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El Despertar del Guardián - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 El Eco de la Montaña y la Voluntad de Hierro
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22: El Eco de la Montaña y la Voluntad de Hierro 22: El Eco de la Montaña y la Voluntad de Hierro El rugido del volcán hundiéndose en el silencio era más aterrador que su erupción.

Caleb observó desde el borde del precipicio cómo la Forja del Sol, el motor termonuclear que alimentaba a la Inquisición en ese sector, se colapsaba sobre sí misma.

Las inmensas vigas de acero se doblaban como juncos bajo el peso de un imperio que acababa de perder su fuego.

​—Lo has logrado, chico de la chatarra —repitió Kael, con la voz quebrada por el asombro y el humo.

—Has apagado el sol de la Inquisición.

​Caleb no respondió de inmediato.

Sentía el Núcleo de Fuego latiendo en su pecho, justo al lado del de Aire y el de Agua.

La sensación era la de un motor de tres tiempos funcionando en perfecta sincronía dentro de su alma.

Sus ojos, ahora con ese anillo cian y destellos anaranjados, escaneaban el horizonte, donde el mapa mental proporcionado por el Séptimo Cristal le mostraba su siguiente destino: las Raíces del Mundo.

​—Aún quedan tres —dijo Caleb, y su voz resonó con esa cualidad triple que hacía que el aire vibrara a su alrededor.

—Tierra, Luz y Oscuridad.

Pero ahora ellos son los que tienen que tener miedo del mecánico.

​Lyra se acercó, envainando su espada de plata con un gesto seco.

Aunque el Vínculo de Alma que los unía físicamente había desaparecido en la Cápsula, la conexión que compartían ahora era algo más profundo, forjado en el combate y la supervivencia.

​—El sector está entrando en bloqueo total —advirtió Lyra, mirando las naves de la Inquisición que comenzaban a pulular en el cielo como avispas furiosas—.

Si queremos llegar al Núcleo de Tierra, tenemos que cruzar el Desierto de Cristal antes de que Malphas envíe a los Inquisidores de Grado S.

​El Sistema del Guardián ​Mientras descendían por las laderas de ceniza, Caleb activó su interfaz interna.

El Exo-Traje, ahora imbuido con la energía de tres núcleos, mostraba datos que harían palidecer a cualquier ingeniero del Neo-Vaticano.

​ESTADO DEL SISTEMA: NIVEL 3 DE ARMONIZACIÓN ​Núcleo de Aire (Cian): Control de flujos térmicos y propulsión.

​Núcleo de Agua (Zafiro): Reparación molecular y escudos de fase fluida.

​Núcleo de Fuego (Ígneo): Sobrecarga térmica e Interrupción de Flujo avanzada.

​Integridad de la Armadura: 92% (Auto-reparación en curso).

​Siguiente Objetivo: Núcleo de Tierra (Sector Subterráneo 4).

áneo 4).

​—El Núcleo de Tierra está justo debajo de la Fortaleza de Obsidiana —comentó Caleb, compartiendo la información con Lyra a través de su comunicador interno.

—Jax dijo que Malphas lo usa para estabilizar la gravedad de la ciudad flotante.

Si lo tomamos, Neo-Vaticano no solo perderá energía; perderá su lugar en el cielo.

​Emboscada en las Arenas de Sílice ​El Desierto de Cristal era una extensión de belleza mortal, donde la arena no era otra cosa que fragmentos de vidrio que cortaban la piel si el viento soplaba demasiado fuerte.

A mitad de camino, la alerta de proximidad de Caleb estalló en rojo.

​De las dunas de cristal emergieron figuras pesadas, cubiertas con armaduras de placas romboidales.

No eran los veloces Cobradores de Malphas, sino los Martillos de la Tierra, la unidad de élite encargada de proteger los cimientos del imperio.

​—¡Caleb, formación de defensa!

—gritó Lyra, saltando hacia adelante con su capa de sombras ondeando como una bandera de guerra.

​Los Martillos golpearon el suelo al unísono, creando ondas de choque sísmicas que habrían destrozado los huesos de un hombre normal.

Pero Caleb ya no era un simple mecánico.

​Usando su Precisión de Mecánico, Caleb analizó la frecuencia de la vibración del suelo.

En lugar de saltar, extendió sus manos y liberó una ráfaga del Núcleo de Agua.

El agua se filtró instantáneamente entre los granos de sílice, convirtiendo la arena sólida en un lodo movedizo que tragó las piernas de los atacantes.

​—¡Ahora, Lyra!

—rugió Caleb.

​Lyra se movió como un relámpago de plata, aprovechando la inmovilidad de los enemigos para golpear sus puntos débiles.

Sin embargo, el líder de los Martillos, un hombre cuya armadura parecía hecha de roca viva, levantó una maza que brillaba con una luz marrón intensa.

​—¡El Guardián es una anomalía que debe ser purgada!

—bramó el líder, descargando un golpe que creó una grieta en la realidad similar a la que Caleb había visto en el Mercado Negro.

​Caleb sintió el peligro.

La maza no golpeaba físicamente; golpeaba el peso de las cosas.

Sintió que su armadura se volvía diez veces más pesada en un segundo.

Sus propulsores de éter chirriaron bajo la presión.

​”Piensa como un mecánico, Caleb”, se dijo a sí mismo.

“Si hay presión, hay una válvula”.

​Concentró la energía del Núcleo de Fuego en sus botas y la del Núcleo de Aire en su espalda.

En lugar de luchar contra la gravedad, la usó como un muelle.

Se dejó caer por completo y, en el último microsegundo, liberó toda la potencia en un estallido ascendente.

​El contraataque fue devastador.

Caleb se convirtió en un cometa dorado y rojo que atravesó el escudo del líder de los Martillos como si fuera papel.

El impacto creó una nube de polvo de cristal que cegó a los sobrevivientes.

​El Umbral de la Fortaleza ​Tras la batalla, Lyra ayudó a Caleb a estabilizar su flujo de energía.

Sus manos se rozaron, y aunque ya no había chispas eléctricas, ambos sintieron el eco de aquel primer encuentro en el callejón.

​—Estás aprendiendo rápido —dijo ella, con una chispa de respeto genuino en sus ojos plateados.

—Pero la Fortaleza de Obsidiana es diferente.

No hay aire allí abajo, solo roca y la voluntad de hierro de Malphas.

​Llegaron a la entrada de las Raíces del Mundo.

Era una inmensa puerta de piedra tallada con runas que Caleb reconoció de sus visiones.

Pero no estaban solos.

​En lo alto de la entrada, una figura solitaria los esperaba.

No era un soldado, ni un Inquisidor.

Era una mujer con una armadura de cristal blanco, idéntica a la Protectora que habían encontrado convertida en estatua en el bosque.

​—Bienvenidos —dijo la figura, y su voz no era humana, sino el sonido de piedras chocando entre sí—.

Soy el Eco de la Tierra.

Para pasar, el Guardián debe demostrar que su voluntad es más fuerte que la montaña, o convertirse en parte de ella para siempre.

​Caleb dio un paso adelante, sintiendo cómo el Núcleo de su pecho se sincronizaba con el latido profundo de la tierra bajo sus pies.

​—No vengo a pelear contra la montaña —respondió Caleb, ajustando sus guanteletes—.

Vengo a recordarle que ella no pertenece a la Inquisición.

​La puerta comenzó a abrirse, revelando un descenso hacia una oscuridad absoluta, iluminada solo por el brillo dorado que emanaba de la armadura de Caleb.

​—Entremos —sentenció Caleb—.

El tiempo del silencio ha terminado.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES yggomez En el próximo capítulo, Caleb enfrentará el juicio de la gravedad y descubriremos la verdadera relación entre Malphas y el primer Guardián de la Era de Plata.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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