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El Despertar del Estratega - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 Capítulo 30 El Teatro de los Bufones y la Matemática de la Suerte
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30: Capítulo 30: El Teatro de los Bufones y la Matemática de la Suerte 30: Capítulo 30: El Teatro de los Bufones y la Matemática de la Suerte [Ubicación: Gran Arena de Duelos – Academia de Alta Magia] El sol de media mañana bañaba la Gran Arena de la Academia, un coliseo de mármol blanco hundido en el suelo con capacidad para cinco mil espectadores.

Hoy, no había un asiento vacío.

El aire vibraba, no solo por el calor, sino por la tensión estática de miles de núcleos de maná resonando juntos.

Estudiantes, profesores, e incluso algunos invitados de la nobleza de la ciudad habían venido a ver el espectáculo.

Para la mayoría, el Torneo de Medio Término era una oportunidad para presumir de linaje y talento.

Para los estudiantes externos, era la única oportunidad de ser vistos por un mecenas rico.

Pero para Leo, sentado en el banco de espera del Túnel Azul (el lado de los plebeyos), esto era simplemente un trabajo.

—Las apuestas están 50 a 1 en tu contra —dijo Lyra, apareciendo de las sombras del túnel.

Llevaba su uniforme de combate, pero hoy actuaba como espectadora—.

He puesto todo mi oro a tu favor.

Si pierdes, te mataré yo misma para recuperar la inversión vendiendo tus órganos.

Leo ajustó los guantes de cuero desgastado que formaban parte de su disfraz de “Aventurero Pobre”.

—Si pierdo, será porque me he aburrido hasta la muerte —respondió Leo sin mirarla—.

¿Cuál es el estado de Cian?

—Furioso.

Ansioso.

Ha estado bebiendo pociones de maná desde el amanecer para “sobrecargar” su núcleo.

Quiere vaporizarte en el primer segundo para demostrar superioridad.

—Sobrecarga de maná…

—Leo sonrió levemente—.

Eso lo hace poderoso, pero inestable.

Su control motor fino estará comprometido.

Perfecto.

El sonido de un cuerno mágico resonó en la arena.

La voz amplificada del Juez Principal, el Profesor de Magia de Combate Kael, retumbó por los altavoces rúnicos.

—¡Damas y caballeros!

¡Bienvenidos a la evaluación semestral de combate!

La multitud rugió.

Leo se puso de pie.

—Es la hora del espectáculo, Lyra.

Disfruta de la comedia.

Las Reglas del Juego Leo salió a la arena.

La luz del sol lo cegó momentáneamente.

El suelo era de arena compactada, marcada con círculos de invocación y runas de protección para evitar que los hechizos perdidos mataran al público.

Desde el otro extremo, por el Túnel Dorado, salió Cian Valestorm.

Llevaba una armadura ligera de placas de mitrilo azul brillante, una capa de seda bordada con el escudo de su familia (una tormenta eléctrica) y un bastón de madera de hierro con un rubí en la punta.

Parecía un príncipe de cuento.

Leo, en contraste, llevaba su túnica gris de la academia, un par de botas viejas y su espada corta de acero genérico en la cintura.

Ni siquiera sacó su bastón.

La multitud abucheó a Leo y vitoreó a Cian.

—¡Aplasta a la rata, Cian!

—gritó un noble desde el palco VIP.

—¡Enséñale su lugar!

El Juez Kael levitó en una plataforma en el centro de la arena, entre los dos combatientes.

—Reglas del Duelo: —anunció Kael, su voz cortando el ruido—.

Escuchad bien, porque la violación de estas normas resultará en descalificación inmediata y posible expulsión.

Condición de Victoria: El combate termina cuando un oponente queda inconsciente, se rinde verbalmente, o es expulsado del anillo de duelo (Ring Out).

Restricción de Letalidad: Se prohíben hechizos de Clase A (Destrucción Masiva) y ataques dirigidos a matar (cuello, corazón, ojos con penetración).

El objetivo es incapacitar, no ejecutar.

Restricción de Equipo: Se permiten artefactos mágicos hasta Rango 2.

Pociones limitadas a una por combate.

Intervención: El Juez tiene la autoridad absoluta para detener el combate si considera que la vida de un estudiante corre peligro inminente.

Kael miró a Cian y luego a Leo.

—¿Entendido?

—Cristalino, instructor —dijo Cian, haciendo girar su bastón con arrogancia.

—Sí, señor —dijo Leo, con voz temblorosa (fingida), mirando al suelo como si estuviera abrumado por la multitud.

—¡Combatientes, a sus posiciones!

Leo y Cian se separaron veinte metros.

Cian apuntó su bastón hacia Leo.

El rubí comenzó a brillar con una luz roja intensa.

El aire alrededor de Cian se calentó, distorsionando la vista.

—Te di una oportunidad en el comedor, Aries —gritó Cian para que todo el estadio lo oyera—.

Pero decidiste jugar al valiente.

Ahora vas a arder.

Leo no sacó su espada.

Se quedó allí, con los brazos colgando a los costados, con una postura encorvada y “abierta”, llena de huecos defensivos.

«Análisis de Postura de Cian», pensó Leo, mientras el mundo se ralentizaba en su mente de Inteligencia 100.

«Centro de gravedad alto.

Hombros tensos por el exceso de maná.

Su bastón apunta 2 grados a la izquierda de mi centro de masa debido a su agarre nervioso.

Va a lanzar una [Lanza de Fuego] de alta velocidad, no una bola de área.» —¡Comiencen!

—gritó Kael.

Acto 1: La Danza del Torpe —¡[Lanza de Fuego]!

—rugió Cian instantáneamente.

Un rayo de fuego concentrado salió disparado de su bastón.

Era rápido.

Mucho más rápido que un hechizo de novato.

Cian tenía talento, eso era innegable.

El proyectil cruzó la arena en una fracción de segundo, directo al pecho de Leo.

El público contuvo el aliento.

Iba a ser una masacre de un solo golpe.

Leo vio venir el fuego.

No activó escudos.

No corrió.

En el último momento posible, Leo “tropezó”.

Su pie derecho pareció engancharse en una piedra imaginaria.

Leo agitó los brazos cómicamente y cayó de espaldas al suelo, con las piernas en el aire.

¡WOOSH!

La lanza de fuego pasó exactamente por el espacio donde había estado su pecho un milisegundo antes.

El calor chamuscó los botones de su túnica, pero no tocó su piel.

El hechizo impactó contra la barrera mágica detrás de Leo, explotando en una lluvia de chispas inofensivas.

El estadio quedó en silencio un segundo.

Luego, algunas risas nerviosas.

Leo se levantó rápidamente, sacudiéndose la arena del trasero, con cara de pánico.

—¡Uf!

¡Casi!

—gritó Leo, tocándose el pecho—.

¡Eso estuvo cerca!

¡Cuidado con esa cosa, podrías lastimar a alguien!

La cara de Cian se puso roja de ira.

—¿Te…

te caíste?

¿Esquivaste mi mejor tiro cayéndote de culo?

—¡El suelo está resbaladizo!

—se excusó Leo.

En las gradas, Lyra se cubrió la boca para ocultar una sonrisa.

«Maldito genio.

Ha calculado la trayectoria y ha usado la caída gravitatoria para salir del vector de ataque con el mínimo esfuerzo.» Cian apretó los dientes.

—¡Suerte de principiante!

¡Toma esto!

[Volea de Proyectiles de Viento].

Cian agitó su bastón.

Tres hojas de aire comprimido salieron volando en un arco horizontal.

Cubrían un área amplia.

No se podían esquivar cayéndose.

Leo miró las hojas de viento.

«Corte horizontal.

Altura: 1.2 metros.

Velocidad: 40 m/s.

Solución: Reducción de perfil vertical.» Leo se agachó de golpe.

—¡Mi moneda!

—gritó Leo, mirando al suelo como si hubiera visto una moneda de oro caer de su bolsillo.

Las tres hojas de viento pasaron silbando sobre su cabeza, cortando algunos pelos de su coronilla.

Leo se levantó con una moneda de cobre en la mano (que él mismo había dejado caer con prestidigitación).

—¡Ah, aquí está!

—Leo sonrió a Cian—.

Lo siento, ¿decías algo?

La multitud estalló en risas.

No se reían con Leo, se reían de lo absurdo de la situación.

Un noble poderoso estaba lanzando magia letal a un plebeyo que parecía más preocupado por el cambio suelto que por su vida.

Cian estaba temblando.

La humillación pública era el peor veneno para un Valestorm.

—¡Deja de burlarte de mí!

—gritó Cian.

Su aura de maná se volvió errática.

El exceso de pociones estaba pasando factura—.

¡Voy a borrar esa sonrisa de tu cara!

Cian comenzó a cantar un hechizo más largo.

Un hechizo de Rango 2.

—”Oh, vientos que aulláis en el norte, convertíos en el tornado que…” «Error táctico», analizó Leo.

«Cántico largo en combate 1vs1 sin cobertura.

Apertura de 4 segundos.» Leo podría haberle lanzado una daga.

Podría haber usado gravedad para aplastarlo.

Pero eso sería “fuerte”.

Él tenía que ser “torpe”.

Leo metió la mano en su bolsa de componentes.

Sacó un puñado de canicas de vidrio baratas.

—[Mano de Mago: Impulso Sutil].

Leo hizo el gesto de “tropezar” de nuevo mientras corría hacia un lado, y al hacerlo, “soltó” las canicas.

Pero no cayeron al azar.

Impulsadas por su telequinesis de precisión (Inteligencia 100), las canicas rodaron por la arena a una velocidad antinatural, zigzagueando entre las piedras hasta llegar justo debajo de los pies de Cian.

Cian, concentrado en su cántico y mirando al cielo para invocar el tornado, dio un paso adelante para dar énfasis a su hechizo.

Pisó una canica.

¡ZAS!

La pierna de Cian salió disparada hacia adelante.

El noble perdió el equilibrio.

Sus brazos se agitaron.

El cántico se interrumpió a mitad de sílaba.

La magia acumulada en su bastón, sin la dirección del cántico final, implosionó.

¡PUFF!

Una nube de hollín negro y humo explotó en la cara de Cian, dejándolo cubierto de ceniza, con el pelo peinado hacia atrás por la explosión cómica y tosiendo humo.

Cian cayó de espaldas en la arena, con las piernas abiertas de manera poco digna.

El estadio entero se quedó en silencio.

Y luego, estalló.

Carcajadas.

Miles de personas riéndose.

Los plebeyos se reían abiertamente.

Incluso los nobles en los palcos VIP se tapaban la boca con abanicos para ocultar sus sonrisas.

Era la cosa más ridícula que habían visto.

Leo se detuvo, con las manos en las rodillas, jadeando.

—¡Oh, por los dioses!

—gritó Leo, señalando a Cian—.

¿Estás bien?

¡Tu hechizo te estornudó en la cara!

Acto 2: La Furia del Noble Cian se levantó lentamente.

La ceniza caía de su armadura de mitrilo.

Sus ojos, antes grises y arrogantes, ahora estaban inyectados en sangre y locura.

Ya no escuchaba al árbitro.

Ya no veía al público.

Solo veía a Leo.

Y solo escuchaba las risas.

—Tú…

—susurró Cian.

Su voz temblaba de odio puro—.

Tú hiciste esto.

No sé cómo.

Pero lo hiciste.

Leo borró su sonrisa falsa por un microsegundo, dejando que Cian viera la frialdad en sus ojos azules.

Solo para él.

«Sí.

Fui yo.

¿Y qué vas a hacer al respecto?» decía la mirada de Leo.

Cian rugió.

Arrancó el rubí de la punta de su bastón y lo aplastó en su mano.

El Juez Kael dio un paso adelante.

—¡Estudiante Valestorm!

¡Detente!

¡Romper un Foco de Maná es peligroso!

Cian ignoró al juez.

El polvo de rubí brilló en su mano.

—¡No me importa el torneo!

¡No me importan las reglas!

—gritó Cian—.

[Sacrificio de Sangre: Llama del Infierno].

Cian se mordió la lengua y escupió sangre sobre el polvo de rubí.

El aire en la arena cambió.

La temperatura subió veinte grados en un segundo.

El cielo sobre la arena se oscureció.

—Hechizo prohibido —analizó Leo—.

Magia de Sangre.

Rango 2 Alto.

Está usando su propia vitalidad para invocar un fuego que no se apaga.

Quiere matarme y quemar el estadio si es necesario.

El público dejó de reír.

El miedo se extendió.

Kael levantó sus manos para crear una barrera alrededor del público.

—¡Descalificación!

¡Guardias, detenedlo!

Pero era tarde.

Cian lanzó el hechizo.

No era una lanza.

Era una ola.

Un tsunami de fuego negro y rojo que ocupaba todo el ancho de la arena, avanzando hacia Leo, consumiendo el oxígeno y derritiendo la arena a su paso.

No había dónde esquivar.

No había dónde tropezar.

Leo se quedó solo frente al muro de fuego que se acercaba rugiendo.

En las gradas, Lyra se puso de pie, con la mano en su daga oculta.

«No puede esquivar eso siendo un Rango 1.

Tiene que usar su verdadero poder o morirá.» Leo miró el fuego.

El calor le secaba los ojos.

«Si uso Gravedad, revelo mi clase.

Si uso mi piel de Jade, revelo mi monstruo.

Si no hago nada, muero.» Su mente de estratega buscó la tercera opción.

La opción que nadie vería.

Miró el suelo de arena.

Miró la estructura de la arena.

Debajo de la arena…

estaban las tuberías de agua para el sistema de limpieza del coliseo.

—Cian…

acabas de darme la herramienta para tu derrota —pensó Leo.

Leo no corrió hacia atrás.

Corrió hacia el fuego.

—¡Está loco!

—gritó alguien.

Leo se lanzó al suelo en un placaje deslizante, clavando su espada corta profundamente en la arena, buscando algo bajo la superficie.

—[Mano de Mago: Perforación de Alta Presión].

No usó la mano en el fuego.

La usó en la tubería principal de agua que pasaba dos metros bajo tierra, justo delante de él.

Visualizó la tubería estallando hacia arriba.

El fuego llegó a su posición.

Pero en ese instante, un géiser de agua a presión, liberado por la rotura de la tubería maestra, estalló desde el suelo justo frente a Leo.

¡FSSSSHHHHHH!

El agua fría chocó contra el fuego mágico.

La reacción fue explosiva.

Se creó una nube de vapor instantánea, densa y blanca, que cubrió toda la arena en segundos, ocultando a Leo, a Cian y a todo lo demás de la vista del público y del Juez.

Nadie podía ver nada.

Dentro de la nube de vapor hirviendo, Leo se levantó.

Su espada brillaba.

Sus ojos brillaban más.

Estaba a solas con Cian en la niebla.

—Ahora —susurró Leo, dejando caer su postura de torpe y adoptando la postura de un depredador—.

Nadie está mirando.

Cian, tosiendo en el vapor, vio una sombra caminar hacia él a través de la niebla blanca.

—¿Qué…?

¿Dónde estás?

—gritó Cian, lanzando fuego a ciegas.

La sombra se movió con una velocidad inhumana (Agilidad 60).

Leo apareció detrás de Cian.

Le susurró al oído: —La comedia ha terminado, Lord Valestorm.

Ahora viene el drama.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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