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El Despertar del Guardián - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 El Refugio entre las Sombras
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2: El Refugio entre las Sombras 2: El Refugio entre las Sombras El frío de la noche calaba hasta los huesos, pero el brazo de Caleb seguía ardiendo.

Lyra no le permitió detenerse ni para recuperar el aliento.

Lo arrastró a través de un laberinto de túneles de servicio y estaciones de metro abandonadas que Caleb ni siquiera sabía que existían bajo la ciudad.

​—¿A dónde me llevas?

—jadeó él, tropezando con una tubería oxidada—.

Mi madre…

ella me está esperando.

Si no llego a casa…

​Lyra se detuvo en seco y lo miró por encima del hombro.

Sus ojos plateados brillaron en la penumbra como dos monedas de mercurio.

​—Tu madre está a salvo, por ahora —dijo con una frialdad que helaba la sangre—.

Pero si vuelves a ese apartamento, la convertirás en un blanco.

Esos “encapuchados” que viste son Sombras del Vacío.

No buscan dinero, Caleb.

Buscan el Núcleo que llevas en el pecho.

Y no dejarán ni las cenizas de tu casa si te encuentran allí.

​Caleb bajó la mirada a la esfera, que ahora descansaba dentro de su chaqueta, emitiendo un pulso dorado apenas visible.

​—No entiendo nada.

Yo solo soy un mecánico —repitió, su voz quebrándose—.

Ese…

“Núcleo”…

lo encontré en la chatarra.

​—El destino tiene un sentido del humor retorcido —replicó ella, retomando la marcha—.

El Núcleo no estaba en la chatarra por accidente.

Estaba esperando a alguien con la firma de alma adecuada.

Alguien que pudiera actuar como el Guardián del Nexo.

​Finalmente, llegaron a una pared de ladrillos que parecía un callejón sin salida.

Lyra colocó su mano sobre una runa casi invisible tallada en la piedra.

La pared vibró y, con un sonido de engranajes antiguos, se deslizó hacia un lado para revelar un santuario iluminado por miles de cristales flotantes, idénticos a los de la portada que Caleb había visto en sus visiones.

​—Bienvenido al Santuario de Aethel —dijo Lyra, entrando en el espacio iluminado—.

Es el único lugar en este continente donde tu “baliza” púrpura está silenciada.

​Caleb entró, maravillado.

El lugar era inmenso, una mezcla de biblioteca antigua y laboratorio tecnológico avanzado.

Pero su asombro se cortó cuando Lyra se dio la vuelta y lo acorraló contra una de las columnas de cristal.

​Estaba tan cerca que Caleb podía oler el aroma a sándalo y metal frío que emanaba de ella.

Ella lo estudió con una mezcla de curiosidad y desprecio.

​—Dijiste algo antes —susurró ella, acercando su rostro al de él—.

Dijiste que sentiste una chispa cuando nos tocamos.

​Caleb tragó saliva, incapaz de apartar la vista.

—Sí.

Como…

como si algo se hubiera conectado.

​Lyra apretó la mandíbula y se alejó bruscamente, como si el simple pensamiento la irritara.

—Es un Vínculo de Alma.

La Diosa Luna o quien sea que maneje este universo nos ha unido.

Mi vida ahora está ligada a la tuya.

Si tú mueres, yo muero.

Y créeme, “Guardián”…

eso es lo último que quería para mi viernes por la noche.

​Caleb no podía apartar la mirada del Núcleo.

El objeto, ahora sobre una mesa de piedra en el centro del santuario, no dejaba de vibrar.

Era un zumbido sordo que se sentía en sus mientes, una llamada que no podía ignorar.

​—No lo toques —advirtió Lyra, dándole la espalda mientras organizaba un set de dagas plateadas—.

Tu cuerpo aún no ha procesado la descarga del callejón.

Necesitas descansar o tus venas se convertirán en ceniza.

​Pero Caleb no la escuchaba.

El Núcleo parecía susurrarle.

Una promesa de respuestas, de la fuerza necesaria para proteger a su madre.

Como en un trance, extendió los dedos y rozó la superficie dorada.

​El desastre fue instantáneo.

​La energía púrpura no fluyó esta vez; estalló.

Rayos violentos salieron disparados del Núcleo, golpeando las paredes de cristal del santuario.

Caleb soltó un grito ahogado mientras sus ojos se tornaban de un blanco incandescente.

El aire en la habitación comenzó a ser succionado hacia la esfera, creando un vacío que dificultaba la respiración.

​—¡Caleb, suéltalo!

—gritó Lyra, dándose la vuelta.

​—¡No…

no puedo!

—consiguió decir él.

Sus dedos estaban pegados a la esfera como si fueran parte de ella.

La luz púrpura empezaba a trepar por su cuello, dibujando venas brillantes de poder incontrolable.

​Lyra maldijo entre dientes.

Sabía que si intentaba separarlo por la fuerza, la explosión resultante nivelaría tres manzanas de la ciudad.

Solo había una forma de estabilizar un núcleo en sobrecarga: el anclaje biológico.

​Ella corrió hacia él y, sin dudarlo, envolvió las manos de Caleb con las suyas, entrelazando sus dedos sobre la esfera ardiente.

​El impacto del vínculo fue como un mazo.

Caleb sintió un alivio inmediato cuando la frialdad de Lyra empezó a absorber el calor abrasador de su cuerpo.

La energía púrpura, antes caótica, empezó a girar en un flujo armonioso, pasando de Caleb a Lyra y de regreso al Núcleo.

​—Mírame —ordenó ella, con la voz entrecortada por el esfuerzo.

​Caleb levantó la vista.

Estaban tan cerca que sus frentes casi se tocaban.

Los ojos plateados de Lyra ahora tenían destellos púrpuras, reflejando el poder de él.

El “Vínculo de Alma” se activó con toda su fuerza; en ese momento, Caleb no solo sentía su propio miedo, sentía la soledad de ella, sus años de entrenamiento rígido y, sobre todo, una chispa de algo que ella intentaba desesperadamente ocultar: esperanza.

​Poco a poco, la luz se desvaneció.

El Núcleo se volvió opaco y silencioso.

​Ambos se quedaron así, respirando agitadamente, con las manos aún unidas.

El silencio en el santuario era absoluto, pesado por la nueva conexión que acababa de sellarse.

Lyra fue la primera en reaccionar, soltándolo bruscamente y retrocediendo, visiblemente agitada.

​—Eres un idiota —susurró ella, aunque esta vez no había desprecio en su voz, sino un miedo genuino—.

Casi te matas.

Y casi me arrastras contigo.

​—Lo siento —dijo Caleb, mirando sus propias manos, que aún temblaban—.

Yo…

sentí que podía controlarlo.

​—Nadie controla el Núcleo, Caleb.

O aprendes a ser su vasallo, o él te consume.

—Lyra se frotó las muñecas, donde la marca de un rayo púrpura había quedado grabada temporalmente en su piel—.

Ahora no solo somos compañeros de alma.

Estamos sincronizados.

Si tu corazón late rápido, el mío lo sentirá.

Si sufres, yo sangraré.

​Se dio la vuelta, ocultando su rostro, pero Caleb pudo ver cómo sus hombros se tensaban.

​—Mañana empezamos tu entrenamiento —sentenció ella—.

Y si vuelves a tocar el Núcleo sin mi permiso, yo misma te lanzaré a las Sombras del Vacío.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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