El Despertar del Guardián - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 El Latido del Abismo
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19: El Latido del Abismo 19: El Latido del Abismo La Estación Hidra no era una base militar convencional; era un organismo de acero y cristal diseñado para devorar la voluntad de un elemento.
Mientras Caleb y Lyra avanzaban por los pasillos presurizados, el sonido del agua golpeando contra el casco exterior era un recordatorio constante de que estaban a diez mil metros bajo el nivel de la realidad.
El aire allí olía a ozono reciclado y a la frialdad estéril de los laboratorios donde la ética era un concepto obsoleto.
Caleb sentía cada vibración de la base a través de las suelas de su armadura.
Su Sincronización de Conciencia se mantenía estable en un 22%, pero el esfuerzo de procesar la información del Núcleo de Aire mientras sus pulmones se adaptaban a la atmósfera artificial de la estación le provocaba un dolor punzante detrás de los ojos.
—El mapa indica que el procesador principal está tres niveles más abajo, en el Sector de Drenaje Crítico —dijo Caleb, su voz resonando en el interior de su casco—.
Lyra, la firma de energía que detecto no es como la del aire.
No es una ráfaga; es una marea.
Siento que algo está empujando contra mi mente desde el otro lado de las paredes.
Lyra se detuvo en una intersección, su espada de plata emitiendo un fulgor suave que cortaba la penumbra roja de las luces de emergencia.
—Es el Núcleo de Agua.
A diferencia del aire, que busca expandirse, el agua busca profundidad y memoria.
Está intentando recordarte quién eres para poder ahogarte en tus propias dudas.
No dejes que la corriente te arrastre, Caleb.
Mantén tu centro.
El Laboratorio de las Almas Líquidas Llegaron a una inmensa cámara circular.
El techo era una cúpula de cristal reforzado que mostraba la negrura total del abismo, salpicada ocasionalmente por el paso de criaturas abisales bioluminiscentes que parecían fantasmas en el vacío.
En el centro de la sala, enormes tanques de contención albergaban lo que parecían ser “Ecos de Agua”: formas humanas fluidas que flotaban en una suspensión de éter líquido.
—Son prototipos —susurró Lyra, con una expresión de horror que Caleb nunca le había visto—.
El Consejo no solo drena los núcleos; intentan crear Guardianes sintéticos usando la memoria del agua.
De repente, los tanques empezaron a vibrar.
Un gas frío se filtró desde las rejillas del suelo y una figura emergió de las sombras al final de la sala.
No era un soldado, ni un Inquisidor.
Era una mujer, o lo que quedaba de una, vestida con una armadura hidrodinámica de color cobalto.
Sus ojos no tenían pupilas; eran esferas de agua en constante movimiento.
—Bienvenidos a la tumba del mundo —dijo la mujer, y su voz no salió de su boca, sino que vibró directamente en el agua que saturaba el aire de la habitación—.
Yo soy Marina, la que fue olvidada para que Neo-Vaticano pudiera flotar.
Y ustedes tienen algo que me pertenece.
El Duelo en la Cámara de Presión Marina no perdió tiempo.
Con un gesto de su mano, el líquido de los tanques de contención estalló, formando látigos de agua pesada que se movían con la velocidad de balas de cañón.
Caleb reaccionó por puro instinto, activando un escudo de aire comprimido, pero el agua de Marina atravesó la barrera como si no existiera.
El impacto lanzó a Caleb contra una de las consolas de control, haciendo que su HUD parpadeara violentamente con advertencias de daño estructural.
—¡Caleb!
—gritó Lyra, lanzándose al ataque.
Su espada de plata chocó contra los látigos de Marina, pero por cada chorro de agua que Lyra cortaba, dos más se formaban.
Marina se movía con una fluidez que desafiaba la inercia, deslizándose por el suelo como si estuviera nadando en el aire.
—Tu acero no puede cortar el océano, Protectora —sentenció Marina, rodeando a Lyra con una esfera de agua que empezó a contraerse, buscando aplastar sus pulmones—.
Y tu mecánico no es más que un ladrón de chispas.
Caleb se puso en pie, su visión volviéndose roja por la fatiga.
Vio a Lyra luchando por respirar dentro de la burbuja de Marina y sintió que la rabia superaba a su lógica de mecánico.
No podía usar el aire aquí; el agua era demasiado densa.
Tenía que usar la propia naturaleza del entorno.
Caleb vio las tuberías de nitrógeno líquido que corrían bajo el suelo de la sala.
Si lograba liberar el gas, podría congelar los ataques de Marina, pero eso también significaba que la temperatura de la sala caería a niveles letales en segundos.
—¡Lyra, aguanta!
—gritó Caleb, hundiendo su guantelete dorado en el suelo metálico.
Usó la Interrupción de Flujo no para atacar a Marina, sino para sobrecargar las válvulas de presión de la base.
El metal se rasgó y una nube de vapor blanco y gélido inundó la habitación.
El agua de los látigos de Marina empezó a cristalizarse, volviéndose hielo quebradizo.
El Despertar del Flujo Marina gritó, su conexión con el elemento se vio interrumpida por el cambio brusco de estado físico.
La burbuja alrededor de Lyra estalló en mil pedazos de hielo, permitiéndole caer al suelo, jadeando y recuperando el aliento.
Pero Marina no había terminado.
Su cuerpo empezó a brillar con una luz azul profunda, la misma luz que Caleb sentía en el mapa de su mente.
Ella era el canal directo del Núcleo de Agua.
El suelo de la cámara empezó a agrietarse mientras el océano exterior, presionado por diez mil metros de agua, intentaba entrar.
—Si no puedo tener el Núcleo de Aire, nadie tendrá el de Agua —rugió Marina, su forma volviéndose puramente líquida—.
¡Nos hundiremos todos en el silencio eterno!
Caleb se dio cuenta de que el puzle no era vencer a Marina, sino estabilizar el Núcleo que ella estaba sobrecargando.
Cerró los ojos y, en lugar de luchar contra la presión, dejó que su mente se hundiera en la frecuencia del agua.
Caleb extendió sus manos.
No hubo explosiones, ni ráfagas de viento.
Simplemente hubo una orden silenciosa.
La energía dorada de su pecho fluyó hacia el suelo, encontrándose con la energía azul de Marina.
En lugar de chocar, Caleb empezó a “enrollar” las dos energías, como si estuviera trenzando cables de alta tensión.
—No eres una tumba, Marina —susurró Caleb, y su voz se escuchó en toda la estación—.
Eres un río que ha sido represado.
Déjame abrir las puertas.
Con un esfuerzo que hizo que sus vasos sanguíneos estuvieran a punto de estallar, Caleb redirigió la energía del Núcleo de Agua desde el cuerpo de Marina hacia su propio receptáculo.
El choque de los dos núcleos —Aire y Agua— creó un torbellino de luz cian y blanca en el centro de su pecho.
El cuerpo de Marina se desvaneció, volviéndose agua pura que cayó suavemente sobre el suelo.
El Núcleo de Agua, una esfera de un azul zafiro tan profundo que parecía contener el alma de todos los océanos, levitó hacia Caleb.
El Precio de la Victoria Al entrar en contacto con el Núcleo de Agua, el sistema de Caleb se reinició por completo.
Su armadura, antes negra y dorada, empezó a adquirir reflejos tornasolados, como el aceite sobre el agua.
La Estación Hidra gimió.
Las alarmas de inundación total empezaron a sonar.
La batalla había dañado demasiado la estructura y el océano ya no podía ser contenido.
—Caleb, tenemos que irnos…
¡ya!
—gritó Lyra, tomándolo del hombro.
Caleb miró el lugar donde Marina se había disuelto.
Sintió su tristeza, su memoria de los siglos de servidumbre.
Pero no había tiempo para el luto.
Tomó la mano de Lyra y, usando la combinación del aire para crear una burbuja y el agua para impulsarse, se lanzaron hacia el túnel de evacuación vertical.
Mientras ascendían a una velocidad vertiginosa, dejando atrás la base que colapsaba bajo el peso del abismo, Caleb vio a través del cristal de su casco cómo el mapa en su mente se actualizaba.
Los otros cuatro núcleos empezaron a brillar con más fuerza.
Ya no era solo un escape.
Era una reacción en cadena.
Habían tomado el aire de los cielos y el agua de las profundidades.
Ahora, el mundo entero estaba empezando a sentir que el Guardián no solo había despertado, sino que estaba reclamando su reino, pieza por pieza.
—¿Cuál es el siguiente?
—preguntó Lyra cuando finalmente rompieron la superficie del océano, flotando bajo un cielo estrellado que parecía más cercano que nunca.
Caleb miró hacia el este, donde el sol empezaba a asomarse por el horizonte, tiñendo el agua de un rojo sangre.
—El Núcleo de Fuego.
Y está en el único lugar donde la Corporación Aethelgard tiene su ejército principal.
Las Tierras del Magma.
Caleb activó los propulsores, que ahora emitían un rastro de vapor y luz cian.
El viaje era largo, y su cuerpo estaba llegando al límite, pero en su pecho, el latido del abismo y el susurro del viento finalmente estaban en armonía.
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