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El Despertar del Guardián - Capítulo 10

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10: El Regreso al Origen 10: El Regreso al Origen El camino de regreso a los suburbios se sintió más largo de lo habitual.

Sin la adrenalina del Vínculo de Alma o la presión del Velo de Éter, Caleb experimentaba el mundo con una nitidez casi dolorosa.

El aire ya no vibraba con energía púrpura , sino que olía a la lluvia estancada y al metal oxidado que habían definido su vida antes de encontrar la esfera.

Caleb y Lyra se movían por las sombras de los edificios industriales decrépitos.

Aunque Malphas había sido herido y su esencia de vacío se había disipado temporalmente, ambos sabían que la Orden de los Guardianes Celestiales tenía ojos en cada rincón de la ciudad.

El Reencuentro Llegaron al bloque de apartamentos donde Caleb vivía con su madre.

El lugar parecía desolado bajo la luz grisácea del amanecer.

Lyra se mantuvo alerta, con la mano cerca de su espada de fulgor plateado, mientras Caleb subía las escaleras de metal que chirriaban bajo su peso.

Al abrir la puerta, el aroma a café barato y a humedad lo recibió.

Su madre estaba sentada a la mesa, con el rostro marcado por la angustia de una noche sin noticias.

Al ver a su hijo, se levantó de un salto, pero sus ojos se fijaron de inmediato en la mujer de ojos plateados que lo acompañaba.

—Caleb…

—susurró ella, abrazándolo con fuerza—.

Los cobradores de deudas vinieron buscándote.

Dijeron que habías robado algo valioso.

—No fue un robo, mamá —respondió Caleb, separándose suavemente—.

Fue una carga.

Pero ya se ha ido.

Lyra intervino, su voz firme pero desprovista del desdén inicial: —Señora, su hijo acaba de salvar más vidas de las que este barrio ha visto en toda su historia.

Pero no podemos quedarnos.

Si Malphas o el Consejo regresan, este lugar será el primero que visiten.

La Semilla de la Nueva Orden Caleb miró a su alrededor, a la vida de carencias que había intentado evitar con sus turnos interminables en el depósito de chatarra.

Comprendió que ya no podía volver a ser simplemente un mecánico.

El Núcleo, aunque ahora era una piedra gris y silenciosa, había dejado una marca indeleble en su espíritu.

—No vamos a huir para siempre —sentenció Caleb, mirando a Lyra—.

Dijiste que el Santuario de Aethel cayó por un traidor en el Consejo.

Si queremos estar a salvo, tenemos que limpiar la Orden desde adentro.

Lyra asintió con una sombra de respeto en su mirada.

—Para eso necesitaremos aliados.

Otros que, como yo, hayan servido a la Orden sin cuestionar, pero que ahora vean la verdad tras las mentiras de Malphas.

Caleb tomó la pequeña esfera apagada de su mochila y la colocó sobre la mesa.

A pesar de estar inactiva, su superficie perfecta aún recordaba al sol dorado que una vez fue.

—Empezaremos aquí —dijo Caleb—.

En los suburbios.

Donde la chatarra se convierte en algo nuevo.

Reconstruiremos el nexo, pero esta vez, será un nexo de personas libres, no de esclavos del destino.

La Primera Misión Antes de partir hacia la Zona Sur para buscar a los antiguos contactos de Lyra, Caleb se detuvo un momento frente al espejo roto del pasillo.

Ya no veía al chico asustado que corría de los cobradores.

Veía a alguien que había cruzado los Bosques de Cristal y sobrevivido a la Cápsula del Vacío.

—Lyra —llamó él mientras bajaban las escaleras—.

Dijiste que Malphas no es el único peligro.

¿Qué hay de los otros miembros del Consejo?

—Son hombres que temen perder su batería —respondió ella—.

Y no hay nada más peligroso que un hombre poderoso con miedo.

Mientras se alejaban hacia el corazón de la ciudad, un pequeño destello púrpura iluminó por un milisegundo el brazo de Caleb, una chispa residual que indicaba que, aunque el vínculo se había roto, el poder del Guardián nunca desaparece del todo; solo cambia de forma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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