El destinado y el elegido - Capítulo 12
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: Capitulo 12 12: Capitulo 12 Estefi La ansiedad me devoraba desde dentro.
Ocho semanas esperando este día, y aun así, no me sentía preparada.
No podía dejar de pensar en ellos, en las marcas que brillaban sobre nuestros pechos, en lo que eso significaba… en lo que se sentía.
El agua de la ducha caía caliente sobre mi piel, pero ni siquiera así logré calmarme.
Cerré los ojos, queriendo relajarme, y mis manos se movieron solas, imaginando otra piel sobre la mía.
Mi respiración se agitó.
La magia seguía ardiendo, como si mi cuerpo entero estuviera en llamas desde que el vínculo se selló.
Me obligué a salir con las mejillas encendidas, no solo por el vapor.
Me vestí a toda prisa, con las manos temblorosas.
El reloj marcaba las 4:20.
Sabía que debía encontrarme con ellos a las cinco, pero la urgencia era insoportable.
Cerraba la puerta de mi habitación cuando choqué de frente con mamá en el pasillo.
—¿Y tú a dónde vas tan temprano, bebé?, por lo que yo sé la fiesta es a las 8 por lo que esto parece casi una fuga de tu propia fiesta.—preguntó, arqueando una ceja, con esa mezcla de picardía y ternura que solo ella tenía.
Sonreí nerviosa.
Literalmente me ardían las orejas.
—Mamá… ya cumplí dieciocho —dije, medio riendo, medio suplicando—.
Solo… necesito ver a mis compañeros.
Por favor, no le digas a papá.
Prometo estar de vuelta antes de la fiesta.
Solo un rato, lo juro.
Mamá me observó en silencio, con esa mirada suya que lo decía todo: ternura, resignación… y, quizá, orgullo.
Luego suspiró, giró sobre sus talones y fue hasta la cocina.
Regresó con un par de bolsas en las manos.
—Lleva esto —me las pasó con una sonrisita traviesa—.
Son cosas para la fiesta.
Así tendrás excusa, le dire a tu papá que vas por tus cosas a la tienda , así que ahora debes prometer que volverás antes de las ocho… así ahora tendrás más tiempo para ti bebé.
O bueno, no tan bebé… debería decir: ¿bebé grande?
¿amor grande?
—¡Mamá!
—protesté, ocultando mi cara con las manos mientras el corazón me galopaba en el pecho.
Me miró unos segundos más, como si quisiera decir algo que llevaba tiempo guardando.
Finalmente suspiró, apoyó las bolsas en la mesa y se cruzó de brazos.
—Querida Estefi… sé que generalmente no hablamos de esto, pero… ¿tienes alguna pregunta respecto a tus compañeros?
Me quedé helada.
Claro que tenía preguntas.
Miles.
Y miedos también.
Sentía un cosquilleo en el estómago solo de pensarlo.
Jamás había estado con un hombre, y ahora… ahora tenía que enfrentarme a la idea de entregarme a dos.
Mamá me tomó la mano, cálida y segura.
—Cariño, ¿tienes miedo porque son dos, cierto?
El calor subió a mi rostro de golpe.
Debía estar roja como un tomate.
—Yo… no sé… —murmuré, bajando la mirada.
—Amor —dijo con dulzura—, Aiden y Iván son buenos chicos, y se que haran solo lo que tú estés dispuesta a hacer.
Ellos te aman, y respetarán tus tiempos.
Eso es todo lo que necesitas saber.
Respiré hondo, sin atreverme a mirarla a los ojos.
—Mamá… es que me siento tan… mmm… cómo con calor con los dos —confesé, la voz apenas un hilo.
Ella soltó una carcajada nerviosa, sacudiendo la cabeza.
—Excitada, cariño.
Es normal.
No podría imaginarme a tu padre por duplicado… ¡ay, Lewen, sería sería…
qué calor!
—¡Mamá!
—protesté, llevándome las manos a la cara—.
¡Qué asco!
Se rio con ternura, como si hubiera logrado quitarme un poco de tensión.
Entonces recordó algo y se giró hacia la mesa.
—Por cierto, cariño, te llegó a Esto.
Sacó de detrás de las bolsas una pequeña caja envuelta con una cinta naranja.
La reconocí de inmediato.
Cada año era igual.
No necesitaba abrirla para saber lo que había dentro: muffins de arándanos, frutas cortadas en forma de luna, mi jugo favorito de frambuesa con limón,quesitos suaves y arroz con leche, Era la tradición de Cata desde que teníamos doce años.
—Me encontré con ella afuera —explicó mamá, notando mi sorpresa—.
Me dijo que era para ti, cómo todos los años Sentí un nudo en el estómago.
Mis manos temblaron al tomar la caja.
Por un instante, quise dejarla a un lado, fingir que no existía.
Pero no podía.
No con tantos recuerdos grabados en cada detalle.
—Gracias… —murmuré, bajando la mirada.
Mamá me observó en silencio, y al notar el cambio en mi tono, preguntó con cautela: —¿Arreglaron las cosas ?
O sigue sin hablarte.
—No lo sé mamá, a veces la miro y siento que me odia pero a veces la veo con tanta pena que no pude evitar invitarla hoy —respondí con un suspiro—.
Supongo que si viene hoy lo descubriré.
Sali corriendo no quería perder tiempo, El camino por detrás de mi casa era más corto, y aunque algo empinado, me lo sabía de memoria.
Iba algo incómoda, entre las bolsas que mamá me había entregado para la fiesta y la cajita que me pesaba más de lo que debía.
No en peso, sino en recuerdos.
Cada minuto se sentía eterno desde que los había sentido en mi piel.
La marca ardía suave, como si me apurara a llegar.
Me senté en una roca al borde del sendero, la abrí con cuidado, sabiendo lo que encontraría.
Lo mismo de todos los años.
Muffins, frutas, quesos, jugo natural.
Todo dispuesto con esa precisión que solo Cata tenía.
Y debajo de una servilleta de lino, una notita doblada en cuatro.
La reconocí al instante.
Esa letra redondeada, prolija.
Las palabras que siempre estaban allí.
“Recuerda, pequeña, que sigo siendo más grande que tu, nos vemos tu amiga.” —Cata… —susurré, y su nombre salió con un nudo en la garganta.
El pecho me dolió.
¿Amiga?
¿Todavía creía que lo éramos?
¿O solo era parte de la rutina de cada año, como si nada hubiera cambiado?
Por un instante, quise creer que aún quedaba algo.
Pero mi mitad loba y mi mitad bruja rugieron en mi interior lo mismo, al unísono: Mentira.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com