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El Despertar del Estratega - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - 38 Capítulo 38 El Ojo del Dios Matemático y la Asimetría de la Guerra
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38: Capítulo 38: El Ojo del Dios Matemático y la Asimetría de la Guerra 38: Capítulo 38: El Ojo del Dios Matemático y la Asimetría de la Guerra [Ubicación: Distrito de la Ceniza – Salida de Ventilación Secundaria] La tapa de la alcantarilla salió volando, girando en el aire como una moneda lanzada por un gigante, y aterrizó con un estruendo metálico sobre los adoquines rotos.

Una mano, cubierta de polvo de estrellas y grasa mecánica, se aferró al borde.

Leo emergió del subsuelo.

El aire que llenó sus pulmones no era el aire estéril y purificado de Aetheria.

Era aire caliente, sucio, cargado de humo negro, ceniza y el olor cobrizo de la sangre fresca.

Arcanópolis ardía.

Desde su posición en el Distrito de la Ceniza, Leo podía ver el panorama completo de la catástrofe.

La ciudad, antes una joya de mármol blanco, era ahora un esqueleto en llamas.

Las torres flotantes de los magos oscilaban peligrosamente; sus cadenas de anclaje gemían bajo el estrés de barreras defensivas sobrecargadas.

En el cielo, dragones de luz (invocaciones de alto nivel) luchaban contra gárgolas de piedra animadas.

En las calles, los destellos de explosiones mágicas iluminaban la noche como un estroboscopio de muerte.

—Caos —dijo Leo.

Pero cuando abrió los ojos, no vio solo fuego y humo.

[Habilidad Pasiva Activada: Ojo de Laplace.] El mundo cambió.

Sobre la visión normal de Leo, se superpuso una interfaz de realidad aumentada hecha de líneas vectoriales doradas y números flotantes.

Vio una viga de madera cayendo de un edificio en llamas a cincuenta metros.

Pero no solo la vio caer; vio la trayectoria.

Una línea roja trazaba su camino exacto antes de que ocurriera.

«Impacto en 1.2 segundos.

Probabilidad de colisión con el civil que corre debajo: 98%.» Vio una bola de fuego perdida volando hacia su posición desde una batalla callejera a tres cuadras.

«Trayectoria parabólica.

Viento lateral: 15 km/h.

Punto de impacto: 2 metros a mi izquierda.» Leo no se movió.

La bola de fuego golpeó el suelo exactamente donde la línea roja indicaba, bañándolo en una lluvia de chispas inofensivas.

Ni siquiera parpadeó.

—Veo la matriz —susurró Leo, mirando sus propias manos.

Los números fluían sobre su piel—.

Ya no tengo que adivinar.

Ya no tengo que reaccionar.

Solo tengo que…

editar.

El Tablero Roto Leo comenzó a moverse hacia el norte, hacia el Distrito Noble.

Su objetivo era la Casa Sylvaris.

Según su análisis del mapa táctico mental (alimentado por los sonidos de las explosiones y los flujos de maná visibles), la línea de frente se había estancado en la Plaza Central.

Los Caballeros de la Tormenta (Valestorm) estaban reteniendo a los Golems de la Torre.

Pero había una anomalía.

En el flanco este, donde residía la familia de Lyra, las líneas de probabilidad eran un desastre de color rojo sangre.

«Concentración de Maná hostil: Rango 2 Alto.

Número de unidades: 50+.

Estado de las defensas Sylvaris: Colapso inminente en 14 minutos.» La Torre no estaba atacando a los Sylvaris para ganar territorio.

Los estaba atacando para exterminarlos.

Era un castigo ejemplar por su traición.

—Tengo 14 minutos —calculó Leo.

Echó a correr.

No usó su forma de Lobo.

No la necesitaba.

Con su Agilidad 60 y el Ojo de Laplace, Leo corría a través del campo de batalla urbano como el agua fluye entre las rocas.

Un grupo de saqueadores saltó de un callejón para interceptarlo.

Leo vio sus intenciones 0.5 segundos antes de que sus músculos se contrajeran para atacar.

«Saqueador A: Estocada baja.

Saqueador B: Tajo alto.» Leo se agachó y giró antes de que las armas se movieran.

Pasó entre ellos sin tocarlos, dejándolos golpeando al aire, y siguió corriendo.

No valía la pena detenerse.

Eran irrelevantes en la ecuación.

El Asedio de la Mansión Esmeralda La mansión de los Sylvaris era una fortaleza elegante, construida con madera de hierro y rodeada de jardines que ahora eran trincheras.

La situación era desesperada.

Los arqueros élficos en los muros disparaban con precisión letal, pero sus flechas rebotaban inútilmente.

El enemigo no eran humanos.

Eran Cascarones de Asedio.

Leo se detuvo en un tejado cercano para analizar la fuerza atacante.

Eran humanoides de tres metros de altura, hechos de metal gris y carne pálida, sin cabeza, con un núcleo de maná brillante en el pecho.

[Análisis de Enemigo] [Unidad: Prototipo Mark-IV (Gólem Biológico)] [Rango: 2 (Bajo)] [Blindaje: Aleación Alquímica (Inmune a perforación estándar).] [Cantidad: 12 Unidades.] Doce tanques vivientes.

Y liderándolos, flotando en una plataforma de disco volador, estaba un Mago de la Torre con una máscara de gas y un lanzallamas alquímico conectado a su espalda.

—¡Quemad el nido!

—gritó el Mago—.

¡Kaelen quiere sus orejas!

Los Cascarones avanzaron, rompiendo la puerta principal.

Los elfos gritaron mientras eran aplastados.

En el patio interior, Lyra Sylvaris lideraba la última línea de defensa.

Su armadura estaba abollada, su cara manchada de hollín.

Disparaba flechas explosivas (las que Leo le ayudó a comprar), pero apenas lograban frenar a los monstruos.

Un Cascarón levantó un pilar de piedra y lo lanzó hacia Lyra.

El Ojo de Laplace de Leo trazó la parábola.

«Impacto confirmado.

Probabilidad de muerte de Lyra: 100%.» —Ecuación inaceptable —dijo Leo.

Leo saltó desde el tejado.

En el aire, activó [Licantropía de Jade: Piernas y Brazo Derecho].

Aumentó su masa efectiva con [Pozo de Gravedad] para convertir su caída en un misil cinético.

No apuntó al Cascarón.

Apuntó al pilar de piedra en pleno vuelo.

¡BOOM!

Leo interceptó el proyectil a tres metros de Lyra.

Su puño de Jade (Fuerza 165) pulverizó la columna de piedra, convirtiéndola en una lluvia de grava inofensiva que cayó sobre la elfa sorprendida.

Leo aterrizó frente a ella, creando un cráter en el suelo del patio.

Se levantó lentamente, sacudiéndose el polvo.

Los Cascarones se detuvieron.

El Mago de la Torre bajó su lanzallamas.

Lyra, con el arco aún tensado, miró la espalda de la figura que acababa de caer del cielo.

Reconoció la capa raída.

Reconoció la postura.

—¿Aries?

—susurró ella, incrédula—.

¿Llegas tarde a propósito para hacer una entrada dramática?

Leo giró la cabeza ligeramente.

Su ojo humano era azul.

Su ojo de lobo era verde.

Pero ambos tenían un brillo matemático inhumano.

—Llego exactamente cuando la probabilidad de tu supervivencia llegó a cero, Lyra.

Ni un segundo antes, ni uno después.

Eficiencia.

El Mago de la Torre, un hombre llamado Instructor Moloch, se rió.

Su voz salía distorsionada por la máscara de gas.

—¿Un estudiante externo?

¿Vienes a morir con los traidores?

¡Unidades 4 y 5, eliminadlo!

Dos Cascarones de Asedio rugieron (un sonido mecánico) y cargaron contra Leo.

Eran masas de 500 kilos moviéndose a la velocidad de un caballo al galope.

Lyra tensó su arco.

—¡Cuidado!

¡Son resistentes a…!

—Silencio —dijo Leo.

No se transformó completamente.

No levantó una barrera.

Leo miró a los Cascarones que venían hacia él.

[Ojo de Laplace: Análisis Estructural.] «Escaneando…

Detectado patrón de movimiento.

El modelo Mark-IV tiene un retraso de 0.3 segundos en la transferencia de peso a la pierna izquierda debido a un defecto en la junta de la rodilla.» «Punto de estrés máximo: Eje central del núcleo de maná durante la fase de ataque.» El mundo se volvió líneas azules y puntos rojos.

Leo caminó hacia ellos.

El primer Cascarón lanzó un puñetazo descendente capaz de aplastar un tanque.

Leo dio un paso lateral de exactamente 15 centímetros a la izquierda.

El puño pasó rozando su nariz, levantando viento, pero sin tocarlo.

Leo, aprovechando la apertura que sabía que estaría ahí, extendió su mano humana (reforzada con telequinesis) y tocó el pecho del monstruo.

No golpeó.

Solo tocó.

—[Drenaje de Contacto: Inversión de Flujo].

En un instante, Leo succionó el maná que mantenía unido el núcleo del Gólem.

El Cascarón se apagó como una marioneta a la que le cortan los hilos.

Cayó de cara al suelo, inerte, deslizándose por la inercia hasta los pies de Leo.

El segundo Cascarón intentó frenar y barrer con el brazo.

Leo saltó.

«Vector de ataque horizontal.

Altura 1.5 metros.

Solución: Salto vertical con rotación.» Leo saltó sobre el brazo, giró en el aire y aterrizó sobre los hombros del monstruo.

Activó su garra de Jade en la mano derecha.

—El diseño es defectuoso —dijo Leo, clavando su garra en la nuca del monstruo, justo donde las placas de blindaje tenían una separación de dos milímetros que solo él podía ver—.

El procesador está expuesto.

Arrancó el cerebro mágico de la criatura.

El segundo gigante cayó.

Cinco segundos.

Dos unidades de Rango 2 eliminadas.

Sin sudar.

Sin gritar.

El patio quedó en silencio.

Los elfos de la Casa Sylvaris miraban con la boca abierta.

Lyra bajó su arco, olvidando disparar.

El Instructor Moloch, flotando en su disco, dejó de reír.

—¿Qué…

qué eres?

—preguntó Moloch—.

Eso no fue suerte.

Eso fue…

predicción.

Leo miró hacia arriba, hacia el mago.

—No soy un guerrero, Instructor.

Soy un auditor.

Y tus máquinas no pasan la inspección.

La Caída del Mago de Fuego Moloch, furioso y aterrorizado, activó su lanzallamas alquímico al máximo.

—¡Quédate quieto y muere!

[Torrente de Napalm Arcano].

Un chorro de fuego líquido verde salió disparado hacia Leo.

Era un ataque de área.

Imposible de esquivar con pasos laterales.

Cubría todo el patio.

—¡Leo!

—gritó Lyra—.

¡Cúbrete!

Leo miró el fuego que se acercaba.

[Ojo de Laplace: Análisis Termodinámico.] «Velocidad del fluido: 40 m/s.

Temperatura: 1200°C.

Composición: Aceite base con maná volátil.» «Vector de intercepción óptimo: Redirección gravitacional.» Leo clavó sus pies en el suelo.

Extendió ambas manos.

—[Pozo de Gravedad: Horizonte de Sucesos].

Leo creó una esfera de gravedad súper-densa a dos metros delante de él.

El chorro de fuego golpeó la esfera.

En lugar de atravesarla o rodearla, el fuego fue atrapado.

La gravedad era tan fuerte que curvó las llamas, obligándolas a orbitar en un anillo frenético alrededor del punto invisible.

Leo estaba sosteniendo un sol en miniatura frente a él.

El calor era insoportable, pero su Inteligencia 120 mantenía la ecuación estable.

—Devolución al remitente —dijo Leo.

Cambió el vector de gravedad.

De “Atracción” a “Repulsión”.

El sol en miniatura salió disparado de vuelta hacia Moloch, comprimido y acelerado.

Moloch intentó levantar un escudo, pero la velocidad del retorno fue el doble de la del disparo original.

¡BOOM!

La bola de fuego comprimida impactó contra el tanque de combustible en la espalda de Moloch.

La explosión iluminó el cielo de Arcanópolis.

El Mago de la Torre se convirtió en una estrella fugaz que cayó gritando desde su plataforma, estrellándose en medio de sus propios Cascarones restantes.

La explosión secundaria del tanque dispersó el fuego alquímico entre las filas enemigas.

Los Cascarones, sin líder y ardiendo en fuego que derretía sus componentes biológicos, entraron en modo pánico y empezaron a atacarse entre sí o a correr en círculos.

Leo se sacudió las cenizas de la túnica.

Se giró hacia Lyra.

—El asedio ha terminado —dijo Leo con calma—.

Limpiad los restos.

La Sala de Guerra y la Cuenta Atrás Media hora más tarde, la calma había vuelto a la Mansión Esmeralda.

Los heridos estaban siendo atendidos.

Los Cascarones destruidos humeaban en el jardín.

Leo estaba en el salón principal, sentado en un sillón de terciopelo, bebiendo una copa de vino élfico que costaba más que su vida anterior entera.

Frente a él estaban Lyra y su padre, Lord Arian Sylvaris (Rango 2 Alto, Arquero Maestro).

El elfo tenía un brazo vendado y miraba a Leo con una mezcla de gratitud y desconfianza profunda.

—Has salvado mi Casa, joven Aries —dijo Lord Arian—.

Mis arqueros dicen que te movías antes de que los enemigos atacaran.

Dicen que desviabas el fuego con la mirada.

¿Quién eres realmente?

—Soy el consultor que va a evitar que todos muráis —dijo Leo, dejando la copa—.

Pero las cortesías se acabaron.

Tenemos un problema mayor que la guerra civil.

Lyra se adelantó.

Todavía tenía sangre en la cara, pero sus ojos estaban fijos en Leo.

Ella había sentido el cambio.

Leo ya no era el chico astuto que conoció en el bosque.

Era algo más frío.

Más distante.

—¿Qué encontraste abajo, Leo?

—preguntó ella—.

Desapareciste cuando el laboratorio colapsó.

Kaelen estaba gritando sobre una “puerta abierta”.

¿A dónde fuiste?

Leo sacó el Mapa de Aetheria (que había dibujado de memoria) y lo puso sobre la mesa.

—Fui al sótano del sótano.

A las Ruinas.

—¿Y?

—Y descubrí que la Torre de Alquimia no es una fuente de poder.

Es un parásito conectado a una bomba nuclear.

Leo explicó lo que el Centurión le había dicho.

El Núcleo de Aetheria.

El drenaje de refrigerante.

La inestabilidad crítica.

—Kaelen ha acelerado el proceso para ganar esta guerra —dijo Leo—.

Ha estado drenando energía sin control para alimentar a sus Golems y sus escudos.

Lord Arian palideció.

—¿De cuánto tiempo hablamos?

¿Meses?

Leo miró al elfo a los ojos.

—Catorce días —dijo Leo—.

Eso fue lo que me dijo la máquina cuando bajé.

Pero con el consumo de energía de esta noche…

con los escudos de la ciudad al máximo y la producción de Cascarones…

Leo activó su Ojo de Laplace.

Miró las líneas de probabilidad del futuro de la ciudad.

Todas convergían en un punto blanco cegador.

—He recalculado la variable.

No tenemos catorce días.

Leo levantó tres dedos.

—Tenemos tres días.

Un silencio sepulcral cayó sobre la sala.

—En 72 horas, el núcleo bajo nuestros pies alcanzará la masa crítica.

No será una explosión normal.

Aetheria se “reiniciará”.

Una onda de borrado de maná expandiéndose desde el centro.

Vaporizará todo lo que tenga una firma mágica en un radio de cien kilómetros.

—Eso…

eso incluye a todos los seres vivos —susurró Lyra—.

Todos tenemos maná.

—Exacto —dijo Leo—.

La ciudad, la Academia, los nobles, los plebeyos, los monstruos.

Polvo.

Lord Arian se dejó caer en su silla.

—¿Qué podemos hacer?

¿Evacuar?

—No hay tiempo para evacuar una ciudad de un millón de habitantes.

Las carreteras se atascarían.

El pánico mataría a la mitad antes de salir.

—Entonces, ¿morimos?

—No —dijo Leo, poniéndose de pie.

Su sombra se proyectó sobre el mapa—.

Kaelen tiene el control del sifón.

Él no sabe que va a explotar, o cree que puede controlarlo (arrogancia típica de Rango 3).

—Tenemos que cortar la conexión física.

Tenemos que destruir el Pilar de Ascensión en la cima de la Torre del Archimago.

—Es imposible —dijo Arian—.

Kaelen se ha atrincherado allí.

Tiene a toda su guardia de élite.

Tiene barreras de Rango 4 alimentadas por la misma energía infinita que nos va a matar.

Ni siquiera el ejército del Rey podría entrar ahí en tres días.

Leo caminó hacia la ventana.

Miró la Torre de Alquimia, que brillaba en la distancia como una lanza de luz clavada en el corazón del mundo.

—Un ejército no puede entrar —dijo Leo—.

Pero nosotros no somos un ejército.

Se giró hacia Lyra.

—Tenemos al mercado negro (Garek).

Tenemos a la política (Cian y los Valestorm, si los activamos).

Tenemos a la fuerza militar élfica (Sylvaris).

Y me tenéis a mí.

—¿Y tú qué eres?

—preguntó Arian.

Leo activó su [Licantropía de Jade] solo en su mano derecha, dejando que las placas verdes brillaran, y al mismo tiempo, hizo flotar la mesa entera con un pensamiento casual de su Inteligencia 120.

—Yo soy la variable que Kaelen no puede calcular.

Leo miró a Lyra.

—Reúne a Garek.

Reúne a todos los que nos deban un favor.

Mañana no vamos a luchar una guerra civil.

Vamos a realizar un atraco.

—¿Qué vamos a robar?

—preguntó Lyra, sonriendo a pesar del miedo.

—Vamos a robar el control del apocalipsis.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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