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El Despertar del Estratega - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 Capítulo 26 La Flecha que Curva y el Pacto de los Mentirosos
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26: Capítulo 26: La Flecha que Curva y el Pacto de los Mentirosos 26: Capítulo 26: La Flecha que Curva y el Pacto de los Mentirosos [Ubicación: Bosque Perimetral de la Academia – Zona de Entrenamiento Nocturno] La flecha apuntaba directamente a su glabela, el punto exacto entre los ojos donde el hueso frontal es más vulnerable.

La punta brillaba con una luz verde pálida, indicando un encantamiento de [Perforación] o [Rastreo].

Leo, agazapado en la rama alta del roble, calculó sus opciones en menos de un latido.

Variable 1: La chica.

Semi-Elfa.

Nivel 18.

Sus sentidos son biológicamente superiores a los de un humano.

Ha detectado mi olor a través del sudor y los residuos de ozono de mi magia.

Variable 2: La distancia.

Quince metros vertical y horizontalmente.

Tiempo de vuelo de la flecha: 0.04 segundos.

Variable 3: Mi estado.

Estoy en forma humana.

Fuerza 55.

Agilidad 60.

Si me transformo en Lobo, la despedazo en un segundo, pero alertaré a toda la Academia.

Si uso magia de alto nivel (Gravedad), revelaré mi Rango 2.

Leo tenía que ganar, pero tenía que hacerlo pareciendo un Rango 1 con suerte.

—Bajaré —dijo Leo con voz calmada, levantando las manos lentamente para mostrar que no tenía armas en ellas—.

No dispares.

Soy un estudiante.

Como tú.

La chica no bajó el arco.

Sus ojos, de un color violeta intenso y pupilas afiladas, lo seguían con la precisión de un halcón.

—Los estudiantes no se mueven como sombras —dijo ella.

Su voz era melódica pero fría—.

Y los estudiantes no tienen ese olor.

Hueles a…

depredador.

Hueles a sangre vieja.

Leo saltó.

No usó magia para frenar.

Usó la fricción de la corteza del árbol y una rotación corporal para aterrizar en el suelo con un sonido mínimo, un suave thump sobre la hierba húmeda.

Se levantó, sacudiéndose el polvo de los pantalones.

Ahora, a la luz de la luna, podía verla mejor.

Era impresionante, incluso para los estándares élficos.

Cabello plateado atado en una trenza de combate, piel pálida que parecía brillar bajo la luna, y orejas puntiagudas que sobresalían entre los mechones.

Llevaba una armadura ligera de cuero verde oscuro, ceñida al cuerpo para maximizar la movilidad, con el emblema de una hoja plateada en el hombro: la Casa Sylvaris, una familia noble de mestizos tolerada por su habilidad marcial.

—Me llamo Aries —dijo Leo, manteniendo una postura relajada pero con el centro de gravedad bajo, listo para explotar en movimiento—.

Soy externo.

Estaba entrenando porque no puedo dormir.

¿Es eso un crimen?

—Mentira —la chica tensó más la cuerda del arco.

El crujido de la madera tensada resonó en el claro—.

Tu ritmo cardíaco no cambió cuando te apunté.

Ningún novato mantiene la calma con una flecha mágica en la cara.

¿Quién eres?

¿Un espía de la Torre?

¿Un asesino?

—Solo soy alguien que ha vivido en la frontera —respondió Leo—.

Allí, si te asustas, mueres.

—Veamos si tus reflejos son tan rápidos como tu lengua.

Ella soltó la cuerda.

¡ZING!

La flecha voló.

No fue un tiro de advertencia.

Iba a su hombro derecho, diseñada para incapacitar.

Leo no esquivó.

Eso habría revelado su Agilidad 60.

En su lugar, usó su mente.

—[Mano de Mago: Desvío Vectorial].

No intentó detener la flecha (demasiada energía cinética).

Solo empujó la cola del proyectil dos centímetros hacia la izquierda justo antes del impacto.

La flecha se desvió, rasgó la tela de su camisa a la altura del hombro y se clavó en el árbol detrás de él, vibrando violentamente.

—¡Fallas!

—dijo Leo, fingiendo jadear de miedo—.

¡Estás loca!

La chica entrecerró los ojos.

—No fallé.

Algo empujó mi flecha.

Magia sin cántico…

Ella sacó tres flechas a la vez.

[Disparo Triple: Abanico de Hojas].

Disparó.

Las tres flechas se curvaron en el aire, buscando a Leo desde la izquierda, derecha y centro.

—Mierda —masculló Leo.

«Talento de Arquería Arcana.

Manipulación de trayectoria.» Leo corrió hacia ella.

Acortar la distancia era la única opción para un “mago de combate”.

Levantó una piedra del suelo con telequinesis y la lanzó contra la flecha central.

¡Clac!

La flecha se desvió.

Se deslizó por el suelo como un jugador de béisbol para esquivar las flechas laterales, que pasaron silbando sobre su cabeza y cortaron mechones de su cabello.

Se puso de pie a dos metros de ella.

La chica soltó el arco (inútil a corta distancia) y desenvainó dos dagas curvas de sus botas con una velocidad cegadora.

—Danza de las Dos Lunas —susurró ella.

Se lanzó sobre él, un torbellino de acero y plata.

Leo se vio forzado a la defensiva.

Ella era rápida.

Increíblemente rápida para un Rango 1.

Probablemente tenía una Agilidad de 35 o 40 gracias a su sangre élfica.

Corte al cuello.

Bloqueo.

Estocada al hígado.

Esquiva.

Tajo a las piernas.

Salto.

Leo no podía usar su Fuerza 55 para aplastarla o le rompería los huesos.

Tenía que contenerse.

Usaba sus manos desnudas para desviar las muñecas de la chica, aplicando palmadas suaves en los planos laterales de las hojas para redirigir los cortes.

Era como bailar con una sierra eléctrica mientras intentaba no romper la máquina.

—Eres bueno —dijo ella, con la respiración acelerada, sus ojos brillando con la emoción del combate—.

Demasiado bueno para ser un externo Rango C.

—Y tú eres demasiado agresiva para ser una dama noble —respondió Leo, bloqueando una patada alta que iba dirigida a su sien.

La chica gruñó y giró, usando la inercia para lanzar un ataque mágico.

Sus dagas brillaron.

—[Corte de Viento].

Lanzó una hoja de aire comprimido a quemarropa.

Leo abrió los ojos.

«Peligro.

Eso corta acero.» No podía esquivarlo.

Tenía que tanquearlo o revelarse.

Decisión táctica: Micro-Transformación.

En la fracción de segundo antes de que el viento golpeara su antebrazo levantado para bloquear, Leo activó la [Licantropía de Jade] solo en una franja de piel de cinco centímetros bajo su manga.

Placas de jade verde aparecieron instantáneamente.

¡CLANG!

El corte de viento golpeó su brazo.

Sonó como metal contra piedra.

La manga de su camisa se desintegró, pero la piel debajo (que volvió a ser humana un milisegundo después) estaba intacta, solo ligeramente enrojecida.

La fuerza del impacto, sin embargo, lo empujó hacia atrás.

La chica se detuvo.

Bajó sus dagas ligeramente, mirando el brazo de Leo.

—Ese sonido…

—dijo ella, con incredulidad—.

Eso no fue carne.

Sonó como si golpeara una pared de castillo.

Leo se frotó el brazo, ocultando la zona expuesta.

—Huesos duros.

Bebo mucha leche.

—Mentiroso.

Ella se preparó para atacar de nuevo, pero Leo decidió que el juego había durado demasiado.

—Suficiente.

Leo pisó el suelo.

—[Pozo de Gravedad: Pulso Radial].

No fue un aplastamiento.

Fue una onda expansiva de gravedad invertida.

Una bofetada invisible que cubrió todo el claro.

La chica perdió el equilibrio.

Sus pies se levantaron del suelo.

Leo usó ese segundo de ingravidez.

Se movió con su Agilidad 60 completa.

Fue un borrón que sus ojos élficos apenas pudieron registrar.

Cuando la gravedad volvió a la normalidad y ella cayó al suelo, Leo ya estaba encima de ella.

La inmovilizó contra la hierba, sentándose a horcajadas sobre su cintura.

Sus rodillas apresaban los brazos de ella contra el suelo.

Su mano derecha estaba alrededor de su garganta, apretando lo justo para cortar el aire, pero no para matar.

Sus rostros estaban a centímetros de distancia.

Leo podía ver el sudor en su frente, el ligero temblor de sus pestañas y la dilatación de sus pupilas violetas.

Ella olía a bosque, a cuero y a un perfume floral caro que no encajaba con su letalidad.

—Jaque mate —dijo Leo suavemente.

Ella lo miró con furia, intentando liberar sus brazos, pero la fuerza de Leo (55) era inamovible.

Era como estar atrapada bajo una montaña.

—¿Qué eres?

—susurró ella, con la voz estrangulada—.

Ningún humano tiene este peso.

Tu densidad corporal…

no es normal.

—Soy Aries —repitió Leo—.

Y tú acabas de intentar asesinar a un compañero de clase.

Eso es expulsión inmediata.

Y prisión.

—Suéltame —siseó ella—.

Si me haces algo, la Casa Sylvaris te cazará.

—Si quisiera hacerte algo, ya estarías muerta —Leo aflojó ligeramente el agarre en su cuello, permitiéndole respirar mejor—.

Podría haberte roto las muñecas en el primer intercambio.

Podría haber desviado esa flecha a tu ojo.

Pero no lo hice.

La chica dejó de luchar.

La lógica de Leo era innegable.

Él había estado jugando con ella.

La humillación de esa comprensión se mezcló con un sentimiento nuevo: Respeto.

Y miedo.

—¿Qué quieres?

—preguntó ella.

Leo se inclinó más cerca.

—Quiero silencio.

—¿Silencio?

—Tú no has visto nada aquí esta noche.

No has visto mi magia sin cánticos.

No has visto mi resistencia física.

Y no has visto mi velocidad.

—¿Y qué gano yo?

—desafió ella, recuperando un poco de su altivez noble.

Leo sonrió.

Una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Ganas que yo no le diga al Director que la heredera de la Casa Sylvaris está practicando Artes de Asesinato de las Sombras prohibidas dentro del campus.

Los ojos de la chica se abrieron de par en par.

—¿Cómo…?

—Tus dagas.

El estilo de doble empuñadura inversa.

Los pasos silencios.

Eso no es estilo militar élfico.

Eso es el estilo del Gremio del Loto Negro.

Ilegal en este Reino.

Leo lo había deducido de los libros de historia y combate que leyó en la biblioteca.

Su [Alma del Estratega] reconocía patrones de combate al instante.

Ella palideció.

Si eso se sabía, su familia sería deshonrada y ella ejecutada por herejía marcial.

—Tú…

eres un monstruo —susurró ella.

Pero no había odio en su voz.

Había asombro.

Había encontrado a alguien que veía a través de su máscara tan fácilmente como él veía a través de la de ella.

—Es un trato —dijo ella, desviando la mirada—.

No diré nada sobre tu…

fuerza absurda.

Tú olvidas mi estilo de lucha.

Leo asintió y se levantó, liberándola.

Le ofreció una mano para ayudarla a levantarse.

Ella miró la mano, dudó un segundo, y la tomó.

Su agarre fue firme.

Piel callosa de guerrera contra piel callosa de guerrero.

—Me llamo Lyra.

Lyra Sylvaris —dijo ella, sacudiéndose la hierba de la túnica—.

Y voy a descubrir tu secreto, Aries.

Algún día.

—Ponte a la fila, Lyra —respondió Leo, dándose la vuelta y recogiendo su túnica del suelo—.

Pero te advierto: los que descubren mis secretos suelen acabar mal.

—Me gusta el riesgo —dijo ella, cruzándose de brazos mientras él se alejaba hacia la oscuridad del bosque.

Leo sintió su mirada clavada en su espalda hasta que salió del claro.

[Notificación: Relación Establecida.] [Lyra Sylvaris (Semi-Elfa Rango 1 Pico).] [Estado: Rivalidad / Intriga Mutua.] [Probabilidad de Alianza Futura: 75%.] Leo caminó de regreso a los barracones bajo la luz de las estrellas.

Su mente analizaba el encuentro.

Lyra era fuerte.

Talentosa.

Y tenía secretos oscuros que la hacían vulnerable a la manipulación.

Era un activo valioso.

Una pieza de ajedrez que, si se jugaba bien, podía convertirse en una Reina en su tablero.

Pero por ahora, era solo una variable peligrosa que había neutralizado con diplomacia y fuerza.

Regresó al Barracón 10.

Se deslizó por la ventana con la misma facilidad con la que había salido.

Elian seguía roncando, ajeno al hecho de que su compañero de cuarto acababa de someter a una noble asesina en el bosque.

Leo se acostó en su cama.

Su cuerpo seguía zumbando con la energía del combate.

No había sido una pelea a muerte, pero había sido…

satisfactoria.

Había sentido la conexión.

La danza de la violencia.

Y por primera vez desde que llegó a este mundo, sintió que no estaba completamente solo en su naturaleza de impostor.

Había otra mentirosa en la Academia.

Cerró los ojos, visualizando los ojos violetas de Lyra.

—Interesante espécimen —murmuró Leo antes de entrar en su estado de meditación—.

Mantener vigilancia.

Día 2: La Química de la Sospecha A la mañana siguiente, la rutina académica golpeó con la fuerza de un martillo de aburrimiento.

Leo estaba en el Laboratorio de Alquimia Básica.

El olor a azufre y huevos podridos llenaba el aire.

Elian estaba a su lado, mezclando nerviosamente polvo de raíz de mandrágora con bilis de sapo.

—Cuidado, Elian —advirtió Leo en voz baja—.

Si agitas eso en sentido horario, explotará.

La bilis de sapo es reactiva a la fricción rotacional positiva.

Hazlo en sentido antihorario.

—¡Cierto!

Gracias, Aries —Elian corrigió el movimiento, salvándose de perder las cejas.

Desde el otro lado del laboratorio, Leo sintió una mirada.

Lyra estaba allí.

Estaba en una mesa con otros nobles, pero no prestaba atención a su mezcla.

Lo miraba a él.

Sus ojos violetas analizaban cada movimiento de Leo.

Buscaba fallos.

Buscaba al guerrero de anoche en el estudiante aburrido de hoy.

Leo la ignoró deliberadamente.

Mantuvo su postura encorvada.

Dejó caer un frasco a propósito para parecer torpe.

—¡Ups!

—dijo Leo, limpiando el líquido derramado.

Los nobles se rieron.

—¡Mira al plebeyo!

¡Ni siquiera puede sostener un frasco!

Lyra no se rió.

Frunció el ceño.

Sabía que era una actuación.

Y eso la enfurecía y la fascinaba a partes iguales.

El profesor del laboratorio, un hombre bajo y calvo llamado Maestro Grug, golpeó la mesa.

—¡Silencio!

Hoy tenemos una tarea especial.

El Profesor Kaelen ha solicitado voluntarios del cuerpo estudiantil para ayudar en el transporte de materiales delicados al subsuelo del Edificio de Ciencias.

La cabeza de Leo se levantó de golpe.

«Laboratorio 4.

La oportunidad.» —Es trabajo pesado —continuó Grug—.

Se pagará con créditos extra.

¿Voluntarios?

La mano de Leo subió antes que la de nadie.

Pero no fue la única.

En el otro lado de la sala, Lyra también levantó la mano.

Ella miró a Leo y le dedicó una sonrisa desafiante y afilada.

«¿Quieres jugar a los secretos?» parecían decir sus ojos.

«Pues vamos a jugar.» Leo suspiró internamente.

—Maldita elfa —pensó—.

Se va a meter en la boca del lobo solo por curiosidad.

El Maestro Grug asintió.

—Bien.

Aries.

Lyra.

Y tú, Elian.

Reportaos en el muelle de carga del Edificio de Ciencias a las 08:00 PM.

No lleguéis tarde.

Leo volvió a su mezcla.

La misión de infiltración acababa de complicarse.

Ahora tenía que investigar un laboratorio de horrores biológicos, evitar ser detectado por los guardias de élite, y al mismo tiempo, proteger (o silenciar) a una princesa elfa entrometida que creía que esto era una aventura escolar.

La noche prometía ser larga.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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