El Despertar del Guardián - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 El Bazar de los Susurros
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5: El Bazar de los Susurros 5: El Bazar de los Susurros La marca en el brazo de Caleb pulsaba con un frío antinatural.
Cada vez que el dolor se intensificaba en él, veía a Lyra apretar los dientes en la esquina de la habitación.
El vínculo no solo compartía poder, compartía la agonía del marcaje de Malphas.
—No resistiremos otra noche si él puede rastrear esa marca —dijo Lyra, envolviendo su brazo en una tela impregnada de sal—.
Necesitamos un Velo de Éter.
—¿Y dónde conseguimos uno?
—preguntó Caleb, ajustándose la mochila con el Núcleo—.
No creo que lo vendan en la ferretería.
—En el Mercado Negro de la Zona Sur.
Pero para entrar, necesito que parezcas menos un mecánico y más un mercenario.
Y Caleb…
mantén la boca cerrada.
Los que habitan allí huelen el miedo como los tiburones huelen la sangre.
El Submundo Caminaron bajo la lluvia ácida de los suburbios hasta llegar a una lavandería que servía de fachada.
Tras intercambiar una moneda de plata con el regente, bajaron a un sótano que se abría a una caverna subterránea inmensa.
Era el Bazar de los Susurros.
El aire estaba saturado de incienso, humo de neón y el zumbido de artefactos mágicos ilegales.
Criaturas de diversas especies —híbridos, humanos con implantes rúnicos y magos exiliados— regateaban por reliquias prohibidas.
—Buscamos a Vax —susurró Lyra, guiándolo hacia una tienda decorada con calaveras de cristal y cables de fibra óptica.
Vax era un hombre menudo, con cuatro ojos mecánicos que giraban de forma independiente.
Al ver a Lyra, su expresión pasó del aburrimiento al pánico.
—Lyra…
la última vez que te vi, casi me cortas la lengua —dijo Vax con una voz chillona.
Sus ojos se fijaron de inmediato en Caleb—.
¿Y quién es este?
¿Tu nueva mascota?
Apesta a poder…
un poder que no debería existir.
—Necesitamos un Velo, Vax.
Ahora.
Malphas nos ha marcado —cortó Lyra.
Vax se quedó lívido.
Sus ojos mecánicos emitieron un pitido.
—Si Malphas los marcó, ya son hombres muertos.
No voy a arriesgar mi cuello por…
De pronto, el Núcleo en la mochila de Caleb comenzó a vibrar.
Caleb sintió una oleada de calor y, sin pensarlo, puso una mano sobre el mostrador de Vax.
Pequeños rayos púrpuras saltaron de sus dedos, sobrecargando los sistemas de seguridad de la tienda.
—Escúchame, Vax —dijo Caleb, su voz resonando con una autoridad que no sabía que poseía—.
No tenemos tiempo para negociar.
Danos lo que pedimos o este lugar se convertirá en un cráter antes de que tus ojos de juguete dejen de girar.
Lyra miró a Caleb, sorprendida.
El “chico de la chatarra” estaba desapareciendo para dar paso a algo mucho más oscuro y poderoso.
Vax, temblando, rebuscó bajo el mostrador y sacó un amuleto hecho de plomo y obsidiana.
—Tómenlo.
Es un Velo de Grado A.
Pero váyanse…
¡váyanse antes de que los cobradores de Malphas lleguen aquí!
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