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El Despertar del Guardián - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 El Eco del Nexo y la Ciudad de Hierro
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12: El Eco del Nexo y la Ciudad de Hierro 12: El Eco del Nexo y la Ciudad de Hierro Caleb observó la esfera gris sobre la mesa de madera astillada.

Aunque Lyra decía que el Vínculo de Alma se había roto, él sentía una extraña pesadez en el centro de su pecho, justo donde el esternón se une al plexo solar.

Como mecánico, sabía que cuando una máquina se detiene bruscamente, siempre queda una energía residual, un calor que tarda en disiparse.

—No está muerta —susurró Caleb, extendiendo los dedos hacia la esfera—.

La energía no se crea ni se destruye, Lyra.

Solo se transfiere.

Si nosotros ya no somos las baterías…

¿hacia dónde fluyó el exceso del Séptimo Cristal?

Lyra, que estaba de pie junto a la ventana vigilando la calle, se giró con un movimiento fluido.

Su armadura, antes brillante y divina, ahora parecía más mate, adaptándose a la penumbra de los suburbios.

—El Séptimo Cristal es un sumidero, Caleb.

Absorbió nuestra conexión para liberarnos.

Pero tienes razón en algo: el vacío que dejó en nosotros es como un molde esperando ser llenado de nuevo.

Caleb cerró los ojos y, por primera vez, no buscó la fuerza bruta del Núcleo.

Buscó la estructura.

En su mente, visualizó el flujo de energía como si fuera un esquema de cableado de una nave de carga de clase C.

Caleb parpadeó, sacudiendo la cabeza.

No fue una voz, ni una pantalla flotante, sino una intuición geométrica que apareció en su visión periférica.

Podía ver las líneas de tensión en la madera de la mesa, los puntos de fricción en la empuñadura de la espada de Lyra.

—¿Viste eso?

—preguntó él, con la voz entrecortada.

—¿Ver qué?

—Lyra se acercó, intrigada por la palidez de su rostro.

—Líneas…

datos.

Como si pudiera leer la física de las cosas.

Lyra frunció el ceño y tomó su mano.

Al contacto, ya no hubo la descarga eléctrica del Velo de Éter, pero Caleb vio una chispa de información: —Es el despertar secundario —explicó Lyra con una mezcla de envidia y asombro—.

Al romper el vínculo impuesto por la Orden, tu mente ha empezado a procesar el Nexo bajo tus propios términos.

No eres una batería, Caleb.

Eres un Procesador.

La Sombra en el Sector 4 El momento de revelación fue interrumpido por un estruendo metálico que provenía del exterior.

No era el trueno de la lluvia, sino el sonido de botas pesadas marchando en unísono sobre el asfalto mojado.

Caleb se asomó por la ventana.

Abajo, tres vehículos blindados con el emblema de la Corporación Aethelgard —la fachada pública de la Orden en este mundo— bloqueaban la calle.

Un grupo de hombres con armaduras tácticas negras y rifles de pulso descendía de los transportes.

Pero lo que más asustó a Caleb no fueron los soldados, sino el hombre que los lideraba.

Era un individuo alto, de piel extremadamente pálida, que vestía un abrigo largo de cuero reforzado.

En su mano derecha sostenía un báculo corto que emitía un zumbido de baja frecuencia.

—Es un Inquisidor de Rango 3 —susurró Lyra, retrocediendo hacia las sombras—.

Se llaman a sí mismos “Los Afinadores”.

Su trabajo es encontrar Guardianes que han “descarrilado” y devolverlos al ciclo…

o reciclarlos.

—Vienen por el Núcleo —dijo Caleb, guardando la esfera gris en su mochila—.

Y por mi madre.

—Tu madre está a salvo en la red de refugios de los bajos niveles —le recordó Lyra—.

La enviamos allí hace una hora.

Pero si nos encuentran aquí, arrasarán el bloque entero.

Caleb sintió que el pánico intentaba apoderarse de él, pero el nuevo “sistema” en su mente respondió.

Las líneas de tensión de la habitación se volvieron rojas, señalando las rutas de escape más probables y los puntos débiles de la estructura.

—No vamos a huir por la puerta trasera —dijo Caleb, con una seguridad que no sabía de dónde venía—.

Vamos a usar los conductos de refrigeración.

El Descenso al Submundo El escape fue una danza de sombras.

Caleb guiaba a Lyra a través de los estrechos conductos de ventilación del edificio.

Gracias a su nueva visión, Caleb podía ver dónde estaban los sensores de calor de los Inquisidores a través de las paredes.

Eran manchas naranjas que se movían con lentitud deliberada.

—A la izquierda, ahora —susurró Caleb.

Saltaron desde una altura de cuatro metros hacia un callejón lleno de desechos industriales.

Lyra aterrizó con la gracia de un felino, pero Caleb rodó por el suelo, sintiendo el impacto en sus costillas.

—Tu cuerpo sigue siendo humano, Caleb —le advirtió Lyra mientras lo ayudaba a levantarse—.

El Nexo mejora tu mente, pero si no entrenas tu físico, serás una computadora perfecta en una carcasa de cristal.

—Lo sé, lo sé —jadeó él.

De repente, una figura bloqueó la salida del callejón.

Era uno de los Afinadores.

El soldado no perdió tiempo; levantó su rifle y disparó un proyectil de energía azul.

Lyra se interpuso, desviando el disparo con su espada, pero el impacto la hizo retroceder.

Sin el Vínculo de Alma, su capacidad de regeneración era mucho más lenta.

El Afinador se preparó para un segundo disparo, pero Caleb vio algo que el soldado no: una tubería de vapor sobrecalentado que pasaba justo por encima del enemigo.

Caleb no lo pensó.

Agarró una llave de tuercas pesada de su cinturón y la lanzó con una precisión geométrica que nunca antes había tenido.

El metal golpeó la válvula con la fuerza exacta.

Una explosión de vapor blanco inundó el callejón.

El Afinador gritó cuando el calor penetró por las juntas de su armadura, cegándolo momentáneamente.

—¡Ahora!

—gritó Caleb.

Lyra no desaprovechó la oportunidad.

En un parpadeo, atravesó la niebla y golpeó al soldado con el pomo de su espada, dejándolo inconsciente en el suelo.

El Primer Aliado Tras correr por kilómetros a través de los túneles de mantenimiento de la ciudad, llegaron a una zona conocida como “La Fundición”.

Era un laberinto de calderas gigantes y maquinaria olvidada donde los marginados de la sociedad se ocultaban de la luz de las megacorporaciones.

En el centro de una nave industrial abandonada, rodeado de pantallas de fósforo verde y piezas de drones desarmados, los esperaba un hombre de baja estatura, con un brazo mecánico que parecía más una herramienta multifunción que una prótesis.

—Has tardado, Lyra —dijo el hombre, sin apartar la vista de un procesador que estaba soldando—.

Y veo que traes al “accidente” contigo.

—Jax, este es Caleb —dijo Lyra, guardando su arma—.

Caleb, este es Jax.

Fue el armero de la Orden antes de que Malphas tomara el control total del Consejo.

Es el único que puede ayudarnos a entender qué le pasó al Núcleo.

Jax se levantó y caminó hacia Caleb.

Sus ojos eran lentes biónicos que se ajustaban con un zumbido mecánico.

—Así que tú eres el que rompió el Velo de Éter —dijo Jax, evaluando a Caleb—.

Interesante.

No hueles a magia…

hueles a aceite y a código binario.

Eso es nuevo.

Déjame ver esa piedra que llamas Núcleo.

Caleb sacó la esfera gris.

Jax la tomó y la colocó en una cámara de escaneo.

En las pantallas, empezaron a aparecer cascadas de datos que Caleb, para su sorpresa, podía entender parcialmente.

—El Séptimo Cristal no absorbió la energía —explicó Jax, señalando un gráfico que mostraba una espiral infinita—.

La comprimió.

Es como un archivo comprimido que necesita una clave de descompresión para abrirse.

Y esa clave está en tu ADN, muchacho.

Caleb sintió un escalofrío.

—¿Qué significa eso?

—Significa —dijo Jax, mirando seriamente a Caleb y luego a Lyra— que Malphas no quiere la esfera para usarla como una bomba.

La quiere porque es el único mapa que existe hacia el Trono del Nexo.

Si logras desbloquear el siguiente nivel de esa esfera, podrás ver la ubicación de los otros seis núcleos.

Caleb miró a Lyra.

La aventura que pensó que había terminado con la ruptura del vínculo apenas estaba revelando su verdadera escala.

Ya no era solo una historia de supervivencia; era una guerra de insurgencia tecnológica y mística.

—¿Puedes enseñarme a desbloquearlo?

—preguntó Caleb a Jax.

—Yo no —respondió el armero, entregándole una pequeña unidad de datos—.

Pero este código te llevará a las Ruinas del Sector 0.

Allí es donde la Orden enterró sus fracasos.

Si sobrevives a lo que hay allí abajo, tendrás el poder para enfrentar a un Inquisidor cara a cara.

Lyra puso una mano en el hombro de Caleb.

Esta vez, el contacto se sintió como una alianza entre iguales.

—Prepárate, Caleb —dijo ella—.

El entrenamiento de verdad empieza mañana.

Y esta vez, no habrá magia que te salve si cometes un error.

Caleb asintió, mirando hacia la oscuridad de los túneles.

Tenía un sistema en su mente, una guerrera legendaria a su lado y una esfera llena de secretos en su mochila.

El chico de la chatarra estaba muerto; el Guardián Digital acababa de nacer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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