El Despertar del Guardián - Capítulo 3
- Inicio
- Todas las novelas
- El Despertar del Guardián
- Capítulo 3 - 3 El Aliento de la Sombra
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
3: El Aliento de la Sombra 3: El Aliento de la Sombra El entrenamiento ni siquiera había comenzado cuando el aire del santuario se volvió gélido.
Los cristales flotantes, que antes emitían una luz serena, empezaron a vibrar con un tono rojizo de alarma.
—Se acabó el tiempo —dijo Lyra, desenvainando su espada de plata en un movimiento relámpago—.
El nexo ha sido comprometido.
¡Caleb, agarra el Núcleo y no lo sueltes por nada del mundo!
—¿Cómo nos encontraron tan rápido?
—preguntó Caleb, sintiendo el pánico trepar por su garganta mientras metía la esfera en su mochila.
—Tu explosión de ayer…
fue como encender una bengala en un cuarto oscuro.
De repente, el techo del santuario estalló.
No fue una explosión de fuego, sino de oscuridad pura.
Criaturas aladas, hechas de jirones de sombra y ojos escarlata, descendieron como cuervos hambrientos.
Lyra se movió con una ferocidad que Caleb no había visto antes, pero eran demasiados.
—¡A la salida de emergencia, ahora!
—le gritó ella, lanzando una daga que atravesó a una sombra que intentaba sujetar la pierna de Caleb.
Corrieron por un túnel estrecho mientras el santuario colapsaba detrás de ellos.
Caleb sentía cada latido del corazón de Lyra en su propio pecho; el Vínculo de Alma estaba funcionando como un radar emocional.
Podía sentir su miedo, no por ella misma, sino por el fracaso de su misión.
Salieron a una calle lateral, lejos del centro, en un barrio de edificios industriales decrépitos.
—No podemos ir a ninguna base oficial —jadeó Lyra, guardando su espada.
Tenía un corte sangrante en el hombro—.
Si el santuario cayó, significa que hay un traidor en el Consejo.
Solo nos queda un lugar.
El Piso Franco Media hora después, Caleb se encontraba en un apartamento que apenas medía veinte metros cuadrados.
Era un ático polvoriento sobre una lavandería.
Solo había una mesa pequeña, una silla y una cama individual en la esquina.
—Es un piso de seguridad de bajo nivel —explicó Lyra, dejándose caer en la silla y apretando su hombro herido—.
Aquí no hay tecnología, ni magia, ni rastros.
Es el único lugar donde no nos buscarán.
Caleb dejó la mochila en el suelo y miró la única cama.
Luego miró a Lyra.
La guerrera imbatible ahora se veía pequeña, pálida y sangrando.
—Déjame ayudarte con eso —dijo Caleb, acercándose con cautela.
—Puedo hacerlo sola —replicó ella, pero cuando intentó quitarse la pechera de cuero, soltó un quejido y su mano tembló.
—Lyra, estamos vinculados.
Si tú sufres, yo también —dijo él, arrodillándose frente a ella—.
Deja que el “idiota del mecánico” sea útil por una vez.
Ella lo miró fijamente durante unos segundos.
El silencio en el pequeño ático se volvió denso.
Finalmente, ella bajó la mano y asintió levemente.
Caleb comenzó a desabrochar las correas de su armadura, sus dedos rozando accidentalmente la piel cálida de su hombro.
Una corriente eléctrica, mucho más suave que la del Núcleo, recorrió a ambos.
—Si le cuentas a alguien sobre este lugar —susurró ella, con la voz un poco más ronca de lo normal—, te mataré antes de que el vínculo nos lleve a ambos.
Caleb sonrió por primera vez.
—Entendido.
El Eco de las Almas La noche cayó sobre la ciudad, pero el pequeño ático se sentía como un universo aparte.
Caleb había improvisado un vendaje para Lyra usando una camisa limpia que encontró en un armario.
Durante el proceso, el silencio no fue incómodo, sino cargado.
—¿Por qué lo haces?
—preguntó Caleb, sentado en el suelo mientras ella ocupaba la única cama.
—¿Hacer qué?
—respondió Lyra, mirando el techo con los ojos entreabiertos.
—Arriesgarte así.
Dijiste que el vínculo te obliga a protegerme, pero pudiste haberme dejado en el santuario y salvarte tú.
No creo que la muerte por vínculo sea instantánea.
Lyra giró la cabeza para mirarlo.
La luz de la luna entraba por la claraboya, dándole a su piel un tono de porcelana.
—Crecí en la Orden de los Guardianes Celestiales.
Me enseñaron que mi vida no tiene valor si no sirve a un propósito mayor.
Tú…
—hizo una pausa, su mirada se suavizó apenas un milímetro—, tú eres ese propósito ahora.
No eres solo un chico, Caleb.
Eres el equilibrio.
—Para mí, solo soy el chico que arregla motores de naves de carga —susurró él, sintiendo una opresión en el pecho—.
No pedí esto.
—Nadie lo pide —dijo ella, cerrando los ojos—.
Pero el Núcleo no se equivoca.
Duerme, Guardián.
Mañana el mundo seguirá intentando matarnos.
La Anomalía del Sueño Caleb se acomodó en el suelo, usando su chaqueta como almohada.
Sin embargo, en cuanto el sueño empezó a reclamarlo, sucedió algo extraño.
Al estar tan cerca y bajo tanto estrés, el Vínculo de Alma se desbordó.
No fue un sueño común.
Caleb abrió los ojos y se encontró en un páramo de cristales púrpuras, idéntico al de su portada.
Pero no estaba solo.
Lyra estaba allí, pero no era la guerrera fría de la realidad.
Llevaba un vestido de seda blanca y su rostro reflejaba una paz absoluta.
—¿Lyra?
—llamó él.
Ella se acercó y, en ese mundo onírico, le tomó la mano.
No hubo chispas ni dolor, solo una calidez profunda que inundó el alma de Caleb.
—En el mundo real, tengo que ser tu espada —dijo ella en el sueño—.
Pero aquí…
aquí solo somos nosotros.
En la habitación real, ambos dormían, pero sus manos, de forma inconsciente, se habían buscado en la oscuridad.
Caleb, desde el suelo, y Lyra, desde el borde de la cama, estaban unidos por los dedos, mientras un suave resplandor violeta iluminaba el ático.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com