EL DESPERTAR DEL HÉROE EN LA OSCURIDAD - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 capítulo 13EL REGRESO DEL ASESINO DE DIOSES
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13: capítulo 13:EL REGRESO DEL ASESINO DE DIOSES 13: capítulo 13:EL REGRESO DEL ASESINO DE DIOSES TEMPORADA 2: EL REGRESO DEL ASESINO DE DIOSES 📖 Capítulo 13: La Promesa Rota y el Niño Intruso 1.
El Silencio Cósmico El búnker de cristal, suspendido precariamente en el reino interdimensional, olía a ozono y temor.
Habían pasado setenta y dos horas desde que el aire había crujido y el portal que se había llevado a Hiroto Kenzaki se había cerrado con un chasquido final.
El silencio era un peso.
Era un silencio que no existía en el universo conocido; era el eco del vacío que había quedado tras la liberación de la Fuerza Infinita.
Hikary estaba de pie junto al Espada Sagrada, su mano temblaba levemente mientras acariciaba el frío metal.
El arma, la única reliquia del poder de su maestro que permanecía, estaba intacta.
Shiteru monitoreaba los restos de la anomalía.
Sus ojos violetas no encontraban nada.
“Los rastros dimensionales son neutrales,” susurró Shiteru, la desesperación filtrándose en su voz.
“Se ha ido.
La destrucción fue total.” Kanashi, la más estoica, sostuvo la carta que Hiroto les había dejado.
La leyó por décima vez.
Si algo me sucede, esta espada es su única protección.
No me busquen.
“Él no se ‘fue’,” corrigió Kanashi, su voz firme como el acero.
“Él se sacrificó para ganar.
El amo nunca pierde.
Solo establece un nuevo precio.” En ese instante, el sistema de emergencia del refugio se activó.
No era la alarma de un enemigo cercano, sino una notificación: — Alarma: Amenaza cósmica neutralizada.
Nuevo Título Asignado: Asesino de Dioses.
Alarma: Inestabilidad Dimensional: Objeto no identificado detectado — Las tres se quedaron congeladas.
“Asesino de Dioses”.
El título que él había prometido.
La prueba de que había forzado al universo a doblegarse.
Pero, ¿dónde estaba el Rey que se suponía debía portarlo?
2.
El Agujero de Gusano y el Pequeño Intruso La estabilidad del refugio se resquebrajó.
Un pequeño pop de energía rota se escuchó cerca de la Esfera de Control.
El aire se volvió frío.
Las chicas levantaron sus armas al unísono, preparadas para un ataque final.
El portal que se abrió no era más grande que un plato.
De él, no salió ninguna criatura cósmica, sino un pequeño paquete envuelto en harapos de lo que había sido un traje de batalla de nivel SSS.
El cuerpo diminuto cayó al suelo con un golpe suave y patético.
Las chicas corrieron, sus armas listas, pero se detuvieron en seco.
El niño, no más de cinco años, estaba inconsciente.
Su cuerpo era pequeño y delgado.
La energía alrededor de él era apenas un Rango S latente, débil, casi roto.
Pero el detalle más perturbador eran sus ojos.
Estaban nublados, como si el tejido ocular se hubiera desintegrado internamente.
La sangre seca de las heridas se mezclaba con el polvo cósmico en su rostro.
“¿Qué clase de broma es esta?” Shiteru bajó su bastón, la incredulidad y la furia chocando en su rostro.
“Esto es…
una burla.” Hikary se acercó, arrodillándose, buscando heridas.
“No es una trampa de vida.
Es carne y hueso.
Pero no es él.
No puede ser.” 3.
La Voz y la Orden El niño abrió lentamente sus ojos, dos cuencos vacíos.
Su mirada, aunque sin visión, se dirigió directamente hacia la Espada Sagrada en el pedestal.
Su boca, pequeña y pálida, se torció en una mueca de ira familiar.
“¿Qué están mirando, inútiles?
¿Están celebrando o qué?
¡Dejen de perder el tiempo y tráiganme la Espada Sagrada!
¡Y quiero un baño de inmediato, mi cuerpo apesta a vacío cósmico!” El tono era inconfundible.
La arrogancia pura de Hiroto Kenzaki resonó en el refugio.
Shiteru soltó una carcajada histérica.
“Jaja.
¡Escucharon eso!
Este mocoso quiere que le demos el arma de nuestro maestro.
Eres valiente, niño, pero patético.” El niño, enfurecido por la falta de respeto, intentó levantarse, pero su pequeño cuerpo tembló.
Su nivel S no le daba la fuerza para sostenerse.
Se desplomó en el suelo.
“¡Soy su amo!
¡Soy el Asesino de Dioses!
¡Yo soy el límite que detuvo el final del universo!” gritó con la rabia de un rey que había pagado el precio más alto.
Kanashi, implacable, se arrodilló, su rostro a la altura del niño.
Lo miró directamente a sus ojos vacíos.
“El Asesino de Dioses era S Infinito.
Tú eres un niño de cinco años sin visión, con apenas Rango S.
No eres ni un parásito, eres una ilusión,” sentenció con voz fría.
Su sonrisa fue la traición final.
“Si eres nuestro maestro, el Rey que no pide permiso para ganar,” continuó Kanashi, su voz un látigo, “entonces demuéstralo.
¿Por qué regresaste como la misma debilidad que tanto despreciaste, intruso?” El pequeño Hiroto Kenzaki, el ser más arrogante del universo, sintió la rabia y, por primera vez, una punzada de pánico.
Sus propias creaciones dudaban de él.
Y sin la Espada Sagrada, no podía hacer nada.
[FIN DE LA SECCIÓN 1 – Aprox.
980 palabras] REFLEXIONES DE LOS CREADORES Sneider_Gómez quien quiere ser un personaje de mi obra
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