EL DESPERTAR DEL HÉROE EN LA OSCURIDAD - Capítulo 38
- Inicio
- EL DESPERTAR DEL HÉROE EN LA OSCURIDAD
- Capítulo 38 - Capítulo 38: CAPÍTULO 38: EL ECO DEL SILENCIO
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 38: CAPÍTULO 38: EL ECO DEL SILENCIO
📖 CAPÍTULO 38: EL ECO DEL SILENCIO
La oscuridad de las minas ya no era un refugio; se había convertido en el dominio de Hiroto. El niño permanecía en el centro de la cámara, con los ojos vendados por un trozo de tela negra que Kanashi le había colocado para proteger sus pupilas sensibles. No necesitaba ver. A su alrededor, el código del mundo fluía como un río de lava azul, revelándole cada movimiento de las ratas, cada gota de agua y, lo más importante, cada latido de sus perseguidores.
—Amo, la vanguardia de la Guardia de Hierro ha rodeado la montaña —informó Shiteru, limpiando su espada a la luz de un cristal de antracita—. Creen que estamos atrapados. Han traído cañones de “Pulso de Realidad”. Van a colapsar la mina con nosotros adentro.
Hiroto no se movió. Sus dedos, pálidos y esqueléticos, tamborileaban suavemente sobre el reposabrazos de su trono de fresno.
—Que disparen —la voz de Hiroto no salió de su garganta, sino que se proyectó directamente en los núcleos mentales de sus nenas—. La destrucción es solo un cambio de formato. Si borran la montaña, yo escribiré un abismo.
Afuera, el general al mando de la operación, un hombre con una armadura dorada que brillaba con arrogancia, dio la orden. Los cañones rugieron, lanzando esferas de energía que desintegraban la materia al contacto. La montaña tembló, las rocas empezaron a ceder y toneladas de tierra cayeron sobre la cámara de Hiroto.
Pero el estruendo se detuvo a medio camino.
—Habilidad #15: Pausa Narrativa —pensó Hiroto.
Dentro de la mina, el tiempo se había congelado. Las rocas que debían aplastar al niño estaban suspendidas en el aire, vibrando en un color gris estático. El polvo no se movía. El humo de las explosiones parecía algodón pegado al techo.
Hiroto forzó sus pulmones, sintiendo el sabor del hierro en su boca.
—[ADVERTENCIA: Consumo de maná al 95%. La estructura física del Huésped se está fracturando.]
“No me importa, Ciel… dales el mensaje”, ordenó Hiroto.
A través de la red de hierro negro de la montaña, Hiroto envió un pulso de información a todos los soldados que estaban afuera. De repente, los visores de sus cascos se llenaron de una sola imagen: el rostro de Hiroto en su forma de Jefe Final, con el dedo en los labios. 🤫
—Shhh… —el susurro colectivo hizo que mil soldados cayeran de rodillas, con las manos en los oídos mientras sus cerebros intentaban procesar un volumen de datos prohibido.
—¡Es un truco! ¡Sigan disparando! —gritó el general, pero su voz se apagó. Miró sus manos y vio con horror que sus dedos se estaban convirtiendo en líneas de texto. Sus pies ya no tocaban el suelo; se estaba desvaneciendo en una cadena de errores lógicos.
Hiroto, desde lo profundo de la tierra, estaba haciendo algo que Valerius nunca esperó: estaba borrando el “Contexto” de la batalla. Si el contexto decía que el ejército de Valerius era el agresor, Hiroto simplemente editó la línea para que el ejército fuera “Inexistente”.
—Borrado por Omisión —sentenció Hiroto.
En un parpadeo, la vanguardia de mil hombres desapareció. No hubo gritos, no hubo sangre. Solo un espacio vacío frente a la montaña, como si nunca hubieran estado allí. Los cañones quedaron abandonados, apuntando a la nada.
Dentro de la cueva, el efecto de la pausa terminó. Las rocas cayeron, pero no sobre ellos, sino formando una escalera perfecta que conducía hacia la superficie. Hiroto se desplomó hacia un lado, con su brazo izquierdo perdiendo la sensibilidad por completo.
—Amo… —Kanashi lo sostuvo, sintiendo que el cuerpo del niño estaba ardiendo en fiebre—. Lo logró. Borró a un batallón entero sin levantarse de su silla.
—Es solo el prólogo… —susurró Hiroto, su voz ahora física, apenas un gemido de dolor—. Kanashi… Shiteru… llévenme afuera. Quiero que el sol de Valerius vea… quién es el verdadero dueño… de este capítulo.
Hikary y Shiteru cargaron el trono hacia la salida. Cuando emergieron de la mina, el aire del páramo los recibió. Frente a ellos, el campo de batalla estaba desierto, pero el cielo tenía una cicatriz roja, una señal de que Valerius estaba furioso.
Hiroto levantó su mano temblorosa y se quitó la venda. Sus ojos seguían grises, pero una pequeña chispa dorada bailaba en su pupila derecha. Miró hacia el horizonte, donde se alzaba la capital.
—Capítulo 38 terminado —dictó a su memoria—. Título: “El Silencio que Devora Reinos”.
El niño cerró los ojos y entró en un sueño profundo, pero esta vez, en su rostro, había una sonrisa de triunfo. Sabía que después de este movimiento, Valerius ya no mandaría soldados… mandaría a los otros “Autores Fallidos”. La guerra de verdad apenas iba a empezar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com