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EL DESPERTAR DEL HÉROE EN LA OSCURIDAD - Capítulo 36

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Capítulo 36: CAPÍTULO 36: LA APUESTA DEL SILENCIO

📖 CAPÍTULO 36: LA APUESTA DEL SILENCIO

El bosque de los Lamentos no hacía honor a su nombre; estaba en un silencio sepulcral, roto solo por el jadeo errático de Hikary mientras corría con el cuerpo de Hiroto sujeto a su espalda. El niño era una carga de cristal. Cada salto sobre una raíz, cada movimiento brusco, hacía que de sus oídos brotara un hilillo de sangre fresca que manchaba el hombro de la sombra.

Hiroto estaba consciente, pero era una consciencia de pesadilla. No veía nada más que una estática gris. No podía gritar. Sentía su propio cuerpo como una máquina averiada que emitía señales de error constantes.

—[AVISO DE INTEGRIDAD: El sistema operativo se está fragmentando] —la voz de Ciel era un eco lejano—. [Si el pulso no se estabiliza en los próximos 10 minutos, el núcleo de Autor sufrirá una eyección forzada. Muerte física inminente.]

“No… todavía no…”, pensaba Hiroto, apretando sus dientes invisibles en el vacío de su mente. “Si este mundo es una apuesta, yo soy el dueño de la casa. No puedo perder aquí”.

A lo lejos, el sonido de los sabuesos de código de Valerius empezó a rasgar la noche. Eran bestias hechas de datos corruptos que olían la energía de Hiroto a kilómetros. Kanashi se había quedado atrás para ganar tiempo, pero la conexión táctil que Hiroto tenía con ella le decía que su sombra estaba sufriendo. Cada herida que Kanashi recibía en la retaguardia, Hiroto la sentía como un latigazo de electricidad en su propia columna paralizada.

—¡Aguante, amo! —gritó Hikary, saltando un riachuelo—. ¡Ya casi llegamos a las minas!

De repente, una flecha de energía negra impactó en un árbol justo al lado de la cabeza de Hikary, desintegrando la madera al instante. Un escuadrón de la Guardia de Hierro había cortado el camino. Estaban rodeados.

Hikary se detuvo en seco, bajando a Hiroto con una ternura desesperada y colocándolo contra el tronco de un roble milenario. El niño se desplomó, su cabeza cayendo hacia adelante. Parecía un muñeco de trapo olvidado.

—¡Salgan y den la cara! —rugió Hikary, invocando sus cuchillas de viento.

Desde las sombras salieron seis soldados, pero no eran normales. Sus armaduras estaban marcadas con el sello de la “Cuota de Sangre”, una unidad de élite que solo aparecía cuando las probabilidades de victoria del enemigo eran casi nulas.

—El niño ya no tiene ojos para vernos, ni voz para pedir clemencia —dijo el líder del escuadrón, desenvainando una espada que vibraba con una frecuencia de borrado—. Entréganos al lisiado y te dejaremos vivir, sombra.

Hikary se rió, una risa histérica y valiente.

—Ustedes no entienden… él no es un prisionero. Él es el que sostiene este bosque. Si él muere, ustedes desaparecen con él.

Hiroto, desde su oscuridad, sintió el peligro. Sabía que Hikary no podría contra los seis. En ese momento de debilidad absoluta, decidió hacer la apuesta más loca de su vida. No usó una habilidad para atacar. Usó su Habilidad #4 (Transferencia de Datos).

Forzando su corazón al límite, Hiroto no intentó sanarse. En lugar de eso, le “apostó” toda su energía vital restante a Hikary.

[ADVERTENCIA: Transferencia de vida iniciada. El Huésped entrará en estado de muerte clínica en 60 segundos.]

Hikary sintió una explosión de calor en su espalda. Sus ojos se volvieron dorados y sus venas empezaron a brillar con el código puro de Hiroto. No era ella quien peleaba ahora; era el poder del Autor canalizado a través de su cuerpo.

—¡POR EL AMO! —gritó ella, moviéndose a una velocidad que desafiaba las leyes de la física.

En un parpadeo, las cabezas de los seis soldados volaron por los aires. No hubo batalla, fue una ejecución. Pero cuando el último cuerpo cayó, la luz dorada se apagó y Hikary se desplomó de rodillas. Se giró hacia Hiroto, horrorizada.

El niño ya no respiraba. Su corazón se había detenido para darle a ella esos diez segundos de poder absoluto.

—¿Amo? ¡Amo, no! ¡Usted no puede perder esta apuesta! —Hikary lo sacudió, pero el cuerpo de cinco años estaba frío.

El capítulo 36 cierra con Hikary llorando sobre el pecho inmóvil de Hiroto, en medio de un bosque lleno de cadáveres de élite, mientras el sistema emite un pitido largo y constante: [CONEXIÓN PERDIDA].

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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