Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Despertar del Estratega - Capítulo 32

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Despertar del Estratega
  4. Capítulo 32 - 32 Capítulo 32 La Digestión del Poder y la Ecuación del Silencio
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

32: Capítulo 32: La Digestión del Poder y la Ecuación del Silencio 32: Capítulo 32: La Digestión del Poder y la Ecuación del Silencio [Ubicación: Barracón 10 – Pabellón de Estudiantes Externos] La habitación estaba sumida en una oscuridad casi líquida, rota únicamente por el resplandor fantasmagórico de una perla de luz que flotaba a centímetros de la frente de Leo.

Elian dormía profundamente en la cama contigua, su respiración rítmica actuando como un metrónomo para la concentración de Leo.

Leo no estaba durmiendo.

Estaba estudiando.

Sobre su regazo descansaba el libro robado: “El Manual del Devorador”.

El tacto de la cubierta, hecha de escamas de dragón grisáceas, era frío y áspero.

No era un libro que invitara a la lectura; era un objeto que parecía advertir al usuario con su mera presencia.

Leo pasó una página.

Su Inteligencia de 100 no solo leía las palabras; diseccionaba la intención del autor, un mago anónimo de una era olvidada que veía la magia no como un arte, sino como una cadena alimenticia.

“La falacia del mago moderno es creer que el Maná es un recurso externo que se pide prestado al mundo.

Error.

El Maná es sangre.

Y como la sangre, puede ser transfundido.

Pero para que el receptor no rechace la donación, la voluntad del donante debe ser…

obliterada.” Leo se detuvo, analizando el párrafo.

—El sistema de [Licantropía de Jade] que uso es instintivo —susurró para sí mismo—.

Absorbí el núcleo del Escorpión y del Lobo porque mi Talento S actuó como un puente forzoso.

Pero fue ineficiente.

Perdí el 60% de la energía en el proceso de conversión térmica.

Leo trazó con su dedo las líneas de un diagrama complejo en la página 42: El Circuito Gástrico Espiritual.

El libro proponía una técnica de meditación prohibida: en lugar de circular el maná por las “venas” espirituales hacia las manos para expulsarlo (hechizos), el usuario debía crear un vórtice de succión en su propio núcleo, invirtiendo el flujo.

—Si invierto mi flujo de maná mientras toco a un enemigo…

no solo le hago daño.

Dreno su reserva para rellenar la mía.

Era vampirismo arcano.

Leo cerró los ojos.

Visualizó su propio núcleo.

Era una esfera de luz azul brillante, estabilizada por su alta Inteligencia.

Comenzó a girarla en sentido contrario.

Sintió náuseas.

Su cuerpo se rebeló.

Era antinatural.

«Fuerza de voluntad.

Aplica el vector de rotación negativa.» Leo persistió.

El sudor perló su frente.

El núcleo vibró, resistiéndose, hasta que, con un clic mental, el giro se invirtió.

Una sensación de vacío voraz se abrió en su pecho.

No era hambre de comida.

Era una necesidad desesperada de energía.

La perla de luz que flotaba frente a él fue absorbida por su piel, desapareciendo al instante y rellenando una fracción minúscula de su reserva.

[Notificación: Has aprendido una Habilidad Prohibida.] [Nueva Habilidad Pasiva: [Drenaje de Contacto (Rango E)].] [Efecto:] Recuperas 1% de tu Maná máximo por cada segundo de contacto físico directo con una entidad mágica hostil.

[Advertencia:] El uso excesivo puede corromper tu propia firma de maná.

Leo exhaló, devolviendo el giro de su núcleo a la normalidad.

—Es peligroso —admitió—.

Pero en una guerra de desgaste contra magos de la Torre que tienen reservas infinitas, esto es la única forma de mantenerme en la pelea.

Guardó el libro en su Anillo Espacial.

Había aprendido lo básico.

Ahora necesitaba herramientas físicas.

Día 3: La Calma del Cementerio La mañana siguiente en la Academia fue extraña.

Leo (“Aries”) caminó hacia el comedor.

Los estudiantes se apartaban a su paso.

Ya no lo miraban con desprecio ni se reían de su túnica gris.

Lo miraban con una mezcla de confusión y temor supersticioso.

Habían visto a Cian Valestorm, el prodigio, romperse a sí mismo en pedazos frente a este “plebeyo con suerte”.

Nadie entendía cómo había sucedido, pero el resultado era innegable: Aries era un gafe, o tenía la protección de algún dios del caos.

Leo se sentó en su mesa habitual.

Elian llegó un minuto después, con los ojos rojos y ojeras profundas.

—No has dormido —observó Leo, partiendo su pan.

—No puedo —susurró Elian, mirando a su alrededor con paranoia—.

Anoche…

en el turno de noche de la Unidad de Eliminación…

fue una locura, Aries.

Leo dejó de comer.

—¿Qué pasó?

—Normalmente tiramos tres o cuatro contenedores a la semana.

Anoche…

llegaron veinte.

Leo tensó la mandíbula.

—¿Veinte?

—Sí.

Y no eran…

restos pequeños.

Eran cuerpos enteros.

Algunos todavía se movían dentro de las bolsas.

—Elian estaba al borde de las lágrimas—.

Y escuché a los supervisores hablar.

Decían que el “Protocolo de Aceleración” había sido activado.

Decían que el Archimago Kaelen no quiere esperar más.

—¿Aceleración?

—Leo procesó el dato.

La Selección Real estaba cerca.

El Rey estaba muriendo.

Kaelen, el líder de la Torre, debía estar sintiendo la presión de sus rivales políticos.

Estaba sacrificando calidad por cantidad, forzando los experimentos para obtener resultados rápidos, sin importar el costo humano.

—Elian —dijo Leo con voz firme—.

Escúchame bien.

Hoy, cuando termines tus clases, te vas a poner enfermo.

Vas a ir a la enfermería y vas a decir que inhalaste vapores tóxicos.

Que te ingresen.

—¿Por qué?

—Porque esta noche va a pasar algo en el Edificio de Ciencias.

Y no quiero que estés cerca de los vertederos cuando suceda.

Elian tragó saliva y asintió.

Confiaba ciegamente en Leo.

La Reunión en el Tejado Al atardecer, Leo se reunió con Lyra en el tejado de la biblioteca.

Era un punto ciego para las patrullas de gárgolas.

Lyra estaba afilando sus nuevas flechas negras.

Parecía tensa.

—Cian no ha vuelto a clase —dijo ella sin preámbulos—.

Fui a la enfermería de los nobles para…

“burlarme” de él.

Pero no estaba.

—¿Se lo llevó su familia?

—preguntó Leo.

—Eso dijeron las enfermeras.

Pero…

—Lyra sacó un trozo de tela azul rasgada de su bolsillo—.

Encontré esto en el pasillo trasero, cerca de la salida de servicio que conecta con los laboratorios.

Es seda de la Casa Valestorm.

Y tiene sangre.

Leo tomó la tela.

La sangre estaba seca, pero su olfato de lobo detectó algo más.

Un olor químico.

El mismo olor a mutágeno que había en la alcantarilla.

—No se lo llevó su familia —dijo Leo con frialdad—.

Falló en el torneo.

Humilló a la Academia.

Y lo más importante: es un mago de Rango 1 Alto con un núcleo inestable por el abuso de pociones.

Lyra palideció.

—¿Estás diciendo que…?

—Es un sujeto de prueba perfecto.

Un noble desechado.

Nadie lo buscará si la Torre dice que “se retiró por vergüenza”.

La Torre se estaba comiendo a sus propios hijos.

La desesperación de Kaelen era palpable.

Leo desplegó el mapa que había copiado de la biblioteca prohibida.

—Esta noche entramos —dijo Leo—.

No podemos esperar a que perfeccionemos el plan.

Si están en “Protocolo de Aceleración”, cada hora que pasa son diez niños muertos.

—Estoy lista —dijo Lyra, guardando su daga—.

Pero hay un problema.

La entrada principal del Laboratorio 4 tiene un Gólem Guardián de Mithril.

Rango 3.

No podemos luchar contra eso y esperar que sea silencioso.

—No vamos a entrar por la puerta —dijo Leo, señalando un punto en el mapa—.

Vamos a entrar por el desagüe.

Por donde Elian tira la basura.

Lyra hizo una mueca.

—Qué glamuroso.

—Es un tubo de caída vertical de cincuenta metros que conecta la Unidad de Eliminación con las alcantarillas.

Si subimos por ahí, saldremos directamente dentro del laboratorio, saltándonos al Gólem y los escáneres de retina de la entrada principal.

—Subir por un tubo resbaladizo lleno de restos biológicos…

—Lyra suspiró—.

Bien.

Pero necesitamos equipo de escalada.

Y algo para no morir por los gases.

—Tengo los filtros pulmonares —dijo Leo (refiriéndose a su transformación)—.

Tú necesitarás una máscara.

Y necesitamos explosivos.

Si nos descubren, no vamos a huir.

Vamos a volar el laboratorio.

—¿Explosivos?

—Lyra arqueó una ceja—.

¿Dónde consigues explosivos de grado militar en una escuela?

Leo sonrió.

—Conozco a un tipo.

La Visita al Mercado Negro: Parte 2 Volver a “El Crisol Roto” fue diferente esta vez.

Garek no intentó matarlos.

Al contrario, cuando Leo y Lyra entraron, el comerciante estaba sirviendo té a dos mercenarios que parecían muy educados.

Garek los despachó rápido al ver a su “socio”.

—¡Aries!

¡Mi cliente favorito!

—Garek se frotó las manos—.

Las ventas del Jade van viento en popa.

Tengo tu parte aquí…

—Guárdalo —dijo Leo, apoyando las manos en el mostrador—.

Necesito reinvertir.

Necesito algo fuerte, Garek.

—¿Cómo de fuerte?

—Cargas de Vacío.

O Cristal de Fuego Inestable.

Algo capaz de derribar muros de contención reforzados con magia.

Garek dejó de sonreír.

Miró a la puerta, asegurándose de que estaba cerrada.

—Estás hablando de material de asedio, chico.

Si la Torre me pilla vendiendo eso, me ejecutan públicamente.

—Si la Torre sigue haciendo lo que hace, no quedará nadie a quien ejecutar —dijo Leo—.

¿Tienes o no?

Garek suspiró y se agachó bajo el mostrador.

Sacó una caja de metal plomo.

Dentro había tres esferas negras, del tamaño de manzanas, que parecían absorber la luz de la habitación.

—Granadas de Implosión de Vacío —susurró Garek—.

Tecnología antigua.

No explotan hacia afuera.

Colapsan el espacio hacia adentro en un radio de tres metros.

Se comen la materia.

Muros, carne, magia…

todo desaparece.

—Perfecto —dijo Leo—.

Me llevo las tres.

—Son 2,000 oros cada una.

—Descuéntalo de mis ganancias del Jade.

Garek le entregó la caja con manos temblorosas.

—No sé qué vas a hacer, Aries.

Y no quiero saberlo.

Pero si vuelas la ciudad, intenta que mi tienda quede fuera del radio de explosión.

—Sin promesas —dijo Leo.

Antes de salir, Leo se detuvo.

—Garek.

Si no volvemos mañana al amanecer…

quema todos los registros de nuestra sociedad y huye de la ciudad.

Garek asintió solemnemente.

—Buena suerte, socio.

La Incursión: El Tubo de la Muerte [Ubicación: Unidad de Eliminación de Residuos – Acceso al Tubo] [Tiempo: 02:00 AM] El edificio de gestión de residuos estaba desierto.

Elian había hecho bien su trabajo; había dejado la puerta trasera desbloqueada antes de irse a la enfermería.

Leo y Lyra estaban parados al borde de un pozo negro circular de dos metros de diámetro.

El olor que subía de allí era indescriptible.

Una mezcla de carne podrida y alquimia quemada.

—Las damas primero —dijo Leo, activando su visión nocturna.

Lyra se ajustó una máscara de cuero con filtros de carbón alquímico que Garek le había vendido.

—Odio esto —dijo ella, su voz amortiguada.

Saltó.

Lyra usó dos piolets cortos para clavarse en las paredes del tubo y detener su caída.

Leo saltó tras ella.

No usó herramientas.

Transformó sus manos y pies en garras de Licantropía de Jade.

El metal del tubo se perforaba bajo sus garras como si fuera papel.

Comenzaron el ascenso (o descenso inverso, ya que entraron desde el nivel de calle para bajar al subsuelo).

Diez metros.

Veinte.

El tubo estaba resbaladizo por el limo.

A los treinta metros, escucharon voces.

Había una rejilla de ventilación lateral.

Leo hizo una señal de alto.

Se aferraron a la pared, inmóviles.

A través de la rejilla, vieron una sala de observación.

Dos hombres con batas blancas estaban tomando café.

—…el Sujeto Valestorm está rechazando el injerto —decía uno—.

Su ego es demasiado fuerte.

No se rompe.

—Kaelen dice que aumentemos la dosis de dolor —respondió el otro—.

Si no se rompe hoy, lo desechamos mañana.

Tenemos que hacer espacio para el “Envío Especial” que viene de las Ruinas.

—¿Las Ruinas?

¿Ya abrieron la puerta?

—Dicen que encontraron la llave.

Un artefacto de gravedad.

Si logran sacarlo…

Las voces se alejaron.

Leo miró a Lyra.

Sus ojos violetas estaban llenos de furia fría.

Habían confirmado que Cian estaba vivo, pero siendo torturado.

Y habían confirmado que las Ruinas de Aetheria estaban activas.

Siguieron bajando.

Llegaron al final del tubo.

Una compuerta circular cerrada desde abajo.

—Está sellada magnéticamente —susurró Lyra, examinando el borde—.

No puedo forzarla sin hacer ruido.

—Apártate —dijo Leo.

Leo se colgó con una mano.

Con la otra, sacó un vial de ácido concentrado que había extraído de la Quimera en la alcantarilla (sí, había guardado un poco).

Vertió el ácido sobre las bisagras.

Ssssssss…

El metal burbujeó y se disolvió.

Leo empujó la compuerta suavemente con su telequinesis para que no cayera y hiciera ruido.

La hizo flotar hacia un lado y la depositó en el suelo del laboratorio.

Bajaron.

El Laboratorio 4 No era un laboratorio.

Era una fábrica.

La sala era inmensa, iluminada por luces mágicas frías y blancas.

Filas y filas de tanques de cristal cilíndricos llenaban el espacio.

Dentro de los tanques, flotando en líquido verde, había…

cosas.

Niños con extremidades de lobo.

Hombres con piel de corteza.

Mujeres con branquias.

La mayoría estaban inertes.

Fallidos.

En el centro de la sala, había una mesa de operaciones.

Y sobre ella, atado con correas de cuero y metal, estaba Cian Valestorm.

Estaba desnudo, pálido y cubierto de cicatrices quirúrgicas recientes.

Un equipo de magos estaba trabajando sobre él, inscribiendo runas directamente en su piel con bisturís de energía.

Cian no gritaba.

Tenía la boca abierta en un rictus de dolor silencioso, sus ojos mirando al techo sin ver nada.

Su mente parecía destrozada.

—Monstruos —susurró Lyra, sacando su arco.

—Espera —dijo Leo, agarrándole el brazo—.

Mira al fondo.

Al fondo de la sala, había una puerta enorme, mucho más antigua que el resto del edificio.

Era de piedra negra, cubierta de glifos que brillaban con luz pulsante.

La entrada a las Ruinas de Aetheria.

Y frente a la puerta, había un hombre.

Llevaba una túnica negra con bordados dorados.

Tenía el pelo blanco largo y una presencia que hacía que el aire a su alrededor vibrara.

El Archimago Kaelen (Rango 3 Alto).

Estaba sosteniendo un cubo extraño, un artefacto geométrico que giraba sobre sí mismo.

—La Llave está resonando —dijo Kaelen, su voz retumbando en la sala—.

Abrid la puerta.

Los magos dejaron a Cian y corrieron hacia la puerta de piedra.

Comenzaron a canalizar maná masivo hacia ella.

—Van a abrirla —dijo Leo—.

Si esa puerta se abre y lo que hay dentro sale, no podremos detenerlo.

—¿Qué hacemos?

—preguntó Lyra.

Leo sacó una de las Granadas de Implosión de Vacío.

—Tenemos dos objetivos.

Salvar al idiota de Cian (es un testigo clave) y cerrar esa puerta para siempre.

—¿Cómo?

Kaelen nos matará si respira en nuestra dirección.

Es un Rango 3.

—No vamos a luchar contra Kaelen —dijo Leo, con la sonrisa loca de un estratega que ha visto una jugada suicida—.

Vamos a darle algo más en qué pensar.

Leo miró los tanques de contención.

Había cientos de quimeras fallidas.

Pero “fallido” no significaba “muerto”.

Significaba “incontrolable”.

—Lyra.

¿Ves el panel de control de los tanques de estasis?

—Sí.

—Tengo una flecha explosiva para eso.

—No —dijo Leo—.

Usa una flecha de Sobrecarga.

No rompas el cristal.

Fríe el sistema de bloqueo.

—¿Quieres…

soltarlos a todos?

—Lyra lo miró con horror.

—El enemigo de mi enemigo es mi distracción.

Leo se preparó.

—A la de tres.

Tú disparas al panel.

Yo tiro la granada a la puerta de las ruinas para desestabilizar el ritual.

Y en el caos…

agarramos a Cian y corremos.

—Es un plan terrible —dijo Lyra, tensando su arco.

—Es el único que tenemos.

Uno.

Dos…

—¡Tres!

Lyra disparó.

La flecha cruzó la sala y se clavó en el panel de control principal.

CHISPAZO.

Las luces rojas de emergencia se encendieron.

Las sirenas aullaron.

¡KLANG!

¡KLANG!

¡KLANG!

Cientos de tanques se abrieron a la vez.

El líquido verde se derramó por el suelo.

Y los experimentos despertaron.

El caos se desató en el Laboratorio 4.

El Archimago Kaelen se giró, furioso.

—¿Quién osa…?

En ese momento, Leo lanzó la Granada de Vacío.

La esfera negra voló por encima de las cabezas de los magos y aterrizó justo en la base de la puerta de las Ruinas, donde estaban canalizando el ritual.

—¡Cubierto!

—gritó Leo.

La granada se activó.

No hubo explosión.

Hubo un sonido de succión, como si el universo estuviera inhalando.

Una esfera de oscuridad absoluta se expandió, tragándose el suelo, los instrumentos rituales y a dos magos que estaban demasiado cerca.

La puerta de las Ruinas, desestabilizada, emitió un pulso de energía de rechazo que lanzó a Kaelen hacia atrás.

—¡Ahora!

—Leo saltó desde la pasarela, activando su [Licantropía de Jade] en pleno aire.

El Lobo de Jade aterrizó en medio del caos, rugiendo.

La incursión había comenzado.

Y nadie saldría limpio de esta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo