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EL DESPERTAR DEL HÉROE EN LA OSCURIDAD - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 CAPÍTULO 22 SANGRE CENIZA Y EL JURAMENTO DEL AUTOR CONTINUACIÓN
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22: CAPÍTULO 22: SANGRE, CENIZA Y EL JURAMENTO DEL AUTOR (CONTINUACIÓN) 22: CAPÍTULO 22: SANGRE, CENIZA Y EL JURAMENTO DEL AUTOR (CONTINUACIÓN) CAPÍTULO 22: SANGRE, CENIZA Y EL JURAMENTO DEL AUTOR (CONTINUACIÓN) El descanso fue breve, una tregua necesaria antes de sumergirse en las entrañas de la montaña.

A medida que el grupo avanzaba bajo la lluvia ácida hacia la base de Gallow-Peak, el paisaje se transformaba en algo que desafiaba la lógica natural.

Los árboles a los pies de la mina no tenían hojas, sino excrecencias de metal negro que goteaban un aceite fétido.

La tierra misma bajo sus pies emitía un calor artificial, como si la montaña fuera el motor de una máquina inmensa que no paraba de rugir.

—El aire aquí está cargado de estática —susurró Hikary, ajustándose los brazaletes que ahora brillaban con una luz mortecina—.

Siento que mis pulmones se llenan de agujas.

—Es el efecto de la extracción forzada —explicó Hiroto, caminando con la mirada fija en el horizonte—.

Están desgarrando la energía vital de la tierra para alimentar los condensadores de los viajeros.

Gallow-Peak ya no es una montaña; es un cadáver siendo reanimado por cables y hechizos prohibidos.

Llegaron a la entrada secundaria, un túnel de drenaje por donde salían los desechos químicos de los hornos.

El olor a azufre y carne quemada se intensificó.

Allí, patrullando la zona, encontraron el primer obstáculo: un grupo de “Recodificados”.

Eran antiguos mineros del pueblo, pero ahora sus rostros habían sido reemplazados por placas de metal liso con un solo sensor óptico de color rojo.

Sus movimientos eran espasmódicos, controlados por una señal externa que emanaba del corazón de la mina.

Kanashi desenvainó su daga marcada con la sangre de Hiroto.

Su instinto le decía que atacara, pero al ver los harapos de las ropas de aquellos hombres, vaciló.

—Amo…

ellos todavía respiran —murmuró Kanashi, con la voz entrecortada—.

Sus corazones siguen latiendo.

—Ya no son hombres, Kanashi —sentenció Hiroto, su voz fría como el hielo de un páramo—.

Son “Hardware”.

El hombre que conocieron murió en el momento en que Valerius permitió que les inyectaran el Hierro Negro.

Si no los liberan ahora, sus almas quedarán atrapadas en ese ciclo de dolor para siempre.

La muerte que ustedes les darán es el único acto de misericordia que les queda en este mundo.

Shiteru no esperó más.

Se lanzó hacia adelante como un rayo de oscuridad.

Su espada, potenciada por la esencia del Autor, cortó el aire con un sonido sordo.

Al chocar contra la primera abominación, no hubo una explosión de chispas; la hoja de Shiteru simplemente ignoró la armadura de metal y cortó la conexión espiritual que mantenía al monstruo en pie.

El “Recodificado” cayó al suelo instantáneamente, desintegrándose en una nube de polvo digital.

—Funciona…

—jadeó Shiteru, mirando su arma—.

Siento que la espada sabe dónde golpear.

No corta el cuerpo, corta el error en su existencia.

—Exacto —dijo Hiroto, cruzando el umbral hacia la oscuridad del túnel—.

Se han convertido en las herramientas de corrección de este mundo.

No duden.

Cada golpe que den es un párrafo que reescribimos a nuestro favor.

El túnel de drenaje los llevó a una antecámara inmensa, iluminada por antorchas de plasma que emitían una luz azulada.

En el centro, una serie de pasarelas de metal se extendían sobre un abismo de lava infundida con Hierro Negro.

El sonido de los martillos hidráulicos y los gritos de los esclavos que aún no habían sido recodificados creaba una sinfonía de pesadilla.

En lo alto de una plataforma de mando, una figura los observaba.

Era un hombre alto, vestido con un uniforme de gala de la corona, pero con un visor tecnológico que cubría la mitad de su rostro.

En su mano llevaba un látigo de energía que chispeaba con cada movimiento.

Era el Inquisidor Vane.

—Así que la anomalía ha decidido venir a mi patio de juegos —la voz de Vane fue amplificada por los altavoces de la mina, resonando en cada rincón—.

El Príncipe Valerius me dijo que eras especial, niño.

Pero aquí, en Gallow-Peak, lo único que importa es la eficiencia.

Y tú…

tú eres un residuo que debe ser procesado.

Vane hizo una señal y, desde las sombras del techo, descendieron docenas de guardias de élite, guerreros que no eran esclavos, sino voluntarios que habían aceptado el poder de los viajeros a cambio de su lealtad absoluta.

Hiroto dio un paso al frente, ignorando a los guardias que lo rodeaban.

Miró directamente al visor de Vane.

—Vane —dijo Hiroto, y su voz pequeña pareció dominar el estruendo de las máquinas—.

Tu eficiencia es una ilusión.

Crees que estás construyendo un imperio, pero solo estás cavando la tumba de tu linaje.

He venido a apagar tu fuego, y no me detendré hasta que el último cable de esta mina sea arrancado de la tierra.

—¡Mátenlos!

—rugió el Inquisidor.

La batalla en la antecámara estalló con una violencia sin precedentes.

Kanashi, Hikary y Shiteru se movieron como un solo ente, una trinidad de destrucción marcada por la sangre divina.

Por cada golpe que recibían, devolvían una corrección absoluta.

El aire se llenó de gritos, metal retorcido y el resplandor de las armas de Hiroto.

El capítulo 22 termina con el grupo abriéndose paso entre la marea de guardias, con Hiroto en el centro, caminando impasible mientras el mundo a su alrededor ardía.

La venganza ya no era un plan; era una realidad que estaba consumiendo el corazón de Gallow-Peak.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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