El Despertar del Guardián - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 El Intruso en el Sueño
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4: El Intruso en el Sueño 4: El Intruso en el Sueño El páramo de cristales púrpuras, que un momento antes era un refugio de paz, comenzó a oscurecerse.
El cielo onírico se tiñó de un rojo sangre y el suelo vibró bajo los pies de Caleb y Lyra.
—Algo anda mal —susurró la Lyra del sueño, perdiendo su expresión serena.
Sus ojos plateados se llenaron de un terror que Caleb nunca había visto en la realidad—.
Él nos ha encontrado.
—¿Quién?
—preguntó Caleb, apretando su mano.
De la niebla carmesí emergió una figura imponente.
No era una sombra amorfa como las del callejón.
Era un hombre alto, vestido con una túnica de seda negra que parecía absorber la luz.
Su rostro era aristocrático, pero sus ojos eran pozos vacíos, sin pupilas.
—Así que este es el nuevo Guardián —dijo el hombre.
Su voz no venía de su boca, sino que retumbaba en los huesos de Caleb—.
Un mecánico de chatarra y una guerrera rota.
La Diosa Luna debe estar desesperada.
—Malphas —siseó Lyra, intentando invocar su espada, pero en el mundo del sueño, su voluntad flaqueaba—.
Sal de nuestras mentes.
—Este no es tu dominio, pequeña loba —Malphas levantó una mano y una cadena de energía negra golpeó a Lyra, lanzándola hacia los cristales.
Ella gritó, y en el mundo real, su cuerpo en la cama se arqueó en una convulsión de dolor.
Caleb sintió el grito de Lyra en su propio pecho.
El vínculo le transmitía una agonía pura.
Algo dentro de él, algo que residía en el núcleo de su ser, se encendió.
—¡Déjala en paz!
—rugió Caleb.
Malphas soltó una carcajada fría.
—¿O qué hará el niño de los motores?
¿Me apretarás un tornillo?
Caleb no pensó.
Simplemente recordó la sensación de la esfera dorada.
En este mundo mental, las reglas de la física no existían, solo la voluntad.
Imaginó que sus venas no transportaban sangre, sino la energía púrpura de la portada.
Extendió ambos brazos y, por primera vez, no dejó que el poder lo consumiera; lo moldeó.
Una cúpula de rayos púrpuras estalló alrededor de él y de Lyra, chocando contra la oscuridad de Malphas.
—Interesante —murmuró el villano, retrocediendo un paso ante el brillo cegador—.
Tienes el fuego, pero no el control.
Disfruta tus últimas horas, Guardián.
El Nexo me pertenece.
Con un chasquido, el mundo de cristal se hizo añicos.
Caleb despertó de golpe en el suelo del ático, bañado en sudor frío.
A su lado, Lyra estaba sentada en la cama, respirando de forma errática, con la mano apretada contra su corazón.
Ambos compartían la misma marca de quemadura en el brazo, un recordatorio físico de que lo que pasó en el sueño fue real.
—Nos ha marcado —dijo Lyra con voz temblorosa, mirando a Caleb con una mezcla de miedo y un nuevo respeto—.
Caleb…
lo que hiciste allí arriba…
nadie debería poder manipular energía pura en un plano astral sin años de entrenamiento.
Caleb se levantó, sintiendo un peso nuevo sobre sus hombros.
—Ya no tenemos tiempo para entrenar años, Lyra.
Si Malphas viene por nosotros, tengo que estar listo mañana.
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