El Despertar del Estratega - Capítulo 40
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- Capítulo 40 - 40 Capítulo 40 Final del Volumen 1 El Teorema del Dios Falso y la Caída del Cielo
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40: Capítulo 40 (Final del Volumen 1): El Teorema del Dios Falso y la Caída del Cielo 40: Capítulo 40 (Final del Volumen 1): El Teorema del Dios Falso y la Caída del Cielo [Ubicación: Santuario del Pilar – Cima de la Torre del Archimago] Las puertas de oro macizo se abrieron no por la fuerza de los brazos, sino por la presión telequinética de una mente decidida.
Leo y Lyra entraron en el Sanctasanctórum.
Lo que encontraron no fue una sala de guerra, ni un laboratorio sucio.
Era un templo de luz y geometría.
El techo había desaparecido, reemplazado por el cielo nocturno abierto y agitado por la magia residual de la batalla en la ciudad.
El suelo era de obsidiana pulida, reflejando las estrellas.
Y en el centro, atravesando la realidad misma, estaba el Pilar de Ascensión.
No era un pilar de piedra.
Era un torrente sólido de Maná puro, un géiser de luz azul y blanca que brotaba del suelo (conectado a las profundidades de Aetheria) y se disparaba hacia el cielo, alimentando la barrera de la ciudad y los sistemas de la Torre.
El ruido era ensordecedor, un zumbido grave que hacía vibrar los dientes y erizaba el vello de la nuca.
Frente al Pilar, de espaldas a ellos, estaba el Archimago Kaelen.
Llevaba su túnica ceremonial, ahora rasgada y chamuscada por la batalla en el laboratorio inferior.
Pero su postura era relajada.
Estaba observando el flujo de maná como un artista admira su obra maestra.
—Llegáis tarde —dijo Kaelen.
Su voz no fue gritada, pero la magia la llevó directamente a los oídos de Leo y Lyra, clara como una campana—.
La ciudad de abajo está ardiendo.
Vuestros amigos están muriendo.
Y sin embargo, estáis aquí.
Leo avanzó un paso.
Su espada corta en una mano, la Daga de las Sombras flotando a su lado.
—La ciudad se puede reconstruir —dijo Leo con frialdad—.
Pero si ese Pilar sigue activo, en 58 horas no habrá ciudad, ni reino, ni continente.
Has condenado al mundo, Kaelen.
El Archimago se giró lentamente.
Sus ojos, normalmente dorados, ahora eran dos pozos de luz azul cegadora.
Había estado absorbiendo el poder del Pilar directamente.
—¿Condenado?
—Kaelen sonrió, una sonrisa triste y paternal—.
Oh, pequeño estratega.
Tienes ojos, ves los números, pero no ves la ecuación completa.
Kaelen levantó una mano hacia el cielo estrellado.
—¿Crees que hago esto por poder?
¿Por política?
¿Por esa farsa de la Selección Real?
—Kaelen soltó una carcajada seca—.
El Rey es un cadáver.
Los nobles son ganado.
Yo no construyo quimeras para luchar contra ellos.
—¿Entonces para qué?
—gritó Lyra, con el arco tensado y apuntando al corazón del mago—.
¡Has matado a cientos de niños!
—Los he sacrificado —corrigió Kaelen—.
Para salvar a millones.
Kaelen movió su mano, y el aire sobre ellos se distorsionó.
Una ilusión masiva se proyectó en el cielo.
No mostraba el reino.
Mostraba el vacío entre las estrellas.
Y en ese vacío, algo se movía.
Sombras inmensas, del tamaño de mundos, con tentáculos que devoraban la luz de soles lejanos.
—Los Devoradores del Vacío —susurró Kaelen con reverencia y terror—.
Se acercan.
La barrera de nuestro mundo se está debilitando.
La magia tradicional no les afecta.
El acero no les toca.
La imagen cambió.
Mostró una simulación: un ejército de Quimeras perfectas, seres de carne y metal y magia, luchando contra las sombras en el espacio.
—Solo la fusión de la materia y el espíritu puede detenerlos.
Solo la biología forzada a evolucionar más allá de sus límites.
—Kaelen miró a Leo—.
Mi “Proyecto Ascensión” no es una tiranía.
Es un Arca.
Estoy intentando crear una especie capaz de sobrevivir a lo que viene.
Leo miró la proyección.
Su [Ojo de Laplace] analizó los datos visuales.
«Cálculo de probabilidad de invasión extra-planar: Existente.
Datos históricos corroboran amenazas cíclicas.» Leo desactivó su Ojo.
Miró a Kaelen.
—Tu lógica tiene un fallo fundamental, Archimago.
—¿Ilumíname, niño?
—Estás intentando salvar a la humanidad destruyendo su humanidad.
—Leo señaló el Pilar—.
Y en tu arrogancia, has ignorado la termodinámica.
Estás drenando Aetheria.
La bomba que has montado va a estallar antes de que tus “Devoradores” lleguen.
No eres un salvador.
Eres un mecánico incompetente que ha provocado un incendio intentando arreglar un motor.
El rostro de Kaelen se endureció.
La tristeza desapareció, reemplazada por la ira divina de un Rango 3.
—Si no puedes ver el futuro…
entonces eres parte del pasado que debo borrar.
El aire alrededor de Kaelen estalló.
[Inicio de Combate: Jefe Final – Archimago Kaelen (Avatar del Pilar)] [Nivel Estimado: ??
(Sobrecargado)] —[Dominio de la Gravedad: Aplastamiento].
Kaelen no lanzó un rayo.
Simplemente bajó la mano.
La gravedad en la cima de la torre se multiplicó por veinte.
¡CRACK!
El suelo de obsidiana se agrietó.
Lyra cayó de rodillas, gritando mientras sus huesos crujían bajo el peso de su propia armadura.
Leo se dobló, sintiendo cómo su sangre pesaba como plomo.
—¡Magia de Gravedad!
—jadeó Leo—.
¿Tú también?
—Yo escribí los libros que tú robaste, ladrón —dijo Kaelen, flotando inmune a su propio hechizo—.
Muere aplastado como el insecto que eres.
Leo luchó por respirar.
Su fuerza de 55 no era suficiente para levantarse.
Necesitaba más.
[Activar Talento: Licantropía de Jade (Forma Completa).] El maná rugió en sus venas.
Su cuerpo se expandió, forzando los músculos contra la presión gravitatoria.
Las placas de jade brotaron, reforzando su estructura ósea.
Fuerza: 165.
El Lobo de Jade rugió y se puso de pie, desafiando el peso del mundo.
—¡Lyra!
—bramó Leo—.
¡Aléjate del centro!
Leo cargó contra Kaelen.
Cada paso rompía el suelo.
—¿Fuerza bruta?
—Kaelen se burló—.
Patético.
El Archimago movió un dedo.
Del Pilar de luz, extrajo un látigo de energía pura.
¡CRACK!
El látigo golpeó a Leo en el pecho.
No fue un golpe físico.
Fue una desestabilización molecular.
Las placas de jade de su pecho se vaporizaron al contacto, dejando una quemadura negra en la carne de abajo.
Leo salió volando, rodando por el suelo.
—El Pilar me obedece —dijo Kaelen—.
Tengo maná infinito.
¿Tú qué tienes, lobo?
¿Dientes?
Kaelen lanzó una andanada de [Orbes de Desintegración].
Esferas doradas que borraban lo que tocaban.
Leo corrió en cuatro patas, zigzagueando.
[Ojo de Laplace: Sobrecarga.] El mundo se detuvo.
Leo vio las trayectorias.
«Izquierda.
Salto.
Derecha.
Deslizarse.» Leo bailó a través de la muerte.
Una esfera rozó su cola, borrando el pelaje.
Otra pasó a milímetros de su oreja.
Llegó a Kaelen.
Saltó para arrancar su garganta.
Kaelen levantó un escudo.
[Muro Prismático].
Leo golpeó el escudo con sus garras cargadas de [Descarga Térmica].
¡BOOM!
El escudo tembló, pero no se rompió.
Kaelen estaba conectado al Pilar.
Su escudo se regeneraba más rápido de lo que Leo podía dañarlo.
—Inútil —dijo Kaelen desde dentro de su burbuja.
Kaelen preparó un hechizo complejo.
Un círculo mágico de diez metros apareció sobre Leo.
—[Martillo de los Titanes].
Un pilar de fuerza sólida descendió del cielo.
Leo no podía esquivarlo.
Estaba en el aire.
Pero no estaba solo.
¡ZING!
¡ZING!
¡ZING!
Tres flechas negras impactaron contra el escudo de Kaelen en el mismo punto exacto, una detrás de otra.
La primera flecha rebotó.
La segunda agrietó el prismo.
La tercera, una Flecha de Anulación (tecnología robada del laboratorio), explotó.
El escudo parpadeó por una fracción de segundo.
La concentración de Kaelen se rompió.
El Martillo de los Titanes se desvió, golpeando el suelo a dos metros de Leo y lanzándolo lejos con la onda de choque, pero vivo.
Lyra estaba en el borde de la azotea, sangrando por la nariz debido a la presión gravitatoria, pero de pie.
Tenía otra flecha lista.
—¡No te olvides de la elfa, viejo!
—gritó ella.
Kaelen giró su cabeza hacia ella con fastidio.
—Plaga molesta.
Lanzó una onda de fuego hacia Lyra.
Ella saltó al vacío, colgándose del borde de la torre para esquivar, y volvió a subir segundos después.
Leo aprovechó la distracción.
—No puedo romper su escudo con fuerza —analizó Leo, levantándose—.
Y tiene maná infinito.
La única forma de ganar es…
cortar el cable.
Miró el Pilar de Ascensión.
Kaelen no estaba generando el poder; lo estaba canalizando.
Su cuerpo actuaba como un transformador.
Si Leo atacaba a Kaelen, perdía.
Tenía que atacar la conexión.
Pero el Pilar era energía pura.
Tocarlo sería como tocar el sol.
Leo miró sus manos de garra.
Recordó el libro prohibido.
El Manual del Devorador.
«Si la Voluntad del Huésped es superior…» —Es una locura —pensó Leo—.
Probabilidad de supervivencia: 12%.
—Aceptable.
Leo rugió y corrió.
Pero no hacia Kaelen.
Corrió hacia el Pilar de Ascensión.
Kaelen se dio cuenta de su intención.
Sus ojos se abrieron con pánico real.
—¡NO!
—gritó Kaelen—.
¡Te vaporizará!
¡No puedes contener el Éter puro!
Kaelen lanzó todo lo que tenía.
Rayos, fuego, hielo.
Leo ignoró la defensa.
Usó [Telequinesis Vectorial] para crear un escudo de escombros flotantes a su espalda, absorbiendo los impactos mientras corría.
Llegó al Pilar.
El calor era insoportable.
Su pelaje comenzó a humear.
Leo clavó sus garras en el suelo, anclándose.
Y luego, metió ambas manos directamente en el torrente de luz.
—¡¡RAAAAAAAHHHH!!
El dolor fue más allá de lo físico.
Fue espiritual.
Sentía como si estuviera metiendo las manos en una trituradora de almas.
Su armadura de Jade comenzó a agrietarse y brillar al rojo vivo.
—[DRENAJE DE CONTACTO: MÁXIMA POTENCIA].
Leo no intentó absorber el maná para recargarse.
Intentó interrumpir el flujo.
Se convirtió en un cortocircuito vivo.
El Pilar vibró.
La luz azul comenzó a volverse verde tóxica al mezclarse con el aura de Leo.
Kaelen cayó de rodillas.
Su conexión se interrumpió.
Su escudo desapareció.
—¡¿Qué estás haciendo?!
—chilló Kaelen—.
¡Nos matarás a todos!
—¡Estoy cambiando la ecuación!
—rugió Leo.
El cuerpo de Leo comenzó a crecer.
La energía que absorbía era demasiada.
Sus músculos se desgarraban y se regeneraban al instante gracias a su Vitalidad de 95 y al exceso de maná.
Se estaba convirtiendo en una bomba.
—Lyra…
—transmitió Leo mentalmente, usando telepatía básica de lobo—.
El disparo.
Ahora.
Lyra, al otro lado de la azotea, vio la oportunidad.
Kaelen estaba de rodillas, sin escudo, mirando horrorizado cómo Leo corrompía el Pilar.
Lyra sacó su última flecha especial.
La punta no era de metal.
Era de Vidrio de las Sombras (un fragmento que Leo le había dado de la daga rota).
Tensó el arco.
El mundo se ralentizó.
—Por los Sylvaris —susurró.
Disparó.
La flecha voló recta y verdadera.
No hubo sonido.
Kaelen intentó levantar una mano, pero estaba demasiado débil por el rebote de energía.
La flecha de sombra le atravesó el ojo izquierdo y salió por la nuca.
El Archimago se quedó rígido.
Su boca se abrió, pero no salió ningún hechizo.
Solo sangre.
Kaelen cayó hacia atrás.
Muerto antes de tocar el suelo.
[Has derrotado al Archimago Kaelen (Rango 3).] [Asistencia: Lyra Sylvaris.] [Experiencia…
ERROR.
Sistema Sobrecargado.] Leo no pudo celebrar.
Kaelen había muerto, pero el Pilar seguía activo, y ahora, sin el Archimago para regularlo, estaba entrando en fase crítica.
La energía acumulada en el cuerpo de Leo iba a estallar.
—Tengo que…
soltarlo…
Leo intentó sacar las manos del Pilar.
No podía.
La atracción magnética del maná lo tenía atrapado.
El suelo de la torre empezó a temblar.
Las grietas se extendieron.
La Torre iba a colapsar.
[Alerta: Núcleo del Usuario al 300% de capacidad.
Fusión inminente.] Leo miró al cielo.
—Si exploto aquí, destruyo la ciudad igual.
Tengo que redirigirlo.
Miró hacia arriba.
Hacia el espacio.
Hacia los “Devoradores” que Kaelen había mostrado.
—Si tenéis hambre…
comed esto.
Leo usó su Inteligencia 120 para recalcular el vector de salida.
No dispersión.
Concentración.
Convirtió su cuerpo en un cañón.
—[Descarga Térmica: NIVEL OMEGA].
Liberó toda la energía absorbida del Pilar, más su propia reserva, más su fuerza vital, en un solo haz vertical hacia el cielo.
Un rayo de luz verde esmeralda, tan brillante que convirtió la noche en día en todo el continente, salió disparado de la Torre.
Perforó las nubes.
Perforó la atmósfera.
Y golpeó algo en el vacío.
Hubo un destello silencioso en las estrellas.
El Pilar se apagó.
La conexión con Aetheria se cortó.
Leo cayó al suelo, humeante, destransformado, desnudo y con la piel cubierta de quemaduras de maná que brillaban como circuitos rotos.
La Torre gimió.
Los cimientos mágicos habían desaparecido.
La gravedad real volvía a tomar el control.
La cima de la Torre comenzó a inclinarse.
Lyra corrió hacia Leo.
Lo agarró.
—¡Tenemos que saltar!
—gritó ella.
Leo apenas podía mantener los ojos abiertos.
—No tengo…
maná…
para volar…
—Yo sí tengo paracaídas —dijo Lyra, activando un dispositivo en su capa (otro regalo de Garek, el paracaídas de planeo).
Ella se ató a Leo.
Corrió hacia el borde de la azotea que se derrumbaba.
Y saltaron al vacío mientras la Torre del Archimago, el símbolo de la opresión de Arcanópolis, se partía por la mitad y caía sobre la plaza en una nube de polvo y gloria.
Epílogo: El Nuevo Tablero [Ubicación: Colinas del Norte – Mirando hacia Arcanópolis] [Tiempo: Tres días después del “Día de la Caída”] El humo seguía alzándose sobre las ruinas de la Torre, pero la ciudad había sobrevivido.
Leo estaba sentado en una roca, vendado de pies a cabeza.
Su recuperación era rápida, pero el daño espiritual tardaría en sanar.
A su lado, Lyra afilaba una daga nueva.
—Dicen que fue un accidente —dijo Lyra, leyendo un periódico robado—.
Dicen que Kaelen murió intentando contener una explosión experimental.
Lo han declarado héroe póstumo para evitar el pánico.
—Mejor —dijo Leo, con la voz ronca—.
Si nos buscan, no tendremos paz.
Deja que los muertos tengan sus estatuas.
Nosotros tenemos el botín.
El botín no era oro.
El vacío de poder en la ciudad era total.
La Casa Valestorm, liderada por un Marcus vengativo y un Cian “resucitado” (que ahora actuaba como la voz del pueblo), estaba tomando el control del Consejo.
Y Cian respondía a Leo.
Garek había expandido su mercado negro a la superficie, ahora que los guardias de la Torre no existían.
Y Garek respondía a Leo.
La Casa Sylvaris controlaba la seguridad militar.
Y Lyra respondía a Leo.
Leo miró su Ventana de Estado.
NOMBRE: Leo NIVEL: 40 (Límite de Rango 2 Alcanzado) RANGO: Rango 2 (Pico) ESTADO: Mutación de Maná (Estable).
ÍTULO OBTENIDO: [El Asesino de Torres] —¿Y ahora qué?
—preguntó Lyra—.
¿Nos quedamos?
¿Gobernamos desde las sombras?
Leo miró al horizonte, hacia el Norte.
Hacia la Capital del Reino.
Había recordado la visión de Kaelen.
Los Devoradores.
Eran reales.
Kaelen estaba loco, pero no equivocado sobre la amenaza.
Y el Rey estaba muriendo.
—Arcanópolis es pequeña —dijo Leo, poniéndose de pie.
Las vendas cayeron, revelando cicatrices que brillaban levemente en verde—.
Hemos conquistado una ciudad.
Pero el problema es global.
—La Selección Real —adivinó Lyra.
—Exacto.
El próximo Rey tendrá acceso a los Archivos Primordiales en la Capital.
Si quiero saber cómo detener a lo que viene del cielo…
y cómo arreglar mi cuerpo…
necesito ese trono.
—No eres noble, Leo.
No puedes ser Rey.
Leo sonrió.
La sonrisa del Estratega.
—No necesito ser el Rey, Lyra.
Solo necesito elegir quién lo será.
Leo extendió la mano hacia la capital lejana.
—Vamos a la Capital.
Vamos a jugar al Juego de Tronos.
Y vamos a hacer trampa.
[FIN DEL VOLUMEN 1] LEO Nivel: 40 Clase: Híbrido Arcano Poder: Rango 2 Pico Estado: Mutado LYRA Nivel: 28 Clase: Asesina Arcana Poder: Rango 2 Bajo Estado: Leal Interludio: El Ecosistema del Polvo y la Hoguera bajo las Estrellas Parte I: El Rey de la Ceniza [Ubicación: “El Crisol Roto” – Ahora expandido al edificio contiguo]Una semana después de la Caída] Garek ajustó su monóculo nuevo (hecho de cristal de maná puro, no de vidrio barato).
La fila de clientes salía de su tienda y daba la vuelta a la esquina del callejón.
Antes, sus clientes eran ladrones y desesperados.
Hoy, en la fila había mayordomos de casas nobles, mercenarios de alto rango e incluso algunos ex-profesores de la Academia que buscaban trabajo.
—¡Siguiente!
—gritó Garek.
Un hombre nervioso con túnica de mago se acercó al mostrador.
—Señor Garek…
busco…
eh…
polvo de núcleo.
La Torre ya no suministra y mis experimentos…
—El precio se ha triplicado —cortó Garek, revisando un libro de contabilidad con su mano mecánica—.
La Torre cayó.
La oferta bajó.
La demanda subió.
Son principios básicos de economía, amigo.
—¡Pero es un robo!
Garek se inclinó sobre el mostrador.
Detrás de él, dos nuevos Golems de Viento (rápidos y letales, siguiendo el consejo de Leo) se activaron, sus ojos azules brillando.
—No es un robo —dijo Garek con una sonrisa de tiburón—.
Es el libre mercado.
Y yo soy el mercado.
Tienes dos opciones: pagas, o vas a buscar polvo a las Ruinas tú mismo y te arriesgas a que la radiación mágica te derrita la cara.
El mago pagó.
Garek guardó las monedas de oro.
Miró hacia la pared de su oficina, donde tenía colgado un marco vacío.
Nadie sabía qué significaba, pero para Garek, era un recordatorio del socio fantasma que lo había hecho rico.
—Que los dioses te guíen, Aries —murmuró Garek—.
Y que te mantengan lejos de mi tienda un buen tiempo.
Mi corazón no aguanta más “reestructuraciones”.
Parte II: El Brazo de la Justicia [Ubicación: Mansión Valestorm – Sala de Estrategia] Cian Valestorm estaba de pie frente a un espejo de cuerpo entero.
Ya no llevaba las sedas suaves de un estudiante mimado.
Llevaba una túnica negra de estilo militar, diseñada para ocultar y proteger su lado izquierdo.
Se quitó la túnica para inspeccionar las heridas.
Su brazo izquierdo ya no era humano.
Las escamas negras de la quimera se habían asentado, fusionándose con su carne pálida en cicatrices queloides.
Las venas brillaban con un verde tenue.
Era horrible.
Y era fuerte.
Cian cerró su mano deforme.
La madera del poste de la cama crujió y se astilló bajo su agarre sin esfuerzo.
La puerta se abrió.
Su padre, Lord Marcus, entró.
El gran guerrero, que antes miraba a su hijo con decepción por su falta de talento mágico, ahora lo miraba con un respeto sombrío.
—El Consejo Provisional está reunido, hijo —dijo Marcus—.
Los Sylvaris y los Greymane están discutiendo quién controlará los restos de la biblioteca.
Necesitan un voto de desempate.
Cian se cubrió el brazo con la túnica negra.
Se giró.
Sus ojos ya no tenían el brillo de la arrogancia juvenil; tenían la opacidad del trauma procesado.
—No les daremos la biblioteca a ninguno —dijo Cian con voz fría—.
La biblioteca será zona neutral.
Si pelean, diles que soltaré la lista de los nobles que financiaron el Laboratorio 4.
Marcus asintió, una sonrisa orgullosa y cruel cruzando su rostro.
—Bien dicho.
¿De quién aprendiste a negociar así?
¿De ese tal Aries?
Cian tocó su brazo deforme.
Recordó la voz de Leo en el laboratorio: “Eres mi arma política”.
—Aries no negocia, padre —dijo Cian—.
Él conquista.
Yo solo estoy administrando su territorio hasta que vuelva.
Parte III: Teoría Mágica Aplicada al Asado [Ubicación: Colinas de Viento Norte – A 100 km de la ciudad] [Tiempo: Anochecer] El fuego crepitaba alegremente en un claro protegido por rocas.
El cielo estaba despejado, mostrando la Vía Láctea en todo su esplendor.
Leo estaba sentado sobre un tronco, girando un conejo sobre las llamas.
No usaba un palo.
El conejo flotaba en el aire, girando lentamente gracias a una [Mano de Mago] de precisión.
Lyra estaba tumbada en la hierba, mirando las estrellas, limpiando sus dagas con un paño aceitado.
—¿Sabes?
—dijo Lyra, rompiendo el silencio—.
En la Academia nos enseñaron que la magia telequinética era vulgar.
“Herramienta de obreros”, decían.
—La Academia estaba llena de idiotas que murieron aplastados por su propio techo —respondió Leo, espolvoreando sal sobre la carne—.
La telequinesis es la forma más pura de interacción con el mundo.
Es voluntad convertida en fuerza.
—Aun así…
—Lyra se incorporó—.
Nunca te he visto usar un bastón.
Ni cantar.
Ni hacer sellos con las manos.
Solo…
miras las cosas y suceden.
¿Cómo lo haces, Leo?
¿Es por tu…
condición?
Leo miró el fuego.
Su Inteligencia 120 veía el fuego no como “elemento fuego”, sino como una reacción exotérmica de oxidación rápida que liberaba fotones y energía térmica.
Su magia no era mística; era científica.
—Imagina que el mundo es un dibujo, Lyra —dijo Leo—.
Los magos normales necesitan pinceles, pinturas y reglas para añadir algo al dibujo.
Cantan para pedir permiso al lienzo.
Leo hizo un gesto.
Una piedra del suelo se elevó, se comprimió hasta convertirse en polvo y luego el polvo se calentó hasta convertirse en vidrio fundido, formando una pequeña esfera perfecta.
—Yo no pinto —dijo Leo, dejando caer la esfera de vidrio en la mano de Lyra—.
Yo edito.
Veo el código debajo del dibujo y cambio los valores.
Lyra miró la esfera de vidrio, aún tibia.
Era perfecta.
Sin imperfecciones.
—Das miedo cuando hablas así —dijo ella, pero guardó la esfera en su bolsillo como si fuera un tesoro—.
¿Qué haremos cuando lleguemos a la Capital?
—Lo mismo que hicimos en Arcanópolis —dijo Leo, sirviendo el conejo—.
Buscar al más fuerte de la habitación.
Y quitarle la silla.
Lyra mordió una pata de conejo.
—Espero que la comida en la Capital sea mejor.
Este conejo está un poco seco.
—Es cocina de supervivencia, princesa.
Si quieres salsa de vino, tendrás que ganar más dinero.
—Tengo dinero —sonrió Lyra, tocando su bolsa de oro—.
Solo que soy tacaña.
Aprendí del mejor.
Ambos rieron.
Por un momento, bajo las estrellas, no eran un monstruo mutante y una asesina renegada.
Eran solo dos jóvenes viajeros compartiendo una cena.
Pero en la sombra proyectada por la hoguera, la silueta de Leo no era humana.
Era la de un lobo sentado, vigilando la oscuridad.
El descanso era breve.
El juego de tronos los esperaba en el Norte.
—Duerme —dijo Leo—.
Yo haré la primera guardia.
—Despiértame en cuatro horas.
Y Leo…
—¿Sí?
—Gracias.
Por no dejarme en la Torre.
Leo asintió, mirando hacia la oscuridad del camino.
—Un estratega cuida sus activos, Lyra.
—Idiota —susurró ella con cariño, cerrando los ojos.
Leo se quedó mirando el fuego, calculando las probabilidades, los vectores y el destino.
[Volumen 1: Completado] [Interludio: Finalizado]
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com