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EL DESPERTAR DEL HÉROE EN LA OSCURIDAD - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 CAPÍTULO 16 EL DESPERTAR DEL DOLOR Parte Final
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16: CAPÍTULO 16: EL DESPERTAR DEL DOLOR (Parte Final) 16: CAPÍTULO 16: EL DESPERTAR DEL DOLOR (Parte Final) 📖 CAPÍTULO 16: EL DESPERTAR DEL DOLOR (Parte Final) El sudor de las chicas se mezclaba con la tierra húmeda del bosque, creando un lodo espeso que se pegaba a sus rostros.

Hikary, la más joven del grupo, sollozaba entre dientes, pero cada sollozo le costaba un fragmento de oxígeno que la presión de Hiroto le negaba.

Sus pulmones ardían como si hubiera tragado brasas, y la visión se le tornaba borrosa, moteada por puntos negros que bailaban al ritmo de sus latidos desesperados.

Hiroto caminó alrededor del claro con una parsimonia insultante.

Sus pies pequeños apenas dejaban huella en el fango, pues él mismo se eximía de la ley que había impuesto.

Para él, la gravedad no era una fuerza fundamental del universo, sino un simple párrafo que podía editar a su antojo.

Se detuvo frente a Hikary y, con la punta de su zapato, levantó ligeramente el mentón de la chica para obligarla a mirarlo.

—¿Es esto todo?

—preguntó con una voz suave, casi melódica, que contrastaba con la brutalidad del ambiente—.

¿Este es el límite de tu voluntad?

Un poco de peso adicional y ya estás lista para rendirte a la mediocridad.

Si mueres aquí, solo confirmarás que no eras más que un personaje de relleno en mi historia.

Hikary intentó responder, pero solo un hilo de saliva y sangre escapó de sus labios.

Los ojos de Hiroto no mostraron compasión, sino un vacío analítico.

Él estaba buscando la chispa de la “anomalía” en ellas, esa capacidad de romper las reglas que él mismo les estaba imponiendo.

—¡Levántense!

—su voz tronó de nuevo, esta vez cargada con una pizca de su autoridad antigua—.

Kanashi, me prometiste que tu cuerpo se rompería por mí.

¡Demuéstralo!

No acepto promesas vacías.

En mi mundo, las palabras son decretos, y el que falla a su palabra, falla a su existencia.

Kanashi, impulsada por un fervor que rozaba la locura religiosa, emitió un grito desgarrador.

Sus músculos se tensaron hasta el punto de la ruptura; se escuchó un chasquido seco en su hombro, pero no retrocedió.

Apoyó las palmas, enterrándolas en las raíces, y centímetro a centímetro, comenzó a elevarse.

Su espalda temblaba violentamente bajo la carga invisible de la gravedad triplicada, pero sus ojos estaban fijos en los de Hiroto.

No buscaba piedad; buscaba aprobación.

El niño Rey sonrió de medio lado.

Su Sabiduría de Autor detectó el cambio: el sistema de ellas estaba empezando a mutar.

El dolor estaba forzando a sus cuerpos a buscar nuevas fuentes de energía, a despertar canales de poder que la evolución natural tardaría eones en desarrollar.

Él estaba acelerando el proceso mediante el trauma, el único lenguaje que el destino entiende de verdad.

De repente, Hiroto cerró los ojos y su sonrisa desapareció.

Aquella mancha siniestra en el horizonte narrativo volvió a pulsar.

No era una presencia física, sino una distorsión en la probabilidad.

Era como si alguien, en algún lugar fuera de su alcance actual, estuviera intentando borrar las páginas que él aún no había escrito.

—Algo anda mal —susurró para sí mismo, ignorando el sufrimiento de las mujeres a su alrededor—.

El vacío se está moviendo más rápido de lo que calculé.

Abrió los ojos y, con un gesto casual de la mano, la presión desapareció de golpe.

El zumbido cesó y el silencio del bosque regresó, roto únicamente por los jadeos agónicos de las tres chicas que colapsaron sobre la tierra, liberadas del peso pero destrozadas por el esfuerzo.

Hiroto no las ayudó a levantarse.

Se quedó mirando hacia el cielo, donde las primeras estrellas empezaban a asomarse.

Su mente ya estaba en el mañana.

—Mañana caerá algo del espacio —dijo, su voz ahora era un susurro frío que erizó la piel de Kanashi—.

No será un meteorito, ni un regalo de los dioses.

Será una prueba.

Si no pueden mantenerse en pie mañana, no habrá lugar para ustedes en el nuevo mundo que voy a dibujar.

Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la cabaña, dejando a las tres mujeres temblando en el suelo.

Sabía que ellas lo seguirían, incluso si tenían que arrastrarse.

Porque una vez que has probado la autoridad de un Dios, cualquier otra forma de vida se siente como una muerte lenta.

El capítulo 16 terminaba así, con la sombra del niño alargándose sobre el bosque, mientras el multiverso entero contenía el aliento ante la inminente caída de lo desconocido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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