EL DESPERTAR DEL HÉROE EN LA OSCURIDAD - Capítulo 23
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- Capítulo 23 - 23 CAPÍTULO 23 EL DESCENSO AL ABISMO DE HIERRO
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23: CAPÍTULO 23: EL DESCENSO AL ABISMO DE HIERRO 23: CAPÍTULO 23: EL DESCENSO AL ABISMO DE HIERRO 📖 CAPÍTULO 23: EL DESCENSO AL ABISMO DE HIERRO El calor en la antecámara de Gallow-Peak no era el calor natural de la fragua; era un ardor seco, cargado de partículas metálicas que raspaban la garganta con cada bocanada de aire.
Las luces de plasma azul, colgadas de las paredes de piedra viva, parpadeaban al ritmo de los martillos hidráulicos que golpeaban en los niveles inferiores.
Hiroto caminaba en medio de sus tres sombras, impasible, mientras el suelo metálico vibraba bajo sus pies como el pulso de un gigante moribundo.
La orden del Inquisidor Vane había desatado un avispero de acero.
Los guardias de élite, guerreros que habían renunciado a su humanidad a cambio de implantes de los viajeros, descendieron de las pasarelas superiores con la gracia mecánica de insectos depredadores.
No gritaban, no proferían amenazas; solo se movían con una eficiencia aterradora, sus ojos brillando con el mismo tono violeta que las llamas que devoraron Oakhaven.
—Formación de trituración —susurró Hiroto, sin detener su paso—.
No desperdicien energía en bloqueos.
Sus armas ahora son la ley.
Borren la oposición.
Kanashi fue la primera en desatarse.
Su cuerpo, potenciado por la marca de sangre en su daga, se convirtió en un borrón negro que desafiaba la percepción visual.
El primer guardia que se interpuso en su camino levantó un escudo de energía de última generación, una tecnología que se suponía impenetrable.
Sin embargo, cuando la daga de Kanashi hizo contacto, no hubo resistencia.
El acero marcado por el Autor simplemente “negó” la existencia del escudo, atravesándolo como si fuera humo y hundiéndose en el pecho del soldado.
El hombre no sangró; se deshizo en una cascada de datos corruptos y ceniza gris antes de tocar el suelo.
—¡Es imposible!
—la voz de Vane tronó desde los altavoces, esta vez con un matiz de duda—.
¡Esa frecuencia de ataque no está registrada en nuestros escáneres!
¿Qué clase de magia primitiva están usando?
Hiroto sonrió mientras Hikary elevaba sus brazos, creando un tornado de viento que arrastraba el aceite y la suciedad del suelo, convirtiéndolo en un torbellino de cuchillas líquidas que despedazaba a los guardias en las pasarelas.
—No es magia, Vane —murmuró Hiroto para sí mismo, aunque sabía que el Inquisidor lo escuchaba—.
Es edición.
Mientras la batalla rugía, Shiteru se abrió paso hacia el centro de la sala.
Su espada larga, ahora una línea de vacío absoluto, cortaba las columnas de soporte de la infraestructura real.
Cada vez que su hoja tocaba el metal, la estructura crujía, no por el daño físico, sino porque Shiteru estaba eliminando el concepto de “soporte” de la arquitectura.
El techo empezó a ceder, soltando pedazos de roca y cables de alta tensión sobre los enemigos.
El grupo avanzó, dejando tras de sí un rastro de silencio y vacío.
Llegaron finalmente a la base de la plataforma de mando, donde el Inquisidor Vane los esperaba.
De cerca, Vane era una visión grotesca.
Su uniforme de gala ocultaba que su brazo izquierdo había sido reemplazado por una serie de tentáculos mecánicos que se conectaban directamente a la consola de la mina.
Su visor tecnológico emitía un zumbido constante, procesando millones de datos por segundo.
—Creen que han ganado porque han vencido a unos cuantos drones —dijo Vane, bajando de un salto de la plataforma.
El suelo crujió bajo su peso—.
Pero esta mina es mi cuerpo.
Cada engranaje, cada pistón, responde a mis nervios.
Vane extendió su brazo mecánico y, de las paredes, surgieron cables que se enredaron en sus extremidades, transformándolo en una mole de metal y carne de tres metros de altura.
Era un “Gólem de Datos”, una creación prohibida de los viajeros diseñada para proteger el núcleo a toda costa.
—Kanashi, Hikary, Shiteru…
atrás —ordenó Hiroto, dando un paso al frente.
Sus ojos nublados brillaron con una luz dorada—.
Este capítulo necesita un clímax, y el Inquisidor se ha ofrecido voluntario para el sacrificio.
La lucha que siguió fue un choque de realidades.
Vane atacaba con la fuerza de una montaña, sus puños mecánicos generando ondas de choque que hacían sangrar los oídos de las chicas.
Pero Hiroto, en su pequeño cuerpo, se movía entre los golpes como si supiera dónde iban a aterrizar antes de que Vane siquiera lo pensara.
Cada vez que Hiroto tocaba la armadura del Gólem con la punta de sus dedos, una parte del metal se oxidaba instantáneamente o desaparecía.
—¡¿Por qué no puedo golpearte?!
—rugió Vane, lanzando un latigazo de energía que partió una columna de piedra a la mitad—.
¡Mis cálculos dicen que deberías estar muerto!
—Tus cálculos se basan en la lógica de este mundo —respondió Hiroto, saltando sobre un cable y quedando a la altura del rostro del monstruo—.
Pero yo soy el que define lo que es lógico.
Vane, tu tiempo en esta historia ha llegado a su fin.
No eres más que un antagonista de relleno en mi camino hacia el trono.
Hiroto colocó su mano pequeña sobre el visor del Inquisidor.
Por un segundo, la conexión fue total.
Vane no vio a un niño; vio una entidad infinita sentada ante un escritorio eterno, borrando galaxias con un simple trazo.
El terror que sintió fue tan profundo que su sistema nervioso colapsó antes de que Hiroto siquiera aplicara fuerza.
—¡NOOOO!
—el grito de Vane se perdió cuando Hiroto liberó una descarga de su esencia pura.
El Gólem de metal se deshizo como arena en el viento.
El Inquisidor Vane cayó al suelo, recuperando su forma humana, pero con los ojos en blanco, su mente completamente borrada por la verdad de lo que era Hiroto.
Sin embargo, la caída del Inquisidor activó el último recurso de la corona.
Una sirena roja empezó a aullar desde las profundidades.
El núcleo de Hierro Negro, privado de su regulador, empezó a entrar en estado crítico.
—¡El portal!
—gritó Hikary, señalando el centro del abismo—.
¡Se está abriendo sin control!
Hiroto miró hacia el pozo de lava.
Un remolino de energía violeta estaba succionando todo lo que lo rodeaba.
Si no lo detenían, no solo la mina, sino toda la región sería consumida por un agujero negro dimensional.
—Kanashi, Shiteru…
necesitamos llegar al condensador central —dijo Hiroto, su rostro mostrando por primera vez el cansancio del esfuerzo—.
Prepárense.
Lo que viene ahora no es una pelea; es una carrera contra la extinción.
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