) y un guardaespaldas gigante con armadura completa.
—Buscan a alguien —analizó Leo.
Cian escaneó la sala llena de plebeyos con asco.
Sus ojos se detuvieron en la mesa de la esquina.
En Leo.
El noble sonrió y caminó hacia ellos.
El comedor entero contuvo el aliento.
Elian empezó a temblar.
—Oh no.
Es Lord Cian de la Casa Valestorm.
¿Qué hicimos?
Aries, no lo mires a los ojos.
Leo siguió comiendo su estofado.
«Calorías.
Necesito calorías.» Cian llegó a la mesa.
Puso sus manos enguantadas en cuero blanco sobre la madera sucia.
—Tú —dijo Cian.
Leo tragó un trozo de carne dura y levantó la vista, limpiándose la boca con una servilleta.
—¿Sí?
—Te busqué en los registros.
“Aries”.
Rango C.
Un don nadie de la frontera.
—Cian se inclinó—.
Me humillaste en la biblioteca el otro día.
El comedor jadeó.
¿Un externo humillando a un Valestorm?
Leo puso cara de confusión.
—¿Yo?
Creo que me confunde, mi lord.
Yo solo leí un libro.
Usted se tropezó.
Cian se puso rojo.
—¡No me tropecé!
¡Usaste un hechizo de gravedad ilegal!
—¿Gravedad?
—Leo se rió suavemente—.
Mi lord, soy un Rango 1.
Apenas puedo encender una vela.
La magia de gravedad es de Tercer Círculo.
Físicamente imposible para mí.
Quizás…
¿quizás estaba usted mareado por el estudio excesivo?
Cian golpeó la mesa.
—¡No me mientas!
Sé lo que sentí.
El guardaespaldas de Cian dio un paso adelante, su mano en la empuñadura de su espada.
Leo calculó las probabilidades.
Enemigos: 3 (Cian Nvl 12, Chica Nvl 10, Guardaespaldas Nvl 18).
Testigos: 150.
Acción requerida: Desescalada o Humillación sutil.
—Lord Cian —dijo la chica de rojo, tocando el brazo del noble—.
Déjalo.
Mira su aura.
Es débil.
Apenas tiene maná.
Seguramente fue una fuga de gas en el sótano lo que te mareó.
Si peleas con él aquí, el Director te sancionará por acoso a los becados.
Cian miró a Leo, luego a la chica.
El orgullo luchaba con la duda.
Leo estaba proyectando un aura tan patéticamente mediocre que era difícil creer que fuera el monstruo de la biblioteca.
—Tienes suerte, rata —escupió Cian—.
Pero te estaré vigilando.
Si te veo haciendo algo raro, te haré expulsar.
Y luego te cazaré fuera de los muros.
Cian se dio la vuelta, su capa ondeando dramáticamente, y salió del comedor con su séquito.
Elian exhaló, casi desmayándose.
—¡Por los dioses!
¡Estás loco!
¡Le contestaste!
Leo miró la espalda de Cian mientras se alejaba.
—Perro que ladra no muerde —dijo Leo—.
Preocúpate por los perros que sonríen, Elian.
Pero Leo tomó nota mental: Cian Valestorm.
Un enemigo menor, pero con recursos.
Podría ser útil.
Si Leo necesitaba un chivo expiatorio para sus futuras incursiones, un noble arrogante y obsesionado con él era el candidato perfecto para cargar con la culpa.
La Biblioteca: Nivel 1 Por la tarde, Leo fue a la Biblioteca.
Ya no al sótano, sino al Nivel 1, donde estaban los libros de historia y geografía.
Necesitaba contexto.
Se sentó con una pila de libros: “La Historia de la Torre”, “Geopolítica de los Reinos” y “Bestiario de las Tierras Oscuras”.
Leyó durante cuatro horas, absorbiendo información con su memoria fotográfica.
Descubrió tres cosas cruciales: La Selección Real: El Rey estaba viejo y moribundo.
No tenía herederos.
Había convocado una “Selección”.
Las grandes potencias (La Torre, La Iglesia, El Ejército) estaban compitiendo para colocar a su candidato en el trono.
La Torre necesitaba poder militar rápido para respaldar su reclamo.
«Conclusión: El Proyecto Quimera es un intento de crear súper-soldados para el golpe de estado o la guerra civil inminente.» Los Rangos 3 (Oro): Solo había cinco personas conocidas de Rango 3 en la ciudad.
El Archimago Kaelen (Jefe de la Torre) era uno.
El Comandante de la Guardia era otro.
«Conclusión: Si me enfrento a Kaelen ahora, pierdo.
Necesito llegar al Rango 2 Alto o Rango 3 antes de iniciar el ataque final.» La Anomalía: Había registros de una antigua civilización que usaba “Magia sin Maná”.
Tecnología.
«Interesante.
Podría haber artefactos ocultos.» Entrenamiento Nocturno: El Lobo enjaulado A las 02:00 AM, el campus estaba muerto.
Leo salió por la ventana del barracón.
Elian dormía como un tronco.
Leo corrió hacia los campos de entrenamiento del bosque perimetral, una zona boscosa dentro de los muros de la academia reservada para prácticas de combate.
Llegó a un claro aislado.
—No puedo transformarme —dijo—.
Las barreras de la ciudad detectarían la firma de maná del Lobo de Jade.
Pero necesitaba quemar energía.
Leo se quitó la túnica, quedando en pantalones.
—[Entrenamiento Físico: Modo Limitado].
Comenzó a moverse.
No usó magia.
Usó su cuerpo de Fuerza 55 y Agilidad 60.
Golpeó un roble centenario.
¡THUD!
El árbol tembló, las hojas cayeron.
Leo dejó una marca de puño de cinco centímetros de profundidad en la madera dura.
Comenzó a hacer katas de sombras.
Velocidad máxima.
Se movía tan rápido que el aire silbaba a su alrededor.
Saltaba tres metros en el aire, giraba, lanzaba patadas que rompían ramas gruesas.
Era una danza violenta y solitaria.
Su cuerpo sudaba, liberando el exceso de calor de su núcleo.
De repente, Leo se detuvo en seco.
Aterrizó en una rama alta, agazapado.
Alguien venía.
No era un guardia.
Los pasos eran demasiado ligeros.
Desde las sombras del bosque, apareció una figura encapuchada.
Caminaba hacia el centro del claro, mirando las marcas recientes en los árboles con curiosidad.
La figura se bajó la capucha.
La luz de la luna reveló un cabello plateado y orejas ligeramente puntiagudas.
[Análisis de Objetivo] [Especie: Semi-Elfa] [Nivel Estimado: 18 (Rango 1 Pico)] [Clase: Arquera Arcana / Exploradora] Era una estudiante.
Probablemente una noble, a juzgar por la calidad de su arco.
—Sé que estás ahí —dijo la chica, mirando directamente a la rama donde Leo estaba oculto (a pesar de su sigilo nivel experto)—.
Hueles a ozono y a sudor.
Y…
a sangre seca.
Leo tensó los músculos.
¿Había sido descubierto en su primer día?
—Baja —dijo ella, tensando su arco con una flecha que brillaba con luz mágica—.
O te bajo yo.
Leo sonrió en la oscuridad.
«Un día normal de estudiante», pensó con ironía.
«Clases aburridas, comida horrible y un enfrentamiento armado a las dos de la mañana.» Leo saltó.
El juego había comenzado.
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