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El Despertar del Guardián - Capítulo 14

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14: La Forja del Guardián Digital 14: La Forja del Guardián Digital El refugio de Jax en “La Fundición” apestaba a aceite quemado, ozono y algo que Caleb solo podía describir como “datos calientes”.

Las paredes estaban cubiertas de pantallas holográficas que parpadeaban con advertencias de búsqueda de la Corporación Aethelgard.

—Si vas a Neo-Vaticano, vas a morir en los primeros diez segundos —dijo Jax sin rodeos, mientras golpeaba un metal líquido que se negaba a tomar forma—.

Esa ciudad no es solo un montón de edificios flotantes; es un procesador viviente.

El aire allí arriba está tan saturado de éter que tus pulmones humanos estallarán si no los calibramos.

Caleb dejó el Prisma y el Núcleo sobre la mesa de trabajo.

—Por eso estoy aquí, Jax.

El Sector 0 me dio una idea de lo que puedo hacer, pero mi cuerpo no sigue el ritmo de mi mente.

La Mejora de Equipo: El Traje de Interfaz Jax señaló un armazón de fibra de carbono y filamentos de plata que colgaba de un soporte hidráulico.

Parecía una segunda piel, incompleta y bruta.

—Es un Exo-Traje de Interfaz Sincrónica (Modelo Prototype) —explicó el armero—.

Lo robé de los laboratorios de Aethel hace diez años.

Estaba diseñado para que los Guardianes pudieran canalizar el poder del Núcleo sin quemar sus nervios.

Pero nunca encontraron a nadie con la firma genética adecuada…

hasta ahora.

Caleb se acercó al traje.

Al tocarlo, su sistema parpadeó.

—Póntelo —ordenó Lyra, que observaba desde las sombras, afilando su propia espada—.

No tenemos tiempo para delicadezas.

Los Inquisidores ya están rastreando la firma de energía que soltaste en el Sector 0.

El proceso de integración fue doloroso.

Caleb sintió cómo las micro-agujas del traje se conectaban a sus terminales nerviosas.

Fue como si le inyectaran electricidad líquida en la columna vertebral.

Cuando el dolor cesó, Caleb se miró en un fragmento de espejo.

El traje era de un negro mate profundo, con líneas de luz azul que palpitaban al ritmo de su corazón.

Ya no parecía un mecánico de los suburbios; parecía el prototipo de una nueva era.

El Desbloqueo del Primer Estrato —Ahora, la pieza central —dijo Jax, tomando el Prisma del Sector 0 y la esfera gris—.

Caleb, pon tu mano sobre el Núcleo.

Necesito que uses tu Visión de Flujo para guiar el código del Prisma dentro de la esfera.

Si fallas, este bloque de edificios desaparecerá del mapa.

Caleb respiró hondo.

Cerró los ojos y entró en el estado de trance que el sistema facilitaba.

Vio el interior del Núcleo como un laberinto de engranajes de luz.

El código del Prisma era como una llave de cristal que intentaba encajar en una cerradura que cambiaba de forma constantemente.

Con su Precisión de Mecánico, Caleb empezó a mover los engranajes mentales, alineando las frecuencias.

—¡Ahora, Caleb!

¡Fuerza la entrada!

—gritó Jax.

Caleb empujó toda su voluntad hacia el centro.

La esfera gris emitió un crujido metálico y, de repente, se abrió.

La capa exterior de piedra se desprendió, revelando un núcleo de luz dorada pura que proyectó un mapa estelar en el techo del taller.

—Ahí lo tienes —susurró Lyra, asombrada—.

Los Seis.

Malphas los ha estado usando para alimentar la red global, pero si los recuperas, la red colapsará.

El Primer Movimiento de Ajedrez Mientras Caleb asimilaba la información, una de las pantallas de Jax emitió una señal de alerta roja.

—Demasiado tarde para celebraciones —dijo Jax, tecleando furiosamente—.

Una nave de transporte de la Inquisición acaba de entrar en el espacio aéreo del Sector 4.

No vienen a arrestarte, Caleb.

Vienen a borrar este distrito.

Caleb apretó el puño.

Sintió cómo la armadura respondía a su ira, acumulando energía en sus guanteletes.

—Jax, saca a mi madre de la ciudad.

Lyra, prepárate.

No vamos a esperar a que lleguen a Neo-Vaticano.

Caleb tomó la esfera, que ahora brillaba con un pulso dorado constante, y la encajó en el pecho de su nueva armadura.

La luz dorada se extendió por los filamentos de plata, transformando el azul del traje en un dorado eléctrico.

—Dijiste que el mecánico había muerto —dijo Caleb, mirando a Lyra—.

Tenías razón.

Pero el Guardián tampoco es lo que ellos creen.

Soy algo que ellos mismos crearon en sus laboratorios y luego tiraron a la basura.

Es hora de devolverles el desperdicio.

Caleb saltó por la ventana del taller, no cayendo, sino usando los propulsores de éter de sus botas para deslizarse por los tejados de chapa.

Lyra lo siguió, una sombra de plata tras un cometa de oro.

La guerra por el Nexo ya no era una leyenda.

Era una realidad técnica, y el mecánico tenía el manual de instrucciones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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