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El Despertar del Estratega - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 Capítulo 34 La Tinta de la Guerra y el Duelo de los Gigantes
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34: Capítulo 34: La Tinta de la Guerra y el Duelo de los Gigantes 34: Capítulo 34: La Tinta de la Guerra y el Duelo de los Gigantes [Ubicación: Plaza de la Academia – Frente a la Puerta Principal] El sol de la mañana iluminaba una escena que ningún estudiante de Arcanópolis había visto jamás: las grandes puertas de hierro de la Academia estaban cerradas y selladas con cadenas de maná rojas.

Un cartel flotante, proyectado mágicamente en el aire, rezaba: [AVISO DE EMERGENCIA] Debido a una fuga crítica de gas alquímico en el Sector de Ciencias, las clases quedan suspendidas indefinidamente.

Se ha declarado Cuarentena de Nivel 2.

Por su seguridad, regresen a sus residencias o a la ciudad.

— La Dirección.

Cientos de estudiantes se arremolinaban en la plaza, murmurando entre ellos.

Los rumores corrían como la pólvora.

Algunos decían que un experimento había explotado.

Otros, más cercanos a la verdad, susurraban sobre gritos inhumanos escuchados durante la noche.

Leo, vestido con su túnica gris de estudiante externo, estaba apoyado en una columna, mordisqueando una manzana verde con aparente indiferencia.

—Fuga de gas —murmuró Leo, masticando—.

El clásico eufemismo burocrático para “hemos perdido el control de nuestras abominaciones”.

A su lado, Elian estaba pálido como un fantasma, abrazando sus libros contra el pecho.

—Aries…

—susurró Elian, temblando—.

Anoche…

las sirenas no paraban.

Y vi humo saliendo de los jardines.

Humo verde.

¿Crees que…

crees que es por las cajas?

Leo le dio una palmada en la espalda, usando un poco de [Mano de Mago] para estabilizar los nervios del chico mediante presión en los puntos de tensión muscular.

—Seguramente, Elian.

Pero recuerda: tú estabas en la enfermería.

Tienes coartada.

No sabes nada.

Eres solo un estudiante preocupado por sus notas.

—Sí…

sí.

La enfermería.

—Elian repitió la mentira como un mantra.

De repente, el murmullo de la multitud se cortó en seco.

El sonido de cascos de caballo sobre el empedrado resonó como truenos.

La multitud se apartó violentamente, creando un pasillo amplio.

Una columna de doce jinetes con armaduras completas de color azul eléctrico entró en la plaza.

No eran guardias de la ciudad.

Eran soldados privados.

El escudo en sus pecheras mostraba una nube de tormenta atravesada por un rayo.

La Casa Valestorm.

Al frente de la columna, montado en un semental de guerra negro, iba un hombre que irradiaba un aura de violencia contenida.

Tenía el cabello gris acero y una cicatriz que le cruzaba un ojo.

No llevaba bastón de mago, sino una gran espada en la espalda.

Lord Marcus Valestorm.

El padre de Cian.

[Análisis de Amenaza] [Objetivo: Lord Marcus Valestorm] [Clase: Señor de la Guerra / Caballero de la Tormenta] [Rango Estimado: 3 (Bajo) – Equivalente a Oro] Leo dejó de masticar.

«Rango 3.

Un combatiente físico capaz de demoler edificios.

Perfecto.» Marcus detuvo su caballo frente a las puertas cerradas.

No pidió permiso.

No llamó al timbre.

Desenvainó su espada.

La hoja crepitó con electricidad real.

—¡KAELEN!

—bramó Marcus.

Su voz, amplificada por el aura de Rango 3, hizo vibrar los cristales de las ventanas cercanas—.

¡ABRE ESTA MALDITA PUERTA!

El silencio fue absoluto.

Nadie se atrevía a respirar.

Desde la torre central, una proyección holográfica del Archimago Kaelen apareció sobre la puerta.

Kaelen parecía cansado, aunque intentaba ocultarlo.

—Lord Valestorm —dijo la proyección—.

Estamos en cuarentena.

Es peligroso.

—¡Me importa una mierda tu cuarentena!

—gritó Marcus—.

¡Mi hijo ha desaparecido!

¡Su baliza de vida se apagó anoche dentro de tus muros!

¡Entrégame a Cian o derribaré esta academia piedra por piedra!

Kaelen mantuvo la compostura, pero Leo notó el tic nervioso en su ojo proyectado.

—Hubo…

un accidente, Marcus.

Una explosión en los laboratorios.

Muchos estudiantes resultaron heridos.

Estamos buscando supervivientes, pero…

tememos lo peor.

Cian estaba cerca de la zona de impacto.

Era una mentira elegante.

Kaelen estaba encubriendo el secuestro y la tortura de Cian bajo la alfombra de un “accidente trágico”.

Si Marcus creía eso, lloraría a su hijo y se iría.

Marcus bajó la espada lentamente.

El dolor cruzó su rostro de piedra.

—¿Muerto?

—Cenizas, me temo —dijo Kaelen con falsa tristeza—.

Lo siento, viejo amigo.

La multitud suspiró.

La tragedia había sido vendida.

Pero Leo, desde su columna, sonrió.

Una sonrisa depredadora.

—No tan rápido, Kaelen —pensó—.

No vas a cerrar este capítulo tan fácilmente.

Leo se dio la vuelta y se alejó de la multitud.

Tenía trabajo que hacer.

La narrativa oficial era “Accidente”.

La narrativa de Leo iba a ser “Crimen de Guerra”.

El Paquete de la Verdad [Ubicación: Habitación Segura de “Aries” – Distrito de la Ceniza] [Tiempo: 11:00 AM] Leo puso sobre la mesa los elementos que había rescatado del laboratorio y del cuerpo de Cian la noche anterior.

El Grillete: Un trozo de la correa de cuero reforzado que sujetaba a Cian a la mesa de operaciones.

Tenía el escudo de la Casa Valestorm (porque era parte de su cinturón original) y, justo al lado, el sello de inventario de la Torre: “Sujeto 404 – Propiedad del Lab 4”.

El Vial de Mutágeno: Una muestra del líquido verde que habían intentado inyectar en Cian.

La Carta: Esta era la pieza maestra.

Leo tomó pluma y papel.

No podía escribir con su letra.

Usó [Mano de Mago: Caligrafía Mecánica] para escribir con trazos perfectos, inhumanos y geométricos, imposibles de rastrear a una mano biológica.

El mensaje era breve y brutal.

Lord Valestorm: Su hijo no murió en un accidente.

Fue cosechado.

El “accidente” fue una fuga de los sujetos de prueba.

Cian estaba siendo preparado para convertirse en una Quimera en el Laboratorio 4 (Subsuelo).

Kaelen mintió.

No hay cenizas.

Hay un cuerpo que intentaron borrar.

Si quiere justicia, no busque en los escombros.

Busque en los registros del “Proyecto Ascensión”.

— Un Testigo.

Leo empaquetó los objetos en una caja de madera simple, forrada con plomo para evitar el rastreo mágico.

—Cian está vivo y escondido con Garek —reflexionó Leo—.

Si le digo a Marcus que su hijo vive, Marcus negociará con Kaelen para recuperarlo.

Habrá un intercambio de rehenes y dinero, y la Torre sobrevivirá.

Leo selló la caja con cera negra.

—Pero si Marcus cree que su hijo fue torturado y asesinado como un animal de granja…

no negociará.

Querrá sangre.

Y esa sangre debilitará a la Torre lo suficiente para que yo pueda dar el golpe final.

Era una manipulación cruel.

Estaba usando el dolor de un padre como combustible para su guerra.

Pero el [Alma del Estratega] no sentía culpa.

Solo veía vectores de fuerza.

La Casa Valestorm era el ariete; Leo era quien apuntaba.

—Sistema.

Probabilidad de conflicto armado si entrego esto: 98%.

—Excelente.

La Entrega Imposible [Ubicación: Mansión Temporal de la Casa Valestorm – Distrito Noble] [Tiempo: 01:00 PM] La residencia de los Valestorm en la ciudad era una fortaleza.

Guardias de Rango 2 patrullaban el perímetro.

Barreras mágicas cubrían las ventanas.

Un mago asesino no podría entrar.

Pero Leo no necesitaba entrar.

Solo necesitaba que el paquete entrara.

Leo estaba en el tejado de un edificio adyacente, a cien metros de distancia, oculto bajo una chimenea.

Observó el despacho de Lord Marcus a través de una ventana del segundo piso.

El balcón estaba abierto para dejar entrar el aire, pero protegido por una barrera invisible que vaporizaría cualquier objeto lanzado.

—Barrera de Tipo Cinético —analizó Leo con su Inteligencia 100—.

Reacciona a la velocidad y a la masa.

Detiene flechas y piedras.

Pero…

¿detiene la luz?

No.

¿Detiene el sonido?

No.

—¿Detiene la gravedad?

Leo puso la caja en el borde del tejado.

—[Telequinesis Vectorial: Suspensión].

Hizo flotar la caja.

La movió lentamente, muy lentamente, a través del vacío entre los edificios.

Cuando la caja llegó a la barrera invisible del balcón, Leo se detuvo.

Si empujaba, la barrera se activaría.

Leo cambió de hechizo.

—[Pozo de Gravedad: Punto Cero].

Leo creó un punto de gravedad intensa dentro de la habitación de Marcus, justo encima de su escritorio.

La barrera mágica protegía el “afuera”.

No protegía contra una fuerza fundamental que se generaba “adentro”.

La gravedad tiró de la caja.

La caja no “entró” golpeando la barrera; fue “aspirada” a través de un pliegue momentáneo en la cobertura defensiva que Leo calculó aprovechando la fluctuación natural del escudo.

Fue una inyección quirúrgica de materia.

La caja pasó.

THUMP.

Aterrizó pesadamente sobre el escritorio de caoba de Lord Marcus, justo frente a él.

Marcus, que estaba revisando mapas con sus generales, saltó hacia atrás, desenvainando su espada en un borrón de movimiento.

—¡Intruso!

—gritó un general.

Los magos de la guardia escanearon la habitación.

—¡No hay nadie, mi lord!

¡El escudo no se rompió!

¡El objeto apareció de la nada!

Marcus miró la caja negra.

No tenía magia ofensiva.

Solo estaba ahí, desafiante.

—Salid —ordenó Marcus.

—Pero mi lord, podría ser una trampa…

—¡He dicho que salgáis!

Los generales salieron.

Marcus se acercó a la caja.

Con la punta de su espada, rompió el sello de cera y levantó la tapa.

Leo, desde el tejado lejano, no pudo ver el rostro de Marcus, pero pudo sentir el cambio en el aire.

Fue como si la presión atmosférica cayera de golpe antes de un huracán.

Un rugido de dolor y furia, tan primitivo y devastador que hizo temblar los cristales de la calle entera, salió de la mansión.

—¡¡KAELEN!!

Leo asintió, satisfecho.

Se ajustó la capucha y se deslizó hacia las sombras.

La mecha estaba encendida.

La Guerra Civil de los Magos Al atardecer, Arcanópolis ya no era una ciudad académica.

Era un campo de batalla.

La noticia se filtró (con un poco de ayuda de la red de rumores de Garek): La Torre secuestraba hijos de nobles.

No importaba si era verdad para todos o solo para Cian.

El miedo es un motivador poderoso.

Las otras Casas Nobles, temiendo por sus propios hijos, retiraron su apoyo financiero y político a la Torre y se alinearon con los Valestorm.

A las 06:00 PM, Lord Marcus Valestorm movilizó a su legión privada: Los Caballeros de la Tormenta.

Doscientos soldados de élite, apoyados por magos de guerra mercenarios, marcharon hacia la plaza de la Academia.

La Torre respondió.

El Archimago Kaelen activó a los Golems Guardianes de la ciudad.

Estatuas de piedra y metal cobraron vida, bloqueando las calles.

El conflicto estalló en la Avenida del Conocimiento.

¡BOOM!

Bolas de fuego y rayos cruzaban el cielo.

Los caballeros cargaban contra los golems.

El sonido del acero y la magia chocando era ensordecedor.

Leo observaba desde la terraza de una posada segura en el Distrito Comercial, tomando una taza de té que había pagado con una moneda de oro.

Lyra apareció a su lado, saliendo de las sombras.

Llevaba su armadura de combate completa.

—Es una locura —dijo ella, mirando el humo que se alzaba desde la plaza—.

Has iniciado una guerra civil, Aries.

Gente está muriendo.

—La gente moría antes, Lyra —respondió Leo, soplando el vapor de su té—.

Solo que morían en silencio, en sótanos oscuros, disueltos en ácido.

Ahora mueren con espadas en la mano.

Es un avance.

—Mi padre ha enviado una carta —dijo Lyra—.

La Casa Sylvaris se une a los Valestorm.

Vamos a asediar la Torre.

Leo la miró.

—Bien.

Eso dividirá las defensas de Kaelen.

—¿Y tú?

—preguntó Lyra—.

¿Qué vas a hacer mientras nosotros sangramos por tu plan?

Leo dejó la taza.

—Mientras Kaelen esté ocupado mirando a su puerta principal y luchando contra tu padre y Marcus…

yo voy a entrar por la puerta de atrás.

—¿La puerta de atrás?

—Lyra frunció el ceño—.

Las alcantarillas colapsaron.

El laboratorio está destruido.

No hay entrada.

—Siempre hay una entrada —dijo Leo—.

Kaelen está usando la energía de las Ruinas de Aetheria para alimentar las defensas de la ciudad.

He sentido el flujo.

Si corto esa fuente, los Golems se apagarán y sus escudos caerán.

—¿Vas a volver a bajar?

—Lyra lo miró con incredulidad—.

¿Solo?

—No.

Voy a bajar con un experto.

Leo sacó de su bolsillo el Bastón de Zafiro de Valerius y el Manual del Devorador.

—He aprendido un truco nuevo, Lyra.

La nigromancia es sucia, pero la Memoria Residual es pura información.

Voy a usar el bastón de Valerius para rastrear la otra entrada a las ruinas.

La entrada que solo los Archimagos conocen.

Leo se levantó.

Su sombra se alargó bajo la luz de los incendios de la ciudad.

—Mantén a los Valestorm luchando.

Que hagan ruido.

Que Kaelen crea que es una guerra de asedio.

Yo voy a convertirlo en un asesinato.

—Aries…

—Lyra le agarró el brazo—.

Ten cuidado.

Kaelen es Rango 3.

Si te pilla solo…

—Si me pilla solo, descubrirá por qué los lobos cazan mejor cuando la presa está distraída.

Leo saltó del tejado, desapareciendo en la noche de una ciudad en llamas.

[Misión Actualizada: Infiltración en la Torre del Archimago.] [Objetivo: Localizar el Acceso Privado a las Ruinas de Aetheria.] [Estado de la Ciudad: Guerra Civil (Caos 80%).] El Estratega había movido sus piezas.

El Rey Blanco (Kaelen) estaba en jaque por los Caballos (Valestorm).

Ahora, el Peón (Leo) iba a cruzar el tablero para convertirse en Reina.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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