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El destinado y el elegido - Capítulo 1

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1: Capitulo 1 1: Capitulo 1 Quizás no soy lo suficientemente atractiva.

Quizás mi cuerpo tiene algo raro.

Quizás esta ropa es… tan aburrida.

En el fondo, todo volvía siempre al mismo lugar: mi inseguridad.

Mientras caminaba por uno de los pasillos del Centro, pasé frente a un espejo y me detuve.

Ahí estaba yo, con mi blusa verde clara de siempre, el cabello suelto cayendo sin gracia, y esa sensación amarga de ser… invisible.

Todas las demás parecían resplandecer: hijas de Alfas, betas, Gamas o de omegas, más poderosos, seguras de sí mismas, con sonrisas y confianza.

Yo, en cambio, siendo la hija menor del alfa Erick y de la luna Eva, me sentía fuera de lugar, no por ellos por mi, por esa mezcla que saque solo yo.

Era la híbrida rara del Centro.

Mi papá, líder de la manada Luna Espejo, era un alfa respetado y temido.

Mi mamá, una bruja poderosa, la más fuerte de su aquelarre.

Y aun así, yo, la mezcla de ambos mundos, siempre me sentía insuficiente.

Frente a mis dos hermanas, que parecían tenerlo todo bajo control, mi rareza me pesaba aún más.

Siempre había sido destacada en mi familia por ser la híbrida: la única que heredó los poderes de ambos mundos.

Un “milagro”, decían algunos.

Un “orgullo”, repetían mis padres.

Pero para mí… era solo una carga.

Mi cabello largo, color chocolate con destellos dorados como los de papá.

Mis ojos miel, cálidos pero inseguros.

Mi piel morena como la de mamá, como si el sol me hubiera besado desde siempre, aunque casi nunca me detuviera a disfrutarlo.

Y, sin embargo, nada de eso parecía importar cada vez que los veía pasar.

Iván y Aiden.

Los chicos que habitaban mis pensamientos más tontos y mis sueños más imposibles.

Iván, con su piel clara, cabello rubio oscuro como la ceniza y unos ojos que parecían oscilar entre el celeste y el gris.

Nunca me detuve a mirarlos demasiado; me negaba.

Porque si lo hacía, temía que mi corazón gritara cosas que no debía sentir.

Y luego estaba Aiden, distinto y no menos imposible: piel morena bronceada, ojos verdes como un bosque iluminado por el sol, cabello castaño rebelde y un porte que imponía incluso en silencio.

Él también me hacía perder la calma, aunque jamás lo reconocería.

Admitir que me gustaban los dos… sería demasiado.

Me bastaba con verlos de lejos.

Al menos me conformaba con eso.

La risa de Iván llenaba cada espacio como una melodía alegre, libre, auténtica.

Bastaba oírlo para que mi pecho se agitara sin permiso.

Aiden, en cambio, me desarmaba de otra manera.

Con su misterio, con esa seriedad tranquila y su vocación por los libros, me hacía suspirar cada vez que lo veía concentrado en silencio.

A veces Iván intentaba hablarme en clases, y yo… me congelaba.

Mis respuestas eran monosílabos torpes, apenas sonidos.

¿Por qué era así?

¿Por qué no podía decir algo más?

Debía verme ridícula, pero no podía evitarlo.

Siempre se preocupaba por mí, me preguntaba cómo estaba, si necesitaba algo, si me sentía cómoda.

Preguntas simples sobre el clima o mi color favorito.

Lo que no esperaba era que Aiden también se preocupara.

Él hablaba poco y no buscaba llamar la atención, pero cada vez que compartíamos clase de magia o de sanación, se acercaba.

Me explicaba con paciencia, como si supiera exactamente dónde me perdía.

Incluso una vez me prestó un libro suyo y me mostró las notas que había escrito al margen, como si quisiera dejarme entrar a su mundo sin decirlo en voz alta.

Iván era directo, desbordante como el sol.

Aiden era sutil, profundo como la raíz de un árbol.

Y ambos… de formas distintas, siempre estaban allí.

Sus amigos Los Alfas.

El grupo más popular del Centro.

El nombre les quedaba perfecto: cada uno era hijo de alfas poderosos, dueños de manadas que dominaban extensos territorios, algunos incluso con conexiones más allá del país.

Pero eso no era lo que los hacía especiales.

Era su actitud.

Su nobleza.

Su autenticidad.

En el Centro, el estatus no lo era todo.

Aquí, cualquiera podía brillar, sin importar su origen: híbridos, brujas, vampiros… todos tenían un lugar.

Y aun así, los Alfas destacaban.

En el grupo estaba Carlos, alto, moreno, de ojos negros intensos; Cristian, de tez clara y mirada azul como el hielo; y, por supuesto, Iván y Aiden, que parecían atraer todas las miradas.

Eran atletas, fuertes, con una presencia que imponía, pero lo que más llamaba la atención era que, pese a todo, seguían siendo personas generosas y cercanas.

Eran los chicos que rompían corazones y eran anhelados por muchos… y aun así lograban sanar heridas con un gesto, con una palabra.

Pensando en todo eso, avancé por el pasillo del Centro, buscando a mi mejor amiga: Catalina.

Mi Cata.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Esme_valen Hola a todos el libro actualmente está en desarrollo soy una autora nueva por lo que estuve haciendo una reestructuración de mi novela en tiempo real llevo la mitad del libro iré subiendo capitulos semanales Gracias por leer Esme

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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