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EL DESPERTAR DEL HÉROE EN LA OSCURIDAD - Capítulo 33

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Capítulo 33: CAPÍTULO 33: EL ÚLTIMO BASTIÓN DE CARNE

📖 CAPÍTULO 33: EL ÚLTIMO BASTIÓN DE CARNE

La Fortaleza de Ojo-Plata se sentía como una tumba de piedra fría. Sin la red de ocultamiento de Hiroto, el viento del páramo silbaba por los pasillos como un lamento. En el centro del gran salón, el panorama era desgarrador: el “Autor”, el ser que supuestamente controlaba el destino, no era más que un bultito pálido envuelto en sábanas manchadas de sangre. Hiroto respiraba con un silbido agónico, sus dedos pequeños crispados por los espasmos del virus que Valerius le había inyectado al código.

—Su pulso es un hilo, Kanashi… si no recupera la consciencia pronto, su corazón simplemente se detendrá por el esfuerzo de existir —susurró Hikary, mientras usaba sus manos para intentar darle calor residual.

Kanashi no respondió. Se puso de pie, limpiándose la sangre de Hiroto de la armadura. Sus ojos plateados, bendecidos por el fragmento de poder que el niño le dio antes de caer, brillaban con una furia asesina.

—Él ya hizo su parte —dijo Kanashi, desenvainando su daga—. Se rompió a sí mismo para darnos una oportunidad. Ahora nos toca a nosotras ser sus piernas y sus manos.

Afuera, la realidad se estaba rasgando. El Inquisidor de la Tercera Trama ya no caminaba; flotaba sobre un rastro de ceniza y píxeles corruptos. A su paso, las flores se marchitaban y el hierro de las murallas se oxidaba en segundos. Era un virus con forma humana, diseñado para borrar cualquier rastro de “Anónimus FC”.

—¡Salgan, sombras del niño lisiado! —la voz del Inquisidor retumbó, haciendo que los soldados que Hiroto había dejado “dormidos” empezaran a convulsionar y a desintegrarse en polvo negro—. Entréguenme el núcleo del Autor y les prometo que su borrado no dolerá.

Shiteru y Hikary salieron a la muralla, mientras Kanashi se quedó en el patio principal, custodiando la entrada al salón donde yacía Hiroto.

—¡En este capítulo no hay rendición! —gritó Shiteru, lanzándose desde lo alto con su espada envuelta en un aura de código dorado—. ¡Ustedes los Inquisidores solo son errores que mi amo olvidó borrar!

La batalla estalló con una violencia gráfica. Shiteru chocó contra el escudo del Inquisidor, pero este ni se inmutó. Con un movimiento de su báculo, lanzó una descarga de Fatiga Existencial que golpeó a Shiteru en el pecho, haciéndola caer de rodillas, tosiendo sangre negra.

—Son fuertes para ser simples creaciones —se burló el Inquisidor—, pero su fuente de poder está muriendo en una cama de paja. Miren cómo sus manos tiemblan… el niño se apaga, y ustedes con él.

Dentro del salón, Hiroto estaba atrapado en una pesadilla sistémica. Veía las 50 habilidades como estrellas lejanas, pero cada vez que intentaba alcanzar una, el dolor en su columna lo devolvía a la oscuridad.

“Dios… ayúdame a superar mis límites…”, repetía su mente en un eco infinito. “No permitas que este cuerpo de barro sea el final de mi historia”.

De repente, una conexión se activó. No fue un comando de Hiroto, fue un acto de fe. El sistema detectó que las sombras estaban a punto de ser borradas y activó el Protocolo de Vínculo Vital.

En el patio, Kanashi sintió que su corazón se detenía por un segundo, sincronizándose perfectamente con el latido débil de Hiroto. Una energía oscura y dorada empezó a brotar de sus poros. Sus heridas se cerraron, pero al mismo tiempo, en la cama, el cuerpo de Hiroto se arqueó de dolor, recibiendo el daño físico que Kanashi debería haber sentido.

—¡Amo, no! —gritó Kanashi, dándose cuenta de la vuelta—. ¡No absorba nuestro dolor!

Pero Hiroto, incluso en coma, había tomado su decisión. Como un verdadero patrón, estaba usando su propio cuerpo débil como un “fusible” para que sus nenas pudieran seguir peleando. Cada golpe que el Inquisidor le daba a las sombras, le abría una herida nueva al niño inconsciente.

—¡Maldito seas! —rugió Hikary, lanzando un tornado de flechas de viento que ahora tenían la potencia de un huracán—. ¡Si él sufre por nosotras, nosotros te haremos pedazos por él!

El Inquisidor retrocedió, sorprendido por el aumento repentino de poder en las sombras. La batalla se volvió un caos de luces y sombras, mientras en el salón, Hiroto Kenzaki seguía tendido, más débil que nunca, sacrificando lo poco que le quedaba de vida para que su ejército no cayera.

El capítulo 33 cierra con Kanashi lanzándose hacia el cuello del Inquisidor, mientras una lágrima de sangre corre por la mejilla de un Hiroto que parece más muerto que vivo. La resistencia de Ojo-Plata depende ahora de cuánto dolor pueda aguantar el cuerpo de un niño de cinco años.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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