El destinado y el elegido - Capítulo 10
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10: Capitulo 10 10: Capitulo 10 Aiden Ocho semanas.
Cincuenta y seis días.
Mil trescientas cuarenta y cuatro horas.
Las conté todas.
El mandato del Alfa Erick se me grabó como hierro: “Respetarán a mi hija hasta su cumpleaños número dieciocho.
Nada de acercamientos indebidos.” Y yo lo entendía, pero mi cuerpo no sabía de límites.
El lobo dentro de mí rugía cada noche.
El olor de Estefi seguía impregnado en mi piel, en mi memoria, en cada maldito sueño.
A veces despertaba con el corazón acelerado y las manos temblando, buscando un calor que no estaba.
Me refugiaba en el entrenamiento.
Golpeaba troncos hasta que los nudillos me sangraban, corría entre los árboles como si pudiera escapar de ella, nadaba hasta que los pulmones me quemaban.
Nada servía.
Siempre volvía a lo mismo: a ella.
Cada amanecer era una cadena más.
Cada anochecer, una tortura.
Y hoy, por fin, el conteo terminaba.
Estaba en el borde del bosque, con la camiseta colgando de un hombro y el torso empapado de sudor.
El corazón seguía en otro lugar: en ella.
Entonces, lo sentí.
Un zumbido en el pecho.
Electricidad recorriéndome por dentro.
—¿Qué mierda…?
—susurré, llevándome la mano al esternón.
El calor me dobló.
No era dolor, era un fuego intenso que me encendía las fibras, los huesos, el alma.
Me arrodillé, jadeando, y bajé la mirada.
Allí estaba.
Una marca brillante comenzaba a dibujarse sobre mi piel, justo sobre el corazón.
Tres espirales doradas, entrelazadas, vivas.
Un gemido me escapó de la garganta, animal, profundo.
Su olor me envolvió de golpe.
Su cuerpo lo anhelaba.
Algo ancestral me estaba respondiendo.
—Estefi… —susurré, y supe.
Supe que era real.
Y también supe que no estaba solo, ahora éramos 3 sentí a Iván emocionarse a Estefi asustada mierda, llame inmediatamente a Iván – Necesito que vengas ahora !
– Voy en camino Aiden.
***** Iván Ocho semanas.
Cincuenta y seis días.
Cada minuto contado como si fueran siglos.
A diferencia de Aiden, yo no descargaba mi ansiedad golpeando troncos ni corriendo hasta desfallecer.
Yo… me perdí en ella.
Me pasé esas semanas recordando cada detalle de Estefi.
Su pelo castaño, siempre suelto, brillando con destellos dorados cuando lo alcanzaba la luz.
Su sonrisa tímida, que aparecía como un accidente y que me dejaba en ruinas.
Sus ojos color miel, suaves, llenos de dudas… y aun así capaces de encenderme por completo.
Soñaba despierto.
Me la imaginaba tomando mi mano, recostada en mi pecho, susurrando mi nombre al oído.
Le hablaba en silencio, le prometía cosas que todavía no podía cumplir.
Me decía a mí mismo que esperara, que valía la pena, que ningún vínculo verdadero necesitaba apuro.
Pero la verdad es que cada día me carcomía un poco más.
Y hoy, finalmente, llegó.
El día en que todo cambiaría.
Estaba con los ancianos de la manada, revisando viejos rollos cuando lo sentí.
El aire se espesó, como si el bosque contuviera la respiración.
Un latido poderoso me recorrió, y no era mío: era nuestro.
Me llevé la mano al pecho justo cuando el calor me atravesó.
Abrí la camisa a toda prisa y lo vi: el símbolo dorado, tres espirales entrelazadas, ardiendo sobre mi piel.
El mismo que tantas veces había visto dibujar a Estefi en los márgenes de sus cuadernos.
Un murmullo recorrió a los ancianos.
—La profecía… —susurró uno de ellos—.
El vínculo ha despertado.
Cerré los ojos.
La marca no era solo mía.
La sentía latir junto a otra igual.
Aiden.
Y al mismo tiempo… Estefi.
No era doble.
No éramos dos.
Éramos tres.
Un nudo se me formó en la garganta.
El vínculo me atravesaba y me permitía sentirlos a ambos: la fuerza bruta y la ansiedad de Aiden, la dulzura y la confusión de Estefi.
Sus emociones se mezclaban con las mías, como si ya no hubiera fronteras.
Me temblaron las manos.
No sabía si reír o llorar.
La espera había terminado.
El destino había hablado.
Y no pedía permiso: nos reclamaba a los tres, ahora siento la necesidad de verla.
****** Aiden El pecho todavía me ardía cuando escuché pasos entre la maleza.
Alcé la vista y ahí estaba Iván, con la camisa desabotonada, el símbolo brillando igual que el mío.
Sus ojos estaban encendidos, como si acabara de salir de una tormenta.
Nos quedamos mirándonos unos segundos, respirando fuerte, sin necesidad de palabras.
Ambos lo sabíamos.
—Es real —dije, con voz ronca.
Él asintió, y por primera vez en mucho tiempo, lo vi sonreír con sinceridad.
—Y no es solo ella y tú, ni ella y yo… —puso una mano sobre su pecho—.
Es triple.
Lo sentí.
Sentí tus emociones, Aiden.
Tu rabia, tu urgencia.
Y las de ella… su miedo, su confusión, sus ganas de correr y quedarse al mismo tiempo.
Me estremecí.
Yo también había sentido su calma mezclada con dolor.
Como si hubiéramos dejado de ser tres corazones separados y ahora latiéramos en un solo ritmo.
No pude evitar reír, incrédulo.
—Mierda, Iván estamos jodidos.
Él también se rió, aunque sus ojos seguían brillando de emoción.
Sacó su teléfono.
—Debemos llamarla.
Me acerqué y puso el altavoz.
Sonó apenas un timbrazo y su voz nos llenó.
Estefi —¿Están bien?
—su voz temblaba—.
¿Sintieron dolor?
¿Lo… sintieron, cierto?
¿La tienen?
¿Son las…?
Se quedó callada, como si algo la hubiera cortado de golpe.
Y entonces, lo sentí: su miedo.
Como si quisiera esconderse.
Iván y yo, al unísono: —¿Por qué tienes miedo?
Nos reímos sin poder evitarlo, y eso pareció aflojar su respiración.
Iván —Cariño, claro que lo sentimos.
Amamos nuestra marca.
Es hermosa, como tú.
Aiden y yo estamos orgullosos de ser tuyos.
Aiden —Chocolatito, luciremos con orgullo lo que nos une.
Estamos bien.
Sentimos lo mismo que tú.
Nos reunimos antes de llamarte.
¿Tú estás bien?
Hubo un silencio breve.
Tan cargado que me dolieron los oídos.
Estefi —Entonces… ¿no vieron nada?
Iván —No, amor.
Solo la marca formándose.
Magia dorada.
¿Por qué?
Ella respiró profundo, y su respuesta nos erizó la piel.
—Porque yo vi más.
La Luna Azul.
Ustedes a cada lado.
Y el símbolo ardiendo en nuestros pechos… Los sentí más aún.
La magia nos reclamó.
Y la dejé hacerlo.
Cerré los ojos un segundo.
El lazo latió fuerte.
Era real.
Entonces, su voz cambió.
Ya no sonaba temerosa, sino decidida.
—Deberíamos vernos.
Los necesito a ambos.
Y a la mierda la fiesta de más tarde.
Me escaparé ahora.
Iván —No, cariño, tranquila.
Aiden y yo te tenemos una sorpresa.
¿Podrías esperar hasta las cinco?
Nos vemos en el bosque, justo a esa hora.
Estefi —Pero yo los quiero ver ahora… necesito verlos.
Aiden —Amor, también lo anhelamos.
No imaginas cuánto.
Pero, por favor, espera.
Es importante lo que tenemos para ti… Hubo un silencio breve.
Podíamos sentir su pulso a través del vínculo, rápido, tembloroso.
Estefi —Prometan que nos veremos a las cinco.
No puedo esperar hasta la noche… Aiden e Iván (al unísono, riendo): —Claro.
Estefi —Perfecto… entonces nos vemos a las cinco.
Yo… yo los quiero.
Adiós.
La llamada se cortó.
El lazo seguía vibrando en el pecho, como si el bosque entero repitiera esas palabras.
Aiden Guardé el teléfono y respiré hondo.
—Vamos a terminar de arreglar todo antes de las cinco… para llevar a nuestra princesa a su lugar.
Iván asintió, con esa media sonrisa que lo delataba cuando estaba igual de ansioso que yo.
El destino estaba escrito.
Y en pocas horas, por fin, nos encontraríamos los tres.
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