El Despertar del Estratega - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 Capítulo 39 La Voz de los Muertos y el Motín de los Esclavos
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39: Capítulo 39: La Voz de los Muertos y el Motín de los Esclavos 39: Capítulo 39: La Voz de los Muertos y el Motín de los Esclavos [Ubicación: Sótano de “El Crisol Roto” – Distrito de la Ceniza] El aire en el sótano estaba cargado de tensión y olor a aceite de máquina.
Sobre una mesa improvisada hecha con cajas de munición, Leo había desplegado el mapa de la ciudad.
A su alrededor, su “Estado Mayor” improvisado lo miraba con una mezcla de miedo y esperanza.
Garek estaba ajustando un dispositivo de cristal lleno de cables de cobre.
Lyra limpiaba sus dagas, sentada en un barril.
Elian, aún con su bata de paciente robada de la enfermería, miraba los esquemas con nerviosismo.
Y en un rincón, sentado en una silla de madera, estaba Cian Valestorm.
El antiguo noble arrogante era una sombra de lo que fue.
Llevaba ropa de plebeyo prestada que le quedaba grande.
Su brazo izquierdo, donde los cirujanos de la Torre habían intentado injertar carne de quimera, estaba vendado, pero las cicatrices negras asomaban por los bordes.
Su mirada estaba vacía, fija en la nada.
—El objetivo es simple —dijo Leo, rompiendo el silencio—.
El Archimago Kaelen se ha encerrado en la Torre.
Sus escudos están al 100% de potencia, alimentados por el drenaje de Aetheria.
Si intentamos un asalto frontal, moriremos antes de tocar la puerta.
Leo colocó una pieza de ajedrez (un peón negro) sobre la plaza central del mapa.
—Kaelen cree que tiene el control porque tiene el miedo.
La ciudad está aterrorizada.
Nadie se mueve.
Pero el miedo es combustible.
Si le das una chispa, se convierte en ira.
Leo se giró hacia Cian.
—Tú eres la chispa, Cian.
Cian levantó la vista lentamente.
Sus ojos estaban rojos de llorar, pero había algo más en el fondo.
Un odio frío y cristalizado.
—¿Qué quieres que haga?
—preguntó Cian con voz rasposa—.
No tengo magia.
Mi núcleo está dañado.
No puedo luchar.
—No necesito que luches —dijo Leo—.
Necesito que hables.
Leo señaló el dispositivo que Garek estaba manipulando.
—Esto es un Amplificador de Resonancia.
Garek lo ha modificado para secuestrar la frecuencia de los Cristales de Proyección Pública.
Esos cristales gigantes que la Torre usa para dar anuncios y propaganda en cada plaza de la ciudad.
Garek sonrió, mostrando un diente de oro.
—Es ilegal en doce formas diferentes.
Si lo encendemos, anularemos la señal oficial de la Torre.
Durante cinco minutos, la ciudad será nuestra.
—Cinco minutos —dijo Leo a Cian—.
Eso es todo lo que tienes.
Vas a salir en directo ante toda Arcanópolis.
Vas a mostrarles tus cicatrices.
Vas a decirles lo que te hicieron.
Vas a decirles que Kaelen no protege la ciudad; la está comiendo.
Cian tragó saliva.
Tembló.
—Si hago eso…
Kaelen vendrá a por mí.
—Kaelen ya viene a por ti —cortó Leo con brutalidad—.
La única diferencia es si mueres en silencio en un sótano o si mueres gritando la verdad tan alto que los cimientos de su Torre tiemblen.
Leo se acercó y puso una mano en el hombro del noble caído.
—Querías ser un líder, Valestorm.
Querías que la gente te admirara.
Esta es tu oportunidad.
No como un príncipe de brillante armadura, sino como un superviviente.
Lidera la revuelta.
Cian miró su brazo vendado.
Recordó el dolor.
Recordó las risas de los magos mientras lo cortaban.
La mano de Cian se cerró en un puño.
—Lo haré —dijo Cian—.
Quemaré su reputación hasta los cimientos.
La Operación: El Secuestro de la Voz [Ubicación: Plaza de la Voz – Centro de Arcanópolis] [Tiempo: 12:00 PM – Mediodía] La Plaza de la Voz era el corazón de la propaganda de la ciudad.
Un obelisco de cristal de veinte metros de altura se alzaba en el centro, pulsando con luz suave.
Normalmente, transmitía noticias aprobadas por la Torre: edictos, precios del grano, elogios al Archimago.
Hoy, la plaza estaba llena de gente nerviosa.
Refugiados de la batalla de ayer, comerciantes cerrando sus tiendas, guardias patrullando con caras largas.
En un callejón lateral, a la sombra de una panadería cerrada, Leo y su equipo esperaban.
—La patrulla de la Torre pasa en 3…
2…
1…
—contó Leo, sus ojos brillando con el [Ojo de Laplace].
Un grupo de tres Golems de Piedra pasó marchando, haciendo temblar el suelo.
Su patrón de vigilancia tenía un punto ciego de diez segundos.
—Ahora —ordenó Leo.
Lyra y Leo salieron de las sombras.
Se movieron rápido hacia la base del obelisco.
No había puerta.
El obelisco era una pieza sólida de magia.
—Garek, conecta el bypass —dijo Leo.
Garek corrió con su caja de herramientas.
Sacó dos ventosas de cobre conectadas a un núcleo de maná inestable y las pegó a la base del cristal.
—Necesito treinta segundos para sincronizar la frecuencia —dijo Garek, sudando—.
Si el sistema detecta la intrusión, freirá mi cerebro y enviará una señal de alarma.
—Tienes veinte —dijo Leo, mirando las líneas de probabilidad en el aire.
Una segunda patrulla se desviaba hacia ellos.
Leo se giró hacia el callejón.
—Elian, la distracción.
Desde el otro lado de la plaza, Elian (que estaba escondido detrás de una fuente) lanzó una botella de Fuego Alquímico contra un carro de heno vacío.
¡BOOM!
El carro estalló en llamas verdes.
La gente gritó.
Los guardias y los golems giraron sus cabezas hacia la explosión.
—¡Fuego!
¡Sabotaje!
—gritó Elian, fingiendo ser un transeúnte asustado y corriendo en la dirección opuesta.
Los golems corrieron hacia el fuego.
—Diez segundos, Garek —dijo Leo.
—¡Ya casi…!
¡Maldita sea, la encriptación cambia cada segundo!
—Garek tecleaba runas en su consola portátil frenéticamente.
Leo puso su mano sobre el hombro de Garek.
—[Alma del Estratega: Decodificación Asistida].
Leo prestó su capacidad de procesamiento (INT 120) a Garek.
Vio el código de la Torre: una secuencia de números primos basados en la rotación de las lunas.
—La clave es 7-13-29 —dijo Leo.
Garek introdujo los números.
Click.
El obelisco de cristal cambió de color.
Del azul plácido de la Torre, pasó al rojo estático de la intrusión.
—Estamos dentro —dijo Garek—.
La señal se está transmitiendo a todos los cristales de la ciudad.
Tenemos el micrófono abierto.
Leo hizo una señal al callejón.
Cian Valestorm salió.
Caminó hacia el obelisco.
No caminaba con la arrogancia de antes.
Caminaba con la pesadez de un hombre condenado.
Se paró frente al dispositivo de entrada de voz y de imagen.
—Hazlo —dijo Leo.
Cian respiró hondo.
Y comenzó a hablar.
El Discurso de la Cicatriz En toda Arcanópolis, desde el Distrito Noble hasta las alcantarillas, las pantallas gigantes parpadearon.
La imagen del escudo de la Torre desapareció.
En su lugar, apareció la cara de un joven.
Estaba sucio, ojeroso y desesperado.
La gente se detuvo en las calles.
—¿Ese no es…
el hijo de Valestorm?
—murmuró un mercader—.
¿No dijeron que murió ayer?
La voz de Cian resonó en cada rincón de la ciudad, amplificada por la magia.
—Ciudadanos de Arcanópolis —empezó Cian.
Su voz temblaba, pero ganó fuerza rápidamente—.
Mi nombre es Cian Valestorm.
Ayer, el Archimago Kaelen le dijo a mi padre que yo había muerto en un accidente trágico.
Que fui una víctima del deber.
Cian se acercó a la cámara.
—Kaelen mintió.
En el mercado, en las tabernas, en los barracones de la guardia, el silencio se hizo absoluto.
—No morí.
Fui secuestrado.
Fui llevado al Subsuelo del Edificio de Ciencias.
Al Laboratorio 4.
Cian levantó su mano derecha y, con un movimiento brusco, se arrancó la manga de su camisa y las vendas.
La ciudad jadeó al unísono.
Su brazo no era humano.
Estaba cubierto de escamas negras, con venas pulsantes de color verde y trozos de metal incrustados en la carne viva.
Era una atrocidad quirúrgica.
Un intento fallido de crear una quimera.
—Esto es lo que la Torre hace —gritó Cian, levantando su brazo deforme como una bandera de guerra—.
Esto es lo que Kaelen llama “progreso”.
No fui el único.
Vi a niños de los orfanatos.
Vi a gente de la frontera.
Cientos de ellos.
Flotando en tanques.
Siendo disueltos para alimentar sus máquinas.
En la mansión de los Valestorm, Lord Marcus, que estaba preparando el asedio, se quedó petrificado mirando la proyección en su salón de guerra.
Vio a su hijo.
Vio la mutilación.
El dolor en el rostro de Marcus se transformó en una furia volcánica.
Cian continuó, llorando ahora, pero sin dejar de hablar.
—Nos dicen que nos protegen.
Nos dicen que los muros son para que los monstruos no entren.
¡Mentira!
¡Los monstruos ya están dentro!
¡Están en la Torre!
Cian miró directamente a la “cámara”.
—Padre…
si me estás escuchando…
no negocies.
Mátalos.
Mátalos a todos.
La transmisión se cortó.
El obelisco explotó en chispas cuando los contramedidas de la Torre finalmente localizaron el hackeo y frieron el circuito.
Pero ya era tarde.
El mensaje había sido entregado.
La Reacción en Cadena Leo, Garek y Lyra agarraron a Cian, que había colapsado tras el discurso, y corrieron hacia las sombras antes de que llegaran los refuerzos.
Pero no necesitaron correr mucho.
Porque la ciudad había estallado.
No fue una batalla organizada.
Fue un disturbio.
En el mercado, la gente comenzó a lanzar piedras a los guardias de la Torre.
—¡Asesinos de niños!
—gritaba una mujer.
En el Distrito Noble, los Caballeros de la Tormenta, viendo la mutilación de su heredero, entraron en un frenesí de sangre.
Lord Marcus salió de su mansión, espada en mano, rugiendo órdenes de ataque total.
Y en los barrios bajos, los pobres, que habían perdido a tantos hijos “desaparecidos”, salieron con antorchas, horcas y cuchillos oxidados.
El caos que Leo había calculado se multiplicó por diez.
[Ojo de Laplace: Actualización de Estado.] [Nivel de Orden Público: 0%.] [Estado de las Defensas de la Torre: Fragmentadas.] Leo observó desde un tejado seguro.
Las líneas de maná que protegían la Torre del Archimago comenzaron a parpadear.
—Ahí está —dijo Leo, señalando la cima de la Torre—.
Kaelen está desviando energía.
Para contener el asedio masivo que atacaba su puerta principal (miles de ciudadanos y soldados furiosos), Kaelen tenía que redirigir el poder de las Ruinas hacia los Golems y las barreras inferiores.
Eso significaba que las defensas aéreas y los sensores internos estaban debilitados.
—El escudo del ático ha bajado al 40% de densidad —calculó Leo—.
Es penetrable.
Se giró hacia su equipo.
—Cian, has hecho tu trabajo.
Garek, llévalo al refugio y espera.
Lyra…
tú vienes conmigo.
Lyra ajustó su carcaj.
Sus ojos brillaban.
—¿Vamos a entrar?
—Vamos a subir —dijo Leo—.
Kaelen está ocupado mirando hacia abajo, hacia la plebe enfurecida.
Nosotros vamos a caer sobre él desde el cielo.
El Vuelo del Depredador Para llegar a la cima de la Torre, que estaba a trescientos metros de altura y rodeada de vientos mágicos, no podían escalar.
Tardarían demasiado.
Leo tenía un plan mejor.
Un plan que requería Fuerza 165 y Telequinesis.
Fueron al punto más alto del Distrito Noble: la Catedral.
Subieron al campanario.
Leo miró la Torre del Archimago en la distancia.
Estaba a unos quinientos metros de distancia horizontal.
—Agárrate a mi espalda —dijo Leo.
Lyra lo miró, dudando.
—¿Qué vas a hacer?
—Voy a convertirnos en un proyectil de artillería.
Lyra suspiró y se subió a su espalda, aferrándose con fuerza.
—Si morimos por impacto, te mataré yo misma en el infierno.
Leo activó [Licantropía de Jade: Piernas y Torso].
Su cuerpo se blindó.
Sus músculos se tensaron como cables de acero.
—[Pozo de Gravedad: Inversión].
Leo redujo su peso y el de Lyra a casi cero.
Luego, usó [Telequinesis Vectorial] para crear una plataforma de repulsión detrás de sus pies.
—¡Sujétate!
Leo saltó.
La fuerza de sus piernas, combinada con la explosión telequinética, los lanzó al aire como un misil humano.
Cruzaron el cielo de Arcanópolis.
Abajo, la ciudad ardía.
Arriba, el viento aullaba.
Leo vio la barrera de la Torre acercándose.
Era una cúpula de energía dorada.
—¡Prepárate para el impacto!
—gritó Leo.
En el último segundo, Leo aumentó su masa al máximo (Gravedad x10) y concentró todo su escudo de maná en su hombro derecho.
Se convirtieron en un meteorito de Jade.
¡CRASH!
Golpearon la barrera debilitada.
La energía dorada se dobló, resistió por un microsegundo, y luego se rompió con el sonido de un cristal gigante estallando.
Atravesaron la defensa y se estrellaron contra el balcón del despacho privado de Kaelen, en el piso 99.
Rodaron por el suelo de mármol, derrapando hasta detenerse contra una estatua.
Leo se levantó, sacudiéndose los fragmentos de barrera mágica.
Lyra se soltó, con el arco listo en un segundo.
Estaban dentro.
Frente a ellos, unas puertas dobles de oro macizo conducían al Santuario del Pilar.
Leo desactivó su transformación para conservar maná.
Su Ojo de Laplace escaneó la puerta.
«Probabilidad de trampas: 100%.
Probabilidad de que Kaelen esté al otro lado: 100%.» —Llegamos —dijo Leo—.
El jefe final.
Miró el reloj interno del sistema.
[Tiempo restante para el Colapso de Aetheria: 58 Horas.] Tenían tiempo.
Pero Kaelen no les daría ni un segundo.
Leo sacó su espada corta y la Daga de las Sombras.
—Lyra.
Flechas de supresión listas.
—Listas.
Leo empujó las puertas de oro con su mente.
Se abrieron lentamente, revelando el corazón de la corrupción.
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