EL DESPERTAR DEL HÉROE EN LA OSCURIDAD - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 CAPÍTULO 21 EL PRECIO DE LA DISIDENCIA EXPANSIÓN ÉPICA
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21: CAPÍTULO 21: EL PRECIO DE LA DISIDENCIA (EXPANSIÓN ÉPICA) 21: CAPÍTULO 21: EL PRECIO DE LA DISIDENCIA (EXPANSIÓN ÉPICA) 📖 CAPÍTULO 21: EL PRECIO DE LA DISIDENCIA (EXPANSIÓN ÉPICA) […] El aire se volvió irrespirable.
No era solo el humo de las casas incendiadas, era el olor a ozono y a realidad quemada.
Hiroto, aferrado a los hombros de Kanashi, veía cómo el pueblo de Oakhaven se desmoronaba.
Una anciana que vendía flores en la mañana fue alcanzada por un rayo de energía violeta; no hubo sangre, solo un rastro de ceniza digital donde antes hubo vida.
—¡Amo, el cerco se cierra!
—gritó Shiteru, llegando desde el muelle con la ropa rasgada y cortes profundos en los brazos—.
¡Los barcos están ardiendo!
¡No hay salida por el agua!
Hiroto miró hacia la plaza central.
Allí, tres de las Abominaciones Sombrías estaban paradas sobre un montón de escombros.
Sus cuerpos, hinchados por el Hierro Negro, palpitaban al ritmo de la estática que bajaba del cielo.
Una de ellas levantó su brazo deforme y disparó un pulso de gravedad comprimida.
—¡Cuidado!
—rugió Hiroto.
Kanashi saltó justo a tiempo, pero la onda expansiva los lanzó contra una carreta de suministros.
El impacto le sacó el aire al pequeño cuerpo de Hiroto.
Por un segundo, su visión se nubló.
En ese instante de debilidad, sintió la risa de Valerius resonando en la estructura misma del mundo.
Era una burla directa al Autor que ahora yacía en el lodo.
—¡Malditos sean…!
—mascó Hiroto, escupiendo sangre—.
¡Hikary, usa el viento para dispersar el vapor corrosivo!
¡Kanashi, Shiteru, formación de ruptura!
¡Si morimos aquí, la historia termina antes de empezar!
Las tres mujeres, heridas y al límite de sus fuerzas, rugieron con una rabia que hizo eco en el caos.
Kanashi desató su velocidad máxima, convirtiéndose en un rayo negro que atravesaba a las abominaciones.
Pero por cada una que derribaba, dos más emergían de las sombras de los edificios.
El Hierro Negro estaba usando el miedo y la muerte de los aldeanos como combustible para regenerar a los monstruos.
—¡No podemos ganarles por desgaste!
—advirtió Shiteru, bloqueando un tajo de una espada de cristal oscuro que casi le parte la suya—.
¡El sistema de la realeza tiene energía infinita mientras el pueblo arda!
Hiroto entendió entonces la jugada maestra de la corona.
No era un ataque, era un sacrificio ritual masivo.
Valerius estaba usando la vida de sus propios súbditos para alimentar el portal de la “Ceremonia del Despertar”.
Cada grito en Oakhaven acercaba más al Príncipe a su objetivo.
—¡Basta!
—el grito de Hiroto no salió de su garganta, sino de su voluntad pura.
Por un milisegundo, el tiempo pareció detenerse.
El fuego violeta se congeló y las abominaciones quedaron estáticas.
Hiroto forzó a su núcleo de energía —ese pequeño fragmento de Autor que aún le quedaba— a liberar un pulso de Negación Narrativa.
—¡CORRAN AHORA!
—ordenó.
La explosión de luz blanca que siguió no destruyó a los enemigos, pero “borró” temporalmente su existencia del mapa local.
Fue la brecha que necesitaban.
Kanashi cargó a Hiroto y, junto a las demás, se lanzaron hacia el muro de espinas del bosque prohibido.
Detrás de ellos, el pueblo de Oakhaven desapareció en un hongo de fuego violeta que iluminó el horizonte por cientos de kilómetros.
Al llegar a la oscuridad de los árboles, se desplomaron.
El silencio del bosque era un contraste aterrador con los gritos que acababan de dejar atrás.
Hiroto miró sus manos; estaban temblando.
No por miedo, sino por el esfuerzo de haber forzado un poder que su cuerpo actual no podía sostener.
—Amo…
—susurró Kanashi, intentando levantarse, pero cayendo de nuevo.
Su piel estaba marcada por quemaduras de energía que no sanaban con facilidad.
Hiroto miró hacia el lugar donde antes estaba el pueblo.
Solo quedaba un resplandor púrpura en el cielo.
—Hoy aprendimos que la pluma no sirve si el enemigo está dispuesto a quemar el papel —dijo Hiroto, y su voz era tan fría que el rocío de las hojas se congeló—.
Valerius cree que ha limpiado su rastro.
Lo que no sabe es que me ha dado un propósito que no estaba en el guion original.
El capítulo cerró con Hiroto arrastrándose hacia sus subordinadas heridas.
El caos le había quitado su base, sus aliados y su tranquilidad.
Pero le había dado algo más valioso para un Rey caído: Justificación para la Masacre.
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