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El Despertar del Estratega - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 La Princesa en el Basurero y el Precio del Silencio
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28: Capítulo 28: La Princesa en el Basurero y el Precio del Silencio 28: Capítulo 28: La Princesa en el Basurero y el Precio del Silencio [Ubicación: Distrito de la Ceniza – Callejón de los Ahogados] La niebla tóxica del Distrito de la Ceniza se pegaba a la piel como aceite sucio.

Para la mayoría de los nobles, respirar este aire era un insulto.

Pero Lyra Sylvaris no se quejó.

Caminaba un paso detrás de Leo, envuelta en una capa gris raída que ocultaba su armadura de cuero de alta calidad y sus orejas puntiagudas.

Sus ojos violetas escaneaban los tejados y las sombras con fascinación clínica.

—Nunca habías bajado aquí, ¿verdad?

—preguntó Leo sin girarse.

—Los de mi Casa dicen que este lugar es donde termina la dignidad —respondió ella en voz baja—.

Pero veo patrones interesantes.

La gente aquí camina en silencio.

Los depredadores son más honestos.

Leo sonrió bajo su capucha.

Lyra era una anomalía.

Una flor cultivada en un jardín que soñaba con ser una mala hierba.

Llegaron a la puerta de hierro reforzado de “El Crisol Roto”.

Leo golpeó con el código rítmico.

La ventanilla se abrió.

Los ojos amarillentos miraron, vieron a Leo, y la puerta se abrió inmediatamente con el sonido de múltiples cerrojos desbloqueándose a la vez.

—Jefe —dijo el portero con respeto temeroso—.

Garek lo espera.

Lyra arqueó una ceja ante la palabra “Jefe”, pero no dijo nada.

Entraron.

La tienda olía a incienso y grasa de golem.

Garek estaba detrás de su nuevo mostrador (aún sin cristal, pues no lo había repuesto tras el incidente).

Cuando vio entrar a Leo, se puso de pie de un salto, su brazo mecánico zumbando.

—¡Socio!

—Garek sonrió nerviosamente—.

No te esperaba tan pronto.

Tengo los pagos de la semana listos y…

Garek se detuvo al ver a Lyra bajarse la capucha.

Su ojo orgánico se abrió con incredulidad.

Su ojo mecánico hizo zoom.

—Orejas puntiagudas.

Plata en el pelo.

—Garek palideció—.

¡Por los dioses oscuros, Leo!

¡Has traído a una Sylvaris a mi tienda ilegal!

¡Si su padre se entera, quemará el distrito con nosotros dentro!

Garek echó mano a una escopeta de maná bajo el mostrador.

—Tranquilo, Garek —dijo Leo con voz suave, pero cargada de [Mano de Mago] presionando el arma hacia abajo—.

Ella está conmigo.

Es parte de la organización.

—¿Organización?

—Lyra miró a Leo, divertida—.

¿Tenemos nombre?

—Estamos trabajando en ello —dijo Leo—.

Garek, ella necesita equipo.

Equipo que la Academia no suministra.

Equipo que mata, no que aturde.

Garek miró de Leo a Lyra, calculando las probabilidades de supervivencia si se negaba.

Suspiró y soltó el arma.

—Bien.

Si el Diablo lo ordena…

—Garek se volvió hacia Lyra—.

¿Qué necesita la princesita?

¿Veneno para el té?

¿Dagas con incrustaciones de diamantes?

Lyra se acercó al mostrador.

Su mirada cambió.

Ya no era una estudiante; era una cliente.

—Necesito flechas —dijo ella—.

Cabezas de perforación cinética.

Aleación de mithril y acero negro.

Capaces de atravesar un escudo de Maná de Rango 1 Estándar a cincuenta metros.

Garek silbó.

—Eso es munición de asesino de magos.

Ilegal en tres reinos.

—¿Tienes o no?

Garek sonrió, mostrando dientes de oro.

—Me caes bien.

Tengo un lote que robé a un transporte militar de la Frontera Norte.

Mientras Garek iba al almacén trasero, Lyra se volvió hacia Leo.

—Lo tienes aterrorizado —observó ella—.

Este hombre vende armas ilegales y tiene golems de seguridad, pero te mira como si fueras un dragón con piel humana.

¿Qué le hiciste?

Leo se encogió de hombros, apoyándose en una estantería llena de cráneos malditos.

—Le enseñé una lección de economía aplicada.

La oferta y la demanda funcionan mejor cuando no intentas matar a tus socios.

Garek volvió con una caja de madera negra.

Dentro había dos docenas de flechas negras mate.

—Quinientas monedas de oro —dijo Garek.

Lyra iba a sacar su bolsa, pero Leo puso una mano sobre la caja.

—Doscientas —dijo Leo—.

Y añades tres viales de Aceite de Fuego Líquido.

—¡Leo!

—se quejó Garek—.

¡Me estás robando!

—Te estoy protegiendo.

Si ella usa estas flechas y la atrapan, dirá que las encontró en el bosque.

Si le cobras quinientas, dejarás un rastro de papel en sus finanzas que su padre podría rastrear.

Garek refunfuñó, pero sabía que Leo tenía razón (su Inteligencia 100 hacía que discutir con él fuera perder el tiempo).

—Bien.

Doscientas.

Y el aceite va por la casa.

Lyra pagó.

Guardó las flechas en su carcaj espacial (un artículo de lujo que Leo envidiaba un poco).

Salieron de la tienda.

De vuelta en el callejón, Lyra miró a Leo con una nueva luz.

—Mercado negro.

Extorsión.

Intimidación.

—Lyra enumeró—.

Eres un criminal competente, Aries.

—Soy un superviviente, Lyra.

La ley es solo un contrato que los fuertes imponen a los débiles.

Nosotros…

—Leo señaló hacia la Torre flotante en la distancia—…

estamos reescribiendo el contrato.

Lyra sonrió en la oscuridad.

—Me gusta esa cláusula.

Esa noche, no solo compraron flechas.

Compraron lealtad.

Lyra entendió que Leo no jugaba a ser aventurero; jugaba a ser el dueño del tablero.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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