El Despertar del Estratega - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Capítulo 6 El Mercader de Secretos y la Memoria Fotográfica
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6: Capítulo 6: El Mercader de Secretos y la Memoria Fotográfica 6: Capítulo 6: El Mercader de Secretos y la Memoria Fotográfica [Ubicación: Plaza Central de Elmsworth – Cerca de la Mansión del Alcaide] Elmsworth no era un pueblo rico, pero tenía una jerarquía clara.
Al norte, las cabañas de paja de los plebeyos como Leo.
Al sur, tras una segunda empalizada interna, las casas de madera noble de los artesanos y comerciantes.
Y en el centro, la Mansión del Alcaide, el único edificio de piedra y tejas de pizarra.
Leo estaba “trabajando” en los establos comunales, paleando estiércol bajo la orden de castigo de Grom.
Era el camuflaje perfecto.
Nadie prestaba atención al niño sucio cubierto de moscas.
Desde su posición, Leo observaba la llegada de un evento poco común: La Caravana del Mercader.
Un carromato reforzado con hierro y tirado por dos bueyes enormes entró en la plaza.
El mercader, un hombre gordo con sedas de colores que desentonaban con el gris del pueblo, bajó y fue recibido inmediatamente por el Alcaide Varic, el gobernante local.
Leo aguzó el oído y la vista.
—Varic, viejo amigo —dijo el mercader, su voz resonando en la plaza vacía—.
Traigo lo que pediste.
Suministros de Rango 1.
Varic, un hombre delgado con cara de comadreja y una espada ceremonial al cinto, miró a su alrededor con paranoia.
—Baja la voz.
Entremos.
Leo vio cómo descargaban una caja pequeña, reforzada con bandas de metal azulado.
—Libros o Pergaminos —dedujo Leo al instante por el tamaño y la forma en que el mercader sostenía la caja: con cuidado, pero sin esfuerzo físico, indicando que el contenido era ligero pero valioso—.
Material educativo o mágico.
Justo lo que necesito.
Leo sabía que no podía entrar por la puerta principal.
Había dos guardias armados con lanzas.
Pero Leo tenía algo que los guardias no: Maná y una Agilidad de 5 que, aunque patética para el combate, era suficiente para trepar si encontraba los puntos de apoyo correctos.
Esperó a que entraran.
Dejó la pala y se escabulló hacia la parte trasera de la mansión.
La Infiltración del Establo La mansión tenía una ventana en el segundo piso que daba al tejado de la cocina.
El tejado de la cocina estaba conectado por una viga a los establos privados del Alcaide.
Leo trepó al tejado del establo.
Sus brazos de Fuerza 4 temblaron, amenazando con soltarlo.
—Maldita atrofia —gruñó Leo—.
Vamos, cuerpo inútil.
Sube.
Usó sus rodillas y codos, arrastrándose sin gracia pero con eficacia.
Llegó a la viga.
Cruzó manteniendo el equilibrio (su Inteligencia calculaba el centro de gravedad en tiempo real para compensar su falta de destreza).
Llegó a la ventana.
Estaba entreabierta para ventilar el calor del verano.
Leo se deslizó dentro como una sombra pequeña y sucia.
Cayó en un pasillo alfombrado.
El silencio era absoluto.
Podía escuchar las voces de Varic y el Mercader en el piso de abajo, en el salón principal.
—Están abajo.
La caja debe estar en el Estudio, arriba —razonó Leo.
Se movió rápido.
Encontró la puerta doble de roble del estudio.
Entró.
La habitación olía a cera vieja y papel.
Había estanterías con libros de contabilidad, pero en el escritorio central, la caja azul estaba abierta.
Leo se acercó.
Su corazón latía con fuerza.
Dentro de la caja había tres objetos: Una poción roja (Curación Menor).
Un anillo con una piedra verde.
Un libro encuadernado en cuero azul oscuro: “Tratado sobre Vectores y la Cinética del Maná”.
Leo casi se echó a llorar de alegría.
No era un libro de hechizos básicos; era un manual técnico sobre cómo mover cosas.
Era la llave para la Telequinesis.
Extendió la mano para cogerlo.
¡Criiiek!
El sonido de un escalón de madera crujiendo en la escalera.
Alguien subía.
—…no me importa el precio, Varic.
El Reino está retirando las tropas de la frontera.
Si ese Lobo Sombrío ataca, estás solo.
Era la voz del Mercader.
Estaban subiendo.
Leo se congeló.
Si lo encontraban aquí, lo matarían.
Robar al Alcaide era pena de muerte.
Miró el libro.
Si lo robaba, Varic notaría su ausencia en segundos y cerraría el pueblo.
No podría escapar.
—No puedo robar el hardware —comprendió Leo—.
Tengo que robar los datos.
Leo abrió el libro.
[Talento Activado: Alma del Estratega.] [Modo: Procesamiento de Alta Velocidad / Memoria Fotográfica.] Su cerebro cambió de marcha.
El tiempo pareció ralentizarse.
Leo no leyó; escaneó.
Página 1.
Diagramas de vectores de fuerza.
Click.
Memorizado.
Página 2.
Fórmulas de coste de Maná por kilogramo de peso.
Click.
Memorizado.
Página 3.
El esquema de la Runa de Agarre Etéreo.
Click.
Pasaba las páginas con una velocidad frenética, sus ojos moviéndose de izquierda a derecha como un escáner biológico.
Los pasos se acercaban al pasillo.
—La poción es de buena calidad —decía Varic, su voz justo al otro lado de la puerta—.
Pero el libro es lo que necesito para que mi hijo aprenda magia en la capital.
Leo estaba en la mitad del libro.
Página 50.
Teoría de la levitación inestable.
Página 60.
Contramedidas de gravedad.
El pomo de la puerta comenzó a girar.
—¡Mierda!
—Leo cerró el libro suavemente y lo dejó exactamente en el ángulo en que lo encontró.
Se lanzó bajo el escritorio masivo del Alcaide justo cuando la puerta se abrió.
Varic y el Mercader entraron.
Leo podía ver sus botas desde su escondite.
Apretó la mano contra su boca para silenciar su respiración agitada.
—Aquí está —dijo Varic—.
Tratado sobre Vectores.
Me ha costado quinientas monedas de oro.
—Una ganga —respondió el mercader—.
Por cierto, Varic.
He oído rumores sobre los campesinos.
Dicen que hay huellas raras en el Oeste.
Varic soltó una risa despectiva.
—Campesinos estúpidos.
Que se los coman los lobos.
Mientras las bestias se llenen la panza con los huérfanos y los granjeros, no atacarán esta mansión.
Tengo mis propios guardias y ahora este anillo de protección.
Leo, bajo la mesa, entrecerró los ojos.
La frialdad de Varic confirmó lo que sospechaba: el liderazgo del pueblo los usaría como escudos de carne.
No había culpa en lo que Leo estaba haciendo.
Era supervivencia.
—Bien, bajemos a firmar el pago —dijo Varic—.
Dejaré el libro aquí seguro.
Salieron y cerraron la puerta con llave.
Click.
Leo estaba encerrado.
Pero sonreía.
Había memorizado las 120 páginas del libro.
Se deslizó fuera del escritorio, fue a la ventana, abrió el pestillo con cuidado y salió al tejado.
La Epifanía en el Estiércol De vuelta en la seguridad maloliente de los establos comunales, Leo se sentó sobre un fardo de paja.
Cerró los ojos y accedió a su “biblioteca mental”.
El libro estaba ahí, grabado en su córtex cerebral.
Ahora tenía que procesarlo.
—La [Mano de Mago] no es levantar cosas —murmuró Leo, decodificando el texto en su mente—.
Es crear un campo de tensión superficial alrededor del objeto y aplicar un vector de fuerza direccional.
Es física pura.
Fuerza es igual a masa por aceleración.
Maná es el combustible de la aceleración.
Comenzó a visualizar las fórmulas.
Su mente, hambrienta de datos complejos, devoró la información avanzada.
Ding.
[Progreso de INTELIGENCIA: +1.0] Ding.
[Progreso de INTELIGENCIA: +2.0] El conocimiento de Rango Superior estaba inundando su sistema.
Entendió por qué los magos de este mundo eran arrogantes; la complejidad de estas fórmulas requería una mente superior.
O una mente de la Tierra con educación universitaria.
Ding.
[Progreso de INTELIGENCIA: +2.0] [¡Atributo INTELIGENCIA ha aumentado a 25!] Una nueva notificación, más brillante y compleja, apareció.
[¡CONDICIÓN CUMPLIDA!] [INT > 25 + Conocimiento Teórico de Cinética.] [Habilidad Aprendida: [Mano de Mago (Telequinesis Básica)]] Rango: 1 (Medio) Costo: 5 MP por activación + 1 MP por segundo de sostenimiento.
Límite de Peso: 5 kg (Base) + (INT x 0.5 kg).
Alcance: 10 metros.
Leo hizo el cálculo rápido.
Límite de Peso = 5 + (25 X times 0.5) = 17.5kg Su espada de acero pesaba 2 kg.
Podía levantarla.
Podía moverla.
Y con su Inteligencia 25, podía hacerla bailar.
Leo miró la pala llena de estiércol a sus pies.
Extendió la mano.
No la tocó.
La pala tembló.
Luego, levitó suavemente en el aire, flotando a un metro del suelo.
Leo movió un dedo.
La pala giró a la velocidad de un ventilador, zumbando en el aire.
—Ya no necesito mis brazos —dijo Leo, dejando caer la pala—.
Tengo brazos invisibles.
Tenía el arma (la espada oculta).
Tenía la técnica (Telequinesis).
Tenía el Maná (recarga rápida).
Estaba listo para el Lobo.
Pero el destino, y el Sistema, tenían una sorpresa más.
Una nueva notificación apareció, diferente a las demás.
Era una Misión de Emergencia.
[ALERTA DE EVENTO] [El Depredador ha olido el Miedo y la Magia.] [El Lobo Sombrío no esperará 48 horas.] [Tiempo estimado de invasión: ESTA NOCHE.] Leo miró al sol.
Estaba bajando.
Faltaban apenas dos horas para el anochecer.
Varic planeaba sacrificar a los plebeyos.
El Lobo venía a cenar.
Y Leo era el único en todo el maldito pueblo que sabía lo que iba a pasar.
—Cambio de planes —dijo Leo, poniéndose de pie y limpiándose las manos—.
No voy a esconderme.
Voy a preparar el campo de batalla.
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