EL DESPERTAR DEL HÉROE EN LA OSCURIDAD - Capítulo 35
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Capítulo 35: CAPÍTULO 35: LA FRAGILIDAD DEL VIDRIO ROTO
📖 CAPÍTULO 35: LA FRAGILIDAD DEL VIDRIO ROTO
La Fortaleza de Ojo-Plata ya no era un bastión; era una herida abierta en la montaña. El ataque del Inquisidor había dejado el aire pesado, con un sabor a ceniza que se pegaba a la garganta. Pero lo peor no era el daño en las piedras, sino el silencio absoluto que venía de la cámara principal.
Hiroto había despertado, si es que a ese estado se le podía llamar “despertar”.
Estaba sentado en su trono, pero ya no flotaba. La madera rúnica estaba opaca, sin energía. El niño tenía la cabeza caída hacia un lado, con los ojos abiertos pero perdidos en la nada. Sus pupilas, antes doradas, estaban cubiertas por una telilla grisácea.
—Amo… ¿me escucha? —susurró Kanashi, acercándole una cucharada de caldo claro a los labios.
Hiroto no respondió. Sus labios, agrietados y blancos, ni siquiera se movieron. Un hilo de saliva mezclada con sangre bajó por su barbilla. Sus manos, pequeñas y nudosas por la artritis mágica, descansaban sobre sus piernas muertas como si fueran objetos extraños que no le pertenecían.
—[ESTADO DEL HUÉSPED: Error de Redundancia Sensorial] —la voz de Ciel en su mente era apenas un susurro quebrado—. [La vista y el habla han sido bloqueadas para desviar energía al mantenimiento del corazón y los pulmones. El dolor sistémico está al 98%.]
Hiroto gritaba por dentro, pero fuera no salía ni un gemido. Sentía como si miles de agujas al rojo vivo le estuvieran recorriendo la columna vertebral. Cada vez que Kanashi lo tocaba para acomodarle la manta, el contacto le dolía como si le estuvieran arrancando la piel. Su sistema nervioso estaba tan sensible que incluso el roce del aire era una tortura.
—No puede vernos… ni puede hablarnos —dijo Hikary, derrumbándose en una esquina del salón—. Shiteru, él nos salvó la vida y nosotros lo dejamos convertido en un mueble roto. ¡Míralo! ¡Es un niño de cinco años que no puede ni tragar agua!
Shiteru, que tenía el brazo entablillado, se acercó y miró fijamente a Hiroto.
—Él sigue ahí dentro. El código no ha muerto, pero el envase se está desintegrando. Si no encontramos una forma de estabilizar su cuerpo físico, para el Capítulo 40 no quedará nada que salvar.
De repente, Hiroto tuvo un espasmo. Su cuerpo pequeño se arqueó violentamente en el trono, y de sus ojos grises empezaron a brotar lágrimas de sangre pura. No era un ataque de un enemigo externo; era su propio cerebro intentando procesar la Habilidad #1 (Existencia) sin tener la fuerza para sostenerla.
—¡Sosténganlo! —gritó Kanashi, tratando de evitar que se golpeara la cabeza contra el fresno.
El dolor de Hiroto era tan denso que se sentía en el aire. Las sombras sentían punzadas en sus propios pechos. El niño intentó mover un dedo, solo uno, para decirles que todavía estaba ahí, que no se rindieran. Pero sus músculos estaban desconectados. Era un prisionero en una celda de carne y hueso, viendo cómo sus nenas sufrían por él sin poder darles consuelo.
—[ADVERTENCIA: Si el Huésped continúa intentando forzar el habla, las cuerdas vocales sufrirán borrado permanente.]
Hiroto se detuvo. El miedo, un miedo humano y primitivo, lo invadió. ¿Y si nunca volvía a hablar? ¿Y si este era su límite final? Recordó su mantra: “Dios me ayudará a superar mis límites”. Pero en ese momento, el límite se sentía como una montaña cayendo sobre sus hombros.
Afuera, en la distancia, los tambores de la Guardia de Hierro de Valerius volvieron a sonar. El Inquisidor solo había sido la avanzadilla. Ahora venía el ejército real, y el “Anónimo FC” estaba ahí, mudo, ciego y paralizado, llorando sangre en los brazos de una asesina que no sabía cómo salvarlo.
—Sáquenlo de aquí —ordenó Kanashi, con una voz que salía de lo más profundo de su alma—. Llévenlo a las minas abandonadas del sur. Yo me quedaré con los soldados hackeados para ganarles tiempo. Si el amo muere, este mundo se borra. ¡Muévanse!
Hikary cargó a Hiroto. El niño pesaba tan poco que parecía hecho de paja. Al moverlo, un quejido sordo, casi inaudible, salió de su garganta. Fue el sonido más triste que habían escuchado jamás.
El capítulo 35 cierra con la imagen de la fortaleza siendo evacuada bajo la lluvia, mientras Hikary corre por el bosque cargando a un niño destrozado que solo puede mirar el vacío con ojos sangrantes, rezando en el silencio de su mente para que el mañana no sea el punto final de su historia.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com